Everth Provoste
Una de las características de nuestra ideología es el internacionalismo. Pero dicho concepto, como también su praxis, críticamente, constituyen una contradicción. En efecto, es casi imposible practicar el internacionalismo, en primer lugar, porque somos anarquistas y, en segundo lugar, a causa de la barrera de los idiomas: el anarquista ruso debe aprender español, nosotros debemos aprender ruso o, en conjunto, debemos comunicarnos por medio del inglés. Sin embargo, ustedes se preguntarán: ¿qué diantre tiene que ver nuestra calidad de anarquistas con respecto a la imposibilidad de practicar el internacionalismo, si eso del idioma es una perogrullada? Para responder aquella pregunta debo decir primero que ambas cosas son aparentemente opuestas, mas inherentes en el fondo, para responder aquella pregunta citando la historia. El anarcoesperantista francés Eugeno Lanti fue quien creó la sabia idea de que los anarquistas no debemos practicar el internacionalismo, sino que debemos practicar el anacionalismo; internacionalismo es la relación entre naciones, entre Estados, o entre personas que están a favor de la existencia de los Estados, mientras que el anacionalismo es la relación entre personas que no están a favor de la existencia de los Estados: por aquella razón me declaro anacionalista. No obstante, aclarar la diferencia entre internacionalismo –marxista– y anacionalismo –anarquista– no es suficiente, porque aún no podemos relacionarnos anacionalmente con el anarquista que vive en Rusia o con aquella y aquél que viven en China. Eugeno Lanti, como dije antes, fue anarcoesperantista. Ser, anarcoesperantista, es creer es nuestra ideología y, además, practicar y difundir la práctica del esperanto. El esperanto es el idioma universal de quienes tienen la esperanza de ver un mundo distinto, en donde todos puedan entenderse con el uso de una lengua fácil de aprender y de hablar, y en donde toda la humanidad viva igualitariamente feliz.
Una de las características de nuestra ideología es el internacionalismo. Pero dicho concepto, como también su praxis, críticamente, constituyen una contradicción. En efecto, es casi imposible practicar el internacionalismo, en primer lugar, porque somos anarquistas y, en segundo lugar, a causa de la barrera de los idiomas: el anarquista ruso debe aprender español, nosotros debemos aprender ruso o, en conjunto, debemos comunicarnos por medio del inglés. Sin embargo, ustedes se preguntarán: ¿qué diantre tiene que ver nuestra calidad de anarquistas con respecto a la imposibilidad de practicar el internacionalismo, si eso del idioma es una perogrullada? Para responder aquella pregunta debo decir primero que ambas cosas son aparentemente opuestas, mas inherentes en el fondo, para responder aquella pregunta citando la historia. El anarcoesperantista francés Eugeno Lanti fue quien creó la sabia idea de que los anarquistas no debemos practicar el internacionalismo, sino que debemos practicar el anacionalismo; internacionalismo es la relación entre naciones, entre Estados, o entre personas que están a favor de la existencia de los Estados, mientras que el anacionalismo es la relación entre personas que no están a favor de la existencia de los Estados: por aquella razón me declaro anacionalista. No obstante, aclarar la diferencia entre internacionalismo –marxista– y anacionalismo –anarquista– no es suficiente, porque aún no podemos relacionarnos anacionalmente con el anarquista que vive en Rusia o con aquella y aquél que viven en China. Eugeno Lanti, como dije antes, fue anarcoesperantista. Ser, anarcoesperantista, es creer es nuestra ideología y, además, practicar y difundir la práctica del esperanto. El esperanto es el idioma universal de quienes tienen la esperanza de ver un mundo distinto, en donde todos puedan entenderse con el uso de una lengua fácil de aprender y de hablar, y en donde toda la humanidad viva igualitariamente feliz.
