domingo, 23 de octubre de 2011
Sembradores del terror
El sociólogo contemporáneo Norbert Elias explicaba que una de las características del proceso civilizatorio era la atenuación de la violencia, pero marcaba también que había momentos históricos des-civilizatorios en los que la belicosidad alcanzaba altos grados de virulencia.
La saña exhibida por las fuerzas estatales reprimiendo a puro garrote y gases a los manifestantes en New York en días pasados, la ferocidad de los ataques a multitudes en Grecia y santiago de Chile deberían llevarnos a reflexionar sobre esta cuestión que Elias plantea.
Como colofón liminar de la campaña Africana fue asesinado Kadaffi, quien reinó más cuatro décadas haciendo buenos negocios con los jerarcas imperiales de Occidente. Ahora lo muestran liquidado como parte del espectáculo de sangre que las fuerzas de la OTAN y sus aliados libios despliegan flotando en petróleo.
Alguna vez el luchador antifascista y sobreviviente de los Lager nazis Primo Levi escribió “que una sociedad que no respeta la igualdad de las personas tienden a ser concentracionaria”, es decir a constituirse en un gigantesco campo de trabajos forzados y exterminio. Es posible que este sea el proyecto no declarado de los jerarcas mundiales y sus mandantes de las megacorporaciones capitalistas.
Nosotros seguimos bregando por frenar esas acciones y maniobras y considerando que la presencia en las calles de personas autoorganizadas y concientes de propuestas solidarias es un rumbo frente a las excluyentes coartadas belicistas.
martes, 22 de marzo de 2011
CNT rechaza la guerra en Libia y la participación del gobierno español en la misma
Esta nueva guerra no hará sino agravar la situación del pueblo libio, como ya pusieron de manifiesto intervenciones similares en Yugoslavia, Afganistán o Irak. Al igual que en estos países, las razones humanitarias esgrimidas no son sino la pantalla de hipocresía y cinismo tras la cual se esconden los descarados intereses de las elites capitalistas en su rapiña de los recursos energéticos del planeta.
Las intervenciones militares arrastran siempre un reguero de víctimas civiles, destrucción de infraestructuras y desorganización de los servicios públicos fundamentales, provocando en definitiva sufrimiento y muerte a la población civil en beneficio de las elites de turno.
viernes, 18 de marzo de 2011
Para el debate: Mirar desde la izquierda las revueltas árabes
Es casi embarazoso y produce un cierto malestar tener que escribir pare defender, en el ámbito de la izquierda mundial, un posición simple que debería constituir un suelo común, indiscutible. Sin entretenerme en detalles o largos análisis, prefiero limitarme a pocas palabras. Es verdad que la discusión se ha vuelto áspera como consecuencia del caso libio -efectivamente mucho más compleja- pero desde el comienzo, desde la caída misma de Ben Alí en Túnez, ha faltado un poco el apoyo, el sostén y el entusiasmo por parte de la izquierda. Particularmente evidente ha sido esta ausencia en el caso de América Latina, la cual, gracias sobre todo a la existencia de Cuba y Venezuela, por su enorme valor simbólico, ejerce una gran fascinación sobre las jóvenes generaciones del mundo árabe.
También en Europa la gente se ha dividido y mientras que el apoyo ha sido inmediato por parte de los partidos y movimientos ligados a ONGs, asociaciones y medios altermundialistas y, por lo tanto, más en contacto directo com las realidades locales, ha habido en general mucha prudencia, cuando no pesimismo, a la hora de juzgar las revueltas del mundo árabe. Ha prevalecido la idea de la intervención externa o el complot, que niega todo papel autónomo a las revueltas. La división se produjo incluso en Il Manifesto, histórico periódico italiano que nació porque creyó y defendió la primavera de Praga, a pesar de los enormes riesgos de manipulación por parte del imperialismo y del capital que entonces existían. Y sin embargo Giuliana Sgrena, la periodista secuestrada en Iraq, con una lectura superficial de la realidad, escribía el 15 de enero en el diario: “Golpe militar. Ben Ali huye”. En el caso de Gadafi las divisiones se han acentuado, produciendo incluso declaraciones de estima por el Coronel y por el contenido del Libro Verde.
