Colectivo A World Without Police (U$A)
«Desde el nacimiento del Estado-ciudad en
Occidente, la “politeia” ha sido un mecanismo encargado del “ordenamiento
jurídico” de la vida social, además de contribuir en las guerras de conquista
por el territorio y las reservas de esclavos. Desprendiéndose de estos grandes
ejércitos en todas las civilizaciones del mundo, la policía a través de sus diversas
transformaciones no ha sido formada por la voluntad de los pueblos, sino por la
subordinación directa de un grupo hacia otro que posee el poder político y la
dictadura de la economía, justamente para defender su propiedad privada. Así,
nacería la perpetuación de la propiedad privada, dividiendo a la humanidad en
dos clases: la que posee las riquezas y la que las produce. Pocas veces algún
pensador o escritor ha vivido en carne propia la detención, la extorsión, la
intimidación o el asesinato del otro y de uno-mismo a manos de un policía. Es
por esto, que se ha preferido, a través de varias generaciones, hacer crítica
de las estructuras del poder político y no de la política aplicada en las
calles a través del castigo en los toletes, armas o puños de la policía moderna.
[...] La pregunta fundamental, la que todos los libros eluden siempre,
dejándola al margen o tendiendo a confundir de modo más o menos eficaz, esta
pregunta fundamental es: si la cárcel significa punición, castigo, pena,
evidentemente, hace referencia a la transgresión de una determinada regla (de
hecho, la punición interviene en el momento en que la regla se trasgrede, se
viola). Ahora, la transgresión de la regla remite a su vez al concepto mismo de
regla, es decir, a quién decide –y cómo– las reglas de una sociedad. Esta es la
cuestión que los distintos operadores del sector, los expertos, no afrontan
nunca. Esta es la cuestión que contiene todas las demás y que, si se desarrolla
hasta el final, amenaza con derrumbar todo el edificio social y, con él, sus prisiones.
¿Quién decide, y cómo, las reglas de esta sociedad?»
La inutilidad de la policía
(Demián Reyes)[1]
En la
sociedad en la que vivimos, crecemos con la idea de que la p olicía es sinónimo
de protección, seguridad y justicia. Desde que somos niñes, nos educan para
aceptar a la policía como intermediaria, y como un cuerpo al que debemos
recurrir para denunciar nuestros problemas y permitirles solucionarlos por
nosotres, mientras nos enseñan, al mismo tiempo, que intentar abordar dichos
problemas por nuestra cuenta, u organizarnos con nuestras amistades, seres
queridos, afinidades, para buscar y poner en práctica alguna solución, es malo.
Nadie debe buscar soluciones más allá de acudir a la policía y confiar en que
elles hagan lo necesario.