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lunes, 6 de enero de 2020

La oxigenación libertaria


J. F. Paniagua

Existen todos los motivos éticos, en mi opinión, por apostar por el anarquismo. Sin embargo, no hay que perder de vista la realidad, y cuestionando en todo momento lo que se considera "factible", que siempre forma parte de las estructuras de lo establecido, es bueno seguir indagando y tratar de realizar propuestas concretas sobre lo que podría ser una sociedad libertaria. Anarquismo es una palabra abierta a su continua formación, pero sin perder nunca de vista su horizonte antiautoritario, su búsqueda de mayores espacios de autonomía y su denuncia de los males de la jerarquización política, social y económica.

domingo, 25 de agosto de 2019

Sobre Psicología y Anarquismo



J. Fernández Paniagua

Veamos si podemos, gracias al trabajo de algunos expertos, buscar la relación entre las propuestas anarquistas y la evolución de la disciplina psicológica. Para ello, vamos a atender en primer lugar el pensamiento de uno de los grandes filósofos anarquistas, Proudhon, el cual se adelanta a su tiempo en cuanto a conceptos psicológicos reconociendo la existencia de inteligencias múltiples que conducen a comportamientos muy diferentes:“...pero la inteligencia del hombre, formada para atender a la vez al destino social y a las necesidades individuales, es de diferente factura, y a esto se debe que la voluntad humana sea infinitamente divergente” (¿Qué es la propiedad?). Por supuesto, Proudhon también reflexiona sobre cuestiones, no resueltas al día de hoy, como son la influencia de lo biológico y lo social o la formulación de principios básicos comunitarios.

lunes, 26 de marzo de 2018

Para leer en semana “santa” - Ateísmo contra pensamiento religioso: Desacralización y libertad de indagación (2)



J.M. Fernández Paniagua






Sébastien Faure publica en 1926 un texto filosófico cuyo título lo expresa todo: Doce pruebas de la inexistencia de Dios. Por la importancia para el ateísmo moderno, nos detendremos en la obra de Faure, el cual establece tres grupos en sus argumentos que aluden a los rasgos atribuibles a la divinidad:

«Contra el Dios creador, Contra el Dios gobernador o Providencia y Contra el Dios justiciero. En el primer grupo, son seis los argumentos: la razón solo puede rechazar la hipótesis de un ser verdaderamente creador, como recuerda el aforismo ex nihilo nihil fit (de la nada, nada adviene) en contraste con la posterior teología cristiana; incluso aceptando lo anterior, Dios (lo inmaterial, el espíritu puro) no puede haber creado lo material al existir una diferencia cualitativa obvia; del mismo modo, no puede haber una relación causal entre lo perfecto (lo absoluto) y lo imperfecto (lo relativo, lo contingente), por lo que resulta imposible una determinación entre ambos (Dios no existe o no es el creador o no es perfecto); un ser supuestamente eterno, activo y necesario no pudo entonces estar inactivo o ser innecesario, lo que se deduce de un acto de creación que implica un principio u origen (en caso contrario, no hay acto de creación al entender que el universo es también eterno); la idea de inmutabilidad de Dios también se trastoca al comprender que ha sufrido dos cambios: ha deseado realizar una cosa, la creación, y posteriormente la ha ejecutado (el deseo de querer es ya una modificación, como lo es la acción o determinación); se entiende que hay un propósito divino en la creación, mas resulta imposible para el hombre indagar en él, por lo que tal vez dicho propósito no existe (aquí, la apelación al misterio por parte de la religión evitará cualquier complicación).» [36]

Para leer en semana “santa” - Ateísmo contra pensamiento religioso: Desacralización y libertad de indagación (1)



J.M. Fernández Paniagua



* Se pretende con este artículo introducir a la historia del ateísmo, mostrando a algunos importantes autores que dejaron a un lado definitivamente el pensamiento religioso y las instituciones consecuentes, se le vincula explícitamente con una filosofía y una actitud vital antiautoritarias y se le presenta como una evolución permanente del proceso de librepensamiento y desacralización iniciado en la modernidad. Asimismo, se repasan algunas obras recientes, que apuestan por un ateísmo combativo respecto al pensamiento religioso, con el fin de otorgar un horizonte más amplio a la razón, la política y la moralidad.



