Grupo Moiras (Asturias, Península Ibérica)
En el presente número, sin más tardar, hemos querido abordar la cuestión del amor libre como concepto fundamental del anarcofeminismo sin el cual no podríamos avanzar en la crítica de otros problemas de la teoría y la práctica anarquista y feminista, como es nuestro propósito para los siguientes números.
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sábado, 3 de abril de 2021
En circulación N° 3 del Fanzine anarcofeminista "La Madeja"
miércoles, 25 de marzo de 2020
Amar radicalmente
Quebrantando el Silencio
Hace unos días compartía por redes sociales un breve fragmento de La palabra como arma escrito por Emma Goldman y que decía lo siguiente: “El hombre ha podido someter los cuerpos, pero ni todo el poder en la Tierra ha sido capaz de someter al amor.”
Este fragmento está inscrito en el capítulo sobre Matrimonio y Amor. Sin embargo, creo que tiene una carga de profundidad demoledora que va mucho más allá de cualquier temática concreta. En mi opinión, es la razón última por la que a lo largo de la historia de la humanidad, ningún jefe, cabecilla, rey, gobierno o el cargo que sea que haya detentado el poder, por inmenso que haya sido, ha podido jamás extinguir las ansias de libertad, la extrema necesidad de poner el amor, en el más amplio de los sentidos, por encima de los intereses de cualquier minoría por muy privilegiada que ésta sea.
Hace unos días compartía por redes sociales un breve fragmento de La palabra como arma escrito por Emma Goldman y que decía lo siguiente: “El hombre ha podido someter los cuerpos, pero ni todo el poder en la Tierra ha sido capaz de someter al amor.”
Este fragmento está inscrito en el capítulo sobre Matrimonio y Amor. Sin embargo, creo que tiene una carga de profundidad demoledora que va mucho más allá de cualquier temática concreta. En mi opinión, es la razón última por la que a lo largo de la historia de la humanidad, ningún jefe, cabecilla, rey, gobierno o el cargo que sea que haya detentado el poder, por inmenso que haya sido, ha podido jamás extinguir las ansias de libertad, la extrema necesidad de poner el amor, en el más amplio de los sentidos, por encima de los intereses de cualquier minoría por muy privilegiada que ésta sea.
jueves, 12 de marzo de 2020
Debate (A): A proposito del amor libre
Secretario de Acción Criminal
Bajo el nombre de “amor libre” muchas personas han encontrado una forma eficaz de ocultar sus miserias; en ocasiones relaciones totalmente tóxicas que llegan a derivar en maltrato. Otras han encontrado la ocasión perfecta para mirar por encima del hombro a cualquier hijo o hija de vecino, creyéndose mejores al envestirse con el ideal ácrata; llamando de forma diferente a lo que hacen exactamente igual que el resto de mortales. En ocasiones hay quien se sirve de este barniz ideológico para atacar cualquier forma de relación que se salga un milímetro de la estrecha mirada con la que entienden el concepto. Se ha puesto de moda, por ejemplo, atacar cualquier expresión de monogamia, fidelidad o incluso -desde algunas vertientes ideológicas postmodernas- las mismas relaciones heterosexuales (brillante manera de prevenir la homofobia, u otros tipos de discriminación).
martes, 31 de diciembre de 2019
El amor y la revolución (o el amor a la revolución)
R. M.
«Amor y rebeldía van enyuntados, quien
no es rebelde no ama ni nunca ha amado»
- J. Larralde
Si
bien es cierto que el amor puede ser pensado como ese dispositivo de
normalización, ese relato que determina las pasiones hacia el orden existente,
también puede ser pensado diversamente. El amor también puede ser pensado como
enemigo del capital y su ordenamiento absoluto.
