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jueves, 5 de mayo de 2016
El mito de la guerra buena
Todo por Hacer
La noche del 13 al 14 de febrero de 1945 la antigua y hermosa capital de Sajonia, Dresde, fue atacada tres veces, dos por la RAF (las Fuerzas Aéreas Británicas) y una por la USAAF (Fuerzas Aéreas de Estados Unidos), en una operación en la que participaron más de 1.000 bombarderos. Las consecuencias fueron catastróficas ya que el centro histórico de la ciudad quedó incinerado y perdieron la vida entre 25.000 y 40.000 personas. Dresde no era un centro industrial o militar importante y, por lo tanto, no era un objetivo que mereciera el considerable e inusual esfuerzo conjunto estadounidense y británico que supuso el ataque. El bombardeo de Dresde parece, pues, que fue una masacre sin sentido y aparece como una terrible anécdota más de la Segunda Guerra Mundial, cuyo colofón tuvo lugar en Hiroshima y Nagasaki en el verano de 1945.
martes, 8 de marzo de 2016
La fiebre del oro: Una mirada a la minería en Latinoamérica
Todo por Hacer
En el número de junio de 2015 comenzábamos esta serie de artículos sobre la minería, especialmente la minería a cielo abierto, en distintas partes del mundo. Tras hacer un repaso de la situación en el Estado español (www.todoporhacer.org/la-fiebre-del-oro-1-destruccion-de-la-tierra-en-el-estado-espanol) y el griego (www.todoporhacer.org/fiebre-oro-2-calcidica) y echar la vista al pasado en Sudáfrica y California (www.todoporhacer.org/oro-sudafrica-y-california), terminamos por fin esta serie (al menos por el momento) con este breve vistazo a algunos países latinoamericanos.
No vamos a centrarnos aquí en los efectos devastadores que la práctica de la minería a cielo abierto tiene sobre el medio ambiente, ya que ese aspecto también lo hemos abordado con anterioridad (por ejemplo, en el nº de julio de 2013: www.todoporhacer.org/montanas-de-usar-y-tirar-la-fiebre-de-la-mineria-a-cielo-abierto). Tampoco pretendemos abarcar en tan pocas líneas la realidad de todo un continente en el que la minería y los conflictos mineros están en primera plana en la mayoría de los Estados. Pero a pesar de estas limitaciones, nos parece importante intentar mostrar aunque sólo sean algunos ejemplos de un contexto tan distinto al europeo en el cual el neocolonialismo de las multinacionales norteamericanas es omnipresente (no sólo en la minería sino en cualquier tipo de explotación de recursos naturales), y donde las culturas y modos de vida indígenas hacen de la defensa del territorio una cuestión vital y colectiva.
El expolio minero en Centroamérica Durante las últimas dos décadas, la minería en América Central se ha convertido en una amenaza creciente para los pueblos y el medio ambiente de la mayoría de países. Según un estudio de 2011 “Impactos de la minería metálica en Centroamérica” del CEICOM (Centro de Investigación sobre Inversión y Comercio) [1], el 14% del total de territorio centroamericano estaba en aquel año concesionado a empresas mineras. Un porcentaje que en Honduras y Guatemala, los países más afectados, llega hasta el 30-35%.
Las protagonistas de esta invasión son, en su gran mayoría, las empresas mineras canadienses (que constituyen, por cierto, el 75% de las empresas extractivas de todo el mundo). La capacidad que estas empresas llegan a tener para arruinar la vida de comunidades enteras, no reside solamente en el daño directo e irreversible que su actividad produce sobre su territorio, su salud y sus medios de vida ligados a la agricultura, ganadería, etc. Hay que tener bien presente que estas empresas, junto con el Estado canadiense que las respalda, no aprovechan simplemente una situación que casualmente les es favorable, sino que ejercen todos los mecanismos de poder a su alcance para generar esa situación: manejando a su antojo gobiernos y legislación, manipulando a la población a base de falsas promesas y supuestos programas de desarrollo, o recurriendo al asesinato selectivo de cabezas visibles de las luchas antimineras.
En Honduras, por ejemplo, según escribe la canadiense Alexandra Pedersen [2], “Canadá jugó un papel crucial apoyando el golpe militar respaldado por Estados Unidos en el 2009. Negándose a sancionar al régimen militar de facto que tomó el poder. Poco después, la Embajada de Canadá presionó para que haya reformas a la Ley de Minería de Honduras, pese a la oposición general de la sociedad civil a las operaciones de minería a cielo abierto. (...) Del mismo modo, el Consejo de Asuntos Hemisféricos encontró que Canadá influenció de manera clave en el establecimiento de la Asociación Nacional de Minería Metálica de Honduras (ANAMINH),
la misma que permite la concesión de por vida, exenciones de impuestos y derechos al subsuelo de la tierra a las empresas mineras canadienses.” Y efectivamente, en 2013 se aprobó la nueva Ley de Minas hondureña que, entre otras barbaridades, elimina el límite de tiempo a las concesiones (es decir, les regala el territorio de por vida a las empresas), y declara que ningún territorio es libre de minería, echando por tierra cualquier tipo de protección medioambiental y, más aún, el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que otorga a los pueblos indígenas el derecho a decidir respecto a las políticas y proyectos de desarrollo que afectan a sus formas de vida.
A Guatemala tampoco le faltan ejemplos en ese sentido, destacando la dimisión el pasado año del ministro de Energía y Minas Erick Archila, envuelto en el escándalo de corrupción que sacudió el país e imputado (entre otras cosas) por la concesión de licencias a proyectos mineros sin tener en cuenta la fuerte oposición de las comunidades.
En el vecino El Salvador, esa oposición popular a los proyectos mineros sí consiguió que en 2008 el gobierno aprobara una moratoria a la minería, revocando incluso las licencias que ya estaban concedidas. La respuesta de la minera canadiense Pacific Rim Mining Corp. (ahora OceanaGold) fue demandar a El Salvador por 301 millones de dólares, más o menos el equivalente a un 5% del PIB del país.
En los últimos años, sin embargo, parece que la presión de las empresas extractivistas y el número de concesiones activas u otorgadas ha disminuido considerablemente (en Nicaragua, por ejemplo, una reducción del 26% en las concesiones mineras entre 2014 y 2015). Si bien el papel de las luchas contra la minería no se debe menospreciar, la cruda realidad es que la razón principal de esto está en la bajada de precios que el oro y la plata están experimentando desde 2013, y que en el momento en que vuelvan a subir, la amenaza recuperará toda la fuerza que tenía.
La Puya, un ejemplo de resistencia
El proyecto minero de extracción de oro y plata “Progreso VII Derivada”, en el noreste del departamento central de Guatemala, recibió la licencia de explotación en noviembre de 2011, tras un Estudio de Impacto Ambiental en el que se omitían “detalles” como los usos y descargas de agua de la mina y los controles de la contaminación por arsénico, y sin haberse consultado con ninguna de las comunidades afectadas.
A comienzos del año siguiente la población comenzó a movilizarse en contra sin mucho éxito, hasta que el 1 de marzo de 2012, una mujer plantó su coche delante de una excavadora y la hizo retroceder. A ese mismo lugar comenzaron a acudir más vecinos/as, y así comenzó la toma de la entrada a la mina, que vino a conocerse como La Puya.
Los ataques, intimidaciones e intentos de desalojo se sucedieron tanto por parte de la empresa como del Estado que defendía sus intereses. Entre ellos, el intento de asesinato de la militante Yolanda Oquelí, quien recibió un disparo cuando regresaba de La Puya junio de 2012. Viendo que la represión más sangrienta no lograba detener la movilización, la estrategia cambió a intentar negociar con las comunidades y tratar al mismo tiempo de engatusarlas con “regalos” como el intento de la empresa de entregar ordenadores a la escuela municipal, que fue rechazado rotundamente por la población.
Los intentos de desalojo violentos no cesaron por mucho tiempo y continuaron durante los años siguientes, hasta que el verano pasado un recurso de amparo se resolvió a
favor de La Puya ordenando a la empresa paralizar su actividad, decisión que confirmó el pasado 22 de febrero la Corte Suprema de Justicia.
Parece que la batalla en este caso se ha ganado. Y aunque aparentemente haya sido en los tribunales, es difícil de creer que se hubiera conseguido sin la presión de la lucha comunitaria en la calle, sin la cual, además, la destrucción acelerada del territorio llevaría años produciéndose en La Puya.
Ponemos la lupa sobre Perú para hablar de la segunda mina áurica más productiva del mundo. Antes de nada comentar que éste estado está a la cabeza de la explotación minera en Latinoamérica, con una larga y sólida trayectoria, donde destaca su producción de oro, cinc, plomo y estaño, entre otros minerales, y que tiene como consecuencia un gran crecimiento económico derivado de la exportación de estos metales
El nombre del yacimiento es de origen quechua cajamarquino y viene a significar laguna negra, en referencia a la masa de agua que allí se localiza. Está situado a 48 km de la ciudad de Cajamarca, situada en la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes, unos 800 km al norte de Lima. El complejo minero se localiza a gran altura en los propios Andes y está compuesto por cinco minas a cielo abierto, y la infraestructura necesaria.
La mina fue descubierta por Pierre Maruéjol en 1980. En la actualidad la explotación corre a cargo de Minera Yanacocha, un consorcio integrado por las mismas empresas que originaron las excavaciones (Newmont Mining Corporation, americana y propietaria al 51%, Buenaventura, peruana, al 43%, sumándose a ellas la Corporación Financiera Internacional, dependiente del Banco Mundial).
