David Graeber (1961-2020)
[Nota previa de El Libertario: Recordando que para el domingo 11 de octubre de 2020 ha sido convocado el Carnaval Intergaláctico en homenaje a David Graeber (ver http://periodicoellibertario.blogspot.com/2020/09/convocatoria-carnaval-intergalactico.html), como un preámbulo a esa conmemoración publicamos va este texto sobre una faceta menos conocida de su pensamiento.]
A fines de febrero y principios de marzo de 1991, durante la primera Guerra del Golfo, las fuerzas estadounidenses bombardearon, explotaron y dispararon sobre miles de jóvenes iraquíes que estaban intentando escapar de Kuwait. Hubo una serie de incidentes de este tipo – la “Autopista de la Muerte”, la “Autopista 8”, la “Batalla de Rumaila” – en las que el poder aéreo norteamericano cortó las columnas de retirada iraquíes, y de acuerdo a lo que los militares refieren como un “tiro al pavo”, los soldados atrapados fueron simplemente sacrificados en sus vehículos. Imágenes de cuerpos carbonizados tratando desesperadamente de arrastrarse desde sus camiones se tornaron símbolos icónicos de la guerra.
Nunca pude entender por qué esta matanza masiva de hombres iraquíes no es considerada crimen de guerra. Es claro que en esas épocas, la comandancia estadounidense temió que así fuese. El presidente George H. W. Bush anunció rápidamente un cese temporal de las hostilidades, y el ejército invirtió enormes esfuerzos desde ese momento en minimizar el número de bajas, ocultar las circunstancias, difamar a las víctimas (“una parva de violadores, asesinos y matones”, insistió más tarde el General Norman Schwarzkopf), y prevenir la mayoría de las imágenes explícitas que aparecían los medios de Estados Unidos. Se rumorea que hay videos de cámaras montadas en las armas de los helicópteros, de los iraquíes en pánico, las cuales nunca se darán a conocer.




















