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domingo, 29 de noviembre de 2015

Ir a un hospital en Venezuela: Ruleta rusa


Eduardo Salazar

A las 3 de la madrugada, el viento sopla fuerte y el cielo está más oscuro que de costumbre en la capital venezolana. A esa hora, la pena alcanza y derriba a sus anchas, y más si tienes a un familiar desde las 8:30 pm en quirófano (tras 14 horas de espera) y no sabes nada de él. ¿No reacciona después de la operación? ¿Continúa dormitado? ¿O creíste que lo están interviniendo quirúrgicamente pero sigue a la espera? Son tantas las dudas que se presentan en un momento como ése que no hay manera de explicar la angustia y la desesperación.

Así nos lo cuentan María y su esposo Esteban Martínez, quienes vivieron en carne propia el coma inducido en el que se encuentra el sistema hospitalario venezolano. Su experiencia comenzó cuando su hijo de 21 años debió acudir a la emergencia del Hospital Dr. Domingo Luciani, ubicado en El Llanito, en Caracas.

Las siguientes historias no forman parte de una guerra mediática

viernes, 27 de marzo de 2015

Ir a un hospital en Venezuela: Ruleta rusa


Eduardo Salazar

A las 3 de la madrugada, el viento sopla fuerte y el cielo está más oscuro que de costumbre en la capital venezolana. A esa hora, la pena alcanza y derriba a sus anchas, y más si tienes a un familiar desde las 8:30 pm en quirófano (tras 14 horas de espera) y no sabes nada de él. ¿No reacciona después de la operación? ¿Continúa dormitado? ¿O creíste que lo están interviniendo quirúrgicamente pero sigue a la espera? Son tantas las dudas que se presentan en un momento como ése que no hay manera de explicar la angustia y la desesperación.

Así nos lo cuentan María y su esposo Esteban Martínez, quienes vivieron en carne propia el coma inducido en el que se encuentra el sistema hospitalario venezolano. Su experiencia comenzó cuando su hijo de 21 años debió acudir a la emergencia del Hospital Dr. Domingo Luciani, ubicado en El Llanito, en Caracas. Javier, el hijo de María y Esteban, sufrió una apendicitis. Esto lo padecen entre el 5 y 15% de la población venezolana, mayormente en su juventud (según estudios de la UCV). Hablando de la forma más clara posible, la obstrucción del apéndice requiere intervención quirúrgica sencilla, pero ante la situación de los hospitales públicos (falta de infraestructura y carencia de insumos) sufrir una apendicitis puede conducir al paciente a la muerte.

Mil y una historia más

Virginia Gutiérrez nos cuenta que su esposo también fue diagnosticado con apendicitis hace un par de meses, pero corrió con menos suerte: él llegó al Hospital Clínico Universitario a las 9 de la mañana de un martes y fue operado más de 30 horas después, lo que le produjo una complicación, peritonitis, que por poco le quita la vida. Quince días en terapia intensiva duró el hombre. El por qué se tardaron tanto para operarlo se redujo a “estamos abarrotados”.

Tras una investigación minuciosa se entiende que todos los venezolanos están a merced de la crisis hospitalaria, pues en las clínicas privadas los costos de citas médicas, operaciones y exámenes aumenta semana a semana. Incluso aquellos que están asegurados deben trasladarse a centros públicos debido a que exceden la cobertura de su seguro o no les alcanza para pagar los servicios.

Ese es el caso de la diseñadora Marhitza Romero. Su sobrina murió hace un año, cuando fue diagnosticada con pancreatitis. En el hospital la dejaron mucho tiempo sin atención, lo que le produjo una septicemia. Tenía 30 años y dejó a una niña huérfana. La familia aún vive con el dolor y la mera idea de pisar otro hospital les pone los nervios de punta.

Muchas son las historias personales, todas lamentables por igual, pero bien lo resume un taxista, de unos 30 años, del Hospital Domingo Luciani que prefirió no dar su nombre: “Eso que usted está viendo en Emergencias no es nada. Aparte que no atienden, hay full inseguridad. Aquí los fines de semana, los malandros traen a sus amigos heridos y, como no los atienden, entonces le caen a tiro al hospital. En el día ha mejorado la seguridad dentro, pero antes hasta robaban en las escaleras internas. “Los familiares de los pacientes aquí en el estacionamiento son robados, porque hay mucho vigilante y hasta militares custodiando, pero no tienen ni un candado para defenderse de los malandros”. El hombre sigue contando: “Todos estamos a la interperie [sic, por intemperie] y yo no soy opositor. Ojo, no es una guerra de los medios, ni económica, es la realidad del pobre… Este país tiene mucho petróleo, pero nosotros no tenemos ni dónde caernos muertos”.

Y los profesionales de la salud ¿qué dicen?

Pues ellos aseveran que se ven perjudicados por igual. Es el caso de uno de los coordinadores de Médicos por la Salud, José Manuel Olivares. El especialista cree que la situación actual de los hospitales es caótica: “En el Clínico Universitario, al igual que en otros hospitales del país, no hay anestesia, no hay compresas, no hay jeringas… Los médicos luchamos por atender a la gente”.

Olivares, al igual que otros médicos y enfermeras consultados para hacer este blog, coincide en que la espera en los hospitales públicos sucede por la paralización de los quirófanos y la ausencia de recursos, una combinación mortal para los pacientes. “Ya basta de llevarse las lágrimas del pobre al bolsillo…”. Además, el médico de 29 años denuncia que “la corrupción es la que hace que mueran los venezolanos por falta de insumos”. Una de las enfermeras del Domingo Luciani, identificada simplemente como “Gladys”, apunta que “tenemos que pedir a los familiares que compren las medicinas o hasta las aspirinas, pues aquí no hay nada o llega muy poco”.

Otro dato interesante aportada por Médicos por la Salud es que, hoy por hoy, en la misión social Barrio Adentro -una de las banderas de la Revolución liderada por el fallecido Hugo Chávez- el 69% de los módulos están inoperativos.