La actividad minera ha implicado remover un promedio de 600.000 toneladas de tierra y roca al día, aunque ha sido el agua el agente más afectado, desapareciendo canalizaciones que abastecían a comunidades agrícolas. Los abusos se suceden desde los años 90, con estafas y amenazas a los habitantes de la zona para obligarles a vender barato sus tierras. Esto tiene como consecuencia la creación de colectivos en defensa de la tierra y del agua.
A lo largo de esta serie de artículos hemos hablado del impacto ambiental de la minería a cielo abierto, y en esta zona, no ha sido menor que en otras (la compañía minera fue multada en 2012 por vulnerar en varios puntos la normativa ambiental) aderezado además con algunos accidentes, como el que sucedió en Choropampa en el año 2000, donde un camión derramó 150 kg de mercurio (subproducto de la producción de oro) a lo largo de 40 km de carretera, provocando un conflicto donde el gobierno se posicionó con la minera y aconsejó a los/as habitantes no demandar.
La lucha por Cerro Quilich y La Conga
Los intentos de expandir el yacimiento han sido una constante. Queremos comentar en unas líneas el caso del Cerro Quilish, un ecosistema frágil donde destaca la presencia de varias microcuencas que abastecen varios ríos, y que suponen el 70% del agua que se requiere en Cajamarca. La minera intentó poner sus zarpas en la zona, esperando que la predicción de contener grandes depósitos de oro fuera cierta. Sin embargo la movilización de la población no se hizo esperar y tuvo como consecuencia el reconocimiento de Cerro Quilish como “Zona reservada municipal” en el año 2000. La empresa inició un proceso legal en contra de dicha decisión y tras varios recursos consiguió la autorización para llevar a cabo la explotación. Esto provocó una segunda oleada de protestas con paros masivos en la región y movilizaciones urbanas y rurales en contra de la empresa. El paro terminó cuando se conoció el compromiso del Ministerio de Energías y Minas de retirar la autorización. La empresa reconoció la imposibilidad legal de iniciar el proyecto minero, sin embargo dejó clara su intención de volver a intentarlo en el futuro.
En un estado parecido nos encontramos el proyecto de Conga, que tras una fuerte oposición social que llevó a declarar el estado de emergencia y con varios activistas en la cárcel, se mantiene temporalmente paralizado, a pesar de haber una intención clara de volver a darle vida el próximo 2017. El proyecto minero Conga, de oro y otros metales, que pretende explotar Minera Yanacocha, está ubicado en las nacientes de cuencas hídricas de las provincias de Cajamarca y Celendín, vecino al yacimiento de Yanacocha. El conflicto contra la nueva aventura de Newmont, tal como constata el Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca, surgió vistos los desastres de Yanacocha. Reproducimos algunas de las cifras del proyecto que aparecen en el estudio de impacto ambiental presentado y aprobado en 2008: constaría de 2 minas a cielo abierto, una de ellas emplazada sobre la laguna el Perol, que tiene 15 millones de años. Removería 92.000 toneladas de roca al día durante 17 años, depositando los desmontes sobre otra masa de agua, la laguna Azul. Por otro lado los residuos generados irían a parar al río Jadibamba, principal río del distrito de Huasmín del que las comunidades usan para la agricultura, ganadería y consumo humano.
En definitiva, una serie de casos que ponen sobre la mesa una vez más, que para las multinacionales vale mucho más el dinero que la vida y la prosperidad de la tierra.
Notas
[1] Puedes consultarlo al completo en la web www.conflictosmineros.net
[2] www.telesurtv.net/opinion/La-mineria-canadiense-socava-la-democracia-en-America-Central-20150828-0171.html
Materiales para seguir indagando
- www.conflictosmineros.net
- Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero www.movimientom4.org
- Web del Frente de defensa ambiental de Cajamarca fdaccajamarca.blogspot.com
En el número de junio de 2015 comenzábamos esta serie de artículos sobre la minería, especialmente la minería a cielo abierto, en distintas partes del mundo. Tras hacer un repaso de la situación en el Estado español (www.todoporhacer.org/la-fiebre-del-oro-1-destruccion-de-la-tierra-en-el-estado-espanol) y el griego (www.todoporhacer.org/fiebre-oro-2-calcidica) y echar la vista al pasado en Sudáfrica y California (www.todoporhacer.org/oro-sudafrica-y-california), terminamos por fin esta serie (al menos por el momento) con este breve vistazo a algunos países latinoamericanos.
No vamos a centrarnos aquí en los efectos devastadores que la práctica de la minería a cielo abierto tiene sobre el medio ambiente, ya que ese aspecto también lo hemos abordado con anterioridad (por ejemplo, en el nº de julio de 2013: www.todoporhacer.org/montanas-de-usar-y-tirar-la-fiebre-de-la-mineria-a-cielo-abierto). Tampoco pretendemos abarcar en tan pocas líneas la realidad de todo un continente en el que la minería y los conflictos mineros están en primera plana en la mayoría de los Estados. Pero a pesar de estas limitaciones, nos parece importante intentar mostrar aunque sólo sean algunos ejemplos de un contexto tan distinto al europeo en el cual el neocolonialismo de las multinacionales norteamericanas es omnipresente (no sólo en la minería sino en cualquier tipo de explotación de recursos naturales), y donde las culturas y modos de vida indígenas hacen de la defensa del territorio una cuestión vital y colectiva.
El expolio minero en Centroamérica Durante las últimas dos décadas, la minería en América Central se ha convertido en una amenaza creciente para los pueblos y el medio ambiente de la mayoría de países. Según un estudio de 2011 “Impactos de la minería metálica en Centroamérica” del CEICOM (Centro de Investigación sobre Inversión y Comercio) [1], el 14% del total de territorio centroamericano estaba en aquel año concesionado a empresas mineras. Un porcentaje que en Honduras y Guatemala, los países más afectados, llega hasta el 30-35%.
Las protagonistas de esta invasión son, en su gran mayoría, las empresas mineras canadienses (que constituyen, por cierto, el 75% de las empresas extractivas de todo el mundo). La capacidad que estas empresas llegan a tener para arruinar la vida de comunidades enteras, no reside solamente en el daño directo e irreversible que su actividad produce sobre su territorio, su salud y sus medios de vida ligados a la agricultura, ganadería, etc. Hay que tener bien presente que estas empresas, junto con el Estado canadiense que las respalda, no aprovechan simplemente una situación que casualmente les es favorable, sino que ejercen todos los mecanismos de poder a su alcance para generar esa situación: manejando a su antojo gobiernos y legislación, manipulando a la población a base de falsas promesas y supuestos programas de desarrollo, o recurriendo al asesinato selectivo de cabezas visibles de las luchas antimineras.
En Honduras, por ejemplo, según escribe la canadiense Alexandra Pedersen [2], “Canadá jugó un papel crucial apoyando el golpe militar respaldado por Estados Unidos en el 2009. Negándose a sancionar al régimen militar de facto que tomó el poder. Poco después, la Embajada de Canadá presionó para que haya reformas a la Ley de Minería de Honduras, pese a la oposición general de la sociedad civil a las operaciones de minería a cielo abierto. (...) Del mismo modo, el Consejo de Asuntos Hemisféricos encontró que Canadá influenció de manera clave en el establecimiento de la Asociación Nacional de Minería Metálica de Honduras (ANAMINH),
la misma que permite la concesión de por vida, exenciones de impuestos y derechos al subsuelo de la tierra a las empresas mineras canadienses.” Y efectivamente, en 2013 se aprobó la nueva Ley de Minas hondureña que, entre otras barbaridades, elimina el límite de tiempo a las concesiones (es decir, les regala el territorio de por vida a las empresas), y declara que ningún territorio es libre de minería, echando por tierra cualquier tipo de protección medioambiental y, más aún, el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que otorga a los pueblos indígenas el derecho a decidir respecto a las políticas y proyectos de desarrollo que afectan a sus formas de vida.
A Guatemala tampoco le faltan ejemplos en ese sentido, destacando la dimisión el pasado año del ministro de Energía y Minas Erick Archila, envuelto en el escándalo de corrupción que sacudió el país e imputado (entre otras cosas) por la concesión de licencias a proyectos mineros sin tener en cuenta la fuerte oposición de las comunidades.
En el vecino El Salvador, esa oposición popular a los proyectos mineros sí consiguió que en 2008 el gobierno aprobara una moratoria a la minería, revocando incluso las licencias que ya estaban concedidas. La respuesta de la minera canadiense Pacific Rim Mining Corp. (ahora OceanaGold) fue demandar a El Salvador por 301 millones de dólares, más o menos el equivalente a un 5% del PIB del país.
En los últimos años, sin embargo, parece que la presión de las empresas extractivistas y el número de concesiones activas u otorgadas ha disminuido considerablemente (en Nicaragua, por ejemplo, una reducción del 26% en las concesiones mineras entre 2014 y 2015). Si bien el papel de las luchas contra la minería no se debe menospreciar, la cruda realidad es que la razón principal de esto está en la bajada de precios que el oro y la plata están experimentando desde 2013, y que en el momento en que vuelvan a subir, la amenaza recuperará toda la fuerza que tenía.
La Puya, un ejemplo de resistencia
El proyecto minero de extracción de oro y plata “Progreso VII Derivada”, en el noreste del departamento central de Guatemala, recibió la licencia de explotación en noviembre de 2011, tras un Estudio de Impacto Ambiental en el que se omitían “detalles” como los usos y descargas de agua de la mina y los controles de la contaminación por arsénico, y sin haberse consultado con ninguna de las comunidades afectadas.
A comienzos del año siguiente la población comenzó a movilizarse en contra sin mucho éxito, hasta que el 1 de marzo de 2012, una mujer plantó su coche delante de una excavadora y la hizo retroceder. A ese mismo lugar comenzaron a acudir más vecinos/as, y así comenzó la toma de la entrada a la mina, que vino a conocerse como La Puya.
