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viernes, 31 de enero de 2020

Poema a Severino Di Giovanni: "Cosas que ocurrieron un 17 de octubre"



Raul Gonzalez Tuñón (1905-1974)

[Nota previa de El Libertario: Este poema fue dedicado al anarquista expropiador fusilado por el Estado argentino en 1931. Fue dedicado a América Scarfó, la amada de Severino.]

martes, 29 de octubre de 2019

Caracas: Viernes 1/11/2019: Presentación del libro _Poesía contra la Opresión (1920-2018)_



PROVEA

El Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) en alianza con la Fundación La Poeteca, estarán presentando el viernes 1° de noviembre a las 5:00 pm el libro Poesía contra la opresión (1920-2018), una antología elaborada por Diajanida Hernández y Ricardo Ramírez Requena, con prólogo de Willy Mckey y diagramado por Lucas García, como parte de continuar promoviendo la defensa de derechos humanos por todos los lenguajes posibles, además de incentivar la poesía como método de protesta, sumando una nueva forma de seguir visibilizando la compleja crisis que vive Venezuela a través de “Música x Medicinas“, formato exitoso que en esta oportunidad se trasladará al literario con “Libros x Medicinas“, adaptándose a la demanda de los venezolanos que desean ayudar a quienes más lo necesitan y obtener a cambio esparcimiento cultural.

domingo, 16 de junio de 2019

México: Invitación anárquica a músicos, poetas y marihuanxs



Arnoldo Díaz

(El presente texto es la estructura de una plática solicitada por algunxs compas poetas, músicos y amantes de las drogas sobre lo que era el anarquismo. Ante mi miedo de que mi explicación se quedara en las interpretaciones clásicas, me di a la tarea de reflexionar sobre el anarquismo en los ámbitos en los círculos de estxs compas.)

Anarquía
Me gustaría comenzar explicando lo que es la anarquía para mí. Para mí el reivindicarme como anarquista es una etiqueta funcional, ya que me permite relacionarme con individuxs que comparten perspectivas parecidas a las mías. Significa también un compromiso con el mundo, con la humanidad y conmigo mismo.

martes, 11 de junio de 2019

Anarquía y creación poética



Carlos Penelas

Hasta qué punto y a partir de qué elemento explicar o teorizar sobre lo imprevisible? ¿Cuál es la evolución o las leyes de la generosidad, del amor, de la belleza?

Cuando abordamos el discurso lírico o el poético hay varios prejuicios que necesariamente debemos anular. Intuimos un cierto pudor verbal que disfraza el malestar de nuestra conciencia. La palabra anarquía es un ejemplo típico. Hay en ella raíces ideológicas, una expresión estética y también una voluntad ética. Entonces, uno de los prejuicios que debemos combatir es esa enseñanza histórica o literaria de períodos estáticos. La serenidad del espíritu griego fue un mito que nació con posiciones goetheanas y de toda la escuela idealista alemana. Lo que hubo fue un helenismo de pugnas y contrastes. Desde Arquíloco en adelante los poetas ponen en tela de juicio la autoridad de la tradición, de los dioses, divorciando lo real de lo mítico, justificando el goce de lo vital y su trascendencia ética. Rodolfo Mondolfo ya nos dio su visión del feudalismo homérico. No otra cosa fue el Renacimiento: crisis y contradicciones. Sólo las mutilaciones y deformaciones sectarias dan perfiles estáticos. Sintetizando: la historia es dialéctica, fruto de crisis, discrepancias y litigios sociales cuya faz amenazadora resurge bajo nuevas máscaras. En las páginas de Homero se anticipa la raíz filosófica de Pirandello.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Poeta, es decir, revolucionario



Benjamín Peret (1899-1958)

Si se indaga en la significación original de la poesía, actualmente disimulada bajo los mil oropeles de la sociedad, se constata que es el verdadero aliento del hombre, la fuente de todo conocimiento y éste mismo conocimiento, bajo su aspecto más inmaculado. En ella se condensa la vida espiritual de la humanidad en su totalidad, desde que ha comenzado a tomar conciencia de su naturaleza; en ella palpitan ahora las más altas creaciones y, tierra por siempre fecunda, guarda perpetuamente en reserva los cristales incoloros y las cosechas del mañana. Divinidad tutelar de mil rostros, se la llama aquí amor, allí libertad, en otros lados ciencia. Continúa siendo omnipotente, borbotea en el relato mítico de los esquimales, estalla en la carta de amor, ametralla al pelotón de ejecución que fusila al obrero en el momento en que exhala el último suspiro de revolución social y por lo tanto de libertad, chisporrotea en el descubrimiento del investigador científico, desfallece, exhangüe, hasta en las más estúpidas producciones que se reclaman de ella y de su recuerdo; elogio que podría ser fúnebre, figurando en las palabras momificadas de su asesino el sacerdote y que el creyente escucha persiguiéndola, ciego y sordo, en la tumba del dogma, donde la poesía no es sino una falaz ceniza.

sábado, 13 de mayo de 2017

Rosario Anzola: Escuderos


Desde el día que vi a los muchachos con sus escudos, en las protestas de estos dolorosos meses de abril y mayo, me acompaña por los cuatro costados una frase de la canción venezolana Fúlgida luna,  pues “no se me quitan del pensamiento ni se me apartan del corazón”. Espero poder dormir mejor y descansar de la luna fúlgida, ahora que los he podido abrazar en la poesía.


Rosario Anzola

Barquisimeto, el 12 de mayo de 2017


ESCUDEROS

lunes, 5 de diciembre de 2016

Poetas y políticos



Herbert Read (1893-1968)

* Texto tomado de una compilación de ensayos de este autor anarquista inglés, escritos en las décadas de 1930 y 1940, publicados en castellano con el título de  Arte, Poesía, Anarquismo, Buenos Aires, Editorial Reconstruir, 1962.

domingo, 27 de noviembre de 2016

La muerte de un tirano. Obituario con Hurra



Mario Benedetti (1920-2009)

[Nota previa de El Libertario: El autor del siguiente poema fue uno de tantos intelectuales latinoamericanos de izquierda que en su momento cayó bajo el embrujo funesto del castrismo, así que -de estar vivo-  es probable se sintíese publicamente apenado, aunque intimamente nada sorprendido, por que uno de sus excelentes poemas sea ahora un epílogo mas que apropiado para la trayectoria de alguien a quien tanto admiró. Ni que decir que estas ardientes palabras han valido, valen y valdrán para abundantes cabecillas autoritarios de Estado que en el mundo han sido.]

viernes, 26 de febrero de 2016

La poesía y el militarismo en Venezuela



* Conferencia presentada en la Feria Internacional del Libro, Guadalajar, México, el 30/11/2014.

I

"Que le pague Galileo”, esa fue la orden impartida al jurado de un certamen poético, cuyo tema era “el Poder y la Gloria”. El autor del dictamen fue el “El Ilustre Americano”, el general Antonio Guzmán Blanco, caudillo militar y bolivariano, que entre 1870 y 1888 ejerció en tres ocasiones la Presidencia de Venezuela, bajo una fuerte hegemonía autoritaria y megalómana. La víctima de tal determinación fue el celebrado poeta venezolano del siglo XIX, hoy en día casi completamente olvidado, Francisco Guaicaipuro Pardo, quien tal vez por lo que inocentemente podríamos calificar como “un error de interpretación” participó en el mencionado concurso con un poema dedicado a Galileo Galilei y no al caudillo presidente, como era de esperarse. Obviamente, Pardo nunca pudo hacer efectivo su premio (Silva Bauregard 45). Por su parte, el más importante poeta venezolano de la segunda mitad del siglo XIX, Juan Antonio Pérez Bonalde, perseguido por las mismas circunstancias políticas en tanto opositor al régimen guzmancista, tuvo que exiliarse y pasar buena parte del resto de su vida, hasta poco antes de fallecer, fuera de ese terruño natal tantas veces invocado en su poesía. No está de más recordar que en el mismo libro en el que Pérez Bonalde incluye su célebre poema “Vuelta al Patria”, Estrofas, publicado en New York en 1877 (luego de una corta estancia en Venezuela el año anterior) hay al menos tres poemas en los que se hace clara alusión a Guzmán Blanco: el soneto “A un tirano” que concluye con el siguiente terceto: “¡Atrás, profanador! La frente impía/Ve en el lodo a ocultar de tu conciencia,/Y no avergüences más la patria mía!”; otro soneto titulado “Tienen razón”, dedicado justamente “A un tirano” donde encontramos versos como los siguientes: “’Oprimir a mi patria’: esa es tu gloria,/ ‘Egoísmo y codicia’: ese es tu lema/’Vergüenza y deshonor : esa es tu historia’;//Por eso aún en su infortunio recio,/Ya el pueblo no te lanza su anatema…/Él te escupe a la cara su desprecio!”; y uno más extenso, titulado “Epístola”, conformado por 29 tercetos endecasílabos encadenados, en el que con marcada ironía se dirige al “buen Ricardo” (en alusión a Ricardo Becerra, “redactor del El Federalista ”, a quien dedica el poema[1]) para echarle “una fuerte reprimenda” por su carencia de sentido de realidad, al atreverse a exponer en su periódico asuntos ajenos a los intereses de la autocracia de Guzmán Blanco, en lugar de actuar como sería lo esperado, como un servil adulador. Leamos algunas estrofas del poema:

¿Cómo te has atrevido, buen Ricardo,
A hablar aquí de unión y de progreso?
¿No ves que eso es pedir rosas al cardo?

