Luis Acuña
En Venezuela la arrogancia es un valor que se mide en el tamaño de las bolas. Todos queremos ser el más arrecho, el más vivo, el que tiene la razón siempre y jamás se equivoca. Nos valoramos por el tamaño de nuestras bolas. No nos dejamos tocar la “carita” ni mentar la madre. No te dejes joder es un mantra que nos repiten en nuestras casas desde pequeños; si te vuelven a pegar dale su buen carajazo para que aprenda a respetar. El respeto, pues, se gana a golpes y patadas. Nada de andar razonando ni dialogando. Y en estos años de involución ésa ha sido la bandera en la política. Lo que aplauden de un lado y lo que anhelan del otro. Eso sí, que no se nos ocurra señalarlo, eso es de mariquitos entregados, acá todos somos pacíficos y humildes.
Mientras tanto el país se encuentra hundido en una de las peores crisis económicas de la historia contemporánea a pesar de haber coincidido con una de las mayores bonanzas vividas por el país. Escasez, inseguridad, violencia, corrupción e impunidad son el verdadero legado de Chávez. Pero la oposición no está libre de pecados. Se han cometido y se siguen cometiendo errores costosos desde la arrogancia de quien se cree dueño de la razón.
El gobierno (y sus seguidores)
Si algo ha caracterizado al chavismo es su carácter excluyente. Desde Chávez hacia abajo todos en alguna vez han expresado que o se está con el Gobierno o se es un traidor, apátrida y demás descalificativos con los que se suele atacar a la oposición y la disidencia en general. Tanto es así que si leemos cualquier artículo “crítico” al gobierno en Aporrea lo más seguro es que el primer párrafo arranque con un “yo siempre he apoyado al Comandante y amo su legado pero…” y termine con un “Los fascistas no volverán”. Siempre les queda ese miedito a ser señalados como traidores a la patria y quedarse sin sus privilegios.
En Venezuela la arrogancia es un valor que se mide en el tamaño de las bolas. Todos queremos ser el más arrecho, el más vivo, el que tiene la razón siempre y jamás se equivoca. Nos valoramos por el tamaño de nuestras bolas. No nos dejamos tocar la “carita” ni mentar la madre. No te dejes joder es un mantra que nos repiten en nuestras casas desde pequeños; si te vuelven a pegar dale su buen carajazo para que aprenda a respetar. El respeto, pues, se gana a golpes y patadas. Nada de andar razonando ni dialogando. Y en estos años de involución ésa ha sido la bandera en la política. Lo que aplauden de un lado y lo que anhelan del otro. Eso sí, que no se nos ocurra señalarlo, eso es de mariquitos entregados, acá todos somos pacíficos y humildes.
Mientras tanto el país se encuentra hundido en una de las peores crisis económicas de la historia contemporánea a pesar de haber coincidido con una de las mayores bonanzas vividas por el país. Escasez, inseguridad, violencia, corrupción e impunidad son el verdadero legado de Chávez. Pero la oposición no está libre de pecados. Se han cometido y se siguen cometiendo errores costosos desde la arrogancia de quien se cree dueño de la razón.
El gobierno (y sus seguidores)
Si algo ha caracterizado al chavismo es su carácter excluyente. Desde Chávez hacia abajo todos en alguna vez han expresado que o se está con el Gobierno o se es un traidor, apátrida y demás descalificativos con los que se suele atacar a la oposición y la disidencia en general. Tanto es así que si leemos cualquier artículo “crítico” al gobierno en Aporrea lo más seguro es que el primer párrafo arranque con un “yo siempre he apoyado al Comandante y amo su legado pero…” y termine con un “Los fascistas no volverán”. Siempre les queda ese miedito a ser señalados como traidores a la patria y quedarse sin sus privilegios.