¿Pero cómo es posible pensar que un complot imperialista haya podido inyectar el virus de la revuelta en tantos países? ¿No es más lógico reconocer que este tipo de dictaduras sanguinarias y corruptas, en el poder desde hace décadas en buena parte del mundo árabe, se han vuelto históricamente obsoletas e insoportables para pueblos compuestos en gran parte de jóvenes cultos y sin futuro? Cualquiera que haya vivido experiencias directas sabe que a las revueltas han faltado sin duda medios, organización, proyectos alternativos, pero no, desde luego, la autonomía. La desesperación, la humillación y la rabia colectiva incubaban la explosión desde hace tiempo, aunque hayan cogido a todos un poco por sorpresa. Una demanda de dignidad y libertad que ha empujado a las multitudes de Túnez, Egipto, de Bahrein y también de Libia a salir a la calle arriesgando la propia vida. Gadafi es odiado no sólo por algunos “extremistas troskistas” -como alguien ha escrito- que denuncia su papel de gendarme de la Fortaleza Europa, los campos de concentración y los lager-burdel para emigrantes subsaharianas, la explotación esclavista de los trabajadores tercermundistas y el racismo institucional. Es odiado también por gran parte de su pueblo, que tiene en los bolsillos tal vez un poco más de dinero que sus vecinos, pero que además de soportar la tiranía vive en un país aplastado sobre sí mismo, sin infraestructuras, son escuelas dignas de ese nombre, sin hospitales, tal y como cuentan las miles de personas que vienen a a que las atiendan a las clínicas tunecinas.
Desmintiendo los esquemas preconcebidos sobre la excepcionalidad del mundo árabe, todas estas revueltas sin connotación religiosa ha demostrado simplemente que ningún tirano puede reprimir a un pueblo eternamente. Las dificultades, los riesgos de manipulación imperialista y el posible fracaso de los distintos movimientos es sin duda alto, sobre todo en Libia, pero esto no hace menos legítimas las revueltas ni menos criminales a los tiranos. La oleada revolucionaria del mundo árabe tiene una extraordinaria potencia innovadora, que se mantendrá con independencia del resultado en los distintos frentes, y es la señal de que algo se está rompiendo en los equilibrios de control global del gran capital. No escuchar las voces de los pueblos insurgentes sería un grave error histórico.
Ahora que la revuelta libia está llegando a su fin, con el ejército de Gadafi que ahogará en sangre la resistencia de Bengasi, se revela con claridad que también en el caso libio, a pesar de las manipulaciones mediáticas y la voluntad de intervención militar, Occidente se encontró desprevenido frente a una crisis que nadie había previsto ni programado. Los argumentos usados para denigrar a los que, después de denunciar las manipulaciones de la información y rechazar toda intervención exterior, han considerado positivamente la revuelta y juzgado criminal el régimen de Gadafi, se revelan cuando menos paradójicos. Se apela en general al papel revolucionario y de lucha anticapitalista jugado por Gadafi en los comienzos de su casi medio siglo de poder absoluto. Es verdad. Como no es menos cierto, sin embargo, que la mafia, al comienzo de su historia, jugó en Italia el papel de la lucha contra el invasor y de contrapoder popular organizado. ¿Eso significa quizás que las personas de izquierdas debamos elogiar la lucha contra el sistema que la mafia libra todavía hoy?
Otra crítica es la de extremismo y la de querer aplicar al mundo criterios absolutos, que después de todo serían sólo, inconscientemente, los del mundo occidental. ¿Pero es posible pensar en serio que el rechazo de la tortura, de la represión sanguinaria, de los poderes corruptos y tiránicos constituyen un criterio “occidental”? El hecho de que Occidente, con la bandera de los derechos del hombre, haga lo contrario de lo que hipócritamente declara de palabra, convierte en criminal y responsable a Occidente, pero no puede falsificar el criterio.
Considerar criminal la invasión estadounidense de Iraq, ¿debería impedirnos considerar criminal la masacre de kurdos por parte de Sadam Hussein? Una de las cosas fundamentales que la izquierda mundial debe hacer, si quiere ser símbolo y modelo, es demostrar al mundo su coherencia, su adhesión a un sentido de la justicia social incondicionado, no hipócrita, no cambiante según las circunstancias. Pensar esto, ¿es “radicalismo trotskista”, eurocentrismo? ¿El prejuicio no consiste quizás en creer que la reclamación de dignidad y libertad no pueden provenir de modo autónomo del pueblo árabe?