Dime ¿has perdido por ventura el seso,
Que te pones a hablar de garantías
Y de cuestiones otras de gran peso?

Perdona que te diga sin recelo
Que vas desorientado en tu camino
Y que te engaña tu ferviente celo.

Deja a un lado la patria y su destino;
Para un instante el curso de tu pluma
Y escúchame, inocente granadino:

¿Quieres llegar a la grandeza suma?
Quieres verte flotando en los honores
Como en el mar la delicada espuma!

¿Quieres que lluevan sobre ti las flores
Y, abriendo un palmo de admirada boca,
Te miren Generales y Doctores?

Pues nada más sencillo y practicable:
Predica la discordia y la anarquía
Y dí que toda unión es detestable

Llama al contrario en opinión, pantera,
Canalla, torpe, vándalo, villano…
En fin, ya tú conoces la manera.

En fin, rebuzna con ardiente fiebre,
Cual rebuzna, creyéndose un artista,
Pacífico jumento en su pesebre,

Que no de otra manera a periodista
Ha podido llegar tanto palurdo,
Ni tanto saltabancos a estadista:

Perdona buen Ricardo, si te aturdo
Pintándote las cosas de mi tierra,
Tierra de tanta luz…y tanto absurdo!”

Igual suerte corrió José Martí, quien había llegado a Caracas un 20 de enero de 1881 con el deseo de impulsar una importante labor periodística y cultural que lo llevó a fundar la llamada Revista Venezolana. Publicación que también se vio frustrada y que sólo alcanzó a ver dos números, pues un ensayo que escribió sobre el notable intelectual venezolano Cecilio Acosta, como homenaje luego de su fallecimiento, disgustó de nuevo al ilustre caudillo, lo cual determinó su expulsión de Venezuela a escasos seis meses de haber llegado a la ciudad natal de su admirado Bolívar. Exiliado en Nueva York, estrechará su amistad con Pérez Bonalde y allí escribirá el prólogo de “El poema del Niágara” del poeta venezolano, texto aquél considerado hoy en día como una suerte de manifiesto fundador del Modernismo hispanoamericano. Estos tres casos, los de Guaicaipuro Pardo, Pérez Bonalde y Martí, circunscritos al último tercio del siglo XIX venezolano, nos sirven para poner en evidencia una patología que a lo largo del grueso de la historia venezolana ha imperado, me refiero al militarismo caudillesco, sostenido siempre en prédicas revolucionarias o reivindicativas que propugnan como justificación de las imposiciones del poder militar sobre el orden civil el rescate de la patria. En estas notas trataremos de indagar en algunas de las derivaciones de esta fatalidad en relación con la conformación del campo intelectual y literario venezolano que desemboca en el presente.

No creo que sería exagerado extraer como corolario de la exploración del devenir histórico venezolano la certificación de la frecuencia con que ante esta penosa realidad se han impuesto innumerables espejismos en el camino, los cuales siempre han sabido seducir al sediento caminante de ese desierto de experiencias cívicas, que querámoslo o no ha constituido predominantemente el paisaje político de Venezuela. Hacia finales del primer decenio del siglo XX, Rómulo Gallegos fundó junto con un grupo de jóvenes de su generación una revista llamada justamente “La Alborada”, como órgano de promoción de las ideas de renovación y esperanza con que esos jóvenes veían el futuro, luego de hacer el diagnóstico de los males que desde el origen de la nación habían imposibilitado el asentamiento de instituciones verdaderamente democráticas y cívicas. En un artículo titulado “Hombres y principios”, publicado en el primer número de la revista, el 31 de enero de 1909, poco después del desalojo de Cipriano Castro del poder por parte de su compadre Juan Vicente Gómez, Gallegos afirmaba: “Hombres ha habido y no principios, desde el alba de la república hasta nuestros tiempos; he aquí la causa de nuestros males. A cada esperanza ha sucedido un fracaso y un caudillo más en cada fracaso y un principio menos en la conciencia social” (Una posición 11). A la vista del tiempo, resulta curioso constatar cómo estos jóvenes vieron encarnada, en ese momento, en la figura del general Juan Vicente Gómez una esperanza de cambios, sin imaginar que en realidad se trataba del inicio de la más prolongada y brutal dictadura militar de las muchas que ha vivido Venezuela. En realidad, la ilusión duró muy poco y lo que comenzaron a proliferar fueron las atrocidades autoritarias de ese régimen, que llevó a los calabozos a un importante grupo de escritores y poetas a lo largo de los 27 años en los que el llamado Benemérito, Juan Vicente Gómez, se mantuvo en el poder, rodeado de aduladores intelectuales y escritores que bajo la égida del pensamiento positivista justificaron y defendieron la permanencia de Gómez al frente del país, apoyados en la tesis del “gendarme necesario”, doctrina según la cual, en palabras del máximo ideólogo del régimen gomecista, Laureano Vallenilla Lánz: “en las primeras etapas de integración de las sociedades: los jefes no se eligen sino que se imponen” (Cesarismo 94), pues en ellas el caudillo representa la “única fuerza de conservación social” (94). Era, además, el inicio de una Venezuela, en la que dicho en palabras de Jesús Sanoja Hernández, “el petróleo se revelaría como el maná de la dictadura” (Memorias XVIII). Infinidad de testimonios literarios han dado cuenta de la crueldad con la que el régimen de Gómez mantuvo subyugado a todo un país, con la complacencia de grupos intelectuales y económicos nativos y foráneos. No faltaron, por supuesto, los aduladores del momento, como el por entonces afamado poeta español, cultor modernista, Francisco Villaespesa, quien no dudo en comparar la grandeza de Bolívar con la de Juan Vicente Gómez. Pero además de los inevitables adláteres y de los poetas arrojados a los confines de las mazmorras, hubo otros que desde el exterior levantaron su voz en reclamo por las inhumanidades perpetradas por Gómez. Tales fueron los casos de dos mexicanos: José Vasconcelos y Carlos Pellicer. El primero de ellos, siendo rector de la UNAM, en un discurso en 1920 invitó a los estudiantes mexicanos a solidarizarse con la causa de los venezolanos, a la vez que caracterizó, sin titubeos, la semblanza del tirano que regía los destinos de Venezuela, calificándolo como: “el último de los tiranos de la América española, el más monstruoso, el más repugnante y el más despreciable de todos los déspotas que ha producido nuestra infortunada estirpe (…) es un cerdo humano que deshonra nuestra raza y deshonra a la humanidad” (Perea 24); a lo cual añadió: “no debemos olvidar que en las prisiones de Venezuela agonizan centenares de hermanos nuestros, habiéndose dado el caso de que muera un preso, atado a otro con remaches de hierro, sin que el cadáver fuera separado de la pierna del vivo durante quince días” (24). Poco tiempo después del discurso del rector de la UNAM, un estudiante de 20 años, el joven poeta Carlos Pellicer, decidió apedrear las ventanas de la embajada de Venezuela, exigiendo la libertad de los estudiantes venezolanos presos. Asimismo escribió una misiva al presidente de la Federación de los Estudiantes de México, describiendo la situación venezolana como “una de las más vergonzosas” (Perea 25) de la historia de América, a la vez que recordaba el hecho, tal vez paradójico, de que ese país hubiera producido a Simón Bolívar -en sus palabras- “el hombre más extraordinario de toda América y uno de los genios mayores de la humanidad” (25).

