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sábado, 25 de enero de 2020

La lucha continúa




Periódico Acracia (Madrid)

*Editorial de la reciente edición de este vocero ácrata.

Sin lugar a dudas, la lucha continúa. No puede ser de otro modo, es el único camino que nos permite mantener una dignidad humana imprescindible para poder resistir en la sociedad opresiva en la que hemos nacido. Somos lucha, somos construcción de un mundo nuevo.

jueves, 23 de enero de 2020

En defensa de las revoluciones sin líderes



Peter Gelderloos

Cihan Tugal (“El fin de la revolución sin liderazgo” del 10 de julio de 2013), efectivamente separa las proclamas populistas y prematuras sobre una revolución triunfante en Egipto. Sin embargo, va más allá de utilizar los fallos evidentes de las revoluciones sin líderes que han sido un sello distintivo de los primeros lustros del siglo XXI, para desacreditar la propia idea de la revolución sin líderes. Al hacerlo, abre el camino para un retroceso amnésico a las revoluciones autoritarias mucho más deficientes de principios del siglo XX, en el proceso de cometer algunos de los mismos errores que deben ser criticados en las revueltas en curso.

Con el fin de darle una continuidad a la crítica que se beneficia de la conciencia de todos nuestros pasados fracasos —una rica historia, por cierto—, es necesario comparar los fracasos de las revoluciones sin líderes con los mucho mayores fracasos de las revoluciones autoritarias del pasado, en lugar de pasar por alto aquellos fallos con el fácil neologismo de revoluciones leaderful.

miércoles, 8 de enero de 2020

Chile: A los maravillosos muchachos de la Primera Línea



Pepe Burgos

*Un veterano desengañado de la izquierda institucionalista y autoritaria saluda a la juventud rebelde que hoy insurge en Chile.

SIN BANDERAS, SIN PARTIDOS

Hoy viernes 03 de enero fui a la plaza de la dignidad acompañando a los compañeros del GAP, en mi condición de documentalista de la memoria histórica. El dispositivo de seguridad de Salvador Allende conocido históricamente como el GAP han asistido a todas las convocatorias de los viernes de los compañeros de la primera línea. Los compañeros del GAP respetuosamente ganaron un espacio en la plaza de la dignidad. Lo maravilloso fue ver que los viejos partidos de la izquierda a fuerza de los hechos acataron no una instrucción sino una cultura del respeto de no atribuirse la lucha que ellos abandonaron hace años por haberse coludido con el poder del opresor.

domingo, 5 de enero de 2020

El ejercicio revolucionario



Liber Lucta

Esta vida que nos impusieron o la aceptamos resignadamente o la rechazamos visceralmente, no hay un intermedio en esa elección. La clase dominante tiene sus intereses bien claros, para ellxs el capitalismo es lo lógico, el lucro es lo que los mantiene de pie y con la panza llena, su sustento es nuestro sudor y con cada gota alimentan y se agigantan sus negocios, sus propiedades, su poderío.

El ciudadano esteriotípico defensor de la patría y el Estado, es el camello más convencido de soprotar la pesada carga del trabajo y el consumo empalagoso que lo distrae en su "tiempo libre", marchando con la espalda arqueada por el camino preestablecido, pero dibujando una sonrisa dura en su cara. La clase trabajadora defiende intereses ajenos, los cuales interioriza y adapta a su propia cotidianeidad, buscando todo el tiempo la oportunidad mágica de que algo le salga bien, que consiga un ascenso en el empleo o sea reconocido en algún sentido para poder asemejarse a su patrón. La ideología del capital, de la competitividad, la velocidad y lo instántaneo, el presente continuo de voracidad consumista y esclavitud voluntaria, está saltando sobre nuestras cabezas. ¿QUÉ HAREMOS?

martes, 31 de diciembre de 2019

El amor y la revolución (o el amor a la revolución)


R. M.

«Amor y rebeldía van enyuntados, quien no es rebelde no ama ni nunca ha amado»     -     J. Larralde

Si bien es cierto que el amor puede ser pensado como ese dispositivo de normalización, ese relato que determina las pasiones hacia el orden existente, también puede ser pensado diversamente. El amor también puede ser pensado como enemigo del capital y su ordenamiento absoluto.

sábado, 29 de junio de 2019

El mañana queda anulado



Comité Invisible (Francia)

Todas las razones para hacer una revolución están ahí. No hace falta ninguna. El naufragio de la política, la arrogancia de los poderosos, el reino de lo falso, la vulgaridad de los ricos, los cataclismos de la industria, la miseria galopante, la explotación desnuda, el apocalipsis ecológico — nada nos lo ahorra, ni siquiera estar informados de todo esto. «Clima: 2016 supera un récord de calor», titula Le Monde como ya casi todos los años. Todas las razones están reunidas, pero las razones no son lo que hacen las revoluciones, son los cuerpos. Y los cuerpos se encuentran frente a las pantallas.

sábado, 28 de julio de 2018

Kurdistán, la revolución silenciada: Entrevista al activista kurdo y LGBTI Mehmet Tarhan




Paula Jiménez (diario Página 12, Buenos Aires)

* El kurdo es un pueblo negado: unas 40 millones de personas distribuidas en cuatro países, Irán, Irak, Siria y Turquía, que desde la conformación de los Estados luchan por su reconocimiento y existencia. Sus habitantes, a pesar de la persecución permanente, han logrado construir un modo de vida que se asienta en una visión feminista, anarquista y ecologista del mundo. En conversación con Soy, Mehmet Tarhan, activista kurdo y lgbti, cuenta por qué no concibe los dos activismos de manera separada y alienta a enfrentar las opresiones con una respuesta organizada.

