Martín Albornoz
* Prólogo al libro de Tomás Ibáñez Anarquismo es movimiento.
Hay un cuento de G. K. Chesterton que en mi opinión todos los anarquistas deberían leer. Su lectura, según se prefiera, podría funcionar como simple juego o como puesta a prueba y umbral mínimo de sensibilidad libertaria. Se titula “Conversión de un anarquista” y narra la historia del casamiento de lady Joan Garnet y el ácrata escocés Andrew Home. Este último, nos informa Chesterton, es un “anarquista convencido” que “miraba la Nada desde todos los puntos de vista posibles; dividía la Nada en secciones que a continuación volvía a combinar en sistemas; distinguía una clase de Nada de otra clase de Nada, y después demostraba que la diferencia se reducía a Nada” [1].



