Entre la intelectualidad venezolana es muy conocido el siguiente juicio de Mariano Picón Salas: “Muchos de los malos sueños y la frustración del país, se fueron a enterrar también aquel día de diciembre de 1935 en que se condujo al cementerio, no lejos de sus vacas y de los árboles y la yerba de sus potreros, a Juan Vicente Gómez (…) Podemos decir que con el final de la dictadura gomecista comienza apenas el siglo XX en Venezuela. Comienza con treinta y cinco años de retardo” (Suma 21-2). Esta afirmación escondía implícita, también, la rememoración de lo que en su oportunidad fue una esperanza, un deseo renovado de iniciar un camino que llevara a la concreción de la institucionalidad democrática, al igual que lo hiciera Gallegos a poco de iniciado el siglo XX, justamente a la llegada de Gómez. Sin embargo, la ilusión de nuevo se diluyó prontamente. La dinastía andina continuaría en el poder, con dos militares del séquito gomecista, Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, quienes se plantearon recorrer una ruta de transición en la que progresivamente se concedieran algunas libertades democráticas confiscadas por el régimen de Gómez. Sin embargo, la impaciencia ante la lentitud de los cambios, así como los siempre inmoderados deseos por anunciar rupturas y revoluciones, en este caso desde las filas militares en alianza con fuerzas civiles de los partidos políticos hasta poco antes perseguidos, dio paso a un nuevo golpe de estado, que llevó a un trienio cívico militar (llamado “revolución” por sus partidarios) que finalmente condujo a un breve experimento verdaderamente democrático que permitió, en 1947, a través de las primeras elecciones libres en la historia de Venezuela (es decir, mediante el ejercicio del sufragio universal, directo y secreto) que el educador y escritor Rómulo Gallegos se convirtiera en el presidente de la república; cargo en el que se mantuvo por escasos once meses hasta que el malestar de los militares determinó su sustitución. Tras su derrocamiento, en noviembre de 1947, una junta militar que con el tiempo terminaría siendo encabezada por Marcos Pérez Jiménez se instalará en el poder hasta enero de 1958. Como muestra de que las huellas de esos tiempos y de esos estigmas no han dejado de cohabitar en el imaginario cultural, literario y poético venezolano podríamos hacer alusión a un poema titulado “Una fotografía de 1948” del poeta Eugenio Montejo, incluido en un libro llamado Partitura de la cigarra, publicado en España en 1999, en los linderos de un nuevo milenio, quizás como signo premonitorio de lo que vendría. En ese poema, tal vez el único en el que podemos hallar un referente sobre la política venezolana en toda la obra de Montejo, se dice:

Amarillos maizales de la casa
frontera al río de enormes piedras.
Blasina adolescente con dos amigas
cuyos nombres olvido. ¡Cuántos verdores
y ebrios aromas de espesos yerbazales!…
Mi ceño ostenta el tácito reproche
de quien desdeña aquel país agrario
que no termina de enterrar a Gómez.

Para luego añadir:

De pronto un click me borra cincuenta años.
Ya Blasina no finge entre mohínes
morderse los cabellos
y del denso maizal nadie retiene
un solo grano.
Queda el mismo país siempre soleado,
de feraces paisajes, veloz música
minas, planicies, petróleo,
país de amada sangre en nuestras venas,
que no termina de enterrar a Gómez.

El poema se construye sobre la plasmación de dos instantes en la historia del país, recogidos verbalmente como écfrasis de una imagen fotográfica del mismo año en que tras el derrocamiento de Gallegos se instaura una nueva dictadura y su posterior contraste con la Venezuela percibida y vivida a finales del siglo XX. Un país que en lugar de agrario se convirtió en beneficiario de una ingente renta petrolera y minera, pero que en lo sustantivo no dejó de ser ese país “siempre asoleado”, esa misma “Tierra de tanta luz… y tanto absurdo” como en el poema “Epístola”, anteriormente comentado, dijera Pérez Bonalde. Un país que a los largo de sus días no ha sido capaz de desprenderse de la tentación militarista y que por tanto “no termina de enterrar a Gómez”. La insistencia en este verso que se inscribe en el poema como sostén y estribillo demarca con precisión dos momentos políticos de la nación: la de esa primera imagen, en 1948, año en que se inicia la dictadura perezjimenista, y la del presente del poema, develado tras el “click”, cincuenta después, en 1998, año en que se inicia la era chavista en Venezuela, tras el triunfo electoral que le dio acceso a la presidencia de la república al hoy llamado Comandante Supremo y Eterno, Hugo Chávez Frías.

II

En ese medio siglo comprendido entre 1948 y 1998 se suceden dos etapas políticas claramente diferenciadas, la primera, entre 1948 y 1957, será una dictadura militar, llamada desarrollista, amparada por la alianza con el empresariado del país, las potencias extranjeras y las trasnacionales petroleras. En este período, bajo la promoción del concepto del Nuevo Ideal Nacional el país sufrirá grandes e importantes transformaciones en lo que se refiere a sus infraestructuras, en desmedro del gozo de las libertades públicas, las cuales estarán confinadas bajo la custodia de un severo régimen censor y represivo, poblador de cárceles y campos de concentración, donde los presos políticos fueron sometidos a las más abominables formas de tortura y crueldad. La segunda etapa se iniciará en 1958, tras el derrocamiento de tan nefasto régimen, y constituirá una época completamente inédita en la historia de Venezuela. Será el inicio del lapso de mayor estabilidad democrática desde su origen como república. Un período en que por primera vez, desde 1830, por 40 años continuos el país estará gobernado por civiles no serviles a caudillos militares. Hasta ese momento, de 127 años de vida republicana el país había estado gobernado por militares o presidentes “títeres” impuestos por éstos durante, al menos, 122 de ellos. Sin embargo el inicio de este nuevo proceso tampoco fue fácil. Muchos de los que padecieron la dictadura de Pérez Jiménez y la enfrentaron desde la resistencia se sintieron traicionados por los dirigentes políticos (sobre todo por Rómulo Betancourt[2]) que determinaron el rumbo del país al iniciarse esta nueva era. Muchos encontraron mayores ilusiones y esperanzas en el camino que se trazaba desde la experiencia victoriosa y armada de la Revolución Cubana, que había triunfado en enero de 1959, antes que en la instauración de una democracia liberal, alternativa y representativa. Las tensiones resultantes de esta situación provocaron el enfrentamiento entre Betancourt y Fidel Castro, y tuvieron como consecuencia el rompimiento de las relaciones diplomáticas entre Venezuela y Cuba. Ello conllevó el inicio de la guerrilla armada en Venezuela, promovida desde la Habana, la cual durante toda la década de los 60 intentó infructuosamente alcanzar el poder por vías violentas. Dentro de este ambiente convulso varios grupos de intelectuales, escritores, poetas y artistas tomaron posiciones dentro del amplio ámbito de las izquierdas, en relación con la difícil circunstancia política y social vivida por el país. En un extremo se encontraban aquellos que apoyaban la lucha armada como única vía de cambios y en el otro los que confiaban en la vía democrática y pacífica como legítima alternativa para alcanzar mayores grados de civilidad, progreso, igualdad y justicia social. Toda suerte de reacomodos, cuestionamientos, desilusiones y reajustes de posiciones se darán en el camino. Un poema que con el paso del tiempo se ha hecho representativo de ese proceso es el titulado “Derrota”, del poeta Rafael Cadenas (Ganador del Premio de la FIL en Literatura en Lenguas Romances 2009), quien había sido un militante del Partido Comunista y había sufrido cárcel y un exilio de cinco años en la isla de Trinidad durante la dictadura de perezjimenista. Cadenas en ese poema, en una larga secuencia de versos acumulativos y enumerativos, trenza la semblanza de un sujeto desprovisto de personalidad, carente de autoestima, objeto de escarnio y de burla; un ser que se insiste derrotado (para algunos como alegoría de la derrota de la misma guerrilla) pero que irónicamente, desde un disimulado orgullo, finalmente se burla de los otros al hacerlo de sí mismo. Leamos algunos de los versos de este poema:

Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
(…)
que he recibido favores sin dar nada a cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy del FALN y me desespero por todas estas cosas
[y por otras cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
(…)
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme,
[barrer todo y crear de mi indolencia, mi flotación, mi extravío una frescura
[nueva , y obstinadamente me suicidio al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros
[y de mí hasta el día del juicio final.