Para comprender la situación de la población kurda -repartida entre los cuatro países: Irán, Irak, Siria y Turquía- y particularmente la situación de sus ciudadanos LGBT, es necesario entender que el enemigo común de las luchas de clase, raza, sexualidad y género, es básicamente el mismo patrón liberal y patriarcal -valga la redundancia- en cualquier parte del mundo. Si lo viéramos como un juego de mamushkas seguramente la muñeca más grande representaría en este caso a los kurdos en general, y la persecución se iría afinando de muñeca a muñeca, hasta llegar a la última identidad, representativa, probablemente, de las travestis, quienes soportan como en todas partes las peores condiciones de desprotección. El  núcleo de organización social kurda se asienta por sobre todo en la idea de una diversidad real pero, según el activista refugiado Mehmet Tarhan, esto resulta una gran amenaza para el Estado turco, presidido por el absolutista Recep Tayyip Erdogan. Los grupos nacionalistas y conservadores premian en toda Turquía con sus votos la persecución a la población más vulnerable: “Para conquistar votos de nacionalistas -que si no son suficientes se apela al fraude ya denunciado y comprobado-, el gobierno turco empezó a perseguir y encarcelar kurdos, porque cuando atacás kurdos, los turcos apoyan”, explica Mehmet. ¿Esto no nos suena conocido? ¿No son las políticas duras y represivas en Europa y en ciertos países de América, la música de la flauta con la que se levanta la serpiente clasista a la hora de dar sus votos? Aunque estemos lejanos en distancia respecto del pueblo kurdo, todo está sucediendo acá, en este mundo. “A mí me dieron cuatro años de prisión, pero estuve once meses. Soy objetor de conciencia -explica Mehmet-. Es una obligación en Turquía hacer el servicio militar, pero yo no quise ir y declaré. Soy antimilitarista y no quise matar a mis hermanos. Por eso me dieron cuatro años. En Turquía hay un genocidio contra los kurdos”.

sábado, 31 de marzo de 2018

Debate (A): El deseo revolucionario y el activismo innovador



Capi Vidal

Al leer el interesante libro _Desierto. Posibilidades para la libertad y lo salvaje en un mundo en colapso_, con cuyo análisis y posturas podemos estar o no de acuerdo, especialmente por su marcado tono apocalíptico, se suscitan unas cuestiones primordiales para un auténtica transformación social y ecológica.

En primer lugar, la cuestión primordial de la “revolución”, entendida como un gran acontecimiento que todo lo cambie para que la humanidad se definitivamente libre y el mundo sea "salvado" también a nivel ecológico. Este evento, en el que todos creemos y deseamos fervientemente, puede que ocurra algún día, o tal vez no, pero nuestra preocupación fundamental debería ser e el aquí y el ahora, que es el que queramos cambiar para no perpetuar el sufrimiento. La creencia en esa revolución con mayúsculas, con una fe inquebrantable, que no difiere tal vez demasiado de la religiosa, a mi modo de ver las cosas, limita bastante el activismo social y político. Una cosa es nuestro deseo revolucionario y otra muy distinta la visión de la revolución como un gran relato escatológico, con un final feliz, heredero en mayor o en menor medida la Modernidad. No se trata de tener esa fe revolucionaria o, en el otro extremo, caer en la desesperanza observando la realidad que tenemos, sino de comprender, desde una postura anarquista, que el activismo y la conciencia poseen un marcado carácter plural y diverso. El dogmatismo, las visiones inamovibles, la creencia en grandes organizaciones (¿libertarias?) que conduzcan a la humanidad hacia la emancipación, son a mi modo de ver las cosas una intolerable rémora para cambiar nuestra realidad o, al menos, resistirse a ella.

martes, 27 de marzo de 2018

Debate (A): ¿Un naufragio en curso?



Fawda # 1

El olor a descomposición que sale de las miles de grietas que tiene la sociedad capitalista actual es el síntoma de un naufragio en curso. Las grandes industrias capitalistas compiten cada día con mayor ferocidad mientras ue sus grandes estructuras, pesadas y burocráticas, son destrozadas por la nueva economía digital y tecnológica. Una pequeña “start-up”  (empresa emergente), como se les llama en el lenguaje de los economistas, hoy puede llegar a molestar a los mercados en los que anteriormente algunas grandes compañías tenían el monopolio. Los bancos que eran “demasiado grandes para caer” sobrevivieron solo debido a las enormes inyecciones de capital por parte de los estados. Las nuevas tecnologías, como las biotecnologías que manipulan organismos vivos según las necesidades económicas o la robotización, que permitirá una automatización casi total de los procesos de producción, modificarán profundamente los parámetros de los mercados.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Sin evolución no hay revolución



Rafael Cid
“Mientras luchan por separado, son vencidos juntos”