Nuevamente gracias a Dios

A Javier ya lo dieron de alta y está recuperándose en su casa. Él lo único que pudo declarar fue “gracias a Dios”. Y esa frase se repite incesantemente en varios escenarios del país. No es de extrañar cuando desde la propia Presidencia se implora a que el Ser Supremo provea al pueblo.

Y, justamente, vamos a cerrar con algo que pareciera una constante, y es el petitorio de la ciudadanía a que el Ejecutivo nacional, liderado por Nicolás Maduro, mire hacia abajo y se preocupe verdaderamente por las necesidades de la población, sin echarle la culpa a nadie. Ellos no quieren tumbar al Gobierno (de hecho, muchos lo apoyan). No obstante, piden harina y leche sin colas y, en lo que corresponde a este reporte, rayos X, suero e hilo de coser.

[Tomado de http://eltoque.com/blog/ir-un-hospital-en-venezuela-ruleta-rusa.]


domingo, 1 de febrero de 2015

Cara a cara con la violencia


Eduardo Salazar

Crees que no va a ocurrir. Oyes a diario sobre atracos y homicidios, y lo comentas en la cena entre amigos/colegas. Incluso, en mi caso, al ser periodista, he estado en la escena del crimen. Pero, con la ingenuidad de un ciudadano perteneciente a un país feliz, dices “eso no me va a pasar a mí”.

A las 6 de la tarde de un miércoles de enero decidí irme a una tienda de comida rápida de Alto Barinas – ciudad en la que vacacionaba – en el interior de Venezuela. Una vez en la mesa conecté el ordenador a la wi-fi, sin considerar que me podían estar viendo. Confieso que en ese momento dejé pasar una cierta advertencia que pudo haber sido la intuición o simplemente la experiencia previa. Continué en lo mío. Redactaba para eltoque.com un blog sobre qué hacer para eliminar la violencia aquí, en este rincón del Caribe. Algo que resulta paradójico, por cierto.

Espacios robados

Una buena y productiva tarde: comida deliciosa y texto acabado. Poco cauto emprendí el retorno, o mejor dicho, me fui directo hacia una entrevista con el mal. El cielo ya estaba oscuro, debí tardar unas dos horas en el sitio, así que al salir miré hacia todos lados. Había gente en sus vehículos y pocas personas iban a pie. Pero resté importancia y opté por irme andando, algo que a menudo procuro. Sin embargo, cada vez disfruto menos o se me imposibilita más. Y entonces anduve… no menos de 5 minutos, eso sí.

Caminé por una avenida amplia, poco iluminada, sin contratiempos. Respiré aire puro e hice un inventario rápido sobre un proyecto que me da vueltas en la cabeza. Imbuido en mis cavilaciones crucé a la derecha, esta vez por una calle bien cuidada y con luces suficientes, pero poca marcha vehicular, y nada de presencia policial, lo que de pronto me extrañó pues por allí quedan las oficinas de Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Apresuré el paso pues al final de la vía llegaba a mi destino, así que no era mucho pedir.

La mirada del miedo

Cuatro ojos puestos en mi mochila me levantaron sospechas y activaron mis alarmas tardíamente. Antes de que yo pudiera hacer un plan dos hombres a bordo de una motocicleta me impidieron seguir mi rumbo. Uno de ellos, el parrillero, obedeció la orden del conductor: “bájate, bájate”. Sus voces y sus caras permanecen inexorables en mi memoria corta. Yo no diría que se trata de dos maleantes con el crimen tatuado en la frente, más bien los describiría como dos “chamos” comunes, uno más alto que otro, uno con piel oscura y corpulento y el otro considerablemente blanco y delgado.

El que me asaltó fue el más pálido, llevaba puesta una gorra de béisbol y bermudas rojas, con franelilla de color hueso, probablemente. El otro que se quedó vigilante en su moto encendida, vestía jeans, desde los que se desenfundó algo que no pude ver si era realmente un cuchillo. Me miraron poco y sólo escuché “dámelo, dámelo”.

Pero en ese momento, no atendí a su insinuación, eché a correr, pero algo me detuvo en seco. Un arma apuntándome a la espalda me hizo volver, esta vez la voz del chico, que no superaba los 18 años, sonaba lúgubre: “párate marico o te mato”. Sus ojos hacían coro con su voz llena de odio. Luego entendí que de eso están creados: odio en forma de hombre, concebidos por la propia sociedad, han sido criados con la cultura de la muerte y la violencia… ellos a mí me ven como su enemigo, así que me resigné.

Hoy por hoy, pese a que luzca misericordioso, les tengo lástima, aunque defiendo la tesis de que bien pudieran buscar otros caminos para vivir dignamente. En ese instante no hubo tanta piedad, entregué mis pertenencias en medio de insultos y amenazas. Me atreví a formular una petición: “hermano, no me dispares”. Me empujaron, me pegaron un cachazo, por el que lancé un chillido ahogado. Apenas sentí dolor y minutos después no habían dibujado mayor línea sobre mi frente, y se burlaron sin permiso al son de la huida… Los vi desaparecer impotente, en medio de la soledad que te otorga semejante desafuero. Mi historia, afortunadamente, duró sólo 1 minuto. Quizá menos.

La vida se agradece a padres y a ladrones, por igual

A la fecha, aunque indignado, me sumo a los miles de testigos que han contado un tempestuoso episodio similar: “al menos estoy con vida”. Y eso fue lo que precisamente me dijo la policía cuando denuncié el hecho.

Yo, Eduardo Salazar, soy otra víctima más del hampa, y no es la primera vez. En total 7 veces he sido presa de la delincuencia en Venezuela en los últimos 10 años: cuatro atracos a mano armada, un arrebatón, un robo a mi domicilio y un secuestro forman parte de mi mala experiencia. Entonces, soy parte de la sociedad de los desahuciados de esta nación en la que año tras año, la cuenta de robos, atracos y asesinatos aumenta a sus anchas y nos reducen las posibilidades, a nosotros los ciudadanos, de ser felices, de estar en paz… o al menos, siquiera, de andar.