Cadenas publicó este texto en 1963, en un periódico del interior del país, dirigido por Luis Miquelena, quien muchos años después se convertiría en el principal mentor de Hugo Chávez, al salir éste de la cárcel luego de los dos intentos de golpe de estado que promovió en 1992. Miquelena fue quien convenció a Chávez de intentar llegar al poder por la vía electoral, fórmula en la que el Teniente Coronel no creía, por considerarla una farsa y una forma de seguir haciéndole el juego al sistema. La historia parece que lo desmintió. En cualquier caso, viendo desde ahora, a la distancia, aquel clima convulso de la década del 60, podríamos afirmar que el poema “Derrota” de Cadenas ha adquirido con el tiempo una cualidad emblemática, a expensas de la valoración que el mismo poeta pueda tener hoy en día de ese texto, por ser expresión de un momento particularmente álgido en la vida venezolana, en la cual se gestó y tuvo lugar el proceso de pacificación que permitió hacia finales de esa década integrarse a la escena política, dentro de canales democráticos, a las agrupaciones rebeldes que habían venido actuado desde la insurgencia guerrillera. En este período, además, por primera vez en la historia venezolana, el estado tomará la iniciativa de darle relevancia a la cultura como factor de integración de los diversos valores y procesos creativos del país, mediante la constitución del INCIBA (Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes), en 1965. De ello se desprende también la creación de toda una serie de instituciones culturales y artísticas, en el ámbito nacional, en las que se fueron incorporando paulatinamente artistas, intelectuales, escritores, poetas y gestores culturales, con independencia de sus posturas ideológicas. En tal sentido podríamos afirmar que uno de los sectores protagónicos para el logro del proceso de pacificación política emprendido en aquellos años fue, como nunca antes, el cultural.

Para los que nacimos en ese paréntesis histórico que tuvo lugar entre 1958 y 1998 (en la denominada “Cuarta República” por parte del chavismo o en la llamada “República Civil”, denominación suscrita por los que se oponen al régimen que desde hace más de 15 años impera en Venezuela) la patología militarista del país era cosa superada, confinada a los aburridos manuales de historia de la educación primaria, en los que el orgullo nacional se sustentaba en las epopeyas independentistas y en el culto a los héroes de esa gesta, vistos desde una perspectiva que a las vez que los glorificaba los llenaba de pátina, dejándolos reposar como parte de episodios pasados que con el tiempo dieron paso y posibilitaron la instauración de un estado democrático y civil. Pero como siempre, de nuevo la desilusión y desesperanza comenzaron a propiciar el caldo de cultivo para revitalizar la vieja patología militarista del país. La democracia surgida en 1958, si bien en su primera época logró avances indiscutibles en materia ampliación de la cobertura educativa en todos los niveles, instauración de políticas de salud, saneamiento y erradicación de enfermedades endémicas ligadas a la insalubridad y la pobreza, una mayor dinámica social que permitió la formación de una importante clase media profesional conformada por descendientes de las clases sociales históricamente excluidas y una importante modernización del país en diversos aspectos, no combatió la imposición caudillesca de los políticos de la llamada generación del 28 (fundamentalmente Betancourt, Caldera y Carlos Andrés Pérez), estudiantes rebeldes cuando Gomez que ahora no supieron asentar el destino del país en un marco institucional verdaderamente sólido y democrático. La corrupción y el despilfarro, bajo el cobijo de la renta petrolera y la impunidad, las crecientes desigualdades surgidas a raíz del declive económico del país, la repartición de todo tipo de beneficios de acuerdo a las cuotas de poder partidistas, las frecuentes violaciones a los derechos civiles y humanos, entre muchos otros factores, lograron hacer mella en la confianza que alguna vez se tuvo en el modelo político iniciado en 1958, lo cual dio paso a una marcada desesperanza.

Todo ello nos lleva al momento actual, del cual sería insuficiente todo escrutinio si perdiéramos de vista que toda contemporaneidad es también consecuencia y derivación de hechos pretéritos; valgámonos, por tanto, de dos poemas escritos por dos importantes poetas que sufrieron durante el primer tercio del siglo XX las torturas del régimen gomecista. Acudiremos a esos dos poemas pues curiosamente en ambos, el sujeto poético se pregunta, anclado en el presente de su terrible circunstancia, por la Venezuela del año 2000. El primero de esos poemas se llama “La balada del preso insomne” y fue escrito por Leoncio Martínez, en 1920, en la cárcel de La Rotunda en Caracas; famoso depósito de presos políticos en aquellos tiempos. Martínez comienza el primer canto del poema de este modo:

Estoy pensando en exilarme,
en irme lejos de aquí
a tierra extraña donde goce
las libertades de vivir:
sobre los fueros: hombre-humano
los derechos: hombre-civil.
Por adorar mis libertades
esclavo en cadenas caí:
aquí estoy cargado de hierros,
sucio, famélico, cerril,
enchiquerado como un puerco,
hirsuto como un puerco-espín.
Harto en el día de tinieblas
asomo fuera del cubil
bien la cabeza, bien un ojo,
bien la punta de la nariz;
temeroso de un escarmiento,
encorvado, convulso, ruin,
—como ladrón que se robase
sólo el reflejo de un rubí—
por mirar brillando en el patio
el claro sol de mi país.

Como podemos ver, de nuevo el habitante de esa patria absurda y asoleada –recordando nuevamente a Pérez Bonalde- imagina desde las penumbras de su calabozo un país donde sean posibles las libertades de la vida civil, aunque sea en tierra extraña, dada la imposibilidad de obtenerlas en su propio país, donde bajo ese sol alumbran “torvas miserias,/venganzas crueles, odio vil/y un dolor que no acaba nunca/ante otro dolor por venir…”. Dada esa trágica realidad, el exilio se plantea como un deseo que no deja de ser otra forma de condena, pues es una alternativa que confina al sujeto al enajenamiento de su propia lengua y a recordar a los suyos desde la contemplación del paisaje ajeno. Así lo dice en el segundo canto del poema:

Hablaré mal en otro idioma,
comeré bien otros menús,
y alguna tarde arrellanado
en mi sillón de marroquín,
viendo a través de los cristales
un cielo de invierno muy gris,
pensaré en los muertos amados,
en los amigos que perdí,
en aquella a quien quise tanto
con la vesania juvenil
de cuando iluminó mis sueños
el claro sol de mi país!

En el penúltimo canto el hablante poético imagina a sus nietos contemplando su tumba en las vísperas del actual milenio, lamentándose del destino que le tocó vivir lejos de su patria:

Y ya muchos años más tarde,
muy cerca del año 2000,
mis nietos releyendo las fechas
de mi muerte y cuando nací,
repetirán lo que a sus padres
cien veces oyeron decir:
—¡y le darán cierta importancia!—
“el abuelo no era de aquí”,
“el abuelo era un exilado”,
“el abuelo era un infeliz”,
“el abuelo no tuvo patria”,
“no tuvo patria…” ¡Y ellos sí!

El poema concluye, con el motivo reiterado de ese sol del país, convertido en suerte de atributo patrio y añoranza, de recordatorio de la existencia de una pertenencia esencial a la cual no se quiere renunciar y más aún, se intenta imaginar en el momento en que con ella –con esa luz- convivan las libertades de las que no pudo disfrutar. En la pregunta se anida la esperanza de que en esa tierra asoleada, en el país futuro, cercano al siglo XXI, se haya construido otra sociedad más justa y amable de la que le tocó vivir. Por eso dice: “¡Ay, quién sabe si para entonces,/ya cerca del año 2000,/esté alumbrando libertades/el claro sol de mi país!”