                                                                         Tácito

La “revolución” es uno de los mitos modernos más tenaces. En el sentido en que Georges Sorel entendía el término “mito”. Como una creencia capaz de agitar muchedumbres más allá del sentido común y la lógica. Decir revolución es abrir las puertas a un mundo tan desconocido como ansiosamente esperado. Un desiderátum. Algo profundamente transformador que pervive en el imaginario común por encima de las generaciones. Y también de los éxitos o frustraciones que hayan cosechado las revoluciones que en la historia han sido. Según la óptica con que se mire, puede ser el elixir o el opio del pueblo. Tótem y tabú. Bendecida por unos y maldecida por otros, la revolución nos acompaña como la sombra a la luz del sol. Tan persistente es su inmanencia, que lo adecuado sería hablar de “revolución permanente”, en el sentido de estar siempre en el punto de mira. El rayo que no cesa. Una ilusión hipnótica que, precisamente por la compleja amalgama de que se nutre, conlleva un plus de difícil realización. Se sigue y se persigue porque casi nunca se logra plenamente.

sábado, 6 de mayo de 2017

¿Qué significa el término "revolución" para el anarquismo hoy en día?


Capi Vidal

Si bien, es obvio, que el significado social y político tiene su importancia histórica, en la actualidad parece haberse desterrado, en gran parte del imaginario de la gente, la posibilidad de un gran cambio revolucionario.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Debate (A): La Monopolización de la violencia estatal


Un anarquista radical desde el Altiplano

La palabra “violencia” es un término utilizado muy a menudo en los medios masivos, en las conversas, en las actividades, en los medios de transporte públicos, en los centros “educativos”, en el hogar, y en todo lado. La sociedad da énfasis a reproducir el término, a cuestionar el sistema de justicia, creando leyes, buscando la venganza por medio de la ley. El ciudadanx común pone fe en un sistema judicial que obviamente está diseñado solo para favorecer al Poder, sin embargo, insiste en reformarlo, en buscar jueces y fiscales mas “idóneos”, al final, siempre se ve como ante nuestras narices todo es manipulado. No me interesa ser parte de esxs ciudadanxs sumisxs de la sociedad, más bien, me interesa el debate contra el sistema establecido por lxs dominadorxs. Redes de extorsionadorxs, compuestas por policías, juecxs, fiscales y bien conectadas por políticas muy influyentes, son solo una pequeña muestra de cómo se maneja el sistema, por más que cambien a estxs funcionarixs, vendrán otrxs y seguirá replicándose esos ciclos. El Poder tiene una estructura piramidal, el vértice superior es el que maneja al Estado/Capital, de ahí, se van creando estratos de dominación con sub poderes, por ejemplo el judicial, legislativo, ejecutivo, policial, etc., hasta llegar a otros más pequeños como los
gobiernos departamentales y municipales. Más abajo, se encuentran lxs dirigentes, “Movimientos sociales”, sindicatos, que no son extra gubernamentales pero están siempre, en la búsqueda del Poder. Todos estos, procuran que el control venga desde arriba y ejercen poder sobre otrxs. Paralelamente a esto, existe otra pirámide, determinada por la economía, esta estructura crea la sociedad de clases. La violencia es monopolizada para que el Poder mantenga esta conformación, esté utiliza la violencia para mantenerse íntegro, ante cualquier desborde. La sociedad no cuestiona al sistema, que es quien origina el patriarcado y el uso de la violencia para someter a otrxs. Existe complicidad de la sociedad, al mantenerse sumisa, favorece y fortalece al Poder, por ello, este, va potenciando a su brazo represor y las leyes. La escuela, la familia nuclear, la universidad, el trabajo, la iglesia, el grupo social, etc., son lugares donde se replican las formas de violencia, son un reflejo del Poder, pero lo desastroso está en que la sociedad no lo combate, más bien lo refuerza. La violencia monopolizada por el Poder, es lo que ocasiona miedo, temor, acomodación y sumisión. Por tanto, lxs ciudadanxs optan por mantenerse quietxs y conformes en solo buscar un mejor modo de vida.

miércoles, 6 de enero de 2016

Una carta de Buenaventura Durruti desde la prisión en 1935

 
Desde una celda de la cárcel Modelo de Valencia,donde se hallaba Durruti, escribía esta carta que diríamos, se encontraba en plena lucha contra los Comités de la CNT, por lo que se nos revela, no el Durruti “disciplinado” que nos describe siempre Manuel Buenacasa, sino el militante consecuente que no oculta su pensamiento “por responsabilidad orgánica”, formula tras la que muchos militantes silenciaban su critica Ninguno de los escritos de Durruti refleja mejor que el presente su estado critico y, a la vez, su afirmación revolucionaria anarquista.

En toda la carta trasciende ese orgullo que él quisiera retransmitir a los otros para mantener con valor la grandeza de la CNT por el papel revolucionario a la que estaba llamada.

La carta en cuestión lleva fecha del 11 de setiembre de 1935 y va dirigida a José Mira en respuesta a una de éste. Dicha carta dice así:

viernes, 14 de agosto de 2015

Llegan las insurrecciones, pero fracasan las revoluciones



* Laura Vicente presenta un resumen y reseña del libro A Nuestros Amigos

Este libro, cuyo autoría es de un misterioso Comité Invisible, fue publicado en Francia en octubre de 1014, siendo traducido a varios idiomas, entre ellos el español, en 2015[1]. No es la primera obra de este Comité  puesto que en 2007 había publicado un pequeño libro  titulado La insurrección que viene[2]. El libro tuvo un enorme éxito de ventas llegando a ocupar el primer puesto en el ranking de libros más vendidos de Amazon. El Comité invisible no es una persona pese a que la policía francesa ha acusado a Julien Coupat y, por extensión, a la pequeña comuna agraria de Tarnac, de ser el autor(es) de La insurrección que viene.