El debate sobre la naturaleza y designios de la divinidad, a lo largo de la historia, ha supuesto entregas tremendamente entusiastas. Fernando Savater ha considerado tres actitudes básicas sobre esta cuestión: en primer lugar, la de quienes han considerado como inverosimil, inconsistente o falsa de cualquier modo la creencia en uno o varios dioses; en segundo lugar, la que precisamente considera que la fe en Dios consiste en creer en un ser invisible con rasgos incomparables a cuanto conocemos o podemos comprender; en último lugar, están aquellos que aceptan la divinidad como el esbozo todavía impregnado de mitología de un concepto supremo que sirve para pensar el conjuto de la realidad [1]. No hace falta decir que no puede haber una división estricta entre cada una de estas tres posiciones, se dan influencias mutuas y subdivisiones en un debate que ha durado toda la historia de la humanidad. El primero de los órdenes mencionados pertenece, obviamente, a los ateos; hay que remontarse a Jenófanes de Colofón (siglo V a.n.e.) para encontrar la reflexión de que los dioses se parecen sospechosamente a los humanos que los veneran, mientras que cuatro siglos después Lucrecio establecerá que fue el temor (a lo desconocido, a lo arbitrario, a la muerte) el que generó toda la caterva de dioses. Repasaremos en primer lugar, aceptando la complejidad de una cuestión que con seguridad excede este espacio, una pequeña historia del pensamiento ateo.

jueves, 1 de febrero de 2018

La filosofía anarquista de Herbert Read


J. Fernández Paniagua

A mediados del siglo pasado, Herbert Read decía ya que "la actitud política característica de nuestros días no es de fe positiva, sino de desesperanza". En ese momento, ya pocos confiaban en el marxismo como una alternativa al capitalismo y toda filosofía social del pasado era vista con recelo. La única práctica del socialismo que parecía haber triunfado no había liberado al hombre de la explotación, las desigualdades sociales continuaban teniendo una causa económica en todas las naciones, sea cual fuera el régimen estatista que imperase. Un mundo nuevo solo puede tener cabida si se da predominancia a los valores de libertad e igualdad frente al lucro, la competencia, el poder técnico o el nacionalismo. El anarquismo es la única filosofía social y política que, en ese aspecto, se mantiene firme a través de los tiempos. Lo que Herbert Read sostenía, en la línea de lo que diría tiempo después Colin Ward, es que multitud de personas en todo el mundo practicaban ya, consciente o inconscientemente, esos valores y solo era necesaria cierta sistematización del ideal ácrata de cara a ser comprendido por el hombre común.

martes, 9 de enero de 2018

El trabajo en la visión anarquista



José Fernández Paniagua

* Continuamos repasando la tradición anarquista, con el análisis de conceptos primordiales, para evidenciar el carácter inequívocamente social de las ideas libertarias; inclusive, como veremos en otra ocasión, sus vertientes más radicalmente individualistas.

Los expertos señalan los distintos sentidos que tiene la noción de trabajo, siendo uno de ellos la idea de “realización humana”. Bakunin no diferenciaba al hombre del resto de las especies y quería ver la “necesidad” de vivir trabajando como ley de vida; para el anarquista ruso, el trabajo es garante de la existencia y del desarrollo pleno del hombre. Si algo nos diferencia de los animales es nuestra inteligencia progresiva, por lo que también nuestra capacidad productiva puede serlo. El momento en que el trabajo se hace humano, para el anarquista ruso, es cuando no solo satisface las necesidades fijas y limitadas de la vida animal, sino también las necesidades sociales e individuales del ser pensante y hablante “que pretende conquistar y realizar plenamente su libertad”. Esta ingente tarea, que Bakunin define como “ilimitada” corresponde, no solo al desarrollo intelectual y moral del hombre, también forma parte del proceso de emancipación material. Esa liberación de algunas ataduras naturales (hambre, dolor, clima, dependencia del medio…) es liberación parcial del miedo inherente a la existencia animal, algo que tiene una función positiiva al actuar como motor de esa lucha perpetua. Bakunin también quería ver, como continuación a ese miedo existencial, el fundamento de la religión. Es posible, como creemos que sostienen los científicos, que seamos el mismo “animal” que hace decenas de miles de años, y aunque podamos dudar de la mejora intelectual y moral que puede haber tenido el ser humano en ciertos aspectos, el potencial para progresar en todos los ámbitos y para transformar el medio siguen siendo enormes (otra cosa, parece, la voluntad o posibilidades para hacerlo según el contexto en que nos encontremos).