jueves, 28 de febrero de 2019
Debate (A): Amor libre
Wolfi Landstreicher
Por el hecho de que los anarquistas revolucionarios de todo tipo reconocen que la libertad de cada individuo para determinar cómo quieren vivir su vida en sus propios términos tiene que ser un objetivo central de la revolución antiautoritaria, tenemos que hablar más a menudo y con más insistencia de la transformación de la vida personal que debe ser parte de cualquier revolución real. Así, cuestiones como el amor y el deseo erótico han sido discutidos abiertamente en círculos anarquistas desde muy temprano. Las anarquistas estuvieron entre los primeros defensores del amor libre, reconociendo en el matrimonio y en las absurdas restricciones sexuales impuestas por la moralidad religiosa, formas en las que se imponía la sumisión a la autoridad. Mujeres como Emma Goldman y Voltairine de Cleyre vieron en la moral puritana uno de los mayores enemigos de la liberación de la mujer en particular, así como de la humanidad en general.
Por el hecho de que los anarquistas revolucionarios de todo tipo reconocen que la libertad de cada individuo para determinar cómo quieren vivir su vida en sus propios términos tiene que ser un objetivo central de la revolución antiautoritaria, tenemos que hablar más a menudo y con más insistencia de la transformación de la vida personal que debe ser parte de cualquier revolución real. Así, cuestiones como el amor y el deseo erótico han sido discutidos abiertamente en círculos anarquistas desde muy temprano. Las anarquistas estuvieron entre los primeros defensores del amor libre, reconociendo en el matrimonio y en las absurdas restricciones sexuales impuestas por la moralidad religiosa, formas en las que se imponía la sumisión a la autoridad. Mujeres como Emma Goldman y Voltairine de Cleyre vieron en la moral puritana uno de los mayores enemigos de la liberación de la mujer en particular, así como de la humanidad en general.
jueves, 30 de noviembre de 2017
La concepción del amor libre en el joven Bakunin
Mijaíl Bakunin (1814-1876)
* Nota introductoria: Con una treintena de años, Mijaíl Bakunin escribía desde París a su hermano Pavel, desarrollando hermosos párrafos acerca de la concepción del amor libre y certeras críticas a la posesión afectiva, «Querer, al amar, la dependencia de aquella persona a la que se ama, es amar una cosa y no un ser humano», añadía el joven ruso posterior fundador del colectivismo anarquista. En 1845 Mijaíl Bakunin aún no constituía un pensamiento anarquista plenamente desarrollado, sin embargo, sus palabras se teñían intensamente del amor a la libertad que años más tarde conformó la esencia del pensamiento del socialismo revolucionario bakuninista sobre el cual el movimiento anarquista mundial sentó las bases. Tomado del Libro «Conversaciones con Bakunin», compilación a cargo de Arthur Lehning, Editorial Anagrama. Es un fragmento de la carta original.
De la carta a Pavel Bakunin, escrita en París el 29 de marzo de 1845:
* Nota introductoria: Con una treintena de años, Mijaíl Bakunin escribía desde París a su hermano Pavel, desarrollando hermosos párrafos acerca de la concepción del amor libre y certeras críticas a la posesión afectiva, «Querer, al amar, la dependencia de aquella persona a la que se ama, es amar una cosa y no un ser humano», añadía el joven ruso posterior fundador del colectivismo anarquista. En 1845 Mijaíl Bakunin aún no constituía un pensamiento anarquista plenamente desarrollado, sin embargo, sus palabras se teñían intensamente del amor a la libertad que años más tarde conformó la esencia del pensamiento del socialismo revolucionario bakuninista sobre el cual el movimiento anarquista mundial sentó las bases. Tomado del Libro «Conversaciones con Bakunin», compilación a cargo de Arthur Lehning, Editorial Anagrama. Es un fragmento de la carta original.
De la carta a Pavel Bakunin, escrita en París el 29 de marzo de 1845:
viernes, 24 de noviembre de 2017
_Amor y Anarquismo_: Reseña al libro de igual título
LATFEM
* Desde hace al menos un siglo y medio, el amor desvela al anarquismo. ¿Cómo amar sin opresiones? ¿Cómo construir la unión de los y las libres? Amor y Anarquismo. Experiencias pioneras que pensaron y ejercieron la libertad sexual toma debates y los actualiza. Sobre los derechos de las mujeres, la identidad de género, las sexualidades y las diversas formas de familia.
