Humberto Decarli
Los recientes comicios en los Estados Unidos presentaron una caracterización específica. Primero, una ingente participación, a contrapelo de la abstención tradicional del electorado de ese país. Segundo, una marcada polarización en torno a los dos candidatos de los partidos tradicionales, con estilo diferente pero la misma esencia. Tercero, la votación del ganador se debió a un voto de protesta contra Donald Trump, más allá de su esfuerzo con escaso carisma y pésima imagen. Este último candidato, a pesar de caer derrotado, tuvo una votación estimable que trascendía los sesenta millones. Cuarto, el liderazgo fue el reflejo de la crisis en este renglón en el norte. Dos abanderados sin ningún peso específico. Quinto, el contenido de la discusión fue escaso y abundaron los denuestos promovidos por el republicano. Sexto, el empresario proveniente del espectáculo expresó un discurso soez, superficial y provocador. La moderación y el equilibrio brillaron por su ausencia.