III

Como hemos comentado ya, a Rafael Cadenas le tocó vivir prisión y exilio, a causa de su militancia comunista, durante la dictadura perezjimenista. Hoy en día, su diagnóstico sobre la situación venezolana, lo ha llevado a afirmar lo siguiente: “Vivo en un segundo exilio dentro de mi país, junto con otros siete millones de venezolanos. Para el régimen, no existimos”[3]. Esta aseveración da cuenta de una realidad inobjetable en la Venezuela de hoy, particularmente, en lo que toca al propósito de estas notas, en el campo de la creación artística; me refiero a la práctica sistemática del sectarismo político y la exclusión en el campo cultural, en contradicción con la propaganda de un régimen que se dice inclusivo y que en la contratapa de los libros de una de las más importantes editoriales del estado, Monte Ávila Editores Latinoamericana, se jacta del lema: “Ahora Venezuela es de todos”. Basta con revisar, durante los últimos 15 años, la lista de premios nacionales de literatura o de periodismo; de los poetas venezolanos que asisten a los festivales Internacionales, financiados y promovidos por el régimen; los catálogos de las editoriales del estado venezolano; la programación de los espacios culturales de los muchos canales de televisión oficiales, y un largo etcétera que se haría harto tedioso considerar en estas líneas. En el caso de la poesía, la división del país ha afectado, hasta el extremo, la mínima posibilidad de diálogo o convivencia. Pareciera que de modo infranqueable, tras una perniciosa dinámica que se impuso hace ya varios años y que ha terminado instaurándose hasta con cierta naturalidad, todos los espacios culturales han sido arrebatados por la exclusión, la mutua exclusión y la autoexclusión; en definitiva por la mutua invisibilidad. Si bien, como dijimos, a partir de los años 60 el estado venezolano tomó la decisión de otorgarle a la cultura un papel importante como área de atención dentro las políticas públicas, lo cual posibilitó la participación de actores de dicho sector en diversas instituciones del ámbito cultural, sin cuestionamiento de sus posiciones ideológicas, a partir del ascenso de Chávez al poder, y en forma progresiva, los programas fomentados por el gobierno han excluido, específicamente –entre otros- en el campo literario, a los escritores y poetas no afines con el régimen. De hecho hoy en día podemos hablar de dos países literarios, como una de las varias versiones de esa trágica dualidad. Ello ha traído también como consecuencia la conformación de espacios culturales, artísticos o editoriales, por mencionar algunos, que ya no voltean hacia las instancias gubernamentales para procurarse recursos económicos que les permitan existir. Eso ha obligado, como efecto saludable de una causa perniciosa, a explorar alternativas que desde la irrupción de la Venezuela de la democracia petrolera habían quedado relegadas, dada la presencia del estado proveedor que terminó también cobijando y monopolizando todas las expresiones e iniciativas culturales del país. Eso hizo que lo que está sucediendo ahora, que tres poetas venezolanos[4] puedan asistir a la Feria de Guadalajara apoyados por una editorial independiente, como lo es Lugar Común, con ausencia de cualquier financiamiento del gobierno, sea posible. Para bien o para mal, digamos que la realidad presente ha obligado a buscar formas alternas de sobrevivencia, a la par que en el otro país, casi en exclusiva, los acólitos confesos y leales son los únicos beneficiarios del apoyo económico brindado por el régimen. Son ellos los que le concedieron, postmortem, en el año 2013, el Premio Nacional de Periodismo a Hugo Chávez; son ellos (con frecuencia también, consentidos aduladores de primer orden de regímenes anteriores) los que en los festivales internacionales de poesía afirman sin titubeos que Hugo Chávez es “el gran poeta de Venezuela”; son ellos los que no pierden ocasión de escribirle versos al Comandante Supremo y Eterno; son ellos, los que acuden a su tumba a recitárselos; son ellos los que afirman, al inaugurar un festival internacional de lectura, que en Venezuela “si todos somos Chávez, todos tenemos que ser lectores”, de modo que al tradicional lema del encuentro, “¡Viva la lectura!”, se le suma de ahora en adelante: “¡Viva Chávez!”

Seguramente, todo esto tenga que ver con ese exilio interno al que Rafael Cadenas se ha referido recientemente. Exilio distinto al que le tocó imaginarse, más que vivir, a Leoncio Martínez, desde la oscuridad su calabozo y también del que en efecto vivió Andrés Eloy Blanco, quien no sólo padeció las atrocidades penitenciarias del régimen gomecista, sino que después le tocó exilarse en México a la caída del gobierno Gallegos, en 1947. Como poeta, Andrés Eloy Blanco fue, sin duda, el más popular de la Venezuela del siglo XX y tal vez también del presente. Todavía sus poemas, de corte sencillo y popular, se memorizan y recitan en reuniones familiares en cualquier rincón del país. A él se debe la creación de un personaje llamado “Juan Bimba” con el que el poeta quiso caracterizar a ese venezolano del pueblo humilde, pobre y siempre excluido. En un poema titulado, precisamente, “Juan Bimba”, escrito como él mismo lo señalara: “en las bóvedas del presidio de Puerto Cabello”, lo describe de este modo:

1930: Juan Bimba
es el hombre del pueblo de Venezuela.
Se llama Pedro Ruiz,
Juan Álvarez,
Natividad Rojas,
pero se llama Juan Bimba.

Es buena persona;
puede matar pero no roba nunca.
Su malicia no es mala,
nace del mal que le han hecho
y por eso Juan Bimba lo dice todo a medias,
le echa media mirada a las cosas,
se masca su tabaco, su verdad y traga.

Su alegría está reglamentada
como el tráfico
y cuando se ríe de un todo
es con permiso del gobierno.

Tenía veinte caballos;
la revolución le llevó diez;
para perseguirla,
el Gobierno se llevó los otros diez;
y cuando no tuvo nada
se lo llevaron a él.

Cuando llega a Comisario
se quita el nombre de Juan Bimba
y va tomando grados
hasta la honradez de General.

Va por la calle y los campos
en una tierra enferma de heroísmo,
viendo estatuas,
saludando con su media sonrisa
a los generales de bronce
a los coroneles de mármol.

Hacia el final de la primera parte del poema, en la que se describen los hábitos y la personalidad de este “Juan Bimba”, se advierte una esperanza de cambios que deje atrás el culto a los héroes militares y le dé cauce a las aspiraciones de una verdadera república civil mediante el acceso a la educación y la lectura. Así lo dice:

Le hemos dicho que él es el dueño de esta tierra
y dice que no le hablen de política.
Se va acercando al libro y le acaricia el lomo,
como si temiera espantar un caballo.
Un día lo embridará; ese día
lo saludarán las estatuas.

Este deseo de transformación del país, se ratifica en la conclusión del poema, en la que se imagina a un “Juan Bimba”, hijo de una patria mestiza y abierta a la inmigración, que se ha liberado del culto a los héroes, perpetrado desde las estatuas ecuestres. Por eso termina diciendo:

2000: Juan Bimba y su primo Juan Shonfeld
van al campo.
Ríen alto; en el fondo de su risa
van a buscar los hombres las llaves de las tierras.
Vienen del gran rodeo; bajo sus largas sogas
ha caído el rebaño de caballos de bronce.

Lamentablemente esta Venezuela del siglo XXI, imaginada por Andrés Eloy Blanco, no pareciera corresponderse con las tendencias de la actual, la cual más bien se empeña en fortalecer las taras y prácticas autoritarias del caudillismo militarista y su correspondiente culto nacido en la Venezuela del Siglo XIX. De hecho, aunque sea una figura inexistente en la vigente constitución del país, el actual presidente de la república se refiere constantemente a la unión cívico- militar como la instancia superior para la formulación de políticas y toma de decisiones en el gobierno nacional. En términos discursivos, por una parte prolifera un lenguaje cargado de términos bélicos como: batalla, guerra, ofensiva, enemigo o combate; todos ellos para referirse: a unas elecciones, a la situación económica, a una opinión contraria a las ideas del régimen, a la existencia de un adversario político o a la libertad de expresión; por la otra, el país se ha habituado a una retórica performativa en la que se han instaurado como inobjetables términos que en muchos sentidos parecerían discrepar de algunas realidades observables. El régimen se atribuye la cualidad de socialista y le endilga a todo el que difiera de sus prácticas el calificativo de escuálido, derechista, apátrida, lacayo del imperio y fascista. Resulta curioso, por decir lo menos, pensar que un socialista en campaña electoral (aunque para el momento Hugo Chávez Frías nunca había usado ese término –el de socialista- ni tampoco el de la pretendida revolución) no sólo le haya dispensado a Marcos Pérez Jiménez una cordial y amistosa visita sino que luego, ya instalado en el poder, se haya referido a ese monstruoso dictador como: “el mejor presidente que tuvo Venezuela en mucho tiempo”[5], tal como lo afirmó en su programa semanal Aló Presidente, número 356, realizado en el Mantecal, estado Apure, el 25 de abril de 2010. A lo cual añadió frases como la siguiente: “fue mejor que Rómulo Betancourt, mejor que toditos ellos. ¡Ah lo odiaban porque era militar! Yo fui a visitarlo allá en Madrid…a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César!” No deja de resultar curioso que Chávez no nos recordara que fue el imperialismo yanqui el mayor aliado de Pérez Jiménez durante su mandato, pero sí le reclamara a los Estados Unidos que hubiera extraditado a Pérez Jiménez a Venezuela, luego de que éste se refugiara en ese país tras ser depuesto en el suyo, lamentando además que haya estado en la cárcel acusado de corrupción. Así lo dijo: “Pérez Jiménez se fue para los Estados Unidos, los yanquis lo extraditaron porque ya tenían un acuerdo con los adecos. Lo acusaron de corrupción, lo metieron preso, estuvo varios años, como cinco años se caló Pérez Jiménez allí en la penitenciaría de los llanos, San Juan de los Morros. Después lo echaron del país y además hicieron una enmienda constitucional para impedirle que se lanzara de candidato a nada, les hubiera ganado una elección, ¡uh!”. Y ante afirmaciones como éstas uno se preguntaría ¿y es que acaso el líder del socialismo del siglo XXI no hubiera votado en esas hipotéticas elecciones por su admirado Pérez Jiménez? “Cosas veredes, amigo Sancho, que farán hablar las piedras”, como diría un personaje novelesco, a quien Bolívar comparó con Jesucristo y consigo mismo y a ahora los acólitos de Chávez hacen lo propio con respecto a éste, para completar el cuarteto. De bulto pareciera que en casos así, más que responder a principios ideológicos, el Comandante Supremo y Eterno validaba y admiraba, sobretodo, la estirpe caudillesca y militar de este dictador, del que se podrá decir todo menos que no fuera un criminal, que no fuera un corrupto o que simpatizara con alguna modalidad del pensamiento de izquierda. Según testimonios, no fue fácil que renunciara a invitarlo a su toma de posesión en 1999. Fue la insistencia de sus aliados civiles (entre ellos Luis Miquelena, quien precisamente publicara en 1963 el poema “Derrota” de Cadenas) que habían padecido las torturas del régimen perezjimenista, así como todo tipo de prácticas de intolerancia y represión, lo que lo llevó a desistir de sus deseos de compartir nuevamente con Pérez Jiménez. No hace falta enumerar aquí las ocasiones en que reconoció su admiración por dictadores de toda estirpe, siempre hombres fuertes, cuya mayor virtud fue lograr perpetuarse en el poder, sin importar demasiado los modos de hacerlo.

