Un@ de la revista Planeta Popular (Mérida)
Comenzamos a cultivar en el año 2010 siguiendo desde el inicio pautas agroecológicas. Creemos firmemente en este tipo de agricultura, diversificada, sin venenos ni fertilizantes químicos. Lo hacemos en busca de un modelo agrícola sustentable ambientalmente, que produzca poco impacto sobre el ambiente y que genere productos sanos y sabrosos. Nos guía la convicción de que un cambio profundo del sistema de producción de alimentos es una parte importante para resolver la crisis civilizatoria que vivimos. No nos definimos como productor@s orgánic@s sino agroecológic@s, ya que este último término incorpora otras dimensiones como la producción a pequeña escala, la valorización de las semillas ancestrales, el diseño de las zonas de producción como áreas con valor conservacionista. El término orgánico es más restringido al tipo de insumos que se utilizan.
Nuestra Isla
Tenemos tres sistemas de producción. Uno de hortalizas en canteros, otro de cereales y seudo-cereales en miniparcelas y el tercero de conuco o bosque comestible. En los canteros producimos principalmente lechugas variadas, escarolas, rúcula, cebollín, vainitas, remolacha, perejil, col rizada, berenjenas, papas, tomate verde, tomate, maní, pepino hueco, rábanos. En las miniparcelas producimos amaranto, trigo sarraceno, quinoa, chía, sorgo, maíz, varios tipos de caraotas, apio, caña de azúcar. En el conuco tenemos cambures, café, naranjas, limones, lulos, chachafrutos, guayabas, aguacates. Las cantidades son variables y han ido en aumento. El año pasado fueron aproximadamente 6 t. Este año la meta es de 10 t. Hemos ido aumentando progresivamente el área sembrada. Esta producción se distribuye en forma más o menos equitativa entre los tres sistemas antes descritos.
La cantidad de trabajo con el pasar del tiempo en una finca agroecológica
Es de esperar que a medida que se gana experiencia y se van optimizando los procesos todo se realizará más eficientemente y disminuirá la cantidad de trabajo requerida. El uso de herramientas apropiadas ayuda mucho ese sentido. Por ejemplo, se han desarrollado, para deshierbar manualmente, una serie de escardillas muy interesantes, algunas incluso con ruedas, que aumentan considerablemente la eficiencia y reducen el tiempo de trabajo. También hay pequeñas máquinas cosechadoras que son de gran ayuda. El uso de un buen motocultor también reduce el tiempo de trabajo. Sin embargo, este tipo de herramientas son poco accesibles en nuestra realidad venezolana, aunque algunas pudieran ser adaptadas y fabricadas aquí mismo. Entonces, creo que sin lugar a dudas a medida que se adquiere experiencia el trabajo tiende a reducirse, siempre y cuando no se caiga en la tentación de aumentar el área cultivada.
También influye mucho sobre la cantidad de trabajo cuántos insumos se preparen en la finca versus los que se adquieran ya preparados. Por ejemplo, si un@ compra sustrato de vivero ya listo es mucho menos trabajo que prepararlo un@mism@. Igual con el compost o los diferentes abonos orgánicos. Si uno compra las plántulas es menos trabajo que cultivarlas un@ mism@ en vivero. Igual con la semilla. Hay que analizar qué conviene más desde el punto de vista económico y considerar que actualmente muchos de estos insumos ya no se consiguen fácilmente. Por ejemplo, nosotr@s antes comprábamos el sustrato de vivero, luego ya no lo conseguimos y empezamos a prepararlo. Antes regabamos con motobomba pero ahora se ha vuelto muy difícil el combustible y entonces regamos por gravedad, pero esto requiere más del triple del tiempo. Es decir que hemos ido de menos trabajo a más en el intento de producir en la finca insumos que son caros o no se consiguen más. Sería ciertamente más eficiente adquirir la mayor parte de los insumos a productores especializados y concentrarse en lo que de por sí es ya un trabajo complejo que es cultivar en rotación o en asociación una diversidad de rubros. Por otro lado, al adquirir insumos en vez de producirlos se pierde autonomía.
