T.L.A.L.
* Un aporte al debate previo al 1er. Congreso para una
Federación Anarquista Centroamericana y Caribeña – FACC.
El 25 de abril de 2010 se produjo la primera actividad
que daría lugar al surgimiento del Taller Libertario Alfredo López. Un
encuentro que fue organizado para rememorar las raíces anarquistas del 1 de
mayo y la temprana contribución de los ácratas en Cuba a esta conmemoración,
siendo de los primeros lugares en América donde se organizó un homenaje a los
compañeros asesinados en Chicago.
De ese encuentro de 2010 también surgió la coordinación preliminar para una
intervención como colectivo autónomo en la celebración oficial organizada por
el Estado cubano. De aquella actividad y algunas de las fotos en ella tomadas,
se ha alimentado buena parte de la iconografía de nuestro sitio http://observatoriocriticocuba.org.
Estábamos dando pasos hacia la regeneración de lo que había sido el movimiento
libertario cubano, que llevaba medio siglo de inexistencia en este país, luego
de la potente hegemonía que se labraron el Movimiento 26 de Julio y los
estalinistas cubanos en el control de las mentes, los espacios y la vida más
íntima de varias generaciones de cubanos.
En el año 1960 tuvo lugar la última declaración de la Agrupación Sindical de
Cuba, que publicó un texto que fue una clarinada de por dónde iría la
Revolución. En enero del año siguiente tuvo lugar el último gran almuerzo
libertario convocado por el Sindicato Gastronómico en su sede. Un mes más tarde
fue cerrado.
Gran responsabilidad histórica y gran placer cotidiano nos ha significado en
estos cinco años ser protagonistas de este hecho al pequeño grupo de
compañeros, que nos lanzamos a esta locura trasnochada en la que hemos vivido,
palabra a palabra, ese mismo estado espiritual que condujo a Gustav Landauer,
cien años antes y a miles de kilómetros, a escribir aquella palabras:
“La revolución es un microcosmos, es un lapso increíblemente
breve, con una concentración extraordinaria, en que es hecho realidad el mundo
de lo posible que, como un candil, envía sus señales a través de los tiempos.
En la revolución todo sucede con celeridad increíble, como en los sueños, que
parecen liberados de la gravedad terrestre, para establecer asociaciones
inesperadas incluso para el que sueña.”
Esas “asociaciones inesperadas” nos han conducido a rehacer un pequeño y nuevo
mapa de personas, lugares, energías, afectos, voluntades, que nos han posibilitado
ir instalando el mundo que queremos, aquí y ahora, donde unos, cargados de
honestidad y desencanto, decían que no valía la pena, y otros, instalados en la
racionalidad establecida, decían que era imposible.
Y es que los sueños nos han permitido estar más despiertos y ver a nuestro
tiempo, no como un baldío correr de minutos fugaces, sino como una estación
boreal de fecundidades latentes, ansiosas por llegar a tiempo a cada
invitación, a cada encuentro.
El Taller Libertario Alfredo López nació de ese deseo de militancia poética y
en rememoración de un individuo cuya vida no pudo disfrutar de esos privilegios
del alma que ahora nombramos. Alfredo López, hijo sin padre, de madre enferma
de miseria, se hizo a si mismo tipógrafo y hombre de bien, asumiendo con
energía telúrica el ideal sindicalista libertario, que lo convirtió en modo de
vida. Murió asesinado, con menos de 30 años, en la tarde del 20 de julio de
1926, con el golpe intencionado de una enorme piedra en la cabeza, junto a la
que fue enterrado, para inocular el necesario terror a los esclavos del
salario, que pululaban en rebeldía por la floreciente Habana de aquella época. Su nombre y su aureola de mártir han sido saqueados por los estalinistas
locales para dignificar empresas y empeños económicos modernizadores del
capitalismo estatal cubano, que han sido tan opresivos como los que en su
tiempo conoció Alfredo. Uno de los centros industriales poligráficos más
grandes que construyó el Estado cubano por los años 70, para controlar e
impedir la circulación de las ideas libertarias y de cualquier cuerpo de ideas
que no tuviera su cuño de control, fue nombrado “Combinado Poligráfico Alfredo
López”.
Semejante incongruencia y descompostura moral debía ser contestada. Y en eso
estamos. El Taller Libertario Alfredo López ha sido el empeño de los pocos
anarquistas que habitan La Habana, por constituir un espacio específicamente
anarquista, después de haberle dado vida a la plural Red Observatorio Crítico.
Ha sido un punto de encuentro, de diálogo, de aprendizajes mutuos, de
producción de saberes, de rescate de memorias históricas populares y de nombres
olvidados y de coordinación de acciones públicas, lo cual ha venido a
condensarse más visiblemente en las Jornadas Primavera Libertaria de La Habana,
en colaboración fraterna con los animadores del Espacio Cristo Salvador.
El Taller ha promovido acciones con impacto comunitario en la capital cubana,
sobre todo enfocadas en la recuperación de la memoria histórica local; además
de debates sobre temáticas diversas como el movimiento estudiantil en Chile y
el 15-M en España, el desempleo en Cuba, la masacre de Tiananmen en China, la
patologización del parto en las instituciones de salud, la vida y obra del
anarquista Frank Fernández, la revolución española, la situación en Grecia y
Venezuela, entre otros.
Debido a la total interrupción de la actividad libertaria explícita en 50 años
en Cuba y al bajísimo nivel de contestación social antiautoritaria y menos aún
anticapitalista en la sociedad cubana, hasta ahora no hemos tenido necesidad de
definir tendencias ácratas en nuestro contexto; aunque sí debemos decir que la
inicial proyección de orientación anarcosindicalista, a la sombra de invocar a
Alfredo López no ha tenido un desarrollo concreto, más allá de darle vida a la
perspectiva anarquista sin adjetivos, que ha ido tomando cuerpo discretamente,
y que nos ha ido acercando -sin nombrarlo- a las proyecciones que a finales del
siglo XIX desarrolló un anarquista hispano-cubano como Fernando Tárrida del
Mármol.
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Plagados de ineficiencias, insuficiencias, rodeados de la tiranía de la abulia
y el sinsentido, que también se impregna en nuestros cuerpos, llevamos a
cuestas un depósito de proyectos que siempre alguien en el grupo se encarga de
removerlos y convertirlos en motivo de vergüenza el hecho de no hacerlos.
Empeñados en crecer y contaminar al mayor número de enfermos de autoridad, aquí
estamos, haciendo puentes, superando disociaciones, para que avancen, libres de
la gravedad terrestre, nuestros sueños, que han sido los sueños de otros muchos
en esta misma tierra: Enrique Roig, Enrique Crecci, Abelardo Saavedra, Adrián
del Valle, Antonio Penichet, Rafael Serra, Marcelo Salinas, Abelardo Iglesias,
Suria Linsuaín, Casto Moscú, Francisco Bretau, Luis Dulzaides, Frank Fernández
y tantos otros compañeros, que desde el otro lado de la realidad nos miran,
cómplices y esperanzados de que sus fatigados desvelos renazcan en nuestros
cuerpos.
La Habana, enero de 2015