Post-data

Ahora que estoy en mi casa en Caracas, sin pasiones, puedo decir que sigo creyendo en este país y su gente. Cada uno debe dar una idea para rescatar la paz. Si no comenzamos ya, la crisis nos comerá, sin remordimientos. Y hablo de la crisis de valores. Esa es peor aún que la económica.

[Tomado de http://eltoque.com/blog/venezuela-cara-cara-con-la-violencia.]

lunes, 12 de enero de 2015

Epidemiología para inexpertos: ¡Cuidado si te agarra la Chikungunya!


Eduardo Salazar

Despertar tranquilo para los venezolanos suena utópico por la cantidad de problemas que enfrenta la sociedad actualmente. Pero resulta que una mañana cualquiera hay nuevos detalles de los cuales aquejarse: te duele el tobillo, luego las muñecas y conforme transcurren las horas, mover las articulaciones del cuerpo supone una tragedia. La fiebre te alerta de que tienes algo malo y el malestar general te tumba. Lo anecdótico es que no tienes que ir al médico: la conserje o el vecino que es administrador del condominio del edificio te diagnostican sin error: “Eso es Chikungunya”.

La fiebre de Chikungunya, o artritis epidémica de la Chikunguña (así también se puede escribir en español), es una enfermedad que se originó en África occidental hace más de 50 años. Produce dolores muy fuertes en las articulaciones, provocando inmovilidad en muchos casos. La fiebre suele ser alta, alcanzando los 39 grados. Síntomas como náuseas, vómito, erupción y picazón en la piel, o dolor de cabeza se pueden manifestar. Este virus lo transmite un mosquito, el mismo que transmite el dengue. Su duración varía: algunos pacientes tardan semanas, otros meses y hay casos de personas que han padecido las secuelas de este cuadro viral por más de 2 años. Su curación es auto-resolutiva. Los médicos mandan tomar líquido y guardar reposo. Importante: cero bebidas alcohólicas.

Situación de la Chikungunya en Venezuela

El joven médico José Manuel Olivares, reconocido defensor de la salud pública en Venezuela, señala que el boletín epidemiológico por parte del Gobierno central no reporta aún Chikungunya, pese a que ésta es una enfermedad de reporte urgente, según la Organización Mundial de la Salud. Resalta que en su gremio manejan cifras de más de 1 millón y medio de pacientes con este virus en el país y, probablemente, asciendan a 5 millones en 2015.

La última cifra oficial la ofreció el vicepresidente de Desarrollo Social, Héctor Rodríguez, quien detalló que hasta ahora Venezuela ha registrado una disminución del 21% en los casos de dengue y del 5% en los casos de Chikungunya durante la última semana. Subrayó que “se encuentran registradas 83.587 personas afectadas por dengue y 32.893 pacientes con Chikungunya”. En la otra acera, la presidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología, Elia Sánchez, contradice al Gobierno señalando que “tenemos enfermedades reemergentes como son el dengue y la malaria que, en vez de disminuir, aumentan y no hemos podido controlarlas. También están las emergentes como el Chikungunya, que está pasando a ser una epidemia, como nos pasó con el H1N1 y todavía no la hemos podido contener".

Crisis en el sector salud

A juicio del doctor Enrique López Loyo, miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina, el Chikungunya ha alcanzado al país en medio de la peor crisis de la historia de la salud pública venezolana. Dice que la crisis “está asociada a la intervención de la llamada Misión Médica Cubana, cuya asesoría obsoleta y basada en manipulación de cifras epidemiológicas ha llevado a la debacle de nuestro sistema sanitario”. Además, apunta que "La situación de poca paga y menosprecio del profesional graduado en Venezuela ha generado que desde 2005 a la actualidad, hasta un 70% de médicos generales, especialistas y odontólogos egresados de universidades autónomas tradicionales hayan emigrado a España, Estados Unidos, Portugal, Chile o Ecuador, entre otros países."

La investigación que se llevó a cabo para este reporte arroja que la falta de medicamentos (el antipirético recomendado, reconocido como acetaminofen, escasea en la mayoría de farmacias), la poca fumigación y sin efectos duraderos (no se eliminan los criaderos) y, especialmente en zonas rurales o barrios bajos, el pésimo suministro de agua potable (que obliga a las personas a contener agua en recipientes, muchas veces, sin tapas o en condiciones no aptas) contribuyen a que el virus se haya propagado. El índice áerico (cantidad del mosquito transmisor por metro cuadrado) es elevado en comparación con el resto de América Latina.

La Chikungunya, ¿una enfermedad mediática?

Olivares enfatiza que “en cuanto a la salud, me niego a hablar si es juego mediático o no, pues la salud es una realidad del país”. Y es que, a día de hoy, mientras la vice-ministra de Redes de Salud Colectiva, Claudia Morón, rescata que los casos de Chikungunya han ido disminuyendo, es importante destacar que este Gobierno no está reconociendo las epidemias, tal y como aseguran los expertos consultados, y eso es grave, no sólo en el caso de la Chikungunya, sino en el de otras enfermedades.

La realidad es innegable: los ciudadanos en la calle te dicen que tienen Chikungunya o  lo han padecido, al igual que sus familiares o vecinos. También los médicos entrevistados aseguran que han contabilizado un gran número de afectados en los hospitales. Están todos los elementos de demostración de que hay una epidemia y, en efecto, no hay sólo unos pocos casos por los cuales no debamos preocuparnos. Entonces, es una burla a la gente, a la gente que hemos padecido esta enfermedad.