El Comité sería más bien una tupida red de “amigos” que formarían parte de un Partido Imaginario empeñado en no cesar de Pensar, atacar, y construir.

En A nuestros amigos se parte de la afirmación de que las insurrecciones anunciadas en 2007 han llegado a tal ritmo y en tantos países que el edificio entero de este mundo, desde 2008, parece estar desintegrándose fragmento a fragmento (p. 11). Sin embargo los revolucionarios habrían sido derrotados porque hemos sido despojados, continuamente de la revolución como proceso (p. 13). Y una de las causas de este fracaso es la propia herencia ideológica que engancha los pies en todo un armazón de tradiciones revolucionarias derrotadas y difuntas (pp. 16-17). Por tanto, sería necesario desembarazarse del fárrago mental que impide captar la situación. Para ello resulta fundamental organizarse, que significa, actuar según una percepción común, sin ese vínculo de la percepción compartida de la situación, los gestos se pierden en la nada sin dejar huella, las vidas tienen la textura de los sueños y los levantamientos acaban en los libros escolares (p. 18).

viernes, 26 de junio de 2015

Debate (A): ¿Hacia un reformismo revolucionario?





























Tomás Ibáñez

Debo precisar, antes de proseguir, que no me acaba de convencer esa denominación que se asemeja demasiado a un oxímoron, y que el planteamiento general que voy a esbozar, más que ofrecer una perspectiva teórica bien perfilada, tan solo pretende abrir una posible línea de reflexión. En un texto ya antiguo decía más o menos lo siguiente: "está claro que el radicalismo revolucionario reduce las audiencias mientras que el posibilismo reformista las ensancha. El primero ronda la ineficacia absoluta porque la insignificancia de sus tropas hace que ni siquiera alcance a iniciar la larga marcha que propugna. Mientras que  el  segundo  se  hunde  en  parecida  ineficacia  porque acaba reproduciendo los rasgos fundamentales de lo ya existente: meros cambios cosméticos, al final de un viaje transformador de tan corto vuelo que ni siquiera merecía ser emprendido." Sigo pensando que esa apreciación era acertada, sin embargo, creo que en la actualidad la evolución del reformismo y del radicalismo revolucionario permite desarrollar unas prácticas de lucha donde la separación entre esas dos modalidades de intervención queda, en buena medida, difuminada. La interioridad y la exterioridad respecto del sistema social vigente se pliegan una sobre otra de tal forma que esa distinción pasa a ser borrosa. En efecto, la reinserción de la revolución en la temporalidad del presente permite a sus impulsores llevar a cabo unas transformaciones parciales que, todo  y  ubicándose  en  el  seno  del  sistema  instituido, presentan contenidos revolucionarios que las proyectan hacia su exterioridad. Esa doble faceta ha adquirido forma a partir del momento en que, como lo decía Gustav Landauer a propósito del anarquismo, hemos tomado conciencia de que "la revolución no es una cosa del futuro sino del presente."

viernes, 7 de noviembre de 2014

Concreción de la utopía y subversión cotidiana




































Massimo Varengo

Tenemos una convicción: solo la revolución libertaria puede garantizar el porvenir de la Humanidad entera. Una revolución ahora y rápido. Pero ¿por qué decimos esto cuando todo apunta a lo contrario? Porque por revolución entendemos no solo y no tanto el hecho violento que, al prevalecer el protagonismo social de los oprimidos y explotados, consigue el derrocamiento del régimen capitalista y de la institución estatal, sino el proceso que realiza concretamente un conjunto de aspiraciones y la satisfacción de las necesidades presentes en la conciencia colectiva, el proceso que materializa sustancialmente el objeto deseado en el imaginario colectivo: la libertad individual y colectiva, la justicia social; ni más ni menos.

Se puede comprender cómo se inicia el proceso revolucionario en el mismo momento en el que se comienza a reconocer y a reaccionar ante la condición en la que se vive y los efectos de las evidentes contradicciones sociales, fruto de las desigualdades y de las jerarquías.

La importancia del rechazo individual -tanto psicológico como material- de un sistema que te embrutece, te aliena y te niega, en la construcción de una expresión colectiva capaz de medirse con las instituciones políticas y económicas, no puede ser infravalorada más si trabajamos para favorecer la afluencia de estos elementos individuales y colectivos, en la organización de una fuerza capaz de imponer su propio programa y su propia visión ética de la vida, y conseguir realmente la destrucción del sistema jerárquico dominante y la destrucción de sus formas de expresión política y económica.

Compartiendo esta postura, resulta evidente la necesidad de perseguir una estrategia que tenga como centro de atención una valoración correcta de los procesos de construcción de la fuerza y de la realización del consenso, elemento vital para un movimiento como el nuestro, que trabaja para la obtención de una sociedad abierta, horizontal, solidaria y comunitaria.

