Anticiudadano
Vivo en el 23 de Enero desde hace
4 años. Antes de eso venia aquí todos los fines de semana con mis papas y desde
entonces he relacionado este lugar con algunos de los más entrañables recuerdos
de mi infancia. Ahora soy un estudiante de 29 años que ha vuelto al 23 de enero
no como visitante, sino como residente, si me permiten quitarle la frase al
cantante que tanto le ha gustado hablar de nuestro país. Digo esto porque
considero necesario dar una pequeña introducción para que se entienda que hablo
con propiedad cuando me refiero a lo que significa formar parte de ese “pueblo”
que a nuestro gobierno le encanta llamar cuando le hace falta y que olvida tan
fácil después de tomarse las fotos de rigor.
Esta urbanización fue creada por
un dictador de Derecha (la ultra derecha verdadera y no la fantasmagórica con
la que pretenden asustarnos en las noches cual coco). La finalidad de estos
bloques multifamiliares fue la de albergar la mayor cantidad de familias de
clase media baja y baja para evitar la proliferación de los ranchos que tanto
afeaban la ciudad. Así que fue más la estética que la solidaridad lo que hizo
esta parroquia el ejemplo para Latinoamérica que una vez fue. Lo que vino
después fue una pena.
Mi abuela (que ha vivido aquí
desde que fundaron esto) cuenta que los democráticos adecos y copeyanos
compraban votos regalando láminas de zinc y bloques rojos a todo el que
quisiera venir a vivir aquí, con la promesa de regalarles casas decentes luego
de ganar el poder. Por eso los ranchos de Caracas parecen hechos por la misma
mano, porque en realidad lo fueron. Los azotes de barrio mandaban la zona junto
con la policía metropolitana en sus formas más represivas. Actores, cantantes y
políticos famosos conseguían la mejor droga aquí mismo y desde entonces el 23
de enero ha sido sinónimo de peligro no solo para los caraqueños, sino para
todo el país.