[Tomado de http://eltoque.com/blog/cuidado-si-te-agarra-la-chikungunya.]

viernes, 2 de enero de 2015

Opinión: Este 2015 en Venezuela… ¿QUÉ HAGO?


Eduardo Salazar

Normalmente, Venezuela es un país de gente emprendedora, incluso la economía popular es uno de los motores que lo impulsa. No obstante, las perspectivas para quienes desean abrir su propia empresa no son buenas, ni qué decir para los asalariados. Todo lo contrario. A juicio de especialistas vendrá más devaluación de la moneda, inflación, escasez y la inseguridad continuará galopante.Justamente, Jorge Roig, presidente de Fedecámaras (central empresarial), apunta que: “La inflación podría llegar al 120% en el 2015, si el Gobierno no toma medidas inmediatas”.

El panorama

A día de hoy, el dólar paralelo supera los 180 bolívares, mientras que el sistema oficial de cambio de divisas (a 50 bolívares por dólar) no liquida oportunamente a las empresas ni a las personas naturales.

Viajar al exterior se ha convertido en una odisea; conseguir los alimentos primordiales es sinónimo de colas; y a la hora de buscar un medicamento debe realizarse un tour de farmacias. Esta situación no es sólo en Caracas, pues en el interior es la misma historia. Esta Venezuela no es ni de lejos la que teníamos hace algunos años. Antes, los jóvenes pensaban en trabajar por su tierra. Ahora piensan en emprender, pero en el exterior.

Hasta la fecha, un millón doscientas mil personas se han marchado al exterior, según el embajador Oscar Hernández. La edad de los emigrantes oscila entre los 25 y los 40 años. El 90% son profesionales, el 40% posee maestrías y  el 14%, doctorados. El analista Luis Vicente León, en un estudio reciente, reseña que uno de cada 10 venezolanos está buscando información o haciendo los trámites que le permitan emigrar del país.

Hablan los jóvenes

Ante esta situación y con 2015 ya aquí, eltoque.com recogió las impresiones de los estudiantes de periodismo de la Universidad Santa María durante un taller sobre “El blog: fuente de emprendimiento en el periodismo”, impartido por el autor de este texto gracias a la invitación de la experta en Letras, Irene Montilla. Allí se pudo constatar que la mayoría de jóvenes se encuentra insatisfecha con la situación actual de Venezuela. Además, se muestran preocupados por su futuro profesional, pues los que ya laboran dicen que no les alcanza el dinero y quienes no trabajan aún ven con desesperanza el mercado.

La joven Andreína Vidoza fue una de las que dejó bien plantada su posición frente a lo que les espera a los profesionales el próximo año. Cree que las oportunidades de empleo no son favorables y el caso del emprendimiento es, a su juicio, sinónimo de misión imposible para la gran mayoría de jóvenes.

Cuando le tocó el turno al bachiller José Ignacio Contreras fue aún más contundente al respecto: “En años anteriores, (Venezuela) disfrutó de una increíble bonanza y reconocimiento. Era su época de las vacas gordas, pero esto ha quedado en el pasado. Ahora estamos en el tiempo de las vacas flacas, desnutridas, a punto de morir”. Él se muestra sin esperanza, pero el 85, 7% de la población total lo acompaña en su visión pesimista del país, según la reciente encuesta de Datanálisis.

El futuro de Venezuela

Muchos jóvenes piensan que el país dejó de creer en ellos, pero también comprenden que las soluciones están a la vista. Más allá de discursos, la salida de este túnel de oscuridad radica en las acciones que se lleven a cabo prontamente.

La democracia por encima de todo, por eso para el próximo año no se trata de que el Gobierno caiga, sino de que se apliquen los mecanismos necesarios que posibiliten una salida al conflicto y, sobre todo, que se pueda lograr que Venezuela salga a flote.

Aquí se poseen los recursos naturales y el talento humano que, junto a buenas estrategias del Estado, participación de empresas privadas y asambleas ciudadanas, permitan encausar a Venezuela en el 2015 superando la crisis económica, disminuyendo la inflación y regularizando la producción. De la misma manera, es urgente la depuración de los organismos estatales así como cero corrupción en las instituciones mediante la contraloría social, desde los tribunales hasta los entes fiscalizadores. Así los venezolanos creerán realmente que tienen patria.

En síntesis: en el taller mencionado anteriormente se recogió una apreciación interesante de la estudiante Estefanía Benítez: “Como todo en la vida, existen pros y contras. Enfócate en tu sueño y transfórmalo en tu misión de vida. Cuando se cierra una puerta, se abren miles, ¡abre tu propia puerta!”.

A fin de cuentas, así estamos todos los que pisamos esta tierra con tradición democrática y libertaria. Pero, sin importar si ya están en el extranjero o si permanecen aquí en Venezuela, los ciudadanos con pasaporte venezolano, a aquellos a quienes les palpita el corazón al oír un pasaje llanero o un calipso, al comer un pabellón criollo o, simplemente, al imaginar una playa de las costas caribeñas, tengamos fe en que dentro de poco seremos llamados para la reconstrucción nacional. Allí, sin excepciones, tendremos que acudir todos.

[Tomado de http://eltoque.com/content/venezuela-y-en-el-2015-que-hago.]

viernes, 26 de septiembre de 2014

En Venezuela se va en transporte público al ritmo de “entren, que caben 100”


Eduardo Salazar

El primer colectivo de transporte urbano que recorrió Caracas fue en 1913. Desde entonces, el crecimiento de la población ha sido vertiginoso: más de 9 millones de personas en el área de la ciudad y alrededores. 60% de los viajes que estas personas realizan lo hacen en “bus, metro, jeep o moto”.

