La Oveja Negra (Argentina)
El anuncio de una enfermedad contagiosa siembra el pánico y la desorientación entre la población. El escenario perfecto para que el Estado haga su entrada triunfal para salvarnos de nosotros mismos, de nuestra supuesta ignorancia. Tras él, el batallón de vacunas y antibióticos de la monstruosa industria farmacológica, las medidas de seguridad, el control y la catarata informativa nos deja paralizados ante su complejidad o confusión.
En la década pasada hicieron su aparición la cepa de la Influenza H1N1, la “gripe aviar” y el SARS, durante los 90 del siglo pasado el rebrote del cólera y, desde décadas atrás, los persistentes HIV, dengue y Hepatitis B y C. Esta vez es el turno del Zika.
El anuncio de una enfermedad contagiosa siembra el pánico y la desorientación entre la población. El escenario perfecto para que el Estado haga su entrada triunfal para salvarnos de nosotros mismos, de nuestra supuesta ignorancia. Tras él, el batallón de vacunas y antibióticos de la monstruosa industria farmacológica, las medidas de seguridad, el control y la catarata informativa nos deja paralizados ante su complejidad o confusión.
En la década pasada hicieron su aparición la cepa de la Influenza H1N1, la “gripe aviar” y el SARS, durante los 90 del siglo pasado el rebrote del cólera y, desde décadas atrás, los persistentes HIV, dengue y Hepatitis B y C. Esta vez es el turno del Zika.

