Zósimo Camacho
Durante las últimas 2 décadas, el mundo ha vivido una esperanzadora emergencia de colectivos y organizaciones que se reivindican anarquistas. México no está al margen. Surgen nuevas expresiones y se reaniman otras que, si bien se han mantenido activas o latentes durante décadas, se vigorizan con jóvenes ávidos de encontrar en las lecturas de Phroudon, Bakunin, Kropotkin, Malatesta, y muchos otros, respuestas a las injusticias que viven y propuestas para construir una nueva sociedad.
Los corporativos mediáticos y los aparatos del Estado intentan simplificar y caricaturizar la imagen de quienes cultivan y viven esta ideología: encapuchados vestidos de negro que, en medio de una nube de gas lacrimógeno, lanzan artefactos incendiarios contra la policía, rompen cristales de las sucursales bancarias y realizan pintas en edificios públicos (“vandalizan monumentos arquitectónicos”, gustan decir los lectores de boletines oficiales en los noticieros de radio y televisión).
Durante las últimas 2 décadas, el mundo ha vivido una esperanzadora emergencia de colectivos y organizaciones que se reivindican anarquistas. México no está al margen. Surgen nuevas expresiones y se reaniman otras que, si bien se han mantenido activas o latentes durante décadas, se vigorizan con jóvenes ávidos de encontrar en las lecturas de Phroudon, Bakunin, Kropotkin, Malatesta, y muchos otros, respuestas a las injusticias que viven y propuestas para construir una nueva sociedad.
Los corporativos mediáticos y los aparatos del Estado intentan simplificar y caricaturizar la imagen de quienes cultivan y viven esta ideología: encapuchados vestidos de negro que, en medio de una nube de gas lacrimógeno, lanzan artefactos incendiarios contra la policía, rompen cristales de las sucursales bancarias y realizan pintas en edificios públicos (“vandalizan monumentos arquitectónicos”, gustan decir los lectores de boletines oficiales en los noticieros de radio y televisión).



