Las preguntas a resolver: ¿Funciona el transporte urbano? y ¿Se ven las personas beneficiadas con el bus o el metro? Tantos especialistas, como los propios usuarios, nos revelan al respecto que la nación venezolana de poseer sistemas vanguardistas (en comparación con el resto del sub-continente), pasó ahora a ocupar la lista de países con mayor dificultad para trasladarse. crisis

Carolina de 30 años, se levanta muy temprano, a eso de las 4:30 de la madrugada. Ella vive en Petare (al este de Caracas), es educadora y fue asignada hace un par de años al Liceo Ávila en El Silencio, al otro lado de la ciudad.

Comienza a impartir clases a las 7.00 de la mañana, por lo que debe tomar un rustico (suerte de jeep que recorre los barrios bajos por su facilidad para trasladarse por lugares de difícil acceso) y, luego, el bus para llegar a su puesto laboral. Tarda más de 1 hora y media en el trayecto. A la vuelta, en algunas oportunidades camina, aproximadamente, cinco manzanas para moverse en el subterráneo, pero apunta: “Igual tardo casi dos horas, pierdo más de cuatro horas al día trasladándome”.

Su historia no termina ahí, pues resalta haber sido víctima de la delincuencia en más de dos oportunidades, mientras usaba el transporte público y, además, indica que las condiciones de las unidades no son óptimas: “Se quedan accidentadas, no tienen buena ventilación, se montan muchas personas a pedir dinero o vender cosas”.

Otra entrevistada, en una parada de buses de Las Palmas, contó que ella se traslada en bus, porque el Metro no llega a su casa (en Concresa), pero que, últimamente, y debido a los altos índices de inseguridad ya los transportistas no prestan servicios después de las 19.00 horas, puesto que “la delincuencia está desatada y roban muchísimo”.

Algo en lo que también coincide Augusto Mora, un “busetero” caraqueño que tiene más de 20 años en este oficio, aparte de los robos, asevera que no se consiguen los repuestos para sus buses lo que “imposibilita prestar un buen servicio… ¿Qué hacemos nosotros?, más bien deberían agradecer que seguimos trabajando y eso que el pasaje no cuesta nada para como están los precios de las cosas”.

Un pasaje en camioneta (denominación venezolana a los buses) está alrededor de 8 bolívares, lo que al cambio internacional sería 1 dólar con 20 céntimos ó 1 euro. Lo que es realmente bajo, si es comparado con el costo del boleto en el transporte público de España o Estados Unidos.

“La experiencia en el traslado por la ciudad a través de buses en otros países dan cuenta de confort, seguridad y disponibilidad a diferencia de Venezuela”, demandan los usuarios.

¿Qué ocurre?
La ingeniera Celia Herrera destaca que en el caso venezolano no se ha invertido en los últimos años en vialidad. Las autopistas en el interior del país como la de Oriente, la Regional del Centro o los corredores viales en plena capital, lucen deteriorados, pues desde que fueron inaugurados por allá en los años 60 han recibido poco o nada de mantenimiento. La especialista también comenta que es importante que se establezca una Ley de Transporte Terrestre ajustada a los tiempos que corren, que busquen beneficiar a los “de a pie”, y no sólo a los que tienen vehículo.

[Tomado de http://eltoque.com/content/en-venezuela-se-va-en-bus-o-en-metro-al-ritmo-de-entren-que-caben-100.]


jueves, 31 de julio de 2014

El secuestro express


Eduardo Salazar

El relato de un secuestro en Venezuela es común en una conversación entre amigos. La muerte natural tiene competidores: puede venir acompañada de un rapto, una deuda, un robo o una simple discusión por una mujer o por un resultado de un partido de fútbol.

La noche estaba más oscura que de costumbre. A través de los cristales del vehículo se veía poco o nada, sólo luces a lo lejos, pero no eran distinguibles. Una pistola amenazante en la boca disipaba toda posibilidad de diálogo. Tres hombres protagonizaban este episodio tormentoso en el que a uno de ellos se le había cercenado la oportunidad de decidir su camino. Con la libertad vapuleada hasta la médula, lo retuvieron durante 6 horas hasta que le quitaron el dinero, y todo aquello que llevaba consigo. “No lo mataron gracias a Dios”, dirían después amigos y familiares.

Es decir, aparte de llevar a cuestas un temor que lo acompañará el resto de sus días, también debía apartar un poco de tiempo para agradecer a la divinidad. Como él muchos en Venezuela, pero también otros en países como Colombia o México, han tenido que pasar por el mal momento de sentirse contra la pared, sin derechos, sin alternativas. Abandonados.

El secuestro express, un vaivén con la muerte 

Según expertos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas en Venezuela, existen 3 modalidades de secuestro. En todos los casos, las personas son privadas de su libertad por un grupo de criminales debidamente organizados,  seguidamente piden rescate a los familiares, en la mayoría de casos se trata de altas sumas de dinero y en el supuesto de no acceder a la entrega del soborno dan muerte a la víctima.

Esta modalidad de rapto a su vez, se divide en dos; la primera es aquella que llevan a cabo grupos organizados, o mafias dedicados al secuestro. Precisamente, en el Foro de Convivencia y Seguridad Ciudadana de la Universidad Monte-Ávila se indica que gran parte de estas redes están conformadas por funcionarios, policías o militares, algunos todavía en activo y otros retirados ya de sus cargos.

La segunda arista obedece a lo que es denominado “hampa común” – o sea, no corresponden a organizaciones – sino hombres o mujeres que se dedican a cometer estos delitos. Estos delincuentes suelen ser más peligrosos, pues al no estar adiestrados o no tener objetivos marcados no dudan en atentar contra la integridad física del secuestrado, sin importar absolutamente nada. Lo alarmante, pero nada sorprendente, es que el 90 % de este tipo de secuestradores son jóvenes. El dato no causa impresión debido que en los barrios marginados la mayoría de delincuentes son adolescentes. Sus padres ya no viven, sus madres resisten. Sus hermanos no cuentan. La familia completamente desestructurada. Distintas ONG´s señalan que la esperanza de vida en los “cerros“ es de 25 años.