Los ataques, intimidaciones e intentos de desalojo se sucedieron tanto por parte de la empresa como del Estado que defendía sus intereses. Entre ellos, el intento de asesinato de la militante Yolanda Oquelí, quien recibió un disparo cuando regresaba de La Puya junio de 2012. Viendo que la represión más sangrienta no lograba detener la movilización, la estrategia cambió a intentar negociar con las comunidades y tratar al mismo tiempo de engatusarlas con “regalos” como el intento de la empresa de entregar ordenadores a la escuela municipal, que fue rechazado rotundamente por la población.
Los intentos de desalojo violentos no cesaron por mucho tiempo y continuaron durante los años siguientes, hasta que el verano pasado un recurso de amparo se resolvió a
favor de La Puya ordenando a la empresa paralizar su actividad, decisión que confirmó el pasado 22 de febrero la Corte Suprema de Justicia.
Parece que la batalla en este caso se ha ganado. Y aunque aparentemente haya sido en los tribunales, es difícil de creer que se hubiera conseguido sin la presión de la lucha comunitaria en la calle, sin la cual, además, la destrucción acelerada del territorio llevaría años produciéndose en La Puya.
Ponemos la lupa sobre Perú para hablar de la segunda mina áurica más productiva del mundo. Antes de nada comentar que éste estado está a la cabeza de la explotación minera en Latinoamérica, con una larga y sólida trayectoria, donde destaca su producción de oro, cinc, plomo y estaño, entre otros minerales, y que tiene como consecuencia un gran crecimiento económico derivado de la exportación de estos metales
El nombre del yacimiento es de origen quechua cajamarquino y viene a significar laguna negra, en referencia a la masa de agua que allí se localiza. Está situado a 48 km de la ciudad de Cajamarca, situada en la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes, unos 800 km al norte de Lima. El complejo minero se localiza a gran altura en los propios Andes y está compuesto por cinco minas a cielo abierto, y la infraestructura necesaria.
La mina fue descubierta por Pierre Maruéjol en 1980. En la actualidad la explotación corre a cargo de Minera Yanacocha, un consorcio integrado por las mismas empresas que originaron las excavaciones (Newmont Mining Corporation, americana y propietaria al 51%, Buenaventura, peruana, al 43%, sumándose a ellas la Corporación Financiera Internacional, dependiente del Banco Mundial).
La actividad minera ha implicado remover un promedio de 600.000 toneladas de tierra y roca al día, aunque ha sido el agua el agente más afectado, desapareciendo canalizaciones que abastecían a comunidades agrícolas. Los abusos se suceden desde los años 90, con estafas y amenazas a los habitantes de la zona para obligarles a vender barato sus tierras. Esto tiene como consecuencia la creación de colectivos en defensa de la tierra y del agua.
A lo largo de esta serie de artículos hemos hablado del impacto ambiental de la minería a cielo abierto, y en esta zona, no ha sido menor que en otras (la compañía minera fue multada en 2012 por vulnerar en varios puntos la normativa ambiental) aderezado además con algunos accidentes, como el que sucedió en Choropampa en el año 2000, donde un camión derramó 150 kg de mercurio (subproducto de la producción de oro) a lo largo de 40 km de carretera, provocando un conflicto donde el gobierno se posicionó con la minera y aconsejó a los/as habitantes no demandar.
La lucha por Cerro Quilich y La Conga
Los intentos de expandir el yacimiento han sido una constante. Queremos comentar en unas líneas el caso del Cerro Quilish, un ecosistema frágil donde destaca la presencia de varias microcuencas que abastecen varios ríos, y que suponen el 70% del agua que se requiere en Cajamarca. La minera intentó poner sus zarpas en la zona, esperando que la predicción de contener grandes depósitos de oro fuera cierta. Sin embargo la movilización de la población no se hizo esperar y tuvo como consecuencia el reconocimiento de Cerro Quilish como “Zona reservada municipal” en el año 2000. La empresa inició un proceso legal en contra de dicha decisión y tras varios recursos consiguió la autorización para llevar a cabo la explotación. Esto provocó una segunda oleada de protestas con paros masivos en la región y movilizaciones urbanas y rurales en contra de la empresa. El paro terminó cuando se conoció el compromiso del Ministerio de Energías y Minas de retirar la autorización. La empresa reconoció la imposibilidad legal de iniciar el proyecto minero, sin embargo dejó clara su intención de volver a intentarlo en el futuro.
En un estado parecido nos encontramos el proyecto de Conga, que tras una fuerte oposición social que llevó a declarar el estado de emergencia y con varios activistas en la cárcel, se mantiene temporalmente paralizado, a pesar de haber una intención clara de volver a darle vida el próximo 2017. El proyecto minero Conga, de oro y otros metales, que pretende explotar Minera Yanacocha, está ubicado en las nacientes de cuencas hídricas de las provincias de Cajamarca y Celendín, vecino al yacimiento de Yanacocha. El conflicto contra la nueva aventura de Newmont, tal como constata el Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca, surgió vistos los desastres de Yanacocha. Reproducimos algunas de las cifras del proyecto que aparecen en el estudio de impacto ambiental presentado y aprobado en 2008: constaría de 2 minas a cielo abierto, una de ellas emplazada sobre la laguna el Perol, que tiene 15 millones de años. Removería 92.000 toneladas de roca al día durante 17 años, depositando los desmontes sobre otra masa de agua, la laguna Azul. Por otro lado los residuos generados irían a parar al río Jadibamba, principal río del distrito de Huasmín del que las comunidades usan para la agricultura, ganadería y consumo humano.
En definitiva, una serie de casos que ponen sobre la mesa una vez más, que para las multinacionales vale mucho más el dinero que la vida y la prosperidad de la tierra.
Notas
[1] Puedes consultarlo al completo en la web www.conflictosmineros.net
[2] www.telesurtv.net/opinion/La-mineria-canadiense-socava-la-democracia-en-America-Central-20150828-0171.html
Materiales para seguir indagando
- www.conflictosmineros.net
- Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero www.movimientom4.org
- Web del Frente de defensa ambiental de Cajamarca fdaccajamarca.blogspot.com
- Documental] Defensoras-es. La Puya, un ejemplo de defensa del territorio Aj Noj Protection Desk Guatemala, Protection International -PI- y Caracol
Producciones.26 min, Guatemala, 2015
- En Guatemala la resistencia pacífica de La Puya al proyecto minero de la empresa estadounidense Kappes, Cassiday y Asociados es un ejemplo de lucha del que todos podemos aprender. www.movimientom4.org/2015/09/la-puya-un-ejemplo-de-defensa-del-territorio/
[Artículo publicado en el periodico Todo por Hacer # 62, Madrid, marzo 2016. La edición completa es accesible en http://www.todoporhacer.org/wp-content/uploads/2016/03/Todo-por-Hacer-n%C2%BA-62-marzo-2016.pdf.]
Producciones.26 min, Guatemala, 2015
- En Guatemala la resistencia pacífica de La Puya al proyecto minero de la empresa estadounidense Kappes, Cassiday y Asociados es un ejemplo de lucha del que todos podemos aprender. www.movimientom4.org/2015/09/la-puya-un-ejemplo-de-defensa-del-territorio/
[Artículo publicado en el periodico Todo por Hacer # 62, Madrid, marzo 2016. La edición completa es accesible en http://www.todoporhacer.org/wp-content/uploads/2016/03/Todo-por-Hacer-n%C2%BA-62-marzo-2016.pdf.]
sábado, 4 de julio de 2015
Islas Canarias: Comunidad La Esperanza, un ejemplo de autogestión viva
Todo por Hacer
Hace ya más de dos años que el proyecto de comunidad La Esperanza echó a andar. Dos años desde que, a principios de 2013 y en el seno de las luchas contra los desahucios que cobraron fuerza con el 15M, la Federación de Anarquistas de Gran Canaria (FAGC) contactara con la propietaria de una serie de bloques de viviendas deshabitados en el municipio canario de Santa María de Guía. Por aquella época, la FAGC se encontraba desarrollando varias iniciativas en este campo, destacando el Grupo de Respuesta Inmediata contra los desahucios y la Asamblea de Inquilinos y Desahuciados. Los pisos de Santa María de Guía se encontraban en proceso de ser embargados por una deuda hipotecaria con Bankia. Esta situación, unida a los varios robos de material que habían sufrido las viviendas, hizo que consiguieran llegar a un acuerdo con la propietaria para que cediera temporalmente los pisos al proyecto que pretendía iniciar la FAGC. Una iniciativa de viviendas para familias sin recursos y en situaciones altamente complicadas.
Hace ya más de dos años que el proyecto de comunidad La Esperanza echó a andar. Dos años desde que, a principios de 2013 y en el seno de las luchas contra los desahucios que cobraron fuerza con el 15M, la Federación de Anarquistas de Gran Canaria (FAGC) contactara con la propietaria de una serie de bloques de viviendas deshabitados en el municipio canario de Santa María de Guía. Por aquella época, la FAGC se encontraba desarrollando varias iniciativas en este campo, destacando el Grupo de Respuesta Inmediata contra los desahucios y la Asamblea de Inquilinos y Desahuciados. Los pisos de Santa María de Guía se encontraban en proceso de ser embargados por una deuda hipotecaria con Bankia. Esta situación, unida a los varios robos de material que habían sufrido las viviendas, hizo que consiguieran llegar a un acuerdo con la propietaria para que cediera temporalmente los pisos al proyecto que pretendía iniciar la FAGC. Una iniciativa de viviendas para familias sin recursos y en situaciones altamente complicadas.
miércoles, 4 de marzo de 2015
La revolución de las mujeres en Kurdistán
Todo por Hacer
“Berxwedan Jiyan e” (“la resistencia es la vida”)
– Lema popular kurdo
“Berxwedan Jiyan e” (“la resistencia es la vida”)
– Lema popular kurdo
Tras la descomposición de Irak en tres entidades (suníes, chiíes y kurdos), la guerra civil en Siria liberó un territorio donde la autonomía kurda ha adquirido una forma nueva de funcionamiento. Posteriormente, se constituyó una unión popular para administrar este territorio y defenderlo contra un peligro militar: el Estado Islámico (EI), combinando viejos lazos comunitarios y nuevos movimientos, mediante una alianza de hecho entre proletarios/as y clases medias con “la nación” como cemento.