viernes, 12 de agosto de 2016

El anarquismo frente al mito de la nación


J.M. Fernández Paniagua

Si bien creo que la visión anarquista del nacionalismo -concepto político para nada unidimensional, ni por su propia amplitud y ambigüedad, ni por los numerosos rechazos que recibe- es negativa, las más de las veces, por unos nítidos principios ideológicos que pretenden superar la parcelación patriótica, étnica o identitataria, y establecer estrechos lazos de colaboración entre los pueblos con el fin de expandir la libertad y la cultura, conviene analizar con detalle un fenómeno complejo, enmarañado con el tiempo, que es utilizado por todas las opciones políticas estatalistas y jerarquizantes. Conviene dejar claro, a priori, la asociación política que conlleva el nacionalismo político al llamado “derecho de autodeterminación”, que aspira inevitablemente a la creación de un Estado para administrar sus intereses, por lo que las ideas libertarias se muestran, obviamente, opuestas a semejante objetivo.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Para pensar en la semana "Santa": Ateísmo y antiautoritarismo



J.M. Fernández Paniagua

Realizamos un somero repaso al ateísmo moderno, vinculado inevitablemente con la tradición antiautoritaria. Desde las sorprendentes memorias del párroco Meslier hasta la apuesta radical por el conocimiento de un Bertrand Russell, pasando por los anarquistas, incapaces de compatibilizar a Dios con la emancipación humana, o por un Stirner, que no concibe a ninguna abstracción que doblegue al individuo, tenga el nombre que tenga

Michel Onfray considera que la historia del ateísmo moderno empieza verdaderamente con la peculiar figura de Jean Meslier (1664-1729). Al poco de su fallecimiento, y después de una vida dedicada al sacerdocio, se encontró un manuscrito impresionante en el que Meslier mostraba un materialismo ateo y una crítica feroz a la moral cristiana, y religiosa en general, que le acaba conduciendo a la cuestión social y política. Hay que recordar que esta obra de Meslier, llamada Memoria contra la religión, sería difundida por Voltaire, aunque desprendida de sus elementos más filosóficos y sociopolíticos, permaneciendo únicamente la visión más anticlerical. No sería hasta finales del siglo XIX que vería la luz la versión completa de una obra radical, tremendamente devastadora respecto a la religión y cualquier creencia sobrenatural, en la que Meslier asocia el ateísmo con una república libre e igualitaria.

miércoles, 6 de enero de 2016

La filosofía individualista: una tensión necesaria en la tradición libertaria


J.M. Fernández Paniagua

El anarquismo, para mí, supone el punto culminante del librepensamiento (una especie de liberalismo radical en tensión permanente con los valores de no-dominación) y, por lo tanto, en su misma base se halla un individualismo extremo, una defensa radical de la libertad individual entendida como derecho absoluto de cada ser humano a actuar ateniéndose únicamente a los dictados de su propia conciencia y de su propia voluntad; existe también en la herencia libertaria la afirmación de que cada personalidad tiene un valor único, insustituible cuya expansión no debe verse limitada por ninguna frontera externa. Las diferentes doctrinas religiosas, políticas o económicas han hecho del individuo una pieza más de su engranaje -aunque la justificación fuera hacerlo el fin de sus designios como partícipe de una supuesta realidad magnánima- sin atender a su valor personal por sí mismo. En las diferentes sociedades, la mayoría de los hombres se conforman con ser determinados por el medio: el anarquista, en cambio, se esfuerza en determinarse por sí mismo. La tendencia libertaria es suscitar en los individuos el mayor conocimiento en el sentido empírico, demostrar y asimilar el antiautoritarismo en los diferentes ámbitos del ser humano: ético, intelectual, artístico, social, económico… Es difícil encontrar en otras ideologías, supuestamente emancipadoras, respuestas a las necesidades que se desprenden de la defensa del individuo; una de las riquezas de la heterodoxia doctrinal libertaria ha sido tratar de responder a esos interrogantes.