La tercera posibilidad de secuestro, es la conocida como “express”. Tal y como lo revela el término, consiste en raptar a un individuo y “ruletearlo” (trasladarlo) por la ciudad. Se trata de dar vueltas por la ciudad en busca de cajeros desde donde sacan el dinero de las cuentas bancarias de sus víctimas. En esta modalidad, no sólo preocupa que sean jóvenes los que comentan el delito, sino que buena parte de los afectados, son también jóvenes, presas fáciles para estos criminales porque llevan un estilo de vida más nocturno o incluso están desprevenidos y poco cautelosos.

Bárbara Pérez, de 24 años de edad, cuenta que se encontraba saliendo de su oficina en el este de Caracas, cuando fue interceptada por motorizados. Tras abordar éstos su vehículo fue manoteada y amordazada, para luego emprender un viaje, que duraría al menos 4 horas, a lugares que hoy no recuerda. En total, lograron sustraerle 15 mil bolívares, y su vehículo que hasta el momento no ha sido recuperado a pesar de haber presentado una denuncia. Bárbara afirma: “es una experiencia que no quieres volver a vivir, nadie debería pasar por eso. Fue hace dos años pero nunca he podido volver a caminar normal por la ciudad, siempre ando alerta y aún sufro de insomnio post traumático”.

De la misma manera, le ocurrió este fin de semana a “Fernando” pero con menos suerte, puesto que fue secuestrado en San Martín para despojarlo de su automóvil; recibió 25 disparos al intentar huir.

Víctimas al azar

No importa la zona, ni la región, cualquiera de los ciudadanos que habitan en Venezuela podría ser la próxima víctima de esta lamentable calamidad. Por ejemplo, uno de los lugares de Caracas más afectados se ubica en el oeste, específicamente, en el municipio Libertador. La investigadora Natalia Matamoros, señala que como consecuencia de invasiones de edificios en San Bernardino, se registran entre 5 y 6 secuestros express por semana, y un promedio mensual de 20. Tachira, Zulia, Carabobo, Mérida y Barinas, aparte de Caracas, son los estados que registran el más alto índice de secuestros express en Venezuela.

Caracas, una ciudad de riesgo

En la capital venezolana se contabiliza el mayor número de casos de violencia; en lo que va de año, al menos fueron asesinadas 2.225 personas. Las cifras oficiales no existen, aunque diversos veedores regionales apostados en el país dan cuenta de una situación de deterioro en la infraestructura de seguridad y los ciudadanos estaría abandonados a su suerte. Hasta la fecha, se han llevado a cabo más de 60 secuestros express. Cada fin de semana mueren víctimas de la violencia entre 30 y 50 persona y otras 100 sufren atracos. 

El secuestro y el homicidio están ligados entre sí, ambos van acompañados de violencia y la gravedad radica en los jóvenes son los más afectados y por consiguiente el futuro de la nación.

[Fuente: http://eltoque.com/texto/el-secuestro-express.]

viernes, 18 de julio de 2014

Crisis funeraria: Ni a morir se tiene derecho en este país


Eduardo Salazar

¿Cómo se le explica a un padre que su hijo fallecido no puede ser enterrado porque la producción de ataúdes está a la mitad, debido a la carencia de latón?

A Gloria, de unos 50 años, le tocó de sopetón enfrentar la muerte de su único hijo el pasado fin de semana, tras un enfrentamiento entre bandas delictivas en Petare. Pero ella, no sólo debió llorar a su cría y desgarrarse en carne viva a la vera del cuerpo sin vida de su hijo, yacido a unas dos cuadras de su casa, luego de un tiroteo entre bandas de ese sector caraqueño. Pues cuando apenas pudo recomponerse, y “refugiarse en Dios”, tuvo que lidiar con la burocracia de retirar el cadáver en la morgue de Bello Monte y, a la postre, ir de funeraria en funeraria para velarlo; y, como si esto fuera poco, “suplicar por una urna… no hay urnas… dicen que no hay material, mi hijo no es un animal”. Luego de algunas horas, logró ubicar un ataúd en un pueblo aledaño a la capital venezolana y, por fin, despedirse frente a la tumba de quien era el hombre de su casa.

Realidad

Después de una procesión por distintas funerarias del oeste de Caracas, se pudo constatar la dificultad que tienen las capillas para prestar el servicio velatorio a las familias que han perdido a uno de sus integrantes. El principal problema, según Gerardo, dueño de una funeraria del barrio La Paz (que no quiso dar su verdadera identidad como la mayoría de entrevistados), es la falta de material para la fabricación de ataúdes, pues normalmente la demanda exige los que son de latón, debido a que las urnas de maderas son muy costosas.

jueves, 5 de junio de 2014

Mi amigo el inmigrante


Eduardo Salazar

Carmen Méndez tuvo miedo cuando su hija Natalia dejó su pueblo natal (San Carlos) para irse a estudiar a una ciudad cercana: Valencia, en el centro de Venezuela. Esta chica se despidió de su madre con la idea de no volver. Dejaría todo en el lugar en el que nació para emprender una nueva vida, con la firme idea de licenciarse en Arquitectura y lograr sus sueños de ser una súper mujer en la metrópoli a la que se había mudado. Y lo logró. 25 años después mira hacia atrás y con varias maquetas en su haber, una hija y el “esposo perfecto” ve el pasado con melancolía pero con el rostro fresco, ese que refleja la paz de haber intentado lo que anhelaba.

La madre de Natalia ya no está, pero su recuerdo lo tiene intacto y latente, pues hoy le toca a ella ver partir a su "pequeña", Viviana, de 21 años edad. La diferencia es que no se muda a otra ciudad venezolana sino que se va del país, como miles de chicos y chicas más que no creen que aquí haya oportunidades “para todos”.

