Eduardo Sevilla
El movimiento anarquista puede ser definido como un sistema de pensamiento abierto y nada rígido que, compartiendo con otras corrientes radicales bastantes elementos de sus presupuestos filosóficos, de la crítica a la sociedad actual, así como del modelo de la futura sociedad ideal, se distingue por unos rasgos teóricos comunes que se concretan en la negación del Estado y la búsqueda del establecimiento de interrelaciones humanas con base en la cooperación voluntaria expresada mediante pactos libres
desde el punto de vista de la praxis política. El rechazo de la participación política en las instituciones burguesas se configura, entre otros, como el elemento más sobresaliente y extendido (Woodcok, 1979: 19-20; C. Díaz, 1973: 5 y ss; Álvarez Junco: 9). Desde los intereses de este trabajo, es decir, en lo que se refiere al concepto de campesinado, las figuras clave configuradoras del “anarquismo agrario” son Bakunin y Kropotkin, a quienes pasamos a considerar.
El movimiento anarquista puede ser definido como un sistema de pensamiento abierto y nada rígido que, compartiendo con otras corrientes radicales bastantes elementos de sus presupuestos filosóficos, de la crítica a la sociedad actual, así como del modelo de la futura sociedad ideal, se distingue por unos rasgos teóricos comunes que se concretan en la negación del Estado y la búsqueda del establecimiento de interrelaciones humanas con base en la cooperación voluntaria expresada mediante pactos libres
desde el punto de vista de la praxis política. El rechazo de la participación política en las instituciones burguesas se configura, entre otros, como el elemento más sobresaliente y extendido (Woodcok, 1979: 19-20; C. Díaz, 1973: 5 y ss; Álvarez Junco: 9). Desde los intereses de este trabajo, es decir, en lo que se refiere al concepto de campesinado, las figuras clave configuradoras del “anarquismo agrario” son Bakunin y Kropotkin, a quienes pasamos a considerar.