viernes, 6 de febrero de 2015

Debate (A): Reseña crítica a _Anarquismo es Movimiento_ de Tomás Ibáñez


* Las ideas libertarias solo pueden forjarse en prácticas de lucha contra todo tipo de dominación

José Maria Fernández Paniagua

Tomás Ibáñez es un viejo militante anarquista, cuyos inicios se remontan a los círculos estudiantiles en el exilio libertario en Francia. Ya jubilado, ha sido catedrático de Psicología Social en la Universidad Autónoma de Barcelona y es autor de varios libros sobre anarquismo y otras disciplinas del campo de humanidades. Ahora, la editorial Virus nos presenta Anarquismo es movimiento, donde Ibáñez insiste en una visión postmoderna de las ideas libertarias que ya había mostrado en otros textos. Según esa visión, no existiría una esencia previa al ser humano correspondiente a la concepción anárquica. La posibilidad de una sociedad libertaria, al igual que la de su contraria, una sociedad autoritaria, serían contingentes; es decir, son el resultado de la actividad de los seres humanos, por lo que son posibles o no. La anarquía sería una construcción que surge del pensamiento anarquista y de los movimientos anarquistas.

Al contrario que en otros textos, donde Ibáñez despacha de un plumazo el anarquismo "clásico", es de agradecer que en este dedique algo más de espacio al mismo. Que apunte que, en tantas ocasiones, las críticas postmodernas a ese anarquismo moderno pueden estar originadas en el simple desconocimiento, es también bienvenido. No obstante, la crítica a Kropotkin, a todas luces simplificadora, como representante de una especie de anarquismo "milenarista", resulta más que cuestionable. Conocida es la crítica postmoderna a toda visión teleológica de la historia y es lógico que tantos pensadores ácratas se vieran impregnados de esa confianza decimonónica en que el progreso conduciría a la humanidad a algún estado óptimo. El anarquismo, en cualquier caso, siempre ha sido, o debido ser, heterodoxo; podemos citar a autores más cercanos a los postulados de la modernidad, lo mismo que a otros que pueden resultar más del gusto de lo que hoy entendemos como postmodernidad. Como el propio Ibáñez ha afirmado en alguna otra ocasión, las ideas críticas y emancipadoras de la modernidad siguen estando pendientes, por lo que la postmodernidad debe suponer una tensión permanente entre las aspiraciones de la primera y los rasgos de la segunda.

La obra de Tomás Ibáñez se dirige en contra de un supuesto anarquismo instituido; las ideas libertarias solo pueden forjarse en prácticas de lucha contra todo tipo de dominación y, si ello no se produce, conduciría a esa institucionalización del movimiento en lugar de a ser constitutivamente cambiante. Mayo del 68, donde la militancia de Ibáñez tuvo protagonismo, supuso para él una nueva constitución del anarquismo; otra se estaría produciendo en estos primeros años del siglo XXI en el contexto de una nueva realidad social, cultural, política y tecnológica. Estaremos de acuerdo en que el anarquismo parece acoplarse muy bien a esta nueva realidad en lucha contra la sociedad autoritaria, lo demuestran movimientos como Seattle, 15-M y Ocuppy Wall Street; a la vez, según la visión de Ibáñez, el anarquismo estaría constitutivamente cambiando gracias a esas prácticas militantes de lucha.