Sin ocultar los problemas, pero…

La voluntad que nos anima en la lucha por una sociedad libre y justa, si no fuera por un determinismo pseudocientífico, no se debe distanciar del ámbito social de referencia, no tiene que convertirse en autorreferencial de un subjetivismo que desemboca ineludiblemente en un activismo como fin en sí mismo, fuera del tiempo y del espacio. Por otro lado, no se puede enganchar simplemente a una iniciativa genérica de masas, limitándose a una acción de apoyo, sobre todo en tiempos como los actuales, en los que la polarización y el corporativismo evidencian muchas veces la dificultad de realización efectiva de la lucha social en el plano económico y territorial, más allá de importantes pero minoritarias excepciones.

Y sigue siendo sobre la relación entre minoría revolucionaria y masas donde continúa jugándose nuestra partida. Si antiestatalismo, antiparlamentarismo, acción directa, rechazo de la delegación y de los liberados, descentralización, federalismo y solidaridad permanecen a la hora de afrontar el centro de la difusión en una sociedad dominada por la presencia, invasiva y condicionante de los medios de comunicación con su manipulación y seducción, por un ejército de profesionales de la política y del sindicalismo oficial (y a veces no solo…), y por el creciente y desbordante control burocrático y policial.

La utopía debe concretarse por representar un elemento de atracción y de movilización. No se puede tener ni conquistar la credibilidad si no demostramos que nuestras propuestas de reorganización social, nuestras formas organizativas -basadas en la autogestión y en la autoorganización- son efectivamente superiores no solo moralmente sino también por funcionalidad y eficacia, en el respeto al individuo y a la naturaleza ante la voracidad del capitalismo y de la lógica del desarrollo sin límites. Y la subversión cotidiana de lo existente no puede significar subjetivismo estético y poética insurreccional sino aplicación cotidiana sobre el terreno en confrontación crítica contra la realidad social en su complejidad, con una implicación programática de acción, con atención a los problemas concretos, a la lucha cotidiana contra la explotación y la opresión, a las batallas que pueden involucrar a sectores cada vez más amplios de población, con valoración de las luchas territoriales, vecinales, sobre todo en tiempos como estos, donde diferentes luchas remarcan la importancia fundamental de entrelazar la comunidad, el territorio y su autogestión.

Sin esconder los problemas, pero tampoco refugiándose en el ámbito de la ideología. Una ideología marcada, por otra parte, por los mitos decimonónicos del progreso y del desarrollo, y que debe superarlos para redefinir una relación inteligente e incisiva que permita medirse con el creciente agotamiento de los recursos naturales por obra de la parte más rica y más potente del género humano -de la que, querámoslo o no, formamos parte-, la destrucción del medio ambiente y la puesta en entredicho del concepto mismo de futuro.

Aunque el panorama que nos rodea no es muy favorable, hay que continuar incansablemente con la tarea de crítica de la "cultura" oficial, de denuncia de las mentiras de las castas del poder, obstinándonos en querer construir comunidad y difundir solidaridad.

Ser utopistas concretos quiere decir desarrollar pensamiento radical, quiere decir lanzar propuesta, quiere decir interrumpir los circuitos de la manipulación del consenso, quiere decir atravesarse.

No esperemos el sol del porvenir, un sol cada vez más ensombrecido por las nubes de polvo en suspensión. Tenemos que continuar desarrollando iniciativas, aunque seamos pocos, sobre todo si somos pocos, para transmitir ética y cultura libertaria, para valorar la coherencia entre fines y métodos, para remover las conciencias.

Para hacer esto, para equiparse mejor, debemos profundizar constantemente en la elaboración crítica; promover el paso de la práctica de la propaganda estática a la del laboratorio de investigaciones y experiencias, tendentes a la más amplia actividad de transformación social; actualizar la táctica de la contestación, en los diversos campos, instando las tensiones éticas latentes y las aspiraciones de justicia social, estimulando la acción directa en todas las manifestaciones de la vida para realizar experiencias autogestionarias fuera del poder constituido y contra él; apuntar a la crítica inmediata de aquellos sectores del poder menos visibles para la población -como monopolios, catastros, sistemas de tasación- evidenciando escenarios alternativos.

Ante la autodenominada liberalización -en realidad, acaparamiento- de los bienes y servicios colectivos, es necesario relanzar el tema de la socialización y la autogestión en la redefinición de la relación entre usuarios y trabajadores, atacando la obscena campaña del régimen que tiende a ocultar el hecho de que el gasto público social no es la causa de la deuda pública, sino que por el contrario es engordado por la voracidad de los bancos y de los negociantes que se lucran con sus intereses.

Ahora, mientras que la circulación de capitales no encuentra barreras, los Estados utilizan las fronteras para instrumentalizar la inmigración irregular e inventar constantes "emergencias" para crear un clima favorable a la afirmación de la cultura de la sospecha y del gueto, alimento de la parcelación social y de la aniquilación de toda forma de resistencia solidaria de masas; es el momento de evocar con resolución la vía del reconocimiento recíproco entre las diferentes experiencias humanas, allá dónde y cómo existan, para vaciar de contenido cualquier construcción teórica que de la diversidad haga un fetiche útil para prácticas de diferenciación social. En este contexto, la lucha contra toda discriminación es absolutamente fundamental. Como fundamentales son las iniciativas sobre el ámbito de la guerra y la militarización, de la devastación medioambiental, que con metodologías diversas destruyen las posibilidades mismas de la vida en este planeta.

