Janet Biehl [1]
El
proyecto de vida de Murray Bookchin (1921-2006) fue tratar de perpetuar la
centenaria tradición socialista revolucionaria mediante su renovación para la
era actual. Frente al fracaso del marxismo después de la Segunda Guerra
Mundial, muchos socialistas, quizá los más radicales de su generación, abandonaron
la izquierda. Pero Bookchin se negó a abandonar el objetivo de sustituir el
capitalismo y el Estado-nación por una sociedad racional, ecológica, comunista,
libertaria, sobre la base de las relaciones sociales humanas y de cooperación.
En
lugar de abandonar esas ideas, trató de repensar la revolución. Durante la
década de 1950 llegó a la conclusión de que el nuevo escenario revolucionario
no sería la fábrica, sino la ciudad; que el nuevo agente revolucionario no
sería el trabajador industrial sino el ciudadano; que la institución básica de la
nueva sociedad debe ser, no la dictadura del proletariado, sino la asamblea de
ciudadanos en una democracia cara a cara; y que los límites del capitalismo
eran sobre todo ecológicos.



