En agosto de 1896 se desató una huelga en la fábrica de alpargatas La Argentina, cuyo desarrollo fue seguido de cerca por un reporter del diario La Nación. La reunión de trabajadoras alpargateras era nutrida, aunque –según se relata– ninguna se animaba a hablar: todas estaban abochornadas por la arenga masculina. De pronto, Rosario Diario, “una criolla locuaz”, tomó la palabra:
* Desde hace al menos un siglo y medio, el amor desvela al anarquismo. ¿Cómo amar sin opresiones? ¿Cómo construir la unión de los y las libres? Amor y Anarquismo. Experiencias pioneras que pensaron y ejercieron la libertad sexual toma debates y los actualiza. Sobre los derechos de las mujeres, la identidad de género, las sexualidades y las diversas formas de familia.
En agosto de 1896 se desató una huelga en la fábrica de alpargatas La Argentina, cuyo desarrollo fue seguido de cerca por un reporter del diario La Nación. La reunión de trabajadoras alpargateras era nutrida, aunque –según se relata– ninguna se animaba a hablar: todas estaban abochornadas por la arenga masculina. De pronto, Rosario Diario, “una criolla locuaz”, tomó la palabra:
lunes, 30 de octubre de 2017
Amor y anarquismo: Una nueva forma de amar
Laura Fernández C.
* Fiel a su vocación de discutir todas las formas de autoridad, el anarquismo discutía al mismo tiempo el amor libre y la huelga general, la emancipación de la mujer y la lucha de clases. Dejó en evidencia la politicidad del sexo antes de los escozores que provocó Sigmund Freud, antes de la libertad erótica sesentista, antes de que se escribiera la historia de la sexualidad misma. Leer en el presente aquellos debates permite que nos acerquemos a un momento en la historia de las izquierdas y los movimientos radicales, en que se sostenía que la emancipación humana no sería tal sin la emancipación sexual. Un fragmento del libro Amor y Anarquismo de Laura Fernández Cordero que publicó Siglo XXI.
Sobre los espacios en blanco de un libro guardado en una vieja biblioteca anarquista, alguien dibujó en lápiz un carro que estalla en pedazos, una muchedumbre en movimiento y un hombre vestido con harapos, armado con una bomba encendida. El anarquismo suele convocar ese tipo de imágenes, de estallido o de explosión. Sin embargo, con apenas una primera exploración del mundo libertario surgen otras imágenes acaso tan potentes e incendiarias: su pretensión de revolucionar las formas de amar y las relaciones entre los sexos. Fiel a su vocación de discutir todas las formas de autoridad, el anarquismo debatía al mismo tiempo sobre el amor libre y la huelga general, sobre la emancipación de la mujer y la lucha de clases, sobre las vicisitudes de un atentado y la destrucción del matrimonio burgués.
* Fiel a su vocación de discutir todas las formas de autoridad, el anarquismo discutía al mismo tiempo el amor libre y la huelga general, la emancipación de la mujer y la lucha de clases. Dejó en evidencia la politicidad del sexo antes de los escozores que provocó Sigmund Freud, antes de la libertad erótica sesentista, antes de que se escribiera la historia de la sexualidad misma. Leer en el presente aquellos debates permite que nos acerquemos a un momento en la historia de las izquierdas y los movimientos radicales, en que se sostenía que la emancipación humana no sería tal sin la emancipación sexual. Un fragmento del libro Amor y Anarquismo de Laura Fernández Cordero que publicó Siglo XXI.