Nuestra fuerza revolucionaria organizada

Cierto es que ante un escenario cotidiano de guerra, de represión y de provocación ascendente, de ataque a las libertades individuales y colectivas, son muchos los problemas a afrontar y a resolver, pero su solución puede ser facilitada en un debate que tenga en cuenta la experiencia del movimiento en su complejidad, tanto a escala nacional como internacional. Como portadores de un método de experimentación libertaria, alejado de cualquier dogmatismo, no pretendemos ser los únicos poseedores de la verdad; seguimos pensando que solo un profundo proceso de transformación, con carácter revolucionario, podrá modificar el presente estado de cosas, y que las conquistas sociales, fruto de la acción directa de las masas, son fundamentales para la modificación de las relaciones de fuerza.

La obra de descrédito hacia el anarquismo, que pasa por la acusación de terrorismo, quiere impedir que los movimientos de oposición sean influidos por las metodologías y por las propuestas anarquistas. Queda claro que lo que temen no es tanto la acción extemporánea de algún grupo, sino al anarquismo como fuerza revolucionaria organizada, como fuerza tendente a la autoorganización de los oprimidos y explotados de cualquier país, como única práctica realmente internacionalista, que en el desarrollo integral y libre del individuo tiene el objetivo unificador de todas sus tendencias.

Para quien sostiene el fin de las posibilidades de transformación social por parte del anarquismo, para quien sostiene el fin de la concepción misma de revolución social, la mejor respuesta viene de la capacidad del anarquismo de revitalizarse, de estar en el presente, de conjugar sus raíces históricas y éticas con la necesidad de la lucha contemporánea contra la opresión de cualquier color, aquí y ahora.

[Publicado originalmente en Tierra y Libertad # 315, noviembre 2014. Numero completo accesible en http://www.nodo50.org/tierraylibertad/.]

domingo, 12 de octubre de 2014

Grecia: Antonis Stamboulos termina la huelga de hambre y sed.

A través de un comunicado desde las prisiones de Larisa, el preso anarquista Antonis Stamboulos ha anunciado hoy, 11 de octubre, el fin de la huelga de hambre y sed que había comenzado desde las 18:00 horas del lunes, 6 de octubre de 2014, como forma de protesta en contra de su traslado a una prisión fuera de Atenas, donde queda aislado de su familia y su abogada. Sigue un breve extracto de su carta:
[...] Hoy, que los mensajes solidarios han llegado hasta dentro de la cárcel, y puesto que las consecuencias de mi abstención del agua y la comida comenzaron a ser amenazadoras, he decidido suspender mi huelga, esperando aquellos momentos que las condiciones permitirán que la coordinación entre lxs de dentro y lxs de fuera sea más fuerte y más efectiva. Hay que guardar nuestras fuerzas para las luchas que vienen. [...]
¡Fuerza a Antonis Stamboulos! ¡La lucha continúa!

sábado, 11 de octubre de 2014

Grecia: Detienen al anarquista Antonis Stamboulus en Atenas

El 1 de octubre de 2014, los perros de la policía griega arrestan al compañero anarquista Antonis Stamboulos en el barrio ateniense de Vyronas. Lo llevan a una sala de interrogatorio de la unidad antiterrorista, donde le sacan a la fuerza huellas dactilares y muestras de ADN e intentan fotografiarlo, todo, entre palizas y amenazas, mientras el compa estaba esposado con las manos a la espalda. Horas después, le anuncian que se le acusa de terrorismo. Desde el primer momento, el compa rechaza toda colaboración con las autoridades, se mantiene en silencio sin decir siquiera su nombre, no bebe ni come nada y exige ver a una abogada. Finalmente, 24 horas después de su arresto, se le permite ver a la abogada, pero solo unos minutos antes de llevarlo al fiscal. La firmeza del compa hace que la policía griega tarde dos días enteros en averiguar su nombre.
El 4 de octubre, el compa publica un comunicado desde la jefatura de policía de Atenas, donde explica las condiciones de su arresto y reafirma sus convicciones revolucionarias y anarquistas al no colaborar de ninguna manera con las fuerzas del Poder. Entre tanto, los mass mierda, el jefe de policía y el Ministro de orden público difunden un montón de escenarios y supuestas pruebas en contra del compa, vinculándolo con el caso de Lucha Revolucionaria. Se ordena su prisión preventiva.
Siguiendo con la difusión de la histeria antiterrorista a través de la Prensa e intentando aplastar a su círculo familiar y cercano la policía realiza redadas en varias casas, entre ellas, la de lxs padres del compa. El 6 de octubre, Antonis Stamboulos se declara en huelga de hambre y sed desde el departamento de traslados donde aún lo retienen, visto que lo que se planea es trasladarlo a una prisión lejana, para aislarlo. El compa no acepta ser trasladado a otra cárcel que la de Koridallos.
Nos posicionamos junto a Antonis Stamboulos y hacemos un llamado a todxs lxs anarquistas alrededor del mundo a solidarizarse de hecho con el compa en huelga de hambre y sed.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Ni soñadores ni utopistas ¡Anarquistas!


Erick Benítez Martínez

La ignorancia acerca de las ideas anarquistas hace que no sean pocas las personas que al escuchar nuestros objetivos, digan con voz parsimoniosa, como si ello les diera algún tipo de validez a sus palabras: «De acuerdo contigo compañero ¿Pero cuándo sucederá eso? El ser humano es malo por naturaleza, y si no existiera el gobierno, las cosas irían peor que ahora.» ¡Cómo si tal cosa fuera posible!

