Grupo Anarquista Higinio Carrocera (Asturias)
Asistimos a una degradación vertiginosa de la vida social, que se presenta como las piezas de un puzzle, como trocitos de la misma imagen. En Estados Unidos “the angry white men”, los hombres blancos cabreados, han conseguido imponer su discurso y colocar a los mandos a una caricatura de sí mismos. Si es la hora de ahorcar, ahorquemos, parecen decir. Los estadounidenses han aceptado más o menos de forma consensuada que ese hombre, Trump, Así que tenemos a un violador vocacional (acumula denuncias, ha reconocido públicamente que cometió agresiones sexuales) al que no es que se le perdonen sus crímenes, se le elige precisamente por ellos.
En el otro extremo del planeta, en Rusia, un magnate ha decidido grabar un programa de televisión inspirado en los Juegos del Hambre, donde los participantes podrán matar, violar y mutilar. Todos firmarán, por su puesto, su libre consentimiento. Así lo anuncian a bombo y plantillo los medios de comunicación. Y ante la noticia, en las barras de los bares, el tertuliano mueve la cabeza, se queda un momento en blanco y luego balbucea: “hay gente pa’tó”.
Asistimos a una degradación vertiginosa de la vida social, que se presenta como las piezas de un puzzle, como trocitos de la misma imagen. En Estados Unidos “the angry white men”, los hombres blancos cabreados, han conseguido imponer su discurso y colocar a los mandos a una caricatura de sí mismos. Si es la hora de ahorcar, ahorquemos, parecen decir. Los estadounidenses han aceptado más o menos de forma consensuada que ese hombre, Trump, Así que tenemos a un violador vocacional (acumula denuncias, ha reconocido públicamente que cometió agresiones sexuales) al que no es que se le perdonen sus crímenes, se le elige precisamente por ellos.
En el otro extremo del planeta, en Rusia, un magnate ha decidido grabar un programa de televisión inspirado en los Juegos del Hambre, donde los participantes podrán matar, violar y mutilar. Todos firmarán, por su puesto, su libre consentimiento. Así lo anuncian a bombo y plantillo los medios de comunicación. Y ante la noticia, en las barras de los bares, el tertuliano mueve la cabeza, se queda un momento en blanco y luego balbucea: “hay gente pa’tó”.