Sobre los espacios en blanco de un libro guardado en una vieja biblioteca anarquista, alguien dibujó en lápiz un carro que estalla en pedazos, una muchedumbre en movimiento y un hombre vestido con harapos, armado con una bomba encendida. El anarquismo suele convocar ese tipo de imágenes, de estallido o de explosión. Sin embargo, con apenas una primera exploración del mundo libertario surgen otras imágenes acaso tan potentes e incendiarias: su pretensión de revolucionar las formas de amar y las relaciones entre los sexos. Fiel a su vocación de discutir todas las formas de autoridad, el anarquismo debatía al mismo tiempo sobre el amor libre y la huelga general, sobre la emancipación de la mujer y la lucha de clases, sobre las vicisitudes de un atentado y la destrucción del matrimonio burgués.
jueves, 16 de marzo de 2017
Que viva el amor compañero y el compañerismo amoroso

Coral Herrera
Somos cada vez más las personas que creemos que otras formas de desearse y amarse son posibles, el amor se está poniendo de moda: ya no es un asunto del que avergonzarse, ya por fin la gente entiende que no es un asunto tuyo que pertenece a la esfera de tu intimidad y privacidad. Es un asunto colectivo: lo romántico es político. Aprendemos a amar a través de la familia, la socialización, y la educación. Nos meten el romanticismo patriarcal en vena a través de la cultura: con mitos, estereotipos y roles sublimados nos explican qué es lo anormal y qué es lo normal, cómo son las mujeres y cómo son los hombres, y cómo se relacionan entre ellos.
Nuestra cultura es patriarcal, nuestra forma de relacionarnos es, pues, patriarcal. La ideología de la construcción social y cultural del amor es patriarcal y capitalista, por eso amamos todos así, y no de otra manera. La buena noticia es que el amor se puede despatriarcalizar, descapitalizar, deconstruir, desmitificar, colectivizar y re-inventar, y además creo que tiene un hermoso y noble potencial revolucionario.
Somos cada vez más las personas que creemos que otras formas de desearse y amarse son posibles, el amor se está poniendo de moda: ya no es un asunto del que avergonzarse, ya por fin la gente entiende que no es un asunto tuyo que pertenece a la esfera de tu intimidad y privacidad. Es un asunto colectivo: lo romántico es político. Aprendemos a amar a través de la familia, la socialización, y la educación. Nos meten el romanticismo patriarcal en vena a través de la cultura: con mitos, estereotipos y roles sublimados nos explican qué es lo anormal y qué es lo normal, cómo son las mujeres y cómo son los hombres, y cómo se relacionan entre ellos.
Nuestra cultura es patriarcal, nuestra forma de relacionarnos es, pues, patriarcal. La ideología de la construcción social y cultural del amor es patriarcal y capitalista, por eso amamos todos así, y no de otra manera. La buena noticia es que el amor se puede despatriarcalizar, descapitalizar, deconstruir, desmitificar, colectivizar y re-inventar, y además creo que tiene un hermoso y noble potencial revolucionario.
sábado, 30 de abril de 2016
Sobre el amor romántico
Vick
La construcción del amor romántico se constituye como una de las bases del estado nacional capitalista neoliberal, comúnmente llamado sociedad actual. Si bien puede sonar extraño que algo como el amor pueda estar relacionado con política y economía, esto es así, y la conexión está en que en la base del sistema económico y político se encuentra la familia, y ligado a ella se encuentra el supuesto del amor romántico, este concepto se instaura en las mentes de las personas como un ideal, en dónde se asume que el lograrlo permitirá llevar vida plena al mismo tiempo que se consigue la aceptación social.
La construcción del amor romántico se constituye como una de las bases del estado nacional capitalista neoliberal, comúnmente llamado sociedad actual. Si bien puede sonar extraño que algo como el amor pueda estar relacionado con política y economía, esto es así, y la conexión está en que en la base del sistema económico y político se encuentra la familia, y ligado a ella se encuentra el supuesto del amor romántico, este concepto se instaura en las mentes de las personas como un ideal, en dónde se asume que el lograrlo permitirá llevar vida plena al mismo tiempo que se consigue la aceptación social.
martes, 15 de marzo de 2016
Debate (A): El anarquismo y su propuesta de amor libre
Rosana López
[Nota previa de El Libertario: La autora es una marxista argentina que, pese a mostrar conocimiento del debate anarquista sobre el amor libre, se niega a entender la concepción anarquista de libertad, a la cual despacha esquematicamente como una concepción equivalente a la visión de la libertad que proclama la burguesía, lo que la lleva a concluir en algunos de los lugares comunes clásicos del marxismo para descalificar al anarquismo. No obstante esa limitación básica, nos ha parecido de interés reproducir el texto.]