Ese pensamiento consuetudinario generado a raíz del desconocimiento de la naturaleza humana y de las propuestas concretas y profundas del anarquismo, hace que no sean pocos los que, al saber de nuestro ideal, nos tomen por soñadores, que sueñan con una sociedad imposible, utópica.

Y ya que el anarquismo no se ha podido poner en práctica por un espacio largo de tiempo, no faltan tampoco los compañeros que han caído en esos parámetros propios del desánimo y de la apatía, y se hacen llamar a sí mismos “Utopistas y soñadores”

Para la propaganda del Estado no hay nada mejor que los que luchen se orillen a sí mismos hacia la autodescalificación y el desánimo. Y es precisamente eso lo que se hace al llamarse soñadores o utopistas.

La libertad por la que luchamos los anarquistas no vendrá por sí misma, como si de un acontecimiento inevitable se tratara. Precisa que los anarquistas luchen por obtenerla, que instiguen al pueblo a rebelarse en contra de quienes les someten.

De nada sirve tener la razón; de nada sirve que la justicia humana esté de nuestra parte. Gobiernos, policías, carceleros, capitalistas y clérigos pisotean diariamente la libertad y la justicia. Amparados en las leyes del Estado, en las armas de los sicarios puestos a su servicio y en la inacción del pueblo, actúan diariamente a sus anchas.

Tenemos la razón y la justicia de nuestra parte; precisa ahora no esperar que vengan por sí mismas, sino que nosotros las impongamos a gobiernos, capitalistas y demás verdugos de la libertad y la justicia. Precisamos de voluntad para lograrlo. Pero esa voluntad que se necesita para triunfar se ve difuminada cuando quienes deben luchar por la anarquía se hacen llamar utópicos y soñadores.

Si la anarquía ha de venir tarde o temprano porque hacia ella avanza la humanidad casi de forma inevitable, nosotros hagamos una parte que ya vendrá por sí misma, parece que se escucha decir a los utopistas.

No, y mil veces no. Nuestro papel como anarquistas, como bien decía nuestro Bakunin, consiste en ser provocadores. Sí, provocar el choque de los intereses de los de abajo con los de arriba; consiste en provocar la revolución y que el pueblo se encargue (nosotros entre ellos) de ejecutarla.

Pero provocar la revolución equivale a estar convencido no solo de que ella es necesaria, sino de que es posible. Equivale, en un lenguaje más claro, en dejar de ser utópico y soñador. Consiste en viviseccionar la sociedad actual; a partir de ello ver los fallos que presenta y proponer un sistema económico y social que ponga fin a las monstruosidades de la sociedad en la actualidad. Ese “sistema” (por definirlo en cuanto a conjunto de propuestas) es el anarquismo.

Así como es necesario quitarse de la mente esos fatalismos sobre la inevitabilidad de la llegada de la libertad, es preciso reclamar para nuestras ideas el lugar que les corresponde: el de la realidad y nunca el de un ideal lejano o irrealizable; anteponer a la autoridad del Estado la libertad del pueblo, a la jerarquía del capital la horizontalidad del pueblo, a las mentiras de la Iglesia la ciencia puesta al servicio del pueblo. Y todo ello en base siempre a análisis racionales, justos y libres. Es decir, todo ello en base a propuestas claras, lógicas, basadas en hechos reales.

Analizando la crudeza del sistema, no podemos oponer al mismo fantasías y espejismos. Hemos de anteponer a la torpeza de la economía capitalista la justa socialización de los medios de producción como un hecho racional y justo no solo para detener las injusticias del sistema, sino para llevar a la humanidad más allá de donde ha llegado; hemos de anteponer a las desigualdades del Estado la implantación de una sociedad de hombres y mujeres libres, equivalentes; hemos de anteponer a las mentiras de la Iglesia las demostraciones más avanzadas que la ciencia pueda aportar.

Todo eso, compañeros, son hechos reales, racionales, justos. No son sueños ni son utopías. El anarquismo, es preciso decirlo de nuevo, no es un sueño inalcanzable, ni una utopía a realizarse dentro de 1000 años.

No precisa la anarquía de seres perfectos con alas incapaces de cometer errores. Los anarquistas no luchamos por una sociedad así, imposible desde todo punto de vista. Sabemos que dentro de la sociedad anarquista habría problemas: el ser humano es un animal con la capacidad de cometer fallos. No es un ser perfecto, por ello sabemos que aun en una sociedad anarquista habría problemas. Problemas mínimos comparados con el caos en que se vive bajo los gobiernos.

Y si por algo luchamos es porque sea el pueblo el artífice de sus aciertos y de sus errores. Luchamos porque sea el pueblo en su totalidad quien decida sus destinos.

En la actualidad un político realiza reformas que conducen a la miseria a millones de personas. Cierres de puestos de trabajo (por contradicciones del sistema capitalista) llevan la miseria a miles de familias. Derrames petroleros producen catástrofes terribles en la naturaleza. Y todo ello generado por una cantidad ínfima de personas que conducen a la humanidad hacia la destrucción y la barbarie.

Nosotros queremos que el pueblo decida sobre su suerte, porque creemos que con ello el pueblo avanzará mil veces más de lo que podría hacerlo con un líder al frente. Aun a pesar de los problemas que pudieran tenerse.