En este texto hemos querido centrarnos en uno de esos movimientos “viejos” concretos: el de las mujeres. Partiendo de un artículo escrito por la militante kurda Dilar Dirik en la revista sudafricana Amandla titulado “The Women’s Revolution in Kurdistan” y de una entrevista realizada por la revista feminista Píkara (www.pikaramagazine.com) a esta misma persona en noviembre de 2014, lo que sigue a continuación es un resumen de su visión de la lucha radical de las mujeres por acabar con el status quo en esta región.
La lucha de las mujeres y su rol en los medios
A mediados de verano del año pasado, una foto recorrió el mundo virtual. Era de una miliciana kurda, con nom de guerre Rehana, sonriendo a la cámara haciendo el signo de la victoria con la mano. En twitter empezó a circular que había matado a 100 militantes del EI en combate, aunque estas informaciones no se corroboraron en ningún momento. En cualquier caso, esa imagen reveló a una gran parte del mundo que hay mujeres luchando en Kurdistán. Unos meses después, otra foto sacudió internet: es la imagen de un militante del EI sosteniendo, aparentemente, la cabeza decapitada de Rehana. Fuentes oficiales del EI aseguran que se trata de ella, mientras que algunas fuentes kurdas lo desmienten. En cualquier caso, ha quedado claro que su participación en la guerra va en serio.
Por su parte, los medios de comunicación de masas, cuando no han caricaturizado la lucha de estas mujeres como una fantasía sexual, han focalizado su interés en elementos muy superficiales como que “los combatientes del Estado Islámico temen a las mujeres kurdas porque si una mujer los mata no van a ir al cielo”. Ignoran deliberadamente que se trata de un tema profundamente complejo y que existe algo más de fondo que la lucha armada en este conflicto. Lo que hay es un proyecto político serio de emancipación radical, que lleva años fraguándose, pero solo nos proporcionan imágenes de yihadistas huyendo de chicas armadas con rifles.
Las organizaciones femeninas y su rol en el conflicto
Lo primero que hay que tener en cuenta es que las kurdas no empuñaron las armas por primera vez hace dos días. Las mujeres en el Kurdistán siempre se han enfrentado a varios niveles de opresión como miembros de una nación sin Estado en un contexto islámico y patriarcal, por lo que llevan luchando desde hace décadas.
Una de las organizaciones de defensa de mujeres son las YPJ (siglas de “Yekîneyên Parastina Jinê” o “fuerzas de defensa de las mujeres”), que llevan su lucha al campo de batalla junto a las YPG (“fuerzas de defensa populares”, en las que hay hombres y mujeres de todas las religiones). Las YPJ se fundaron en 2012 como la “brigada femenina de la milicia izquierdista kurda” y en la actualidad cuentan con entre 7.000 y 10.000 militantes. Cobraron relevancia internacional en agosto de 2014 cuando liberaron a miles de yazidís atrapados/as en el Monte Sinjar en los combates con el Estado Islámico. En este momento, una brigadista de las YPJ fue entrevistada por medios occidentales y manifestó “no quiero casarme o tener hijos o estar en la casa todo el día... Quiero ser libre”.
Más allá del frente se encuentra la Yekîtiya Star, la organización paraguas del movimiento de mujeres en la región de Rojava (Kurdistán occidental/norte de Siria).
La Yekîtiya Star vela por el cumplimiento de ciertas normas, como por ejemplo que todos los cargos en el gobierno de la Rojava estén ocupados por una mujer y un hombre (co-presidencia) o que un hombre que haya ejercido violencia contra una mujer no puede formar parte de la Administración. La organización también se hace cargo de la gestión de unidades de defensa de las mujeres, consejos de mujeres, academias, tribunales y cooperativas. Uno de los primeros actos del gobierno fue la criminalización de los matrimonios forzosos, la violencia doméstica, los asesinatos por honor, la poligamia, el matrimonio infantil y el “precio de la novia”. Donde mejor acogida han tenido estas prácticas ha sido en el cantón de Cizîre, el mayor y más estable de los tres cantones kurdos.
Todo esto se desarrolla en el nuevo marco de participación política en el Kurdistán, el denominado “confederalismo democrático”, el cual bebe principalmente del municipalismo libertario y la ecología social. Su núcleo ideológico pivota sobre el socialismo, el ecologismo y el feminismo y plantea una “democracia sin Estado”, que se fundamenta en la economía comunal, en la decisió y el trabajo desde abajo y en la centralidad de los municipios como ejes de la vida social (que irían generando una gran confederación).
Sin embargo, no debemos olvidar que este intento de revolución en Rojava, y las transformaciones sociales que lo acompañan, sólo han sido posibles debido a condiciones excepcionales: la desintegración de los Estados iraquí y sirio, y la invasión yihadista de la región, amenaza que ha favorecido una radicalización.
Perspectivas de futuro
El mayor reto al que se enfrentan ahora es la internalización de estos valores en una sociedad manifiestamente machista. Dirik declaró en su entrevista en la revista Píkara que “la revolución debe cambiar la mentalidad patriarcal de la sociedad. De lo contrario, la historia se repetirá y las mujeres, que han participado activamente en la revolución, lo perderán todo una vez se logre la “liberación”. Esto es lo que les ha pasado a muchas mujeres en otros lugares del mundo. Por esto, el concepto de revolución debe incluir activamente al 50 por ciento de la población si pretende conseguir una libertad verdadera”.
Sin embargo, las perspectivas no son nada halagüeñas. Hoy parece probable que la Rojava pueda subsistir como entidad autónoma (a semejanza del Kurdistán iraquí) al margen de un caos sirio persistente pero mantenido a distancia. En tal caso, cuando se normalice, este pequeño Estado no dejará intactas las conquistas ni los avances sociales. En el mejor de los casos subsistirán un poco de autoadministración local, una enseñanza progresista, una prensa libre (siempre que evite las blasfemias), un Islam tolerante y, por supuesto, la paridad administrativa. Y nada más. Aún está todo por hacer. Para más información sobre la situación en el Kurdistán véase nuestro artículo “El confederalismo democrático: un acercamiento al conflicto kurdo” publicado en www.todoporhacer.org, el artículo “¿Kurdistán?” en www.editorialklinamen.net/kurdistan y la web www.solidaridadkurdistan.wordpress.com
[Tomado del periodico anarquista mensual Todo por Hacer # 50, marzo 2015, Madrid. Edición completa accesible en www.todoporhacer.org.]
viernes, 9 de enero de 2015
Contra l@s hipsters, por una defensa de lo común
Todo por Hacer
Hipsters. Extraños/as mamíferos/as recubiertos/as de abundante vello facial y gafas de pasta (sean miopes o no), frecuentan los centros de las grandes urbes europeas. Estetas redomados/as, se consideran a sí mismos/as la vanguardia del buen gusto y del conocimiento, por lo que se han convertido en los/as autoproclamados/as aristócratas culturales del siglo XXI. Y puesto que, en su mayoría, pertenecen a clases sociales medias o altas, lo cierto es que, efectivamente, son la élite del consumo cultural en ciudades como Londres, por lo que su patrón de compras marca el camino a seguir para profesionales de la moda, diseño y nuevas tecnologías. No son demasiados/as en número, pero como han nacido con un iPhone bajo el brazo (Apple ha sustituido al Cristianismo como su religión oficial), su presencia en la Red es desproporcionada y acabamos pensando y hablando sobre ellos/as mucho más de lo que nos gustaría, aumentando sus ya de por sí desmesurados egos.
En el artículo “Política hipster: los límites de una época”, publicado en www.eldiario.es, Emmanuel Rodríguez se pregunta si existe un fenómeno al que podríamos denominar “política hipster”, para llegar a una conclusión negativa, debido a que “no hay diferencia más insalvable que entre quien está interesado por la política –y por lo tanto por alguna idea de lo común– y un hipster”. Víctor Lenore, autor del libro Indies, hipsters y gafapastas: crónica de una dominación cultural (publicado este año por Capitán Swing), comparte esta visión y afirma que “los hipsters son una falsa subcultura, que parece que se enfrenta a los valores dominantes, pero en realidad propone una versión más despiadada y esnob del capitalismo actual. Podemos decir que son contraculturales en la estética y yuppies en la ética. […] Básicamente, hablamos de una escena infantil y basada en la estética, sin ningún elemento que cuestione el sistema, ni siquiera en tiempos de emergencia social como éstos. […] Lo que comparten es la sensación de pertenecer a una élite cultural por encima de las ‘masas’, digamos el gran público, que ellos consideran vulgar”.
Ahora bien, el hecho de que estos/as gafapastas culturetas (siempre generalizando, claro) no hayan decidido participar de forma activa en política, ni cuenten con un ideario propio, no significa que sus actos carezcan de consecuencias político-sociales para los/as demás. Como dice Lenore, “está claro que el sistema se siente muy cómodo con la cultura indie y hipster, ya que comparte valores como el individualismo, la meritocracia o una versión despolitizada de la modernidad”. Y es que cuando estos valores se extienden, nos olvidamos de lo común, de lo que afecta a terceras personas, dejamos de salir a la calle a luchar por lo que es nuestro (o de otros/as) y, en consecuencia, resulta más fácil para cualquier gobierno implementar medidas restrictivas de derechos.