Pensando en las preguntas sin respuesta de mis estudiantes, me digo con tristeza que, aplicando categorías obsoletas y viejos esquemas mentales, la izquierda mundial ha perdido tal vez una buena oportunidad: la de servir de símbolo y de orientación para todos los pueblos que tratan de construir un destino alternativo al del actual orden mundial.
sábado, 26 de febrero de 2011
Para el debate: No es momento de hacernos los distraídos
Raul Zibechi Con las revueltas árabes la crisis sistémica global ingresa en una nueva fase, más imprevisible y cada vez más fuera de control. Hasta ahora los principales actores venían siendo las oligarquías financieras y las grandes multinacionales, los principales gobiernos, en particular los de Estados Unidos y China, y, bastante más atrás, algunas instituciones como el G-20. Ahora se ha producido un gran viraje con el ingreso en escena de los sectores populares de todo el mundo, encabezados por los pueblos árabes, lo que supone la profundización y aceleración de los cambios en curso.
El primer campanazo lo dieron los jóvenes griegos con su revuelta de diciembre de 2008. Cuando el capital financiero buscando escapar de la depreciación inevitable que le aguarda volvió a especular con los alimentos, la precaria situación de millones de personas en el mundo se volvió insostenible. Que las cosas hayan estallado en el mundo árabe no es inesperado, pero bien sabemos que algo similar puede suceder en cualquier parte del planeta, como lo atestigua la ocupación del capitolio de Wisconsin, en Estados Unidos. La pregunta no es qué sucederá, sino dónde volverá a asomar la hidra de la revolución, título de uno de los mejores análisis de la historia de los de abajo.
La creciente desarticulación sistémica se va a llevar por delante a muchos gobiernos y también algunos estados, sean conservadores, progresistas o del color que deseen pintarse. Entramos en una fase de descontrol generalizado, en la cual las viejas fronteras izquierda-derecha, centro-periferia y hasta las ideologías hegemónicas, tenderán a desdibujarse.
La activación de los sectores populares modifica los ejes analíticos y, sobre todo, impone elecciones éticas. El escenario de las relaciones interestatales chocará cada vez más con el escenario de las luchas emancipatorias. En concreto: las luchas populares por la libertad pueden destituir gobiernos y regímenes que parecían jugar en contra del imperialismo y del mundo unipolar encabezado por Estados Unidos y las multinacionales occidentales. Mientras las revueltas de los de abajo amenazan gobiernos favorables a Occidente, como sucedió en Egipto, suelen formarse frentes muy amplios contra la tiranía donde destacan las más diversas izquierdas. Pero cuando esas mismas revueltas enfilan contra tiranos más o menos antiestadunidenses, ese frente se fractura y aparecen los cálculos de conveniencias. Es el caso de Libia.
Los latinoamericanos estamos a tiempo de aprender de la revuelta árabe. La lucha de los pueblos por su libertad es sagrada para cualquiera que se sienta de izquierda, si es que eso significa algo todavía. En este punto no caben ni especulaciones ni cálculos. Dejemos eso para los Berlusconi, preocupado como está por las inversiones italianas en Libia y por la supuesta llegada de miles de refugiados a la Europa mediterránea. Es cierto que algunos han caído tan bajo como el romano abusador de menores, pero en realidad no podía esperarse nada distinto de Daniel Ortega.
La revuelta árabe nos urge a debatir tres temas a quienes pugnamos por cambios de fondo en el sistema-mundo y en cada una de nuestras realidades inmediatas. La primera, y la más dolorosa para quienes venimos de las luchas de los años 60, es mirarnos al espejo para no hacernos los distraídos. Las heroicas luchas del pasado medio siglo tienen su contracara en hechos terribles que acostumbramos barrer debajo de la alfombra. Roque Dalton no es una excepción. El asesino Muammar Kadafi fue en algún momento un aliado del campo antimperialista, y lo sigue siendo para algunos. Nadie está libre de pecado, pero todos debemos mirar el horror de frente. Quien firma estas líneas ha sido un fervoroso partidario de la revolución cultural china, sin reparar en el daño enorme que estaba causando a la gente común.
Pensemos qué nos llevó en su momento a no querer ver, a no escuchar ni entender los dolores de la gente de abajo sacrificada en el altar de la revolución. No sirve escudarse en el no sabía, porque es la misma respuesta que dan los alemanes cuando se los interpela por su pasividad frente al nazismo.