Según un estudio reciente, aproximadamente unos 100 mil jóvenes se han marchado de Venezuela en la búsqueda incesante, no tanto de sueños, sino de esperanzas de vida. Los destinos favoritos son Estados Unidos de América y España. Un 80 % de los jóvenes encuestados aseveran que volverán al país y albergan la esperanza de que las condiciones sean más favorables en los próximos años.

A cruzar el charco

Viviana parte a Dublín (Irlanda) como una gran cantidad de venezolanos que encuentran en este país del viejo continente una opción para estudiar inglés, e intentar trabajar …y si es posible, quedarse. Así sin tanto adorno: “me voy a Europa para probar suerte”, en su afán por explicarnos las razones que la llevaron a tomar la decisión de dejar su familia explica que “aquí no se puede vivir bien… yo acabó de graduarme y con lo que ganaba como una ingeniero en sistemas que soy no me alcanza ni siquiera para alquilar un apartamento”, pese a que admite tener miedo: “me aterra ser ilegal en otro país, definitivamente, siempre me apegaré a las leyes”.

De la misma manera nos cuenta su historia Kike, de 25 años, quien hace ya 5 recorrió el planeta hasta aterrizar en Melbourne, Australia. En la actualidad tiene automóvil propio, rentó una casa en una zona tranquila y está a punto de licenciarse como enfermero. A su juicio, haberlo dejado todo ha sido la mejor decisión: “cuando me vine pensé que todo mejoraría allá (en Venezuela) y podría volver, pero según como están las cosas ahora me quedo aquí sin planes de regresar”.

Venezuela nunca había sido un país que exportara ciudadanos, al contrario, era refugio de extranjeros y destino ideal de empresarios. Incluso con todos los problemas que existen todavía se siguen recibiendo a inmigrantes.

Un corto audiovisual hace dos años anticipó lo que se convertiría en un éxodo masivo de jóvenes venezolanos: “Caracas, ciudad de despedidas”. Ampliamente criticado en internet, este documental hecho por un grupo de chicos que veían con preocupación la partida de sus amistades todos los meses, tocó los cimientos de una sociedad eminentemente incrédula. Algunos programas de la TV oficial ridiculizaron este trabajo, que si bien no recogía las impresiones de la población en general, sí fue parte de la crónica de una fuga de talento anunciado. De pronto, es fácil volverse camarada de un extranjero – con papeles o no – sin embargo, es muy difícil asimilar que nuestros amigos se han vuelto inmigrantes, tan lejos de nosotros.

¿Qué quieren los jóvenes?

Lo que más reclaman los chicos, son mejoras en las Universidades. Y, que luego de obtener el título puedan acceder al campo laboral. Justamente, el grupo juvenil del partido opositor, Primero Justicia, anunció que “unos 500 mil jóvenes buscan su primer empleo”. Además, otros dirigentes han señalado que la situación de las casas de estudios universitarios es deplorable.

Pero, la apertura universitaria tiene sus defensores, recientemente en un portal web Zonia Linares, indicó que “Desde que Hugo Chávez, puso la educación como una de las grandes prioridades en el país, esos mitos de los genios que eran los que tenían el derecho a la educación quedaron atrás…”. De la misma forma, el Gobierno señaló hace poco que se ha incrementado en 50 % las becas universitarias, además rescatan que la oferta académica es mayor en el 2014, que hace 10 años.

El líder juvenil de Un Nuevo Tiempo, Diego Scharifker, muestra preocupación por el tema y resume en que se “ha convertido en una constante de mi generación”, y tal como lo narra la joven Castro, “hay que arriesgar ahora que puedo, mejor morir en el intento que frustrarse por no hacerlo”. Y eso, parece que hacen cada día más “chamos” que ven en Londres, Atlanta, Buenos Aires, Sidney y Toronto las posibilidades para tener una vida con seguridad, y un trabajo que les permita vivir “decentemente”: “pese a todas las trabas que nos ponen para salir, como Cadivi (ahora Cencoex) o los altos costos de los pasajes”, replica Kike vía Skype.

La fuga de cerebros resta posibilidades de producción y crecimiento económico

También hay quienes se quedan como el estudiante de turismo Esteban Martínez, de 20 años: “Si nos vamos todos, ¿quién salva a Venezuela?”. Una pregunta bastante interesante. Hay millones de personas que siguen apostando a estas tierras bañadas por el Caribe, mientras algunos se aventuran a respirar nuevos aires, darse el chance de ver otras cosas, adaptarse a climas y menús gastronómicos diferentes, aprender nuevos idiomas o cambiar el acento. Lo que también es válido. Dios quiera que logren sus sueños, y cuando los consigan regresen a estas tierras a contárnoslos, y poner en práctica lo que han aprendido. Y así no esté Natalia esperando en la ventana que vuelva su hija.

A los que se van “suerte”, los que vuelvan serán siempre “bienvenidos”. Y, aquellos quienes se quedan no olvidar que tienen el futuro de la nación en sus manos. En síntesis, esperemos que los jóvenes, tal como han confesado la mayoría, estén en tránsito tanto como Venezuela entera.

[Fuente: http://eltoque.com/content/mi-amigo-el-inmigrante.]


viernes, 23 de mayo de 2014

La escasez de fármacos en Venezuela: sufriendo el remedio y la enfermedad


Eduardo Salazar

“Usted tiene sarna” fue el diagnóstico tras buscar los síntomas que tenía en Google. Cualquiera se asusta, hasta la palabra suena poco higiénica. ¡Vaya! ¿Qué he hecho yo para merecer esta alergia que pica y pica sin detenerse? Es un cuadro médico que se repite en millones de personas. La producen los ácaros y su nombre técnico es “escabiosis”. Pasa el tiempo, continúas igual y acudes al médico. El dermatólogo dice que no es sarna, sino dermatitis causada por los gases lacrimógenos a los que estuve expuesto mientras ejercía el periodismo en Caracas durante estos meses de protestas. Pero lejos de ser un alivio se convirtió en una preocupación, pues tuve que ir a más de 17 farmacias para encontrar los medicamentos que me había recetado el especialista.