En todo caso, para constatar la tendencia militarista de la Venezuela actual basta observar que, de acuerdo a estudios en especializados en esta materia, en los últimos 15 años más de 1600 militares de distintos rangos, entre activos y retirados han desempeñado y ejercen cargos de administración pública. Hoy en día en Venezuela cerca del 50% de los gobernadores y alrededor de 25% de los ministros son militares[6].

Ante tal escenario podría colegirse que lamentablemente no se han cumplido los deseos de Leoncio Martínez y Andrés Eloy Blanco, cuando imaginaron, desde las mazmorras gomecistas, que al llegar el año 2000 se haría posible un país donde el ejercicio militar estuviese siempre sujeto a la institucionalidad republicana, regida por un orden civil, donde imperara la plena independencia de los poderes públicos y en lugar del culto al caudillo de turno se propiciara el pleno respeto a las instituciones democráticas, garantes de la justicia y contrarias a todas las formas de corrupción y abusos de poder. Lamentablemente, adentrados ya tres lustros en el siglo XXI, podríamos sospechar la vigencia del poema de Montejo, pareciera que aún y con pena, seguimos siendo habitantes de un país con mucho sol y “que no termina de enterrar a Gómez”.

Notas

[1] Ricardo Becerra nació en Bogotá el 24 de octubre de 1836 y murió en Puerto España (Trinidad), el 4 de Abril de 1905, vivió 69 años. Periodista, historiador y diplomático. Llegó a Venezuela en 1865 como Cónsul General de Colombia, cargo que ejerció por poco tiempo (pues sus Cartas Credenciales no le llegaron a tiempo.) Frisaba los 29 años cuando se incorporó a la vida venezolana. Para el 12 de marzo de 1866, se encarga de la redacción del diario caraqueño El Federalista (fundado en 1863, por Felipe Larrazábal). Desde las columnas de tan prestigioso diario, Becerra se dedicó a discernir sobre la crítica realidad política, económica y moral por cuya virtud se hallaba postrada la nación y entrabadas sus posibles soluciones. En “1869 se enfrenta a Guzmán Blanco y éste en represalia en 1870 cuando regresa al país como jefe de la ‘Revolución de Abril’, ordenó tomar como botín de guerra la imprenta de El Federalista y detener a su director, pero éste ya se había embarcado en La Guaira para el exterior” (20).

[2] Celebre es el caso del poemario ¿Duerme usted, señor presidente?, publicado por el poeta Caupolicán Ovalles, en Caracas , en las ediciones de El Techo de la Ballena, en 1962. Este libro, en el que se ataca furiosamente y con absoluto sarcasmo a la figura de Rómulo Betancourt, quien fuera presidente en esos años, fue confiscado por la policía y le costó el exilio a su autor y la cárcel a su prologuista, Adriano González León.

[3] http://www.eluniversal.com/arte-y-entretenimiento/130617/rafael-cadenas-dara-recital-en-barcelona

[4] Los otros dos fueron: Igor Barreto y Alejandro Castro

[5] http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/130123/segun-chavez-perez-jimenez-fue-el-mejor-presidente-de-venezuela
https://www.youtube.com/watch?v=AakRGbodUmk [1:52:48 min. -1:57-45 min.]

[6] Ver artículo de Oswaldo Barreto. “Civiles y militares”. Tal cual (20 de mayo de 2014). http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=103067&tpCont=1

Bibliografía

Blanco, Andrés Eloy. Baedeker 2000. Caracas: Ed. Cordillera, 1960.

Cadenas, Rafael. Obra Entera. Prosa y poesía (1958-1995). México: Fondo de Cultura Económica, 2000.

Carrillo Batalla, Tomás E. El pensamiento económico de Ricardo Becerra. Tomo I. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 2006.

Gallegos, Rómulo. Una posición en la vida. México: Ed. Humanismo, 1954.

Martínez, Leoncio. Poesías. Caracas: Editorial Impresos Unidos, 1944.

Montejo, Eugenio. Partitura de la cigarra. Madrid: Pre-textos, 1999.

Pérez Bonalde, Juan Antonio. Poesías y traducciones (recopilación). Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación Nacional: 1947.

Picón Salas, Mariano. Suma de Venezuela. Caracas: Editorial Doña Bárbara, 1966.

Perea, Alberto Enríquez. “José Vasconcelos y Carlos Pellicer, en las jornadas educativas y políticas (1920-1924).” Tiempo Laberinto: 23-28.

Silva Bauregard, Paulette. Una vasta morada de enmascarados. Caracas: Casa de Bello, 1993.

Sanoja Hernández. Jesús. Prólogo. Memorias de un venezolano de la decadencia. Tomo I. Caracas: Biblioteca Ayacucho: VII-XX.

Vallenilla Lanz, Laureano. Cesarismo democrático y otros textos. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1991.

[Tomado de http://prodavinci.com/2015/03/29/actualidad/la-poesia-y-el-militarismo-en-venezuela-por-arturo-gutierrez-plaza.]

martes, 7 de abril de 2015

Carta a mis hermanos poetas


José Quintero Weir

Si a ver vamos, siempre, a lo largo de la historia del mundo, ante la mayor de las ignominias, lo primero que los pueblos enarbolan en su defensa es la poderosa arma de su poesía, la de sus poetas mayores, pues, sólo ella y ellos, desde su humilde rebeldía, son capaces de enfrentarse por sí mismos a toda imposición, a todo dominio.poder

 A pesar de que el título de arriba ciertamente aparece como muy genérico, debo ser honesto en decir que mi carta va dirigida a quienes, de una enorme lista de nombres señalados como escritores que apoyan al Presidente Maduro en esta aciaga hora, constituyen para mí, poetas verdaderos; esto es, verdaderos escritores que, equivocados o no en su apreciación política del momento, poseen la condición, por haberla trabajado y expuesto en una obra singular, digna de ser considerada por encima de cualquier contradicción política e ideológica circunstancial.

Me refiero, pues, entre otros, a mi muy querido Ramón Palomares y César Chirinos, entre los más viejos. Luis Alberto Crespo y César Seco, entre los más relativamente jóvenes. Los demás, no los menciono, ya porque aun sabiendo de quienes se trata, nunca formaron parte en el contexto de las luchas éticas, poéticas y políticas de nuestro país, de ninguna acción que pudiera ser considerada como expresión del oficio de poetas, esto es, de nuestra historia de rebeldía literaria y política. A otros, mucho menos puedo mencionarlos ya que les conozco de a de veras, y sé que su mayor acción social o en beneficio social en la que siempre se destacaron fue, precisamente, en cuidar de sí mismos y en abombarse a sí mismos; por lo que, no merecen la pena ni siquiera para apoyar a Maduro en estas terribles circunstancias por su evidente oportunismo.

Recuerdo que, para 1972, la primera tarea que como militante del PRV-FALN me fue asignada por Alí Gómez (El Curita), posteriormente muerto en combate en Nicaragua por la Contra, era la de visitar todos los domingos al único guerrillero de las FALN preso en la llamada Cárcel de Sabaneta en Maracaibo: Felipe Rojas, quien compartía pabellón con varios presos políticos entre los que se encontraba Jorge Rodríguez (el verdadero), Miguel Ángel Díaz Zárraga y José Zabala (esposo de mi muy querida poeta Lydda Franco Farías), entre otros, pertenecientes todos a la llamada OR de Julio Escalona, actual diplomático del gobierno en no sé, ni importa dónde.

martes, 17 de febrero de 2015

Una poesía para Francisco Ascaso


Philip Levine

[Nota de El Libertario: El 14/2/15 falleció a los 87 años P. Levine, laureado poeta norteamericano en cuya obra siempre hubo marcado interés por la Revolución Española de 1936 y el anarquismo ibérico. Como expresión resaltante de ello, reproducimos fragmentos traducidos de su poema "Francisco, I'll Bring You Red Carnations" ("Francisco, te traeré claveles rojos"), siguiendo la versión de esos versos al castellano accesible en http://www.fumalibros.com/muere-philip-levine. El texto completo en inglés de esta elegía a Francisco Ascaso (1901-1936) está en https://sovversiva.wordpress.com/2010/08/17/francisco-ill-bring-you-red-carnations/.]
 