Es sabido que el programa anarquista se caracteriza por su contenido antipatriótico, antiestatal, anticlerical y anticapitalista. La destrucción de las instituciones mencionadas y el establecimiento de la Anarquía asegurarían la liberación de los seres humanos y una sociedad deamoreigualdad. Laclase obrera es la clase explotada, pero las obreras son doblemente oprimidas: por un lado, como trabajadoras, y por otro, como mujeres. La propaganda anarquista exhorta, entonces, a las mujeres a luchar por la Revolución Social, pues la lucha de clases es inseparable de la lucha de género. Desde el siglo XIX, los teóricos y agitadores anarquistas elaboraron y promovieron una política de lo privado, de las relaciones entre géneros. Se oponían a la familia patriarcal, a la unión conyugal civil y religiosa, al matrimonio por obligación o conveniencia, a la prostitución, a la castidad y, consecuentemente, a la doble moral sexual. Promovían un nuevo tipo de familia basada en el amor libre. Aho ra bien, salvo un par de características comunes (la unión voluntaria y sobre la base del cariño como garantía de durabilidad), el concepto de amor libre tiene diversas variantes dentro del propio anarquismo. Un libro recientemente editado permite reflotar una vieja discusión.
Una antología para discutir
La colección Utopía Libertaria publicó el año pasado una compilación sobre el tema, realizada por Osvaldo Baigorria, también autor del prólogo.[1] El primer texto es de autor anónimo, publicado en el n° 2 de La Questione Sociale[2]. Presenta en forma más amplia que todos que le siguen, en qué consiste la unión libre. Cuando dos seres se aman, “la sociedad no tiene nada que ver en ello”; “la unión del hombre y de la mujer no es indisoluble”, pues no es una obligación que, porque dos personas “se ilusionaron en un instante de efervescencia, paguen con toda una vida de sufrimientos el error de un momento, que les ha hecho juzgar como una pasión profunda y eterna lo que no era más que el resultado de una sobreexcitación nerviosa.”(15) Las historias de infidelidades y de muchachas seducidas dan cuenta de que “el amor es más poderoso que todas las leyes”. Seguir las costumbres opresoras provoca en los temperamentos débiles, suicidios; pero en la mayoría de las personas, sólo hipocresía. Establece una alianza entre capitalismo y patriarcado y la burguesía, en tanto clase dominante, ha impuesto esas formas y esa moral a los efectos de reproducir sus intereses: “Queriendo el hombre propietario transmitir a sus descendientes el fruto de sus rapiñas y habiendo sido la mujer hasta hoy juzgada como inferior, y más como una propiedad que como un asociado, es evidente que el hombre ha sugestionadoa su familia para asegurar la supremacía sobre la mujer; y para así, ha sido necesario declarar la familia indisoluble.” (16) Los anarquistas quieren que la familia se base en el amor y no en el interés. De allí que considere el matrimonio burgués, el matrimonio por negocios, como una forma de prostitución, la “más vergonzosa”.