Pongamos un ejemplo de cómo el esnobismo hipster nos afecta. Para Lenore “es evidente que lo indie y hipster domina las secciones de cultura de casi todos los medios de comunicación. Los eventos ‘modernos’ y ‘molones’ son algo muy cercano a la construcción de la ciudad-marca como espacio presuntamente creativo y participativo”. Por ello, esta tendencia a obsesionarse con la moda, los eventos y lo material nos lleva a dejar de lado la crítica para, consecuentemente, reforzar los valores dominantes. Pero es que, además, los productos que defienden y consumen, por su naturaleza y su precio, sólo son accesibles para una parte restringida de la población, por lo que cuando se instalan en determinadas zonas de una ciudad, terminan por aumentar la tasación de su suelo urbano. Si mi barrio es “invadido” por hordas de gafapastas acríticos/as e inmaduros/as, que demandan que en ese espacio proliferen bares modernos, galerías de arte absurdamente caras y demás locales “cool”, el valor mercantil de la zona se incrementará conforme se vaya “modernizando” y esto se traducirá en la expulsión de los miembros más vulnerables de la misma. Y si los principios imperantes en la sociedad son el individualismo feroz y el elitismo en vez de la solidaridad y la empatía, difícilmente se podrá reunir el apoyo necesario para hacer frente a estos procesos segregadores.
Por ello, frente a la extensión de lo que últimamente se están llamando “valores hipsters” (que no es más que una forma metafórica de referirse al egoísmo y elitismo), apostamos por reforzar los lazos comunitarios, sociales y de clase. Dejar de hablar del “yo” para referirnos al “nosotros/as”. Dejar de pensar en lo mío para hablar de lo común, de lo nuestro.
No es una cuestión de atacar ciertas formas de vida, por muy extraterrestres que parezcan, sino de atacar la implantación de ciertos valores perjudiciales en la sociedad, para defender lo común. Y, en este sentido, son muchísimas las iniciativas de este tipo existentes en nuestro entorno que podríamos citar. Por mencionar algunos colectivos, las asambleas de barrio cumplen la función de generar un espacio de debate y puesta en común en el que las personas que participan en ella pueden expresar sus problemas y se intenta buscar una respuesta colectiva a los mismos. A modo de ejemplo, nos remitimos a una entrevista que desde este periódico realizamos la barcelonesa Assemblea del Barri de Sants en 2011: www.todoporhacer.org/las-asambleas-de-barrio-una-herramienta-y-su-potencial-elejemplo-de-la-assemblea-del-barri-de-sants Igualmente, Oficinas de Apoyo Mutuo como la de Manoteras (www.ofiam.wordpress.com) refuerzan el tejido social y la defensa de los bienes de los/as habitantes del barrio.
En cuanto a campañas abiertas, el mes pasado reseñamos en esta publicación la iniciativa “Somos la UVA” (www.somoslauva.wordpress.com), encaminada a difundir la realidad de la UVA (Unidad de Viviendas de Absorción) de Hortaleza. Y en este mes de enero de 2015 arrancará en el barrio de Lavapiés la campaña “Corralas Abiertas”, que busca defender las corralas (un tipo de edificio que abunda en el centro de Madrid, característico por contar con abundante espacio común), rehabilitándolas en los casos en que sea necesario y poniendo en contacto a unas comunidades con otras, con el fin de resistir los procesos agresivos de expulsión de vecinas/os que llevan más tiempo en el barrio y sufren los procesos de “pijotización” o “aburguesamiento” del mismo.
Si bien aplaudimos y apoyamos estas campañas, no olvidamos que son meramente eso mismo: campañas. Más allá de la resistencia, vemos cada vez más necesario un cambio profundo que rompa con los valores culturales capitalistas e individualistas que durante tanto tiempo han imperado. Si perdemos de vista el horizonte, podemos intuir lo que nos espera: soluciones fáciles y rápidas ofrecidas por unos/as y el consiguiente recambio de élites tras las elecciones. Por supuesto, este cambio podría verse acompañado de una regeneración parcial de la democracia y de las instituciones sociopolíticas (ministerios, medios de comunicación, universidades, etc.) – generando una peligrosa sensación de acomodamiento -, pero no del cambio en las relaciones sociales y económicas que nos lleve a la emancipación.
[Publicado originalmente en el periodico Todo por Hacer # 48, Madrid, enero 2014. Edición completa accesible en http://www.todoporhacer.org.]
Hipsters. Extraños/as mamíferos/as recubiertos/as de abundante vello facial y gafas de pasta (sean miopes o no), frecuentan los centros de las grandes urbes europeas. Estetas redomados/as, se consideran a sí mismos/as la vanguardia del buen gusto y del conocimiento, por lo que se han convertido en los/as autoproclamados/as aristócratas culturales del siglo XXI. Y puesto que, en su mayoría, pertenecen a clases sociales medias o altas, lo cierto es que, efectivamente, son la élite del consumo cultural en ciudades como Londres, por lo que su patrón de compras marca el camino a seguir para profesionales de la moda, diseño y nuevas tecnologías. No son demasiados/as en número, pero como han nacido con un iPhone bajo el brazo (Apple ha sustituido al Cristianismo como su religión oficial), su presencia en la Red es desproporcionada y acabamos pensando y hablando sobre ellos/as mucho más de lo que nos gustaría, aumentando sus ya de por sí desmesurados egos.
En el artículo “Política hipster: los límites de una época”, publicado en www.eldiario.es, Emmanuel Rodríguez se pregunta si existe un fenómeno al que podríamos denominar “política hipster”, para llegar a una conclusión negativa, debido a que “no hay diferencia más insalvable que entre quien está interesado por la política –y por lo tanto por alguna idea de lo común– y un hipster”. Víctor Lenore, autor del libro Indies, hipsters y gafapastas: crónica de una dominación cultural (publicado este año por Capitán Swing), comparte esta visión y afirma que “los hipsters son una falsa subcultura, que parece que se enfrenta a los valores dominantes, pero en realidad propone una versión más despiadada y esnob del capitalismo actual. Podemos decir que son contraculturales en la estética y yuppies en la ética. […] Básicamente, hablamos de una escena infantil y basada en la estética, sin ningún elemento que cuestione el sistema, ni siquiera en tiempos de emergencia social como éstos. […] Lo que comparten es la sensación de pertenecer a una élite cultural por encima de las ‘masas’, digamos el gran público, que ellos consideran vulgar”.
Ahora bien, el hecho de que estos/as gafapastas culturetas (siempre generalizando, claro) no hayan decidido participar de forma activa en política, ni cuenten con un ideario propio, no significa que sus actos carezcan de consecuencias político-sociales para los/as demás. Como dice Lenore, “está claro que el sistema se siente muy cómodo con la cultura indie y hipster, ya que comparte valores como el individualismo, la meritocracia o una versión despolitizada de la modernidad”. Y es que cuando estos valores se extienden, nos olvidamos de lo común, de lo que afecta a terceras personas, dejamos de salir a la calle a luchar por lo que es nuestro (o de otros/as) y, en consecuencia, resulta más fácil para cualquier gobierno implementar medidas restrictivas de derechos.
Pongamos un ejemplo de cómo el esnobismo hipster nos afecta. Para Lenore “es evidente que lo indie y hipster domina las secciones de cultura de casi todos los medios de comunicación. Los eventos ‘modernos’ y ‘molones’ son algo muy cercano a la construcción de la ciudad-marca como espacio presuntamente creativo y participativo”. Por ello, esta tendencia a obsesionarse con la moda, los eventos y lo material nos lleva a dejar de lado la crítica para, consecuentemente, reforzar los valores dominantes. Pero es que, además, los productos que defienden y consumen, por su naturaleza y su precio, sólo son accesibles para una parte restringida de la población, por lo que cuando se instalan en determinadas zonas de una ciudad, terminan por aumentar la tasación de su suelo urbano. Si mi barrio es “invadido” por hordas de gafapastas acríticos/as e inmaduros/as, que demandan que en ese espacio proliferen bares modernos, galerías de arte absurdamente caras y demás locales “cool”, el valor mercantil de la zona se incrementará conforme se vaya “modernizando” y esto se traducirá en la expulsión de los miembros más vulnerables de la misma. Y si los principios imperantes en la sociedad son el individualismo feroz y el elitismo en vez de la solidaridad y la empatía, difícilmente se podrá reunir el apoyo necesario para hacer frente a estos procesos segregadores.
Por ello, frente a la extensión de lo que últimamente se están llamando “valores hipsters” (que no es más que una forma metafórica de referirse al egoísmo y elitismo), apostamos por reforzar los lazos comunitarios, sociales y de clase. Dejar de hablar del “yo” para referirnos al “nosotros/as”. Dejar de pensar en lo mío para hablar de lo común, de lo nuestro.
No es una cuestión de atacar ciertas formas de vida, por muy extraterrestres que parezcan, sino de atacar la implantación de ciertos valores perjudiciales en la sociedad, para defender lo común. Y, en este sentido, son muchísimas las iniciativas de este tipo existentes en nuestro entorno que podríamos citar. Por mencionar algunos colectivos, las asambleas de barrio cumplen la función de generar un espacio de debate y puesta en común en el que las personas que participan en ella pueden expresar sus problemas y se intenta buscar una respuesta colectiva a los mismos. A modo de ejemplo, nos remitimos a una entrevista que desde este periódico realizamos la barcelonesa Assemblea del Barri de Sants en 2011: www.todoporhacer.org/las-asambleas-de-barrio-una-herramienta-y-su-potencial-elejemplo-de-la-assemblea-del-barri-de-sants Igualmente, Oficinas de Apoyo Mutuo como la de Manoteras (www.ofiam.wordpress.com) refuerzan el tejido social y la defensa de los bienes de los/as habitantes del barrio.