Finalmente, la cantidad de trabajo también depende de lo intensivo que sea el sistema de producción. Por ejemplo, la siembra de hortalizas en canteros en rotación requiere de muchísimo trabajo, pero la siembra de cambures, café, cítricos, aguacates, en un sistema tipo conuco, tiene muchísimo menos trabajo. Uno puede combinar sistemas de producción más intensivos con otros menos intensivos dependiendo de la disponibilidad de mano de obra.
Las semillas
Ese es un tema clave. Muchos productores orgánicos, sobre todo ubicados en otras realidades socio-económicas, adquieren sus semillas de productores especializados. Hay incluso productores locales agroecológicos especializados en semillas, por lo que no es necesario o incluso es altamente desaconsejable adquirirlas a las grandes transnacionales semilleristas.
La producción de semilla es un trabajo delicado. Hay que seleccionar los mejores individuos, estar pendiente del momento idóneo para cosecharlos, tener cuidado que no se crucen con otras variedades, garantizar que las semillas no porten enfermedades, limpiarlas, guardarlas en condiciones apropiadas. Si se cultivan muchos rubros, como es norma en las fincas agroecológicas, estar pendiente de hacer todo esto para cada uno es muy trabajoso.
Nosotras producimos algunas de nuestras semillas y adquirimos otras. Producimos por ejemplo las de amaranto, quinoa, caraota, trigo sarraceno, tacón. Compramos las de col rizada, remolacha o lechuga. Últimamente hemos comenzado a producir estas últimas pues traerlas de fuera se ha vuelto complicado.
Otra opción es el intercambio de semillas entre productores. Esta es una actividad esencial que permite ir probando otras variedades. Creo que más de la mitad de los rubros que tenemos los hemos obtenido por intercambio. Pero esta es una forma de ensemillarse, luego si a uno le gusta la variedad, la sigue reproduciendo en la finca. Por otro lado, algunas especies no florean en las condiciones de la finca, como la col rizada, por lo cual no se puede producir sus semillas in situ. Pero este cultivar si florea un poco más arriba, donde las temperaturas son más bajas, por lo cual bastaría que un productor amigo hiciera el trabajo.
El disponer de bancos de semillas a nivel local, con variedades garantizadas y adaptadas a nuestras condiciones, es algo que sería de mucha ayuda para los productores. También podría visualizarse que en una asociación de productores, cada uno fuera responsable de producir semillas de algunos rubros y así entre todos nos dividiríamos el trabajo y tendríamos nuestra propia semilla.
Hablando de retos
Podría decir que el principal reto es manejar un sistema complejo, con diferentes modos de producción y más de 30 rubros. Se requiere mucha organización y planificación para sembrar de forma escalonada tantos cultivos y atender las necesidades de cada uno. Hay que ocuparse del riego, el abonado, el control de plagas y enfermedades, la fase de vivero, la siembra, la cosecha, la postcosecha, la distribución de los rubros a los consumidores. Resolver todo el tiempo los problemas que van surgiendo, optimizar la producción. Es un trabajo que, aún a pequeña escala, requiere una dedicación total, con poco tiempo para el descanso. También se requieren muchos conocimientos teóricos y prácticos y estar investigando, experimentando continuamente. Todos los días surgen nuevos retos y hay que encontrar soluciones, hacer ajustes, probar nuevas prácticas. Es un trabajo exigente pero apasionante, uno no se aburre pero cada día se acuesta exhausto.
[Tomado de revista Planeta Popular # 2, Mérida, octubre 2020. Número completo accesible en https://drive.google.com/file/d/1jUSz4aODsXEWkrZ8KPqLhjJYTXn_GyQm/view.]
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