Fedro
Porque el anarquismo no es solo una corriente política, social y cultural más. El anarquismo es el único movimiento que tiene la capacidad de adaptarse al ritmo de la Naturaleza. Es fluido, dinámico, armónico, y no presenta resistencia al cambio incesante, al movimiento, a la transformación. El ser humano tiende a encasillarlo todo para su mejor comprensión, pero la Naturaleza no puede encasillarse, el anarquismo tampoco. Paradójicamente se suele acusar a este ideario de incentivar el caos, el desorden, pero quienes pronuncian esas acusaciones son mentalidades rígidas, inflexibles, estáticas, que zozobran si algo se sale de sus márgenes o resulta incasillable, temen, se tornan inseguros. Son estáticos, si, y defienden al Estado.
No es casualidad que ambas palabras, Estado y estático, provengan de la misma raíz, que designa justamente eso, lo rígido, lo que se opone a la dinámica natural. Y al manifestarse unos ideales que buscan romper ese estatismo (en ambos sentidos), cuyo movimiento es tan continuo que no permite límites, casillas, que promueve, en definitiva, la libertad, las mentes rígidas y estrechas señalan, acusan, vilipendian. Dicen que somos el caos, cuando el caos es lo inaprehensible. Dicen que buscamos desestabilizar, cuando solo lo rígido puede pretender estabilidad. Dicen, implícitamente, que la libertad a la que aspiramos les da miedo.
Porque el anarquismo no es solo una corriente política, social y cultural más. El anarquismo es el único movimiento que tiene la capacidad de adaptarse al ritmo de la Naturaleza. Es fluido, dinámico, armónico, y no presenta resistencia al cambio incesante, al movimiento, a la transformación. El ser humano tiende a encasillarlo todo para su mejor comprensión, pero la Naturaleza no puede encasillarse, el anarquismo tampoco. Paradójicamente se suele acusar a este ideario de incentivar el caos, el desorden, pero quienes pronuncian esas acusaciones son mentalidades rígidas, inflexibles, estáticas, que zozobran si algo se sale de sus márgenes o resulta incasillable, temen, se tornan inseguros. Son estáticos, si, y defienden al Estado.
No es casualidad que ambas palabras, Estado y estático, provengan de la misma raíz, que designa justamente eso, lo rígido, lo que se opone a la dinámica natural. Y al manifestarse unos ideales que buscan romper ese estatismo (en ambos sentidos), cuyo movimiento es tan continuo que no permite límites, casillas, que promueve, en definitiva, la libertad, las mentes rígidas y estrechas señalan, acusan, vilipendian. Dicen que somos el caos, cuando el caos es lo inaprehensible. Dicen que buscamos desestabilizar, cuando solo lo rígido puede pretender estabilidad. Dicen, implícitamente, que la libertad a la que aspiramos les da miedo.