Here in the great cemetery
behind de fortress of Barcelona
I have come once more to see
the graves of my fallen.
[…]
Between the cemetery and
the Protestant burial ground
we find three stones
all in a row: Ferrer Guardia,
B. Durruti, F. Ascaso, the names
written with marking pens
and a few circled A’s and tributes
to the FAI and CNT.
[…]
For two there are floral
displays, but Ascaso faces
eternity with only a stone.
Maybe as it should be. He was
a stone, a stone and a blade,
the first grinding and sharpening
the other.

Traducción:

Aquí en el gran cementerio
detrás de la fortaleza de Barcelona,
he venido una vez más para contemplar
Las tumbas de mis caídos.
[…]
Entre el cementerio y
el cementerio protestante encontramos tres piedras
las tres en fila: Ferrer Guardia,
B. Durruti, F. Ascaso, los nombres
escritos con rotuladores
y con unas Áes circundadas y homenajes
a la FAI y a la CNT.
[…]
Para dos de ellos hay ofrendas
florales, pero Ascaso afronta
la eternidad con sólo una piedra.
Quizá es como debe ser. Él era
una piedra, una piedra y una espada,
la primera moliendo y afilando
a la otra.

martes, 9 de diciembre de 2014

Poesía: Extraño Fluido


Grupo Surrealista de Madrid

El Grupo Surrealista de Madrid, editor de la revista Salamandra y activista en favor de otra vida, habla de eso que, como un rumor sordo, un aliento o un escalofrío, recorre la materia para producir, a veces, una afortunada revelación, un deslumbramiento feliz. Hablamos, claro, del enigma que se expone y de la respuesta que se fragmenta. Dicho de otro modo, lector, y para tu tranquilidad: más allá del poema, POESíA.

Para cumplir con tal propósito, he aquí esta selección de respuestas a la primera pregunta de una reciente encuesta sobre la poesía del Grupo Surrealista de Madrid. Intervenciones de: Eugenio Castro, Manuel Crespo, Javier Gálvez, Jesús García Rodríguez, Vicente Gutiérrez Escudero, Julio Monteverde, Noé Ortega, Antonio Ramírez y Jose Manuel Rojo.

- ¿Cómo se manifiesta en usted la poesía, es decir, cómo la experimenta y cómo la vive?

La poesía no es únicamente el poema escrito, sino todo aquello referido a la vida cotidiana capaz de instaurar en su flujo monocorde un sobresalto por el cual es posible considerar la existencia como sorprendente y extraña, como un don singular que debemos apurar hasta el fondo. La poesía, entendida como poiesis, creación de mundo y sensibilización de lo que nos rodea, proporciona una vivencia inmediata, no intelectual sino anímica, desorientadora y por eso mismo, amplia (M. C.).

La experiencia poética es, por el hecho de ser algo que tiene lugar en la subjetividad, intransferible. En el momento en que se produce un hallazgo, yo lo experimento como una irrupción de lo enigmático en mí, que deriva en lo que percibo como un verdadero desbordamiento en mi interior (N. O.).

La poesía puede darse en cualquier parte y de mil modos diferentes (J. M.).

He aquí unos buenos ejemplos de poesía en la vida cotidiana: en 1953 André Breton es acusado de degradación de monumento histórico por haber frotado con el dedo una pintura rupestre en la gruta de Cabrerets, tal vez con la misma voluptuosidad con que hubiera acariciado una vulva femenina; el 8 de octubre de 1996, la casa okupada de la calle Lavapiés de Madrid, fue desalojada por la policía. Algunos de los okupas que se resistían a salir, con ayuda de unas máscaras blancas, se disfrazaron de fantasmas y accedieron a los tejados, mientras los policías registraban las habitaciones de la casa, ya vacía; el 5 de febrero de 1998, Bill Gates recibía los impactos certeros de cuatro tartas lanzadas por la Banda de los Tartazos, liderada por Noel Godin; en Las Vegas, Nevada, un estadounidense de 46 años atraca unas oficinas del Banco de América. Al salir a la calle, se detiene en las puertas del edificio y empieza a reír a carcajada limpia, mientras se pone a repartir billetes de 100 dólares entre los transeúntes (V. G. E.).

Si el hecho de vivir en el mundo cotidiano supone una cadena de rutinas que permiten que la vida social sea, la poesía como experiencia introduce una ruptura insensata, en el sentido de que rompe una norma o ley que hay que mantener, se supone, incólume (J. G.).

Allí donde el hombre se libera en la libertad alcanzando el placer que desea (placer que se puede concretar en el humor, en la belleza, en el lirismo, en el amor, en el conocimiento, en la revuelta etc.), allí reside, para mí, la poesía. Y el intermediario entre estos dos polos, el camino que lleva de uno a otro, no es otro que la imaginación. Por tanto, la poesía es también una lucha, un proceso activo de tránsito hacia un estado ausente pero, de una forma u otra, ya intuido como posible (J. M.).

La poesía es el proceso que lleva a la autoconsciencia de la libertad inalienable a todo ser humano, la libertad que es núcleo de todo ser humano, que se manifiesta en ese momento en que se siente libre no como proyecto o deseo, sino como realidad concreta y vivida, por mucho que las circunstancias evidentes lo nieguen. Así pues, la poesía nos planta en la cara la consciencia de nuestra libertad intrínseca al hecho de existir, pero a la vez nos hace ver cuánto acallamos esta libertad, cuánto nos amoldamos a las circunstancias que nos invitan a acallarla (A. R.).

En esta libertad primordial concibo mi relación real con la poesía, un real que no tiene por qué someterse al dictado de lo social ni obedecer a sus prerrogativas, a lo que llega a desbordar porque la poesía se rebela y se condensa como la violencia original que es, desplegando su sombra profunda y larga por la que cae cualquier interés en consumirla: como el amor, la poesía no se consume sino que se consuma como vida intemporal y asocial, ya que atraviesa todas las épocas y acarrea en su discurrir un ser en presente que se vivifica al contacto con el mundo incógnito en el que de nuevo adviene, sobre el que siembra el germen fecundo de su actualización (E. C.).

También en lo que a la poesía se refiere, todas las causas perdidas vuelven a resurgir para plantar batalla una vez más en el campo abierto de su propio olvido. Y entre los soñadores del pasado y los soñadores del futuro, se extiende el mismo sueño siempre interrumpido y siempre renaciente (J. M. R.).

El potencial pragmático de la poesía es nulo, pero su potencial utópico es inmenso. Hasta ahora, en nuestra sociedad, el paso de lo utópico a lo pragmático ha sido imposible, y se ha visto truncado en miles de ocasiones. Queda por ver si es posible o no, y cómo, un momento de la historia en que lo utópico y lo pragmático se ensamblen, o se den juntos en las ideas y en la vida de un grupo humano determinado. Si se llega a ese punto, el potencial transformador de la poesía es gigantesco. En el momento en que la esfera de lo pragmático llegue a ser impregnada por la poesía, su función será transformar la vida (J. G. R.).

La poesía es el modelo indiscutible y el programa máximo a seguir en la lucha por la verdadera vida y la transformación del mundo, y a la vez la mejor vara de medir, la que menos engaña, sobre los presuntos éxitos que nos dicen que ya se han conseguido tanto en la vida como en el mundo. No hay falsificación que permanezca indemne ante sus ojos, ni conformismo mediocre que no se avergüence ante un rigor que desconoce el compromiso (J. M. R.).

La poesía está desligada de toda funcionalidad. Ocupa el espacio al que el trabajo ya no puede acceder. La poesía permite al hombre mantenerse ligado integralmente a todos los seres y a todas las cosas del universo. La poesía es, sencillamente, la negación de todo valor inhumano, y la afirmación desinteresada de una violencia: la de ver claro con el ojo partido en dos (J. G.).