El resto de los textos construye un debate cuyo eje conductor es la posibilidad misma del “amor libre” en la sociedad actual o en la futura. Las posiciones se reparten a favor y en contra. En el polo negativo podemos ubicar a Mijail Bakunin y en el positivo a Luigi Fabbri. Bakunin sostiene que el amor sólo puede realizarse si la libertad individual es absoluta: el amor no puede significar ninguna forma de dependencia, de lo contrario, no es amor, sino una forma de esclavitud. Luigi Fabbri, por su parte, propone “la abolición del matrimonio oficial, de las leyes que lo regulan, (…) de la prepotencia del macho sobre la hembra, que es el origen o la consecuencia de ese matrimonio. Cuando ya no existan el salario y la explotación (…) entonces el amor será libre.”(28) Reconoce, sin embargo, que el amor libre presenta una objeción: la libertad absoluta es incompatible con la responsabilidad de la reproducción de la vida, pues las mujeres están expuestas a enfrentar una condición de vida económica y moral más difícil que la de los varones. “En el actual estado de cosas (le ha dicho una contradictora a Fabbri) el matrimonio legal es todavía una garantía para la mujer, que, aun separada del marido, encuentra apoyo en la sociedad, pronta, en cambio, a maltratar a la amante abandonada y hacerle difícil la existencia a ella y a su prole.”(29) Fabbri sostiene que esto es parcialmente cierto, pero llega al punto de reprender a la mujer que elige casarse porque “le falta coraje para afrontar las incertidumbres y las posibles miserias de una unión libre que puede concluir con el abandono y con el hambre para ella y los hijos…”.(30) Sin embargo, luego de exigir el martirio a las mujeres, sostiene que “en la vida real” es muy raro que se presente el caso extremo de tener que elegir entre el sacrificio del ideal o las privaciones para sí y los hijos. Dice que hay muchas opciones acordes con las necesidades de la vida y que no se contradicen con las ideas anarquistas, aunque nunca aclara en qué consisten. También, que no pretende que se aplique rígidamente la teoría en una sociedad que es hostil, de allí que a veces, “las contradicciones a que nos obligan por fuerza las necesidades de la vida” no deben ser desdeñadas, sino que no deben llevarse a cabo actos que respondan sólo como “homenaje a supersticiones muertas hace tiempo.”(31) Bakunin y Fabbri, dos de los máximos teóricos del anarquismo sostienen, entonces, que el amor es imposible (salvo que le creamos a Bakunin que la libertad absoluta es algo real) y que, no sólo es posible, sino que puede ejercerse ahora mismo (si no queremos que Fabbri nos acuse de cobardes). El resto de las posiciones oscila entre uno y otro polo.
Errico Malatesta se ubica más cerca de Bakunin, incluso con un escepticismo mayor. Sostiene que siempre va a existir el mal de amores, pues si el amor libre depende de la voluntad de dos individuos, puede suceder que ese amor no sea correspondido. De allí que crea que los celos son inseparables del amor, pues “es una pasión que engendra por sí misma tragedias.” La reproducción de la vida debe ser colectiva, pero la forma de la familia que conocemos ha sido “el mayor factor de desarrollo humano.” Con todo, insiste en que el amor no puede ser universal, de lo contrario, sería otra cosa, pues perdería su especificidad: “Mientras los hombres tengan los sentimientos que tienen –y un cambio en el régimen político y económico de la sociedad no nos parece suficiente para modificarlos por entero- el amor producirá al mismo tiempo grandes alegrías y grandes dolores.”(34-35)
Algunas posiciones parecen capaces de tocar tierra, encontrando los límites del amor en la sociedad presente, más que en una oposición abstracta entre este sentimiento y la libertad. Evelio Boal, anarquista catalán, por ejemplo, considera que el amor libre no es posible en tanto la mujer sea dependiente económicamente. La emancipación femenina se logrará sólo cuando se realice la emancipación económica de la mujer. Cuando la mujer disfrute de las mismas condiciones económicas que el hombre, entonces será posible el amor libre.
