J.R. López Padrino
La nomenklatura bolivariana no se cansa de presentarse como un proyecto de izquierda y socialista. Apelan al viejo procedimiento Goebbeliano de que la repetición de una mentira, termina por convertirse en verdad. Su definición principista no pasa de ser una vulgar estrategia publicitaria en la búsqueda de un sombrilla política para cobijar ideológicamente sus atrocidades.
El falaz socialismo bolivariano podría resumirse como un imaginario estatista-burocrático proclive al establecimiento de un Estado milico-policiaco, cuyas bases principistas han descansado en la figura endiosada del ya fallecido tte coronel, el “profeta predestinado por la providencia” que murió por los pobres. Representa políticamente un amasijo variopinto de expresiones ideológicas contradictorias y efectistas que atizan pasiones mayoritariamente en los sectores sociales más atrasados políticamente (lumpen proletario), quienes habitualmente acumulan profundos resentimientos sociales y actitudes vengativas. Económicamente impulsa un capitalismo de Estado militarizado y explotador que ha permitido el surgimiento de una suerte de “burguesía paraestatal”, quienes ejercen el verdadero control del Estado y disfrutan de las mieles de la renta petrolera. Su modelo se reduce a un anquilosado capitalismo de Estado, tutelado por la bota militar que impulsa políticas sociales asistencialistas, edulcoradas con una falsa retórica socialista. Asistencialismo estatal que implica una obediencia incondicional de los beneficiados a la agenda política del proyecto dominante. Más que socialistas son veneradores supersticiosos del Estado, del despotismo burocrático y de las miserias del fascismo, las cuales malvadamente publicitan como si fuesen ideas y valores del “nuevo socialismo del siglo XXI”.
La nomenklatura bolivariana no se cansa de presentarse como un proyecto de izquierda y socialista. Apelan al viejo procedimiento Goebbeliano de que la repetición de una mentira, termina por convertirse en verdad. Su definición principista no pasa de ser una vulgar estrategia publicitaria en la búsqueda de un sombrilla política para cobijar ideológicamente sus atrocidades.
El falaz socialismo bolivariano podría resumirse como un imaginario estatista-burocrático proclive al establecimiento de un Estado milico-policiaco, cuyas bases principistas han descansado en la figura endiosada del ya fallecido tte coronel, el “profeta predestinado por la providencia” que murió por los pobres. Representa políticamente un amasijo variopinto de expresiones ideológicas contradictorias y efectistas que atizan pasiones mayoritariamente en los sectores sociales más atrasados políticamente (lumpen proletario), quienes habitualmente acumulan profundos resentimientos sociales y actitudes vengativas. Económicamente impulsa un capitalismo de Estado militarizado y explotador que ha permitido el surgimiento de una suerte de “burguesía paraestatal”, quienes ejercen el verdadero control del Estado y disfrutan de las mieles de la renta petrolera. Su modelo se reduce a un anquilosado capitalismo de Estado, tutelado por la bota militar que impulsa políticas sociales asistencialistas, edulcoradas con una falsa retórica socialista. Asistencialismo estatal que implica una obediencia incondicional de los beneficiados a la agenda política del proyecto dominante. Más que socialistas son veneradores supersticiosos del Estado, del despotismo burocrático y de las miserias del fascismo, las cuales malvadamente publicitan como si fuesen ideas y valores del “nuevo socialismo del siglo XXI”.