Ese afán por establecer divisiones temporales en las ideas anarquistas conduce en la obra a un término, el neoanarquismo, según el cual se ha producido un cambio en el imaginario revolucionario: la revolución no será ya un gran evento proyectado hacia el futuro, sino algo propio del ahora, de forma inmediata y continua. Se trata de otra de las grandes críticas a la modernidad, estrechamente vinculada a la confianza en el progreso y a la de la creencia de una finalidad en la historia. En cualquier caso, parece injusto encuadrar al anarquismo clásico dentro de ese proyecto, que los autores postmodernos quieren contemplar como la inauguración de una nueva forma de absolutismo. Estamos totalmente de acuerdo con  la crítica a toda ortodoxia y rigidez instituida dentro de las ideas anarquistas; es más, si ello se produce es traicionar sus principales señas de identidad. No existen, o no deben existir, guardianes del templo sagrado del anarquismo; se trata de una contradicción en los términos. Aunque Ibáñez utiliza el término neoanarquismo, se muestra también crítico con todo intento de ruptura con el anarquismo de épocas anteriores; lo que se denuncia es la esterilidad de simplemente aceptar una herencia y repetir fórmulas en lugar de buscar formas de reinventarse. Por otra parte, los anarquistas jamás han tenido una visión rígida de la historia; si el materialismo contempla las condiciones económicas como el gran motor de evolución, la apelación a los deseos humanos siempre se ha tenido en cuenta en las ideas libertarias y ello sin caer en el mero voluntarismo. Precisamente, Ibáñez considera que es necesario desactivar ciertas "prácticas de subjetivación", determinadas por la sociedad autoritaria, para poder influir en el imaginario de las personas y generar una subjetividad política "radicalmente rebelde".

El postanarquismo, otro de los términos utilizados en la obra que nos ocupa, se alimenta del postestructuralismo y de la consabida postmodernidad. Según el mismo, el anarquismo habría estado lejos de librarse de las influencias de la modernidad; para esta visión, en nuestra opinión, se parte de un prejuicio habitual y es considerar de nuevo al anarquismo clásico como una esencia previa a toda práctica libertaria. Consideramos que existe más vínculo que ruptura entre el anarquismo clásico y cualquier forma innovadora que, a la fuerza, debemos tener en la actualidad. Nuestra condición antiautoritaria, no obstante, debería hacernos recibir bien toda crítica a cualquier tentación dogmática; es algo que contribuye, con seguridad, al enriquecimiento.

[Publicada originalmente en Germinal, revista de estudios libertarios n.º 12, julio-diciembre 2014. Reseña accesible en http://www.viruseditorial.net/index.php.]


jueves, 4 de septiembre de 2014

Historia y anarquismo





















José M. Fernández Paniagua

Vivimos unos tiempos de ilusionante recuperación y auge de las ideas libertarias. Frente a la acusación tan recurrente que se da a los anarquistas de vivir en otros tiempos, de rendir culto a un "glorioso" pasado -yo, como no soy nada amigo de ningún tipo de "gloria", prefiero emplear la palabra "orgullo", creo que los anarquistas pueden mirar hacia atrás y no contemplar un pasado ominoso, todo lo contrario-, yo me pregunto ante tamaña desfachatez: ¿se puede vivir, acaso, sin memoria histórica?, ¿se puede echar por tierra tan fácilmente a personas que vivieron en otro tiempo, pero cuyas necesidades eran las mismas que las nuestras? Personas que reflexionaron sobre sus cuestiones vitales, trataron de ser más conscientes para vivir una vida más libre y plena, y así construir un mundo más justo. Porque esos reproches llevan implícitas acusaciones de anacronismo, de promover ideas trasnochadas, ya superadas, cuando debe resultar obvio que lo que preconizan las ideas libertarias se encuentra presente en la civilización, desde que la Razón alumbró a los primeros seres humanos. Son proposiciones que forman parte de cualquier tiempo y, desgraciadamente, vivimos en un presente con una sociedad banalizada, con escasa memoria, donde no se fomenta precisamente la comunicación y la reflexión.