[tomado de Artarquía (suplemento cultural del periodico Solidaridad Obrera) # 10, Barcelona, primavera 2006. El número completo es accesible en http://www.soliobrera.org/pdefs/a10.pdf.]


martes, 25 de noviembre de 2014

La poesía se llama Mijaíl Martínez


Violeta Villar (Diario El Impulso, Barquisimeto)

No hay nada mejor que rendirle tributo a un poeta desde la expresión del verso. Se marchan los hombres; los árboles mueren de pie (en la expresión de Alejandro Casona), pero la palabra del corazón vive en gozosa eternidad. Desde esta perspectiva, y con el anhelo de cultivar en los jóvenes la pasión por el verbo en tono poético, hasta el 20 de enero de 2015 estará abierto el 1° Concurso de Poesía Juvenil Vivir es elegir en sueños de libertad, en memoria de Mijaíl Martínez, cuya muerte todavía espera justicia.

Zuleyka Pérez Piñate, al frente de la Fundación Mijaíl Martínez, Rubi Álvarez, Lisbeth de Guzmán, Reyna Rojas y María Guzmán, en calidad de colaboradoras, explicaron que podrán participar jóvenes autores y autoras hasta los 25 años de edad. El tema es libre, con la condición de consignar de tres a cinco poemas inéditos. Los trabajos serán recibidos en la Dirección de Cultura de la UCLA, con sede en la calle 8 entre carreras 21 y 22 de Barquisimeto. Pero además de la UCLA, se han sumado a esta iniciativa la UFT, la Unefa, la UPEL, la Universidad Yacambú, la Unexpo y la Universidad Politécnica Territorial Andrés Eloy Blanco, en tanto son las casas del saber.

Tres premios reconocerán la virtud de la palabra. El primero, obra de arte, placa y libro con las poesías del ganador y selección de poemas inéditos de Mijaíl Martínez, a quien la acción criminal le arrebata la vida con apenas 23 años y una trayectoria ya notable: poeta, camarógrafo, fotógrafo, músico y soñador. El segundo premio, tres tomos de literatura venezolana, una escultura y placa. El tercer lugar se llevará escultura, placa y tres compactos de audio de declamación poética.

La actividad de premiación está prevista para el 14 de febrero del 2015, Día del Amor y de la Amistad, con peña poética y musical, cuando la escritura joven será la mejor razón para celebrar. Los interesados en participar en el concurso Vivir es elegir en sueños de libertad, pueden escribir a fundacionmijailmartinez@gmail.com

Con vocación social

La Fundación Mijaíl Martínez establece entre sus misiones “recabar y organizar de forma íntegra, el legado poético, musical, audiovisual, cultural y literario” del artista fallecido a temprana edad. Además, fomentar proyectos culturales y sociales que reivindiquen el derecho a la vida, la justicia y la libertad.

[Tomado de http://elimpulso.com/articulo/la-poesia-se-llama-mijail-martinez. Para más información sobre Mijail Martínez, su asesinato y la impunidad cómplice que rodea el caso, ver http://periodicoellibertario.blogspot.com/search/label/Mija%C3%ADl%20Mart%C3%ADnez.]

lunes, 28 de julio de 2014

León Felipe, poeta de la resistencia y la libertad

Carlos Solero

Al cumplirse en julio un nuevo aniversario del comienzo de la Guerra Civil Española (1936-1939) y del inicio de la Revolución Libertaria, gesta del pueblo ibérico enfrentando al fascismo y a la par poniendo en marcha la mayor experiencia de socialización y autogestión social de campos, fábricas y talleres, vale recordar la figura de León Felipe, poeta de la libertad y la resistencia.

Más allá de la terrible derrota, y del triunfo del sanguinario general Francisco Franco Bahamonde, el pueblo ibérico, el pueblo vasco, andaluces, catalanes, castellanos, valencianos, asturianos, gallegos y gente del Levante dieron a la humanidad un ejemplo de heroísmo en una dramática gesta, antesala de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Miles de mujeres y hombres debieron marchar al exilio por el ascenso de la infame dictadura que duró casi cuatro décadas, sostenida en la indiferencia cuando no en la complicidad de las grandes potencias.

En ese contexto, evocamos al poeta León Felipe, singular exponente de la generación del 27, autor de versos inolvidables por su potencia lírica y clara expresión del espíritu revolucionario y de emancipación de esas mujeres y hombres que aún con una gran desigualdad de fuerzas no dudaron en enfrentar a la reacción fascista y clerical, al oscurantismo y autoritarismo encarnado en los militares y civiles del llamado “alzamiento nacional” contra la II República Española.

sábado, 19 de abril de 2014

Selección de poesía anarquista en revista La Otra




Redacción

En junio de 2013, y tal como informamos en su momento (ver http://periodicoellibertario.blogspot.com/2013/07/bogota-presentacion-del-libro-antologia.html), se realizó en Bogotá la presentación pública de la Antología de Poesía Anarquista publicada en dos tomos por la Edit. Gato Negro, con selección, prólogo y reseñas de Omar Ardíla. Para informarse sobre cómo obtener la versión impresa de esa obra se puede escribir a gatonegroeditorial@gmail.com, mientras que la copia virtual de cada tomo es accesible en
http://issuu.com/gatonegroeditorial/docs/antologi__aanarquistatomo1pdf
http://issuu.com/gatonegroeditorial/docs/antologiaanarquistatomo2

Ahora, es grato presentar lo que desde La Otra, revista mexícana de poesía, artes visuales y otras letras http://www.laotrarevista.com, se está difundiendo a manera de antología mínima de poesía anarquista. Aqui también la tarea de compilación y presentación ha estado a cargo de Omar Ardila, quien nos lleva a este breve pero sugestivo recorrido por creaciones y creadores afines a la musa libertaria. Ver en





jueves, 13 de marzo de 2014

¿Duerme usted, señor presidente?


Caupolicán Ovalles (1936-2001)

[Nota de El Libertario: en reciente entrevista a CNN, Nicolás Maduro aseguró a la periodista que “duerme feliz”. Ante ello, desde el pasado, desde hoy, desde el futuro se levanta la rebelde e irreverente poesía, con una voz que en su momento lanzó este dardo de furia contra ese ocupante de Miraflores que ordenó “disparar primero y averiguar después”. La saeta sigue su vuelo, ahora hacia un heredero en esa silla presidencial que prescribe a sus sicarios: “candelita que se prende, candelita que se apaga”.]

Si en vez de dormir
_____bailara tango
_______________con sus ministros
_____y sus jefes de amor
nosotros podríamos
oír
___de noche en noche
su taconeo
de archiduque
o duquesa.
Podríamos reír
sólo de verle,
ridículo como es,
esperar los aplausos
de toda la gendarmería
frenética.
Claro que uno está cansado
y quiere un poco de diversión
_____monstruosa,
como ésta
_____de verle
con la lira en el cuello
_____colgada,
como un romano
o como una romana
ciega de absurdas creencias geniales.
Si en vez de prometer
el descubrimiento de la piedra
______________________filosofal
que ha de producir pan
_________________y billetes de veinte
se dedicara,
por lo soberbio que es,
a vender patatas podridas
o maíz rancio,
los indios de esta nación
le llamarían
______Cacique Ojo de Perla.

Si en vez de llorar
te murieses un día de estos,
_______como una puerca elegante con sus grasas
importadas del Norte,
nosotros,
que estamos cansados
______________de tanta estúpida confesión,
pondríamos a bailar las piedras
y los árboles darían frutos manufacturados.

_____Con tu vieja y putrefacta osamenta,
alimento de ratas,
llenaremos un solo lugar de esta tierra
y la llamaremos
____________la Cueva Maldita
y será proscrita de ver
y de acercarse a ella
por temor a despertar tus histéricas
_______________________ternuras.

Te llaman
José el de los sueños,
el de las vacas sagradas,
el dueño de las vacas más flacas
______y
Presidente de la "Sociedad Condal del Sueño".
Tus amigos te llaman
_______________Barbitúrico.

¿Hasta cuándo duerme usted, señor Presidente?

Si adora la vaca,
____________¡duerme!
Si al becerro adora,
____________¡duerme!
Y si el General le da su almuerzo,
duerme como una lirona
o le da una pataleta de sueño.

Cara de Barro,
Ojo para ver las Serpientes
_____________________y llamarlas,
Ojo para hacer compañía
y quemarte
con el humilde Kerosene,
Ojo para tenerse a mi servicio
como mozo de alcoba
_______________barato.

¿Duerme usted, señor Presidente?
_______Le pregunto por ser joven apuesto
_______y no como usted, señor de la siesta.

Ojo de barro y Water de Urgencia.

[Tomado de  C. Ovalles: Duerme usted, señor presidente?, Caracas, El Techo de la Ballena, 1962, sin paginar.]


Ser gobernado es...

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