Giorgio Sacchetti
Estimulante y bien argumentado, el artículo "Ideología, utopía y pseudoutopía" escrito por Enrico Voccia (Tierra y Libertad 353, diciembre 2017) se presta bien como apunte para posteriores profundizaciones críticas. En particular, nos parece que puede ser útil e interesante para los lectores hacer algunas focalizaciones sobre el concepto mismo de "ideología", sobre sus peculiaridades típicas del siglo XX y sobre sus criminales mecanismos antilibertarios.
Todo sucede mientras la guerra europea está devastando las "estructuras" mentales y sociales preexistentes. Y precisamente en esos años el corpus teórico se resetea englobando los legados ideológicos decimonónicos (ideas imperiales racistas, pensamiento liberal democrático, socialista revolucionario, conservador-nacional), aunque se compagina sobre todo con la civilización moderna en la que está inmerso. La ideología es ideología de progreso, sin lugar a dudas; la ciencia se convierte en instrumento del poder político, aportando el elemento escénico de una comunicación institucional basada en el fideísmo tecnicista y pseudocientífico como en los casos del comunismo de Estado y del nacionalismo. Élites tecnocráticas dominarán incluso el mismísimo ambiente político en los sistemas democráticos, sistemas en los que el peso de los técnicos crece de forma imparable sustrayéndose a cualquier control de las asambleas parlamentarias.
Estimulante y bien argumentado, el artículo "Ideología, utopía y pseudoutopía" escrito por Enrico Voccia (Tierra y Libertad 353, diciembre 2017) se presta bien como apunte para posteriores profundizaciones críticas. En particular, nos parece que puede ser útil e interesante para los lectores hacer algunas focalizaciones sobre el concepto mismo de "ideología", sobre sus peculiaridades típicas del siglo XX y sobre sus criminales mecanismos antilibertarios.
Todo sucede mientras la guerra europea está devastando las "estructuras" mentales y sociales preexistentes. Y precisamente en esos años el corpus teórico se resetea englobando los legados ideológicos decimonónicos (ideas imperiales racistas, pensamiento liberal democrático, socialista revolucionario, conservador-nacional), aunque se compagina sobre todo con la civilización moderna en la que está inmerso. La ideología es ideología de progreso, sin lugar a dudas; la ciencia se convierte en instrumento del poder político, aportando el elemento escénico de una comunicación institucional basada en el fideísmo tecnicista y pseudocientífico como en los casos del comunismo de Estado y del nacionalismo. Élites tecnocráticas dominarán incluso el mismísimo ambiente político en los sistemas democráticos, sistemas en los que el peso de los técnicos crece de forma imparable sustrayéndose a cualquier control de las asambleas parlamentarias.

