Gabriela Buada (Red de Apoyo por la Justicia y la Paz)
“Seguro están tan golpeados que los tienen escondidos hasta que se les borren los moretones” decía el señor Pedro Silva y al mismo tiempo buscaba en el mapa google el posible paradero de su sobrino. Pasaron varios días cuando estas esperanzas se borraron, aparecieron 12 cadáveres en una fosa común en Barlovento. Ya todo había pasado, ya se sabía que estaban muertos.
Muchas son las denuncias de violación de los derechos humanos que ha atendido la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz a lo largo de más de sus treinta años de trabajo. Pero, la de la masacre de Barlovento es sin duda, un horror, una tragedia que ocupa a la organización en su mayor capacidad desde el primer momento de la denuncia realizada por los familiares apenas asumían que los jóvenes no estaban detenidos, sino desaparecidos.
“Seguro están tan golpeados que los tienen escondidos hasta que se les borren los moretones” decía el señor Pedro Silva y al mismo tiempo buscaba en el mapa google el posible paradero de su sobrino. Pasaron varios días cuando estas esperanzas se borraron, aparecieron 12 cadáveres en una fosa común en Barlovento. Ya todo había pasado, ya se sabía que estaban muertos.
Muchas son las denuncias de violación de los derechos humanos que ha atendido la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz a lo largo de más de sus treinta años de trabajo. Pero, la de la masacre de Barlovento es sin duda, un horror, una tragedia que ocupa a la organización en su mayor capacidad desde el primer momento de la denuncia realizada por los familiares apenas asumían que los jóvenes no estaban detenidos, sino desaparecidos.