Frente a otras ideas políticas que pretenden tener una base científica y determinista, que constituyen una ideología con esquemas cerrados que ya poseen todas las respuestas, el anarquismo no desea dejar de hacerse preguntas en aras de una vida individual y una sociedad más justas y libres, menos tuteladas. Por supuesto, el sistema (¿sistema?, llamemos a la cosa por su nombre: Estado y Capitalismo, por mucho que se presenten con formas más o menos "amables") es capaz de asumir y apropiarse de los más nobles conceptos, la libertad y justicia que se nos propone son meramente formales y convertidas en mercadería más. Aparecen los más bellos ideales de la humanidad subsumidos en un sistema económico que sí se muestra claro en su rechazo a la igualdad, en su fomento del autoritarismo y la competitividad con el fin de que cada cual obtenga su parte del pastel, en su rendición ante la mercadotecnia ("marketing" es una palabra usada hasta la saciedad en el llamado mercado libre, pero tenemos esta otra en nuestro poderoso idioma con el mismo significado, el cual especifica en su acepción la busqueda del "aumento del comercio, especialmente de la demanda", y ahí queda dicho casi todo), en su difusión de la banalidad y en la inconsistente formación que se otorga a los ciudadanos (otro concepto que podría ser muy respetable como es el de "educación para la ciudadanía" aparece ahora remedado en una asignatura más que discutible). Como señaló una vez Fernando Savater (cuyo pensamiento sigo respetando en gran medida, a pesar de sus desvaríos políticos, producto tal vez del trastorno producido por una banda de asesinos autoerigidos en libertadores del pueblo vasco), se nos pretende convertir en consumidores, súbditos o feligreses. La calificación de consumidores no creo que merezca mucha explicación; es, quizá, la más evidente negación de nuestra condición de ciudadanos conscientes. En cuanto a súbditos, valgan las últimas y artificiosas controversias en torno a la figura del monarca de este país; seudopolémicas sustentadas en la imposibilidad de decidir sobre nuestro futuro y apoyadas en debates mediáticos que nada tienen que ver con la opinión de la calle. Escuché a un grimoso moderador de un debate en Telemadrid decir, sin ninguna vergüenza, que no existía tal debate, ya que más de un 98 por 100 de españoles está a favor de la monarquía.

El problema lo encontramos de nuevo en una historia falseada y acaparada por el poder: algo tan obvio como recordar que fue un dictador el que decidió que un sujeto reinaría en este país queda sepultado bajo una absoluta adoración a una Transición, prácticamente incuestionable tres décadas después. La responsable del calificativo de feligreses es, claro está, la Religión y la tendencia lógica de toda Iglesia será a ser superada moral e intelectualmente y desaparecer, si no es apoyada por intereses políticos o económicos. Aunque, desgraciadamente, todavía nos queda mucho camino por recorrer en este país, donde la derecha camina de la mano de la reaccionaria institución católica; una derecha que parece decidida (tal vez en una apuesta por no perder su auténtico electorado ideológico) a seguir mostrando su verdadera faz, y así lo demuestran las recientes declaraciones del eurodiputado, y ex-ministro de Aznar, Mayor Oreja, y de la líder del PP en el País Vasco, María San Gil, negándose a condenar el régimen de Franco y hablando de la "extraordinaria placidez" de la Dictadura y de que mejor no remover las cosas debido a que forma parte ya de la historia de España. Una placidez, la franquista, que disfrutaron unos pocos sobre los cadáveres de cientos de miles de españoles que creían en una sociedad mejor, y cuyos familiares siguen encontrando una negativa, por parte de los herederos de sus verdugos, a redimir a sus seres queridos y rendirles el tributo que se merecen. De nuevo encontramos una ignominiosa perversión del pasado (un pasado de una historia reciente nuestra que fue fracturada por la reacción, y sí debe ser recordada como hilo conductor también para un futuro mejor), donde el fascismo, a diferencia de otros países, no pudo ser derrotado y ha supuesto que sus herederos formen parte principal de la política de este país y de que hubiera una continuidad, en muchos aspectos, tras la muerte del dictador.

