Daniel
Pratt
[Este artículo forma parte de
“Una breve introducción al ciberactivismo”, publicado originalmente en “La
Revista. Política y poder en el siglo XXI”]
El principal adversario del
ciudadano es el Estado centralizador y sus aliados, una burocracia ineficiente
cuyo único interés, históricamente, ha sido preservar sus posiciones de poder,
a costa de las libertades individuales. Cuando el individuo se sabe más hábil
que el Estado y domina ciertas herramientas de organización distribuida, tiene
lo necesario para hacerle frente a ciertos gobiernos con pretensiones
dinásticas como los de México, Colombia, Argentina o Venezuela.
A medida que las clases
gobernantes se reciclan, esta brecha pronto sin duda será cerrada. Los Estados
más paranoides y controladores, como los de China y EEUU quedaron en evidencia
al ser los primeros en desarrollar herramientas para monitorear y filtrar el
flujo de datos por la Internet. De estos dos países, China es el que tiene el
modelo más perverso. Su cortafuegos digital y sus tácticas son mundialmente
famosas: los sitios de la Internet libre entran y salen de una lista negra de
acuerdo al momento político que viva el país, y todos los conglomerados de
noticias censuran, en complicidad con el partido comunista, aspirando seguir
haciendo negocios en el mercado más grande del mundo. Los resultados de una
búsqueda en Google del término Plaza Tiananmen dentro y fuera de China,
realizada en Frontline, un programa de la televisión pública norteamericana,
son especialmente reveladores.
Otros países han copiado el
modelo y la tecnología china para aparentar cierto grado de apertura y
tolerancia, pero ejercer control durante los eventos críticos. Días antes de
las elecciones iraníes de 2009, el Estado preventivamente bloqueó el acceso a
Facebook, Twitter y SMS, una admisión por parte de la teocracia iraní de la
amenaza que representan estas herramientas de comunicación distribuida para los
regímenes conservadores y totalitarios. En Latinoamérica hemos tenido varios
casos de bloqueo de páginas web. Los casos venezolanos son patéticamente
tristes, pues en vez de ser producto de políticas de Estado (lo cual sería un
tanto emocionante), los bloqueos se han debido a alguna rencilla personal, o un
resentimiento privado de algún burócrata dentro de la empresa telefónica CANTV.
Una admisión no sólo de arbitrariedad e improvisación, sino de fracaso temporal
del modelo de control chavista. Chapucerías y cantinfladas aparte, soy de los
que piensa que hay que estar preparados para cuando llegue la arremetida final
de los fascistas. Porque no importa el país en el que vivas, llegará.
Evasión
de la censura
Los cortafuegos digitales
funcionan bloqueando direcciones o rangos de direcciones. Un proveedor de
Internet en Tomania, un ficticio país totalitario, puede ser obligado a
bloquear, por ejemplo, www.google.com y el rango de direcciones IP fijas
asociadas con google.com. Si existiese alguna forma de que este rango de
direcciones asociadas a google.com no fuesen fijas, sería difícil (más no
imposible) para un organismo de control limitar el acceso al buscador. Esto es
precisamente lo que hace Tor (The Onion Router), un software gratuito que,
usando los principios de las redes persona-a-persona (las mismas usadas para el
intercambio de música), permite enmascarar y anonimizar una sesión de
navegación de manera transparente. Usando Tor, una persona en Tomania
escribiría www.google.com, y su solicitud sería enmascarada en una conexión
directa a un computador personal de otro usuario en, digamos, Alemania, luego a
otro en México y finalmente a google.com. Otros productos similares son
FreeGate y UltraSurf, desarrollados con la tecnología Green Tsunami,
especialmente para evadir la censura obligatoria que el gobierno chino
implementó a partir de 2009.