La segunda, es comprender que estamos ante algo diferente, que no es simple repetición de lo conocido. Eso nuevo es la ruptura del sistema, el ingreso en un periodo caótico en el cual todas las certezas y aprendizajes son puestos a prueba. La caída del sistema nos afectará a todos. Los escombros caerán, también, sobre nuestras cabezas. En Marx y el subdesarrollo, Immnauel Wallerstein nos recuerda que una transición controlada y organizada tiende a implicar cierta continuidad de explotación. Y nos dice que debemos perderle miedo a una transición que toma el aspecto de derrumbamiento, desintegración, la cual es descontrolada, en cierto modo puede ser anárquica, pero no necesariamente desastrosa.
Estamos ingresando en un periodo de caos sistémico que en algún momento alumbrará un nuevo orden, quizá mejor, quizá peor que el capitalista. Este sistema nació vinculado a una catástrofe demográfica como la peste negra, que mató un tercio de la población europea en un par de años. No va sucumbir en puntas de pie y con finos modales, sino en medio del caos y la barbarie, como el régimen de Kadafi.
En tercer lugar, estamos forzados a hacer profundas opciones éticas que van a modificar nuestras vidas. No hay otro camino que estar incondicionalmente con los de abajo, porque son los que más necesitan un mundo nuevo. Ahora que se están erigiendo en actores de esta crisis sistémica, debemos acompañarlos sin dirigirlos, practicando más que nunca el mandar-obedeciendo. La gente insurrecta ha demostrado más saberes que los dirigentes y los militantes. Aprendieron a no confrontar cuando no se debe, a rodear los tanques y dormir debajo para inmovilizarlos, arropar hasta envolver a los soldados para inutilizar su capacidad destructora. Habilidades femeninas que convierten la guerra en el arte de vencer sin aniquilar.
viernes, 25 de febrero de 2011
Embajador Libio en la ONU rompe en llanto y renuncia a su cargo

Mohammed Shalgham, embajador de Libia en la ONU, no aguantó las lágrimas tras referirse alos sucesos en su páis frente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Tras haber permanecido leal a Gadafi el día de hoy renunció a su cargo al igual que lo hiciera el Lunes Ibrahim Dabbashi.Denunció las “exacciones” y pidió: “Por favor, Naciones Unidas, salven a Libia. Que no haya derramamiento de sangre, ni matanzas” “Por favor, por favor, aprueben una resolución valiente”. “Es importante para nosotros, el pueblo libio, que el Consejo de Seguridad ahora tome una verdadera decisión para frenar el derramamiento de sangre”.“No se puede ser dirigente, rey o presidente si mata a su pueblo”.
jueves, 24 de febrero de 2011
Teorizando sobre las "masacres justificadas".

“El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas y el asesinato respetable, y para dar una apariencia de consistencia al puro viento”.George Orwell
El canciller de la República, Nicolás Maduro en alocución fijo la postura del Gobierno venezolano sobre los sucesos en Libia: está viviendo situaciones difíciles, que no deben ser manejadas por las agencias internacionales ya que a su juicio siempre mienten. Por lo que alabó el trabajo de Telesur ya que el medio está reflejando “lo que ocurre” en Trípoli. Además expreso que "se ha iniciado un proceso de guerra civil, difícil y complejo porque hay grupos armados vinculados a Al Qaida y a otros movimientos militares extraños, que atacan cuarteles. Agregó que Libia vive un escenario de secesión con intereses en la materia petrolera. “Nosotros abogamos por la paz, porque mantenga su unidad nacional, porque cese la guerra civil, porque no se aupe el ataque armado a las instituciones del Estado”. Comparó lo que ocurre en el país árabe con lo ocurrido durante los sucesos del 11 de abril de 2002.
El canciller defendió la entrega de la réplica de la espada del Libertador, Simón Bolívar, a Muamar al Gadafi afirmando que "está dignificada" “A ustedes les preocupa la Espada de Bolívar, no se preocupen, la Espada de Bolívar corre libre por el mundo, con su ejemplo, con su pensamiento”
Simultáneamente el presidente Hugo Chávez, en su cuenta de Twitter: "Vamos Canciller Nicolás: dales otra lección a esa ultraderecha pitiyanqui! Viva Libia y su Independencia! Kadafi enfrenta una guerra civil!!".