En cuanto a campañas abiertas, el mes pasado reseñamos en esta publicación la iniciativa “Somos la UVA” (www.somoslauva.wordpress.com), encaminada a difundir la realidad de la UVA (Unidad de Viviendas de Absorción) de Hortaleza. Y en este mes de enero de 2015 arrancará en el barrio de Lavapiés la campaña “Corralas Abiertas”, que busca defender las corralas (un tipo de edificio que abunda en el centro de Madrid, característico por contar con abundante espacio común), rehabilitándolas en los casos en que sea necesario y poniendo en contacto a unas comunidades con otras, con el fin de resistir los procesos agresivos de expulsión de vecinas/os que llevan más tiempo en el barrio y sufren los procesos de “pijotización” o “aburguesamiento” del mismo.
Si bien aplaudimos y apoyamos estas campañas, no olvidamos que son meramente eso mismo: campañas. Más allá de la resistencia, vemos cada vez más necesario un cambio profundo que rompa con los valores culturales capitalistas e individualistas que durante tanto tiempo han imperado. Si perdemos de vista el horizonte, podemos intuir lo que nos espera: soluciones fáciles y rápidas ofrecidas por unos/as y el consiguiente recambio de élites tras las elecciones. Por supuesto, este cambio podría verse acompañado de una regeneración parcial de la democracia y de las instituciones sociopolíticas (ministerios, medios de comunicación, universidades, etc.) – generando una peligrosa sensación de acomodamiento -, pero no del cambio en las relaciones sociales y económicas que nos lleve a la emancipación.
[Publicado originalmente en el periodico Todo por Hacer # 48, Madrid, enero 2014. Edición completa accesible en http://www.todoporhacer.org.]
jueves, 6 de noviembre de 2014
Mujeres y deporte profesional: cuando la imagen cuenta más que ganar
Todo Por Hacer
... Echando una ojeada a las webs de prensa deportiva donde se encuentra la inspiración para escribir estas líneas, pues en todas ellas, por H o por B, aparecen mujeres, a veces deportistas, otras novias, otras seguidoras de equipos o deportistas en concreto, etc. El problema es que no suelen figurar ahí por méritos deportivos, sino por tener cuerpos espectaculares y/o conocer detalles de la vida de deportistas masculinos famosos, salpicando de salsa rosa una faceta más del periodismo.
Mujeres y Deporte
Hace relativamente poco que el deporte profesional es cosa de mujeres y eso todavía se nota. Lejos de valorarlas como deportistas, por su fuerza, potencia, velocidad o técnica, no se deja de advertir que son chicas, lo que en esta sociedad equivale a ser carne de piropo o critica, desvirtuando o dejando de lado su trabajo y esfuerzo.
... Echando una ojeada a las webs de prensa deportiva donde se encuentra la inspiración para escribir estas líneas, pues en todas ellas, por H o por B, aparecen mujeres, a veces deportistas, otras novias, otras seguidoras de equipos o deportistas en concreto, etc. El problema es que no suelen figurar ahí por méritos deportivos, sino por tener cuerpos espectaculares y/o conocer detalles de la vida de deportistas masculinos famosos, salpicando de salsa rosa una faceta más del periodismo.
Mujeres y Deporte
Hace relativamente poco que el deporte profesional es cosa de mujeres y eso todavía se nota. Lejos de valorarlas como deportistas, por su fuerza, potencia, velocidad o técnica, no se deja de advertir que son chicas, lo que en esta sociedad equivale a ser carne de piropo o critica, desvirtuando o dejando de lado su trabajo y esfuerzo.
Tanto en la Grecia clásica como en la primera edición de las Olimpiadas modernas (1896) no estaba permitida la participación de las mujeres. No sólo se las desaconsejaba el ejercicio físico, sino que, (como pasa en la actualidad, por cierto) se las trataba de poco femeninas, pues una deportista deja de responder al canon preferible de “damisela en apuros”.
En la web de Píkara Magazine podéis encontrar un artículo muy interesante sobre “La participación de las mujeres en la historia del olimpismo” (www.pikaramagazine.com/2014/03/la-participacion-de-las-mujeresen-la-historia-del-olimpismo/), que repasa el largo camino recorrido por las deportistas desde las Olimpiadas de 1900 hasta llegar a ser el 44,2% del total de deportistas que participaron en los últimos JJOO de Londres. Este artículo destaca la relación entre los acontecimientos históricos del siglo XX y la presencia de mujeres en los JJOO, desde la Primera Guerra Mundial, donde ellas tuvieron ocasión de asaltar terrenos propiamente masculinos, pasando por la época de la URSS donde fueron una herramienta más para competir entre las dos potencias durante la Guerra Fría, hasta la actualidad, donde aún quedan países que jamás han presentado a una mujer en los JJOO. Muy recomendable.
Deportistas y posados
Volviendo a la actualidad y asumiendo que gran parte de la información deportiva llega a través de los medios de comunicación convencionales, retomamos el hilo del que tirábamos en la introducción: mujeres relacionadas con el deporte que aparecen en prensa y televisión. Dejando de lado a novias, esposas y ex's, y a otras modelos que aprovechan el tirón de distintos clubs deportivos para prosperar en su carrera, es en los posados de las deportistas donde nos gustaría entrar.
Notamos que con bastante frecuencia se utiliza el cuerpo de las mujeres para promocionar cualquier cosa, en el caso concreto de las deportistas, y muy tristemente, sus propias carreras. Esta faceta de su trabajo las enriquecerá económicamente, y desde aquí no vamos a emitir ningún juicio sobre ello. Solo queríamos hacer hincapié en quién más se enriquece con este tipo de posados y qué fomenta.
Es triste que una sociedad esté tan capada moralmente que cualquier desnudo pase de ser algo normal y natural a algo excitante, algo que incremente las ventas de un producto más que la inteligencia o las capacidades de la persona cuya imagen se está vendiendo. Además, este tipo de imágenes suelen mostrar siempre mujeres de un perfil muy parecido, ayudando a generar unos cánones de belleza al alcance de muy pocas mujeres y condenando a las demás a la vergüenza y la inseguridad. Al googlear “mujeres y deportes” una de las entradas más frecuentes hace referencia al posado para Playboy de las futbolistas de la selección alemana, que utilizaron este medio para promocionar el Mundial femenino de fútbol de Alemania en 2011. Curiosamente, la selección alemana es una de las más potentes y Alemania es uno de los países donde más mujeres practican este deporte. Pues bien, las chicas que posaban eran sólo cinco y pertenecían a la selección sub 20, o sea, mujeres más jóvenes que ni siquiera disputaban el torneo.
El ejemplo habla por sí mismo, pero, aunque éste lleve truco, otros muchos no. Son muchísimas las mujeres que “se ven obligadas” a posar desnudas para promocionar los deportes que practican y de los que les gustaría vivir. Y el mercado que las vende sólo busca llamar la atención masculina pretendiendo que se babee sobre ellas.
Tal es el caso del balonmano playa femenino, cuyas jugadoras, por una reciente normativa europea, se ven obligadas a jugar en top y bragas, enseñando el abdomen y con una pieza inferior que no tenga más de diez centímetros de anchura. Me gustaría que todos pensáramos por un momento lo tremendamente incómodo y poco funcional de practicar cualquier deporte de esta guisa. ¡¡Diez centímetros!! En España estas deportistas decidieron movilizarse y han conseguido jugar como antes (camiseta y pantalón corto), pero habrá que ver qué pasa cuando disputen torneos internacionales.
Al final la conclusión es que poco podemos hacer, salvo no consumir y no propiciar que este tipo de imágenes sigan siendo rentables. Intentar despegarnos un poco de la TV cuando hay fútbol y fomentar otros deportes, preferiblemente en la calle, para que todos sean conocidos y seguidos, para que no haya más mujeres que tengan que posar desnudas para promocionar su trabajo y conseguir sustento...
[Versión resumida de texto publicado originalmente en Todo Por Hacer # 46, Madrid, noviembre 2014. Número completo accesible en http://www.todoporhacer.org.]
lunes, 20 de octubre de 2014
Detroit, del colapso a la reinvención de la ciudad
Todo Por Hacer (periódico mensual anarquista de Madrid)
Detroit, ciudad situada al noreste de Estados Unidos, es quizás el gran ejemplo de colapso y quiebra de una gran ciudad. Cuando hablamos de colapso, nos referimos a que el modelo de ciudad que representaba Detroit ha sido totalmente destruido a causa de su propia inercia, es decir, es el propio modelo el que ha fracasado por su propia idiosincrasia, sin necesidad de determinantes agentes externos que hayan propiciado la caída de Detroit. El ejemplo del sueño americano, una ciudad que estaba en la cima y que fue máximo exponente del modelo productivo capitalista se ha hundido, y de sus (literalmente) cenizas surgen, de mano de las comunidades más desfavorecidas, proyectos vecinales que tratan de hacer de la ciudad, por primera vez, un espacio habitable.
