Madeleine Stone
En las bahías arenosas que bordean el litoral sudoccidental de Inglaterra, los recolectores pueden encontrar una gran variedad de piedras, desde guijarros hasta bloques pesados, esparcidas entre otros restos que han llegado flotando. Tienen un aspecto más bien mediocre: una paleta de grises con algún que otro toque de color, de superficie suave y bordes redondeados.
Pero al empezar a recogerlas, uno enseguida descubre que estas rocas aparentemente anodinas no son rocas. Son piroplásticos, una nueva forma de contaminación por plástico que ha sido transformada por el fuego. Su apariencia confunde incluso a los geólogos. Para Andrew Turner, científico medioambiental de la Universidad de Plymouth que describió esta sustancia en un reciente estudio publicado en Science of the Total Environment, esto sugiere que los piroplásticos podrían ocultarse a plena vista por todo el planeta. «Como parecen geológicos, uno puede pasar junto a cientos de ellos sin darse cuenta», afirma Turner.
En las bahías arenosas que bordean el litoral sudoccidental de Inglaterra, los recolectores pueden encontrar una gran variedad de piedras, desde guijarros hasta bloques pesados, esparcidas entre otros restos que han llegado flotando. Tienen un aspecto más bien mediocre: una paleta de grises con algún que otro toque de color, de superficie suave y bordes redondeados.
Pero al empezar a recogerlas, uno enseguida descubre que estas rocas aparentemente anodinas no son rocas. Son piroplásticos, una nueva forma de contaminación por plástico que ha sido transformada por el fuego. Su apariencia confunde incluso a los geólogos. Para Andrew Turner, científico medioambiental de la Universidad de Plymouth que describió esta sustancia en un reciente estudio publicado en Science of the Total Environment, esto sugiere que los piroplásticos podrían ocultarse a plena vista por todo el planeta. «Como parecen geológicos, uno puede pasar junto a cientos de ellos sin darse cuenta», afirma Turner.





