Stefano Boni
* La excepcionalidad y los peligros de la
actual situación son una bendición para quienes gobiernan. El
desarrollo de soluciones, incluso innecesarias, permite que los políticos sean
operativos y transmite el mensaje de que, ante las dificultades, la única
esperanza reside en la autoridad institucionalizada.
La ilusión paranoica que se ha extendido
por todo el mundo debido a una epidemia gripal que, a pesar de ser virulenta y
amenazante, ha obtenido una publicidad desproporcionada con respecto a su
peligro real, arroja luz sobre características importantes inherentes a los
dispositivos gubernamentales contemporáneos.
Las muertes se contarán al final de la infección (teniendo en cuenta que la gripe común causa anualmente entre 300,000 y 650,000 muertes en el mundo), pero la sensación es que las causas de muerte y de la enfermedad actual no son tan funestas como en otras pandemias históricas, así como de las originadas en las múltiples toxicidades injertadas en el sistema de producción globalizado: tumores (alrededor de 9 millones de muertes anuales en todo el mundo), leucemia (300,000), diabetes (3/5 millones), enfermedades autoinmunes (que afectan a más del 5% de la población), alergias (fuente: Wikipedia).