El motor que gripó
Las cifras relativas a Detroit son espectaculares, una deuda de 18.500 millones de dólares que obligó a declarar la bancarrota y siendo a mediados del siglo XX la cuarta mayor ciudad de todo EE.UU, a día de hoy ronda el puesto 18, todo un paradigma para una gran ciudad, ya que la tendencia de toda urbe es a crecer en extensión y población. En los años 50 el censo era de 1.900.000 habitantes, en los 90 se redujo a 1.000.000 y para estos últimos años ronda los 700.000, en 50 años ha perdido más de la mitad de su población. Las razones de esta pérdida de población se entremezclan con las causas de la crisis propia de Detroit y sus consecuencias, pero todo queda bajo el mismo paraguas de un modelo productivo que cayó y se llevó consigo todo por delante.
La ciudad comenzó a crecer gracias a la inmigración a principios del siglo XX debido al auge del empleo y al establecimiento de grandes fábricas en ella. Detroit es conocida mundialmente como “Motor City” (la ciudad del motor), puesto que la producción de automóviles era uno de sus buques insignia, con las grandes empresas del sector totalmente asentadas en ella, General Motors, Chrysler o Ford. Como anécdota, señalar también que Detroit fue la cuna y laboratorio del llamado “fordismo”, el cual realiza una transformación de la producción hacia una mayor especialización y un trabajo en cadena encaminado a la reducción de costes, lo cual produce productos más baratos y de fácil acceso a las clases trabajadoras, poniendo los cimientos de la incipiente clase media. Los frutos de la etapa de expansión capitalista y el aumento de los beneficios se ve reflejado el el boom urbanístico con la construcción de grandes rascacielos y un distrito financiero de referencia. A pesar de todo ello, a la par que la economía crecía, las desigualdades también, con el máximo exponente del racismo que se respira en Detroit. Estamos hablando de los años 70, con una clase media blanca acomodada en el centro de la ciudad, y un creciente descontento de la población negra, con el gran referente de los grandes disturbios raciales de 1967 que obligaron a intervenir al ejército. Ambas comunidades vivían completamente segregadas, y a medida que la población negra iba mejorando sus condiciones, pequeñas minorías negras comenzaban a progresar económicamente saliendo de los suburbios al centro de la ciudad. Estos desplazamientos causan en la población blanca racista incomodidad, lo que llevó progresivamente a un abandono del centro a la periferia de la población blanca, el reflejo en la economía de estos movimientos fue una gran pérdida de capacidad recaudatoria de la ciudad a través de los impuestos, ya que el sector más adinerado (blancos/as de clase media) habían huido de la ciudad. Detroit pasó a ser la primera gran ciudad de mayoría negra.
Simultáneamente se empiezan a dar los primeros grandes pasos hacia el colapso definitivo, las grandes empresas automovilísticas empiezan a marcharse de la ciudad, fruto de los procesos de deslocalización de la producción, buscando territorios más baratos donde explotar de mayor manera a la población. El paro aumentó hasta el 12%, cifra mucho mayor que la media en EE.UU, y hablamos de los años 70-80, hoy la cifra ronda el 20%. Entrando en los 90 el desastre se acrecenta, las últimas fábricas se van definitivamente, y la crisis se expande hasta la población blanca que empieza a huir en masa de la ciudad, básicamente la tónica a partir de aquí es que todo aquel que puede permitirse irse se va. Al desastre de la producción de automóviles, motor económico de la ciudad, la despoblación, la bajada en la recaudación(solo el 53% paga sus impuestos), el paro y la creciente deuda se suma la estocada final del comienzo de la crisis en los años 2007-2008, Detroit definitivamente ha implosionado. 80.000 edificios abandonados(en los que se incluyen colegios, museos, teatros...), más de la mitad de parques cerrados, el 40% del alumbrado sin alumbrar, retirada del suministro de agua y del servicio de basuras, barrios despoblados y llamamientos del ayuntamiento a los/as vecinos/as a agruparse en torno a barrios más poblados, para aumentar la densidad de población de determinadas zonas para que los servicios básicos sean viables económicamente. Se dan más licencias para demoler que para construir edificios.
Del colapso a la iniciativa comunitaria
A pesar de todos estos datos y de la aparente falta de futuro alguno para Detroit, todavía queda lugar para la esperanza y el aprendizaje. De todo colapso surgen formas alternativas de vivir, la gente tiene que seguir comiendo, trabajando, socializando. La vida en Detroit, a pesar de todo, continúa. Pero lo sorprendente es cómo está continuando. De las cenizas de una ciudad en ruinas, surgen los huertos comunitarios y una reinvención de la ciudad, impulsada por las comunidades locales pasando por encima de la autoridad del propio ayuntamiento. La realidad es que fruto de la necesidad, los habitantes de Detroit se las han tenido que ingeniar para poder continuar con sus vidas, y teniendo en cuenta que hay zonas en las que la tienda de alimentación más cercana se encuentra a 1,6 kilómetros, el ingenio se agudiza, pero también decrece la esperanza de vida y aumentan los infartos y las diabetes.
La necesidad de satisfacer las necesidades básicas ha convertido a la agricultura urbana en un pilar fundamental de la reconversión de la ciudad, esto sumado a la gran cantidad de solares abandonados ha dado una nueva oportunidad para la autoorganización y la solidaridad vecinal. Se da el caso de que la organización Detroit Black Community Food Security Network están llevando a cabo la labor de revitalizar solares abandonados pero con tierras tóxicas a través del cultivo de especies que regeneran la tierra, hay cerca de 1.200 huertos y granjas de animales urbanas de los que además del autoabastecimiento se están llevando a cabo labores socioeducativas, creando en definitiva una gran comunidad de vecinos/as. Aun siendo Detroit una ciudad sumida en su propia crisis y sus consecuencias (delincuencia, robos, exclusión...) existen gran cantidad de estos proyectos comunitarios que no son siquiera vallados y que no sufren ningún tipo de actos vandálicos. Además de estas iniciativas comunitarias han surgido proyectos de economía social como Grown in Detroit, una cooperativa dedicada a comercializar la producción de los/as agricultores/as urbanos de Detroit, distribuyéndolos por los comercios locales. También podemos mencionar Brother Nature Produce, una agrupación de granjas que distribuyen sus productos mediante un sistema de bolsas (similares a las de los grupos de consumo de aquí), el mercado de productos locales más grande del país, Earstern Market, u Open City proyecto orientado a la financiación de locales y negocios socialmente comprometidos. Con todo ello, Detroit se está convirtiendo en una de las ciudades más autosuficientes del mundo, produciendo alrededor del 15% de los alimentos que consume y si sumamos al centro urbano las localidades periféricas el porcentaje llega hasta el 50%.
De todo este relato creemos que podemos sacar bastantes conclusiones y aprendizajes. Por lo pronto, Detroit es la muestra del fracaso de la ciudad del capitalismo industrial, añadiendo el gran papel que juega el racismo aún en los EE.UU y la incapacidad de los gobiernos de hacer frente a los problemas de la población, y que cuando los gobiernos dejan de responder es la población quien se hace cargo de sus propias necesidades respondiendo en la mayoría de los casos en una forma cooperativa y social, con el importante hecho de ser comunidades asentadas en el territorio quienes llevan adelante los proyectos. El protagonismo social y la reinvención de dinámicas comunitarias son los cimientos de cualquier transformación social. En situaciones de colapso es posible, pese a las dificultades de que lo colectivo y común prevalezca sobre el individualista sálvese quien pueda.
[Tomado de Todo por Hacer # 45, Madrid, octubre 2014; www.todoporhacer.org.]
Detroit, ciudad situada al noreste de Estados Unidos, es quizás el gran ejemplo de colapso y quiebra de una gran ciudad. Cuando hablamos de colapso, nos referimos a que el modelo de ciudad que representaba Detroit ha sido totalmente destruido a causa de su propia inercia, es decir, es el propio modelo el que ha fracasado por su propia idiosincrasia, sin necesidad de determinantes agentes externos que hayan propiciado la caída de Detroit. El ejemplo del sueño americano, una ciudad que estaba en la cima y que fue máximo exponente del modelo productivo capitalista se ha hundido, y de sus (literalmente) cenizas surgen, de mano de las comunidades más desfavorecidas, proyectos vecinales que tratan de hacer de la ciudad, por primera vez, un espacio habitable.
El motor que gripó
Las cifras relativas a Detroit son espectaculares, una deuda de 18.500 millones de dólares que obligó a declarar la bancarrota y siendo a mediados del siglo XX la cuarta mayor ciudad de todo EE.UU, a día de hoy ronda el puesto 18, todo un paradigma para una gran ciudad, ya que la tendencia de toda urbe es a crecer en extensión y población. En los años 50 el censo era de 1.900.000 habitantes, en los 90 se redujo a 1.000.000 y para estos últimos años ronda los 700.000, en 50 años ha perdido más de la mitad de su población. Las razones de esta pérdida de población se entremezclan con las causas de la crisis propia de Detroit y sus consecuencias, pero todo queda bajo el mismo paraguas de un modelo productivo que cayó y se llevó consigo todo por delante.
