Octavio Alberola
Cuando en estos comienzos del mes de agosto vemos cómo los brotes activos, de la COVID-19, vuelven a hacer estragos en casi todos los continentes, y cuando los contagios confirmados en el mundo son ya más de 18 millones y las muertes más de 700.000, ¿cómo no inquietarse por la ineficacia de las estrategias utilizadas para hacer frente a esta pandemia? Pues, aunque alguna haya sido finalmente más o menos eficaz en el plano sanitario local/nacional, todas han fracasado en el plano internacional, además de provocar una crisis económica y social, la más devastadora de los últimos 100 años.
Cuando en estos comienzos del mes de agosto vemos cómo los brotes activos, de la COVID-19, vuelven a hacer estragos en casi todos los continentes, y cuando los contagios confirmados en el mundo son ya más de 18 millones y las muertes más de 700.000, ¿cómo no inquietarse por la ineficacia de las estrategias utilizadas para hacer frente a esta pandemia? Pues, aunque alguna haya sido finalmente más o menos eficaz en el plano sanitario local/nacional, todas han fracasado en el plano internacional, además de provocar una crisis económica y social, la más devastadora de los últimos 100 años.






