Volviendo a la cuestión libertaria y su visión de la historia, y a la cuestión del pasado con el que empecé este texto, Rudolf Rocker lo expresó con inmejorables palabras hace décadas (y verán ustedes cómo su análisis sigue teniendo pleno sentido en nuestro tiempo) al indicar que el anarquismo es "una tendencia clara del desarrollo histórico de la humanidad" y no un sistema social cerrado y establecido; "tampoco la libertad", continuaba el alemán, "es un concepto absoluto, ya que debe ser capaz de extenderse y afectar de diferentes formas a círculos cada vez más amplios". Corresponde a los hombres y mujeres anarquistas, de cada momento y de cada lugar, huir de cualquier clase de tutela política, económica o eclesiástica, y concretar el concepto de libertad, entendida como el pleno desarrollo de cada individualidad puesta al servicio de la sociedad. El anarquismo no puede ser nunca primitivo ni utópico, ya que analiza las formas de opresión de cada tiempo y de cada sociedad y desarrolla nueva respuestas (que pueden y deben aprender del pasado, pero nunca aplicar, tajantemente, a mi modo de ver las cosas, fórmulas de una determinada doctrina social). Es por esto que las ideas libertarias están cargadas de futuro; aunque es inevitable tener en cuenta a la hora de observar la historia la lucha de clases, no se pretende dar un carácter científico y determinista a tal análisis (la palabra Socialismo está bastante desprestigiada por dicha visión, que lo colocaría como paraíso al que se llegaría finalmente). Quizá Rocker quiso dejar bien claro, al hablar de ese "desarrollo histórico" y "tendencia de la humanidad", que el anarquismo funcionaría como tensión constante en cada época y en cada modelo de sociedad para acabar con toda autoridad coercitiva y forma de opresión.

A pesar de los avances técnicos y científicos, nuestro conocimiento de la naturaleza humana no da la impresión de haber avanzado mucho (más bien al contrario, parece que está cada vez más claro la ausencia de cualquier clase de determinismo biológico). Ya, el que se puede considerar padre del anarquismo, William Godwin (y que enlaza la Ilustración con el francés Proudhon, el primero en emplear la palabra "anarquismo"), y que tuvo continuidad en la tradición ácrata (a pesar de la también recurrente acusación al anarquismo de ser demasiado optimista con las tendencias naturales del hombre), señaló que no existe una naturaleza humana previa a la vida social, ni en su versión positiva (Rousseau) ni negativa (Hobbes). Rechazadas las determinaciones que escapan a la Razón (recordemos que el anarquismo nace con la Ilustración), sean del carácter que sean, podemos aceptar la lucidez del autor de Justicia política y considerar que el ser humano queda determinado en gran medida por el presente de un mundo real concreto. Son premisas que sigo considerando válidas -¿cómo no serlo?-, la confianza en el desarrollo intelectual y en las capacidades de la Razón (aquí encontramos otra raíz en el anarquismo, en un reformador fundamental de la filosofía práctica como es Kant).

He puesto todos estos ejemplos de la tradición ácrata no con el ánimo de intelectualizar ni teorizar demasiado (el lugar para ello corresponde a otros textos), si no para demostrar brevemente que el armazón anarquista es sólido; que no se trata, como han señalado también sus enemigos, de una doctrina "milenarista" (concepción, por otra parte, religiosa; se alude a un supuesto final feliz que llegaría tras el triunfo de la revolución) propia de locos o iluminados. Es una manera de observar la historia y aprender de ella, no de "vivir en el pasado", de conocer lo que somos, que es producto de este "mundo real concreto" que vivimos y que, desgraciadamente, supone en nuestra sociedad -del llamado Primer Mundo- una infantilización considerable, una negación del pasado (a veces incluso del inmediato, no voy a hablarles a ustedes ya de la fundamental "memoria histórica") y una constante reafirmación de un presente vacuo. Las grandes preguntas sobre la humanidad permanecen, pues, prácticamente intactas en una civilización que hace más de dos siglos puso su plena esperanza en el desarrollo técnico y científico y que, desgraciadamente, adoptó un camino equivocado en manos del Capitalismo. Los valores anarquistas (apoyados en el desarrollo de la Razón, y que confían en la ciencia y en la técnica como capaces de dar un mayor bienestar a la sociedad), que nacieron de manera estricta también en ese tiempo, aunque se hayan mostrado latentes en toda la historia de la humanidad, pueden mirar con orgullo su pasado, y demostrar que su camino sigue siendo el mejor.