La ciudad comenzó a crecer gracias a la inmigración a principios del siglo XX debido al auge del empleo y al establecimiento de grandes fábricas en ella. Detroit es conocida mundialmente como “Motor City” (la ciudad del motor), puesto que la producción de automóviles era uno de sus buques insignia, con las grandes empresas del sector totalmente asentadas en ella, General Motors, Chrysler o Ford. Como anécdota, señalar también que Detroit fue la cuna y laboratorio del llamado “fordismo”, el cual realiza una transformación de la producción hacia una mayor especialización y un trabajo en cadena encaminado a la reducción de costes, lo cual produce productos más baratos y de fácil acceso a las clases trabajadoras, poniendo los cimientos de la incipiente clase media. Los frutos de la etapa de expansión capitalista y el aumento de los beneficios se ve reflejado el el boom urbanístico con la construcción de grandes rascacielos y un distrito financiero de referencia. A pesar de todo ello, a la par que la economía crecía, las desigualdades también, con el máximo exponente del racismo que se respira en Detroit. Estamos hablando de los años 70, con una clase media blanca acomodada en el centro de la ciudad, y un creciente descontento de la población negra, con el gran referente de los grandes disturbios raciales de 1967 que obligaron a intervenir al ejército. Ambas comunidades vivían completamente segregadas, y a medida que la población negra iba mejorando sus condiciones, pequeñas minorías negras comenzaban a progresar económicamente saliendo de los suburbios al centro de la ciudad. Estos desplazamientos causan en la población blanca racista incomodidad, lo que llevó progresivamente a un abandono del centro a la periferia de la población blanca, el reflejo en la economía de estos movimientos fue una gran pérdida de capacidad recaudatoria de la ciudad a través de los impuestos, ya que el sector más adinerado (blancos/as de clase media) habían huido de la ciudad. Detroit pasó a ser la primera gran ciudad de mayoría negra.
Simultáneamente se empiezan a dar los primeros grandes pasos hacia el colapso definitivo, las grandes empresas automovilísticas empiezan a marcharse de la ciudad, fruto de los procesos de deslocalización de la producción, buscando territorios más baratos donde explotar de mayor manera a la población. El paro aumentó hasta el 12%, cifra mucho mayor que la media en EE.UU, y hablamos de los años 70-80, hoy la cifra ronda el 20%. Entrando en los 90 el desastre se acrecenta, las últimas fábricas se van definitivamente, y la crisis se expande hasta la población blanca que empieza a huir en masa de la ciudad, básicamente la tónica a partir de aquí es que todo aquel que puede permitirse irse se va. Al desastre de la producción de automóviles, motor económico de la ciudad, la despoblación, la bajada en la recaudación(solo el 53% paga sus impuestos), el paro y la creciente deuda se suma la estocada final del comienzo de la crisis en los años 2007-2008, Detroit definitivamente ha implosionado. 80.000 edificios abandonados(en los que se incluyen colegios, museos, teatros...), más de la mitad de parques cerrados, el 40% del alumbrado sin alumbrar, retirada del suministro de agua y del servicio de basuras, barrios despoblados y llamamientos del ayuntamiento a los/as vecinos/as a agruparse en torno a barrios más poblados, para aumentar la densidad de población de determinadas zonas para que los servicios básicos sean viables económicamente. Se dan más licencias para demoler que para construir edificios.
Del colapso a la iniciativa comunitaria
A pesar de todos estos datos y de la aparente falta de futuro alguno para Detroit, todavía queda lugar para la esperanza y el aprendizaje. De todo colapso surgen formas alternativas de vivir, la gente tiene que seguir comiendo, trabajando, socializando. La vida en Detroit, a pesar de todo, continúa. Pero lo sorprendente es cómo está continuando. De las cenizas de una ciudad en ruinas, surgen los huertos comunitarios y una reinvención de la ciudad, impulsada por las comunidades locales pasando por encima de la autoridad del propio ayuntamiento. La realidad es que fruto de la necesidad, los habitantes de Detroit se las han tenido que ingeniar para poder continuar con sus vidas, y teniendo en cuenta que hay zonas en las que la tienda de alimentación más cercana se encuentra a 1,6 kilómetros, el ingenio se agudiza, pero también decrece la esperanza de vida y aumentan los infartos y las diabetes.
La necesidad de satisfacer las necesidades básicas ha convertido a la agricultura urbana en un pilar fundamental de la reconversión de la ciudad, esto sumado a la gran cantidad de solares abandonados ha dado una nueva oportunidad para la autoorganización y la solidaridad vecinal. Se da el caso de que la organización Detroit Black Community Food Security Network están llevando a cabo la labor de revitalizar solares abandonados pero con tierras tóxicas a través del cultivo de especies que regeneran la tierra, hay cerca de 1.200 huertos y granjas de animales urbanas de los que además del autoabastecimiento se están llevando a cabo labores socioeducativas, creando en definitiva una gran comunidad de vecinos/as. Aun siendo Detroit una ciudad sumida en su propia crisis y sus consecuencias (delincuencia, robos, exclusión...) existen gran cantidad de estos proyectos comunitarios que no son siquiera vallados y que no sufren ningún tipo de actos vandálicos. Además de estas iniciativas comunitarias han surgido proyectos de economía social como Grown in Detroit, una cooperativa dedicada a comercializar la producción de los/as agricultores/as urbanos de Detroit, distribuyéndolos por los comercios locales. También podemos mencionar Brother Nature Produce, una agrupación de granjas que distribuyen sus productos mediante un sistema de bolsas (similares a las de los grupos de consumo de aquí), el mercado de productos locales más grande del país, Earstern Market, u Open City proyecto orientado a la financiación de locales y negocios socialmente comprometidos. Con todo ello, Detroit se está convirtiendo en una de las ciudades más autosuficientes del mundo, produciendo alrededor del 15% de los alimentos que consume y si sumamos al centro urbano las localidades periféricas el porcentaje llega hasta el 50%.
De todo este relato creemos que podemos sacar bastantes conclusiones y aprendizajes. Por lo pronto, Detroit es la muestra del fracaso de la ciudad del capitalismo industrial, añadiendo el gran papel que juega el racismo aún en los EE.UU y la incapacidad de los gobiernos de hacer frente a los problemas de la población, y que cuando los gobiernos dejan de responder es la población quien se hace cargo de sus propias necesidades respondiendo en la mayoría de los casos en una forma cooperativa y social, con el importante hecho de ser comunidades asentadas en el territorio quienes llevan adelante los proyectos. El protagonismo social y la reinvención de dinámicas comunitarias son los cimientos de cualquier transformación social. En situaciones de colapso es posible, pese a las dificultades de que lo colectivo y común prevalezca sobre el individualista sálvese quien pueda.
[Tomado de Todo por Hacer # 45, Madrid, octubre 2014; www.todoporhacer.org.]
jueves, 9 de enero de 2014
Los límites del cooperativismo
Todo por Hacer
Estamos viviendo una época de auge de la conflictividad laboral, huelgas en Metro, basuras o la más reciente del alumbrado público madrileño. En toda esta maraña de conflictos laborales quisiéramos destacar uno por su idiosincrasia, los problemas a los que se está enfrentando la plantilla de Fagor, que forma parte del conglomerado cooperativista Mondragón. Desde las perspectivas libertarias siempre se hacen llamamientos a la autogestión, el control obrero o el cooperativismo en el ámbito laboral, quizás se haga muchas veces por inercia más que porque estos sean una realidad, e incluso siendo estas estrategias una posibilidad real, hay que preguntarse si realmente son deseables.
Mondragón, el sueño y la realidad
El movimiento cooperativo de Mondragón empieza a gestarse a finales de los años 50, iniciándose con Talleres Ulgor (hoy Fagor Electrodomésticos) y creando poco a poco un ecosistema de empresas cooperativas que se iban apoyando unas a otras. Este ecosistema crece y se nutre de las iniciativas asociativas de las localidades cercanas, por ejemplo, Eroski nace de la unión de 9 cooperativas de consumo locales. Además de ser un ecosistema integral con producción, distribución, consumo e incluso reproducción a través de sus escuelas politécnicas. Esto es lo que fue Mondragón, una realidad que nada tiene que ver con la situación actual de la cooperativa.
Poco a poco se ha ido olvidando de los principios cooperativos de cercanía al territorio, desarrollo social y producción de necesidades. Hoy Mondragón es una empresa con una división del trabajo muy particular, con trabajadores/as socios/as cooperativistas, asalariados/as comunes y equipos ejecutivos/as completamente separados del proceso productivo. Se ha dado un salto cualitativo dirigiéndose hacia la internacionalización de la corporación, con filiales en países conocidos por sus estupendas condiciones laborales como son Brasil, Polonia, India o China.
Estamos viviendo una época de auge de la conflictividad laboral, huelgas en Metro, basuras o la más reciente del alumbrado público madrileño. En toda esta maraña de conflictos laborales quisiéramos destacar uno por su idiosincrasia, los problemas a los que se está enfrentando la plantilla de Fagor, que forma parte del conglomerado cooperativista Mondragón. Desde las perspectivas libertarias siempre se hacen llamamientos a la autogestión, el control obrero o el cooperativismo en el ámbito laboral, quizás se haga muchas veces por inercia más que porque estos sean una realidad, e incluso siendo estas estrategias una posibilidad real, hay que preguntarse si realmente son deseables.
Mondragón, el sueño y la realidad
El movimiento cooperativo de Mondragón empieza a gestarse a finales de los años 50, iniciándose con Talleres Ulgor (hoy Fagor Electrodomésticos) y creando poco a poco un ecosistema de empresas cooperativas que se iban apoyando unas a otras. Este ecosistema crece y se nutre de las iniciativas asociativas de las localidades cercanas, por ejemplo, Eroski nace de la unión de 9 cooperativas de consumo locales. Además de ser un ecosistema integral con producción, distribución, consumo e incluso reproducción a través de sus escuelas politécnicas. Esto es lo que fue Mondragón, una realidad que nada tiene que ver con la situación actual de la cooperativa.
Poco a poco se ha ido olvidando de los principios cooperativos de cercanía al territorio, desarrollo social y producción de necesidades. Hoy Mondragón es una empresa con una división del trabajo muy particular, con trabajadores/as socios/as cooperativistas, asalariados/as comunes y equipos ejecutivos/as completamente separados del proceso productivo. Se ha dado un salto cualitativo dirigiéndose hacia la internacionalización de la corporación, con filiales en países conocidos por sus estupendas condiciones laborales como son Brasil, Polonia, India o China.
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