Abraham Coiman
Durante el transcurso de las últimas décadas, resulta realmente sorprendente como una región del mundo cuya economía se basaba en el desarrollo sustentable local bajo premisas de conservación y protección de los recursos locales, así como de sus raíces milenarias ancestrales, se haya convertido de la noche a la mañana en uno de los grandes emporios del sistema capitalista mundial.
Me refiero en este caso al famoso y mayor “Tigre Asiático”; China. Cifras muestran que este país es la segunda potencia económica del mundo en cuanto al PIB (Producto Interno Bruto) nominal. No obstante, es todavía una economía pobre en términos de PIB per cápita, por debajo del puesto número 100. En China al igual que muchos otros países del mundo con economías basadas en el sistema capitalista, existen desigualdades sociales, industrias sobredimensionadas, contaminación medioambiental insostenible, entre otros.
Sin embargo, el tema del presente artículo no se basa en hacer un análisis exhaustivo de la economía de este país asiático, aunque sería un punto de interés desde la perspectiva de develar los entretelones de un país “socialista-capitalista”, en donde existe una clase media con modelos de consumo iguales a los de la clase media estadounidense, y en donde se ejerce presión sobre los recursos ambientales hasta su agotamiento a favor de la reproducción desmesurada del capital.