Tour por Caracas

Este diagnóstico (y aprovecho para no recomendar “examinarse por Internet”) me enfrentó a la realidad que en estos momentos atraviesa Venezuela: la escasez de fármacos. La experiencia de ponerse en la piel del otro siempre es buena para comprender la situación sin pasiones, ni parcialidad política, sino como “un ciudadano más”.

Todos sufren por la misma razón. Tanto los pacientes con enfermedades crónicas como los que tienen un dolor de cabeza o un herpes, todos por igual tienen que hacer un tour por las boticas de Venezuela, pues escasean analgésicos como el ibuprofeno o incluso cremas vaginales o para quemaduras y antibióticos.

Bárbara Sánchez, de 22 años de edad no consigue anticonceptivos regulados y su madre Carmen se queja por la falta de óvulos u hormonas. Por su parte, Gloria Castro, de unos 30 años, no consigue los medicamentos para la tensión y de la misma manera, nos enteramos de que no hay Digoxina para las afecciones cardíacas. Ni Diovan, para problemas cardíacos, Cetiriza para alergias o Ivermectina para enfermedades de la piel.

El gerente de una de una farmacia ubicada en Chacao reveló (bajo el anonimato) que cada dos o tres días los laboratorios los surten de algunos fármacos, una cantidad mínima, la cual satisface sólamente a tres o cuatro personas. Además, nos indicó que hay listas para que los clientes se registren e informarles cuando lleguen los productos que requieren con urgencia.

Datos aportados por la Federación de Farmacéuticos de Venezuela indican que son más de 15 las enfermedades para las que no hay medicamentos hoy en día: cáncer, arritmia, neoplasias, trastornos de ansiedad, depresión, epilepsia, hipertensión, gastritis, amibiasis, insuficiencia cardíaca, tensión alta, dermatitis, otros.

Alarma

Cecilia, de 43 años de edad, nos mira con cara de “no sé qué hacer” en una farmacia en Sabana Grande. Necesita su tratamiento para cáncer de pulmón y no lo consigue. Al saber que se trata de RNW, hace un llamado al Gobierno Nacional para que resuelva la situación a la brevedad.

Otra ilustración de lo que aquí ocurre es que chicos y chicas buscan condones y tampoco los encuentran, lo cual supone una preocupación extrema porque ante la falta de estos productos se podrían elevar las infecciones de transmisión sexual y, en mayor medida, el VIH.

Medicamentos por Internet… ¿Desesperación que podría llevar directamente a la muerte?

La Cámara Venezolana del Medicamento (Caveme) hace un llamamiento para que las personas no compren medicamentos por Internet que sean de dudosa procedencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que el 50 % de los fármacos vendidos por la Red son falsos. En la coyuntura en la que se encuentra el país, muchos de los entrevistados aseguran que han acudido a portales web para adquirir medicinas, lo que podría poner en riesgo su salud.

Recientemente, en el foro “Venciendo la sombra de la propiedad intelectual”, la directora de asuntos técnicos de Caveme, Mercedes Santana, relató que ante la escasez en el sector farmacéutico en Venezuela se han incrementado grupos organizados y particulares que ponen a disposición de algunos pacientes “desesperados y desprevenidos” medicamentos ilegales.

El llamado de las autoridades apunta a que la población no se preste a este tipo de prácticas comerciales que pone en riesgo su salud. Los fármacos ilícitos están presentes en todo el mundo y, en este sentido, la OMS señala que Asia es el continente donde se más se comercializan medicamentos falsos.

¿Cuándo se solucionará el problema?

El Palacio de Miraflores publicó una lista de medicamentos esenciales en la que dispuso qué fármacos podrían ser vendidos en los establecimientos de salud del Estado. Además se ha reunido con diversas casas farmacéuticas para acelerar la producción de medicamentos, aunque expertos señalan que esto no solucionará el problema si no se  liquidan divisas para la fabricación de fármacos o importación de las materias primas.

El Gobierno parece estar haciendo frente al problema. Esta semana en Suiza el ministro venezolano de salud, Francisco Armada, instó a los países miembros del Movimiento de los No Alineados a desarrollar esquemas en el marco de la Cooperación Sur-Sur para la formación de médicos y garantizar el acceso a los medicamentos e insumos que dignifiquen los servicios de salud.

En la misma estrategia de abastecer a las farmacias, el Poder Ejecutivo venezolano importó desde Uruguay una serie de medicamentos (antibióticos, drogas oncológicas y antirretrovirales, entre otros), después de admitir el déficit de medicinas en Venezuela que afecta en mayor medida a los pacientes oncológicos y a aquellos que urgen de fármacos radio-activos.

Ni sarna se puede tener

El panorama nos deja ver que sí se están activando poco a poco los mecanismos para acelerar la producción o importación de fármacos al igual que ocurre con otros sectores de la nación.

Son justamente los ciudadanos de a pie los que más sufren las consecuencias de malas políticas públicas o de la corrupción o golpes económicos sistemáticos. Al final de cuentas, a los venezolanos no les importan los culpables, para ellos lo más importante es hacerse de los productos “vitales” para su organismo.

Yo me declaro uno de esos venezolanos. Después de “pasear por farmacias y más farmacias” finalmente encontré los productos que requería. En una última interlocución, me dice una señora al oírme contar mi odisea a la vendedora: “yo sí tengo sarna, es el ambiente…, pero es lo de menos, mi esposo tiene problemas del corazón y no consigue la medicina”.

Me dejó sin más qué decir, ambos pagamos y nos marchamos. Espero que en unos meses ningún otro venezolano tenga que hacer un tour de farmacias por la ciudad y que aproveche su tiempo en cosas más productivas para el país.

[Fuente: http://eltoque.com/content/el-niagara-en-bicicleta.]


Ser gobernado es...

Charla: El Anarquismo en América Latina

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