[Publicado originalmente en Tierra y Libertad # 232, noviembre 2007; tomado de http://acracia.org/Acracia/Aprender_de_la_historia.html.]

lunes, 12 de agosto de 2013

Marx y los anarquistas






























José María Fernández Paniagua

[Fragmentos del ensayo “Teoría, praxis y heterodoxia en Marx”, publicado como contenido del monográfico # 301 de la publicación mensual de la Federación Anarquista Ibérica Tierra y Libertad, agosto 2013, Madrid.]

El anarquismo, aunque tenga una extensa prehistoria, nace en la primera mitad del siglo XIX; por lo tanto, al igual que el marxismo, es consecuencia de la Revolución francesa, del triunfo de la burguesía, de la formación de la clase obrera y del desarrollo del capitalismo industrial. Por muchos precedentes que podamos señalar, no podemos hablar de anarquismo explícito antes de P. J. Proudhon...

Como primer hecho diferencial, evidente, con las ideas de K. Marx, hay que hablar de una concepción materialista y evolucionista de la historia y del universo mucho menos rígidas en el caso del anarquismo. Aunque los primeros anarquistas, como M. Bakunin y P. Kropotkin, sí poseen esa visión materialista y la vinculan con las ideas ácratas, importantes figuras posteriores vendrán a matizar la cuestión y negarán especialmente cualquier forma de determinismo en la historia y en la posible construcción de una sociedad libertaria. Es más, el acusado cientifismo que se da en las ideas marxistas, como fuente de conocimientos incontrovertibles, un paradigma que puede extenderse a la civilización occidental en el siglo XIX, es también objeto de crítica, especialmente en el anarquismo desarrollado en el siglo XX; podemos mencionar a dos figuras importantes, como ejemplo de dicha crítica, como son E. Malatesta y G. Landauer.

viernes, 28 de junio de 2013

Lugares comunes y prejuicios sobre el anarquismo

José María Fernández Paniagua

[Resumen de texto publicado en Tierra y Libertad, # 206, sept. 2005]

Comentaré a continuación algunas opiniones claramente ligeras y esquemáticas hechas por personas corrientes, creo que sin demasiado ánimo de desprestigiar pero con todos los prejuicios que se quiera, y que pueden corresponder a gran parte de las nuevas generaciones. Pienso que, lejos de acusar o despreciar lo que sólo conduce a la marginalidad, merece la pena seguir combatiendo los numerosos prejuicios que existen sobre el anarquismo; si una de las premisas fundamentales del mismo es el culto al conocimiento y cómo conduciría a la autoconsciencia y a la emancipación, es nuestra obligación ser coherentes y establecer una dinámica de aprendizaje mutuo con todos y cada uno de los seres humanos. De esta manera, con un conocimiento sólido de la materia que nos ocupe y con el añadido de nuestras continuas experiencias personales, es imposible mantenerse inmóviles en opiniones que pronto quedarán atrás.

Hace poco, en un chat con Irene Lozano, alguien le preguntó qué opinaba sobre el anarquismo, "una ideología que resultaba ridícula hoy día" (sic). Especialmente triste resulta el comentario y difícil es encontrar el lugar por dónde empezar a refutarlo. Diré que existe un indudable triunfo moral -que se va reafirmando a medida que avanza la sociedad- para el anarquismo y los anarquistas y son los que han demostrado mayor justeza en sus juicios y acciones. Su búsqueda de la libertad, de la justicia y del conocimiento, profundizando y superando el dogma y los convencionalismos hace que, al menos, merezcan respeto a la hora de establecer un juicio serio.

Ser gobernado es...

Charla: El Anarquismo en América Latina

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