Siendo un animal sociable, sabemos que la humanidad sabrá organizarse sin necesidad de gobiernos, pues está en su naturaleza asociarse, lo cual está demostrado no en un sueño o un idilio hermoso, sino científicamente (no cientificista, claro).

Ciertamente existen en la sociedad soñadores y utopistas: curas y capitalistas, gobiernos e instituciones. Piensan que este sistema que alimentan y del cual viven será eterno. Confiados en sus despachos, en sus palacios (construidos por trabajadores), miran al pueblo como una masa amorfa que rara vez se pone de acuerdo. Controlando la información, tienen casi la seguridad de que sus esclavos no advierten de donde les llegan los golpes.

Licenciados, abogados, juristas, jueces, curas, magistrados, senadores, diputados, ministros; republicanos, socialistas de Estado, monárquicos, fascistas y marxistas; todos pretenden que este cadáver llamado Estado pueda ser medianamente útil al pueblo; unos se autoengañan. La mayoría saben que esas palabras solo son una treta para contener la libertad del pueblo.

¡Estos son los verdaderos utopistas, los que creen que este sistema de muerte puede servir para algo! Reformistas sinceros habrá ¡Son soñadores! Piensan que el cadáver del Estado, sostenido únicamente por las armas de los cuerpos de asesinos a su servicio, puede mejorarse para que, de algún modo, no sea tan duro hacia los desposeídos.

El curso de la historia y más concretamente los hechos cotidianos de cada trabajador demuestran bastante claro que el Estado no solo no es necesario, ni siquiera como servicio administrativo, pues hasta esos servicios funcionan de las formas más irracionales, sino que el pueblo descansaría bastante de soportar la maquinaria del Estado sobre sus espaldas, donde recibe constantes latigazos del capitalismo.

Quienes se empeñan en querer convertir una maquinaria de muerte como es el Estado en un órgano de paz y de justicia, o lo hacen por descarada oposición a la libertad y la justicia, o lo hacen confiando tener la razón; estos últimos son verdaderamente los soñadores, los utopistas. Nosotros, anarquistas, basamos nuestras ideas y propuestas en hechos concretos, reales, aplicables en el aquí y en el ahora.

Si aún eres de esos compañeros que piensa que la anarquía es un sueño; o de esos compañeros que gustan de ver la anarquía como un ideal bello pero difícil de realizar, te decimos una cosa: No sueñes ¡Despierta, la anarquía es posible!

Salud y anarquía, hoy y siempre.

[Tomado de http://www.proyectoambulante.org/index.php/pensamientolibertario/item/3511-ni-sonadores-ni-utopistas-anarquistas]

jueves, 26 de diciembre de 2013

Entrevista a John Holloway: La revolución contra el trabajo


Marcela Zangaro y Rodrigo Pascual

John Holloway nació en Dublín, Irlanda. Es abogado, doctor en Ciencias Políticas, egresado de la Universidad de Edimburgo y diplomado en altos estudios europeos en el Collège d’Europe. Es profesor e investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. En la Argentina, con Ediciones Herramienta, ha publicado como autor: Cambiar el mundo sin tomar el poder (2002); Keynesianismo: una peligrosa ilusión (2003); Contra y más allá del capital (2006). Como compilador o coautor: Clase = lucha (2004); Marxismo abierto (2 volúmenes, 2005 y 2007); Negatividad y revolución (2007); Zapatismo (2008); Pensar a contrapelo (2010). Varios de sus libros han sido publicados en inglés, francés, portugués, alemán, italiano, turco, neerlandés, griego, sueco, esloveno, danés, coreano, japonés, polaco y búlgaro. En América Latina existen ediciones en Bolivia, Brasil, México y Venezuela. Chile y Perú tienen obras en preparación. En el Estado Español se suman las Ediciones de Intervención Cultural, de Barcelona. Actualmente, se encuentra en preparación una selección de sus obras dirigidas por el autor y a cargo de Ediciones Capital Intelectual de Buenos Aires.

Introducción

Podrían decirse muchas cosas acerca de los libros de John Holloway. Pero si hay algo que no puede dejar de decirse de ellos es que dan que hablar. Y si bien es cierto que sus trabajos vienen publicándose desde hace bastante tiempo (desde la década de los ´70 en inglés y desde la de los ´80 en español y en varios otros idiomas –véase al respecto la larga lista detallada en su página web: www.johnholloway.com.mx-), no menos cierto es que dos de sus últimas obras: Cambiar el mundo sin tomar el poder y Agrietar el capitalismo. El hacer contra el trabajo, han suscitado encendidos debates.

Quienes hemos tenido la oportunidad de entablar un contacto cara a cara con Holloway o participar en la cocina de su escritura (como fuera el caso, por ejemplo, de un seminario intensivo de posgrado realizado en la Universidad de Rosario en el que se discutió un versión preliminar de Cambiar el mundo…), podemos dar fe de que algo con lo que este autor se siente cómodo es con el debate y con la crítica. Lejos de pretender establecer escuela (o de fundar iglesia), para Holloway lo esencial es el hacer: hacer que no implica institución sino movimiento, hacer que implica revolución de lo dado, generación de otra realidad posible, hacer que implica diálogo. Un hacer juntos a partir de la discusión, por ejemplo, de sus trabajos.

Ser gobernado es...

Charla: El Anarquismo en América Latina

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