Felix Rodrigo Mora
Es previo advertir que para dialogar con quienes apoyan al
chavismo hay una condición, que condenen la tortura en Venezuela. Aquellos que
callan al respecto no son personas honorables y, desde luego, no son
interlocutores válidos.
El chavismo, o “socialismo del siglo XXI”, ha entrado en su
etapa final. Hoy es un movimiento desacreditado, agotado, que tiene ante sí dos
modos de acabar, perder las próximas elecciones o hacer frente a un
levantamiento popular. Incluso si logra sobrevivir su tercera opción es irse
haciendo más y más gris, represivo, casposo.
En sus orígenes fue un proyecto forjado por el ejército y el
gran capital, estatal y privado, para impulsar a Venezuela al rango de potencia
ascendente, desde la situación de país dependiente. Eso demandaba un cierto
nivel de conflicto con EEUU, usar los ingresos petroleros para sobornar a
algunos sectores populares, vincularse a las grandes potencias ascendentes,
China y Brasil sobre todo, pactar con la gran burguesía comunista cubana,
desatar una ola de demagogia populista e incluso urdir una extravagante teoría
sobre un supuesto cambio social, la “revolución bolivariana”.
Chávez, ante todo, fue teniente coronel del ejército
venezolano y el chavismo es una forma de intervencionismo militar. Había que
acumular y concentrar el capital, potenciar la empresa multinacional
venezolana, extraer un máximo de beneficios monetarios del petróleo, lograr la
paz social interior y buscar nuevos aliados internacionales, lo que incluía
entregar “ayudas”, en dinero y especie, a grupos y personalidades amigas en
diversos países, el nuestro entre ellos…

