Redacción
Lo primero y más importante a decir es que en tanto anarquistas repudiamos todo el tramposo esquema de representatividad atribuida a los torneos electorales por los Estados contemporáneos, quienes así quieren presentarse como expresión legitima de la masiva voluntad de la colectividad, cuando ciertamente esa voluntad ha sido víctima de un largó proceso de control ventajista, engaño sistemático y manipulación que a fin de cuentas hace que las votaciones terminen por ser mera confirmación de lo que en cada coyuntura interesa a la estructura de opresión y explotación.
Pero la cosa no ha quedado allí. Para escenificar del modo más convincente la comedia electoral, los sistemas políticos que hoy se asumen como modelo a seguir se dan el lujo de unas reglas de juego para los eventos comiciales que pretende la mayor pulcritud en su realización, pues si se ha sido eficiente en domesticar la mente del electorado no hay peligro en que se salga del libreto, pues ya va a las urnas condicionado para ello. Las supuestas opciones distintas entre las que se elige tiende a ser matices de lo mismo, así que el pretendido juego limpio que hoy es virtud imprescindible que se atribuye a los comicios pueda proclamarse a voz de cuello en esos que se autocalifican como Estados con los regímenes políticos más avanzados, pues al haber refinado sus procedimientos de control social no les resulta necesario recurrir a tramoyas mas toscas de manipulación electoral, que si existen y son más evidentes en sociedades donde el poder aún requieren de ellas.



