Paul Robin cuestiona el matrimonio religioso y civil, aunque reconoce que la desprotección legal en que podrían quedar los hijos puede ser un problema. Este problema no se resolvería ni siquiera en una sociedad comunista. Después de un rapto de cordura, sin embargo, el anarquista procede a echarle el fardo a las mujeres: la mujer debe ser madre solamente “cuando lo haya decidido después de madura reflexión”, los hijos que pueda mantener, cuya educación y sustento estén asegurados. También, tiene la confianza suficiente en el hombre, “cuya honradez lo impulsará a contribuir al sostenimiento material” (47) de los hijos que haya tenido, siga en pareja con la madre o no. Más cerca de Fabbri, incluso yendo más allá de su posición, se encuentra Emma Goldman, que afirma que el matrimonio y el amor no tienen nada en común, pues el matrimonio es nada más un acuerdo económico que encadena a la mujer, pues la hace dependiente del marido. En tanto que el amor es, por definición, libre y por eso, no necesita protección alguna, ni siquiera la legal. La cuestión de la propiedad del cuerpo de la mujer también la plantea Roberto de las Carreras: ellas son en el matrimonio, una propiedad del marido. Los celos son una consecuencia de esta propiedad y revelan, consecuentemente, un ser primitivo de la humanidad. De allí que plantee la situación como una oposición entre dos figuras masculinas, la del marido y la del amante. Uno es un atavismo (el matrimonio), el otro es el futuro (la Anarquía). ¿Las condiciones materiales? Bien, gracias.
Mientras la postura de Bakunin da pie a una ambigüedad que no define gran cosa, la de Fabbri emparenta rápidamente con el feminismo burgués. Efectivamente, ¿quién puede realizar ese amor libre sin protección legal alguna? Madonna, por ejemplo. El problema que subyace a toda la discusión es el idealismo bastante ingenuo con el cual el anarquismo ha examinado siempre la vida social.
El mismo idealismo de siempre
El autor del prólogo, Osvaldo Baigorria explica que los textos de la antología presentan diferencias entre sí porque la relación resultante entre los conceptos de amor y de libertad, es compleja y contradictoria. Como las formas conocidas del amor implican siempre alguna forma de dependencia y la “posesión es la antítesis de la libertad”, sólo hay una manera, a juicio de Baigorria, de conciliar ambos términos: “reinventando la palabra amor”. Un problema material se resuelve, a juicio del prologuista, cambiando una definición… Sin embargo, como veremos, el problema de los anarquistas no consiste en malinterpretar “la palabra amor”, sino en desconocer el contenido real de la palabra “libertad”.
El concepto individualista burgués (también anarquista) de libertad negativa, consiste en creer que somos más libres cuanto más solos estamos, pues no sólo no tendremos que rendirle cuentas a nadie, sino que también podremos hacer lo que nos venga en gana. Nada más equivocado: Robinson Crusoe es sólo un personaje literario. El concepto marxista de libertad es positivo: la libertad sólo es posible por la cooperación humana, porque el ser humano es un animal social. Sin la vida social ningún individuo puede sobrevivir. Es más: la libertad resulta de la victoria sobre la necesidad, es decir, sobre las restricciones materiales de la realidad. Es una función de la productividad del trabajo, que sólo se eleva con la complejidad, no con la simplificación, de la cooperación. El amor y la libertad no se oponen, contra lo que pretenden los anarquistas y Baigorria. Confunden la forma en que aparece bajo el capitalismo, con una supuesta polaridad abstraída de las relaciones sociales.
La mentira, en la ideología burguesa del amor, consiste en considerar que es igualador (que supera las diferencias de clase) y que todos los individuos pueden (y deben) vivirlo de la misma manera independientemente de su pertenencia de clase. Esta es la trampa del amor burgués: el matrimonio civil (y religioso), la familia nuclear y patriarcal, urbi et orbi. Los anarquistas no tienen una concepción diferente, simplemente invierten los términos de la prohibición: donde dice “matrimonio legal” dicen “fuera la ley”; donde dice “monogamia”, dicen “libre elección”. Pero el sustrato filosófico es el mismo: la libertad individual está en contradicción con la vida social. El resultado es la polaridad que se observa en la compilación: o el amor libre no existirá nunca o se puede realizar ahora mismo.[3]
Por eso, son capaces de criticar a las mujeres que no se animan a la “unión libre” o, como diríamos ahora, que buscan amparo en la ley burguesa. Y lo que es peor, algunos caen en el idealismo individualista más torpe al considerar que si son modificadas las formas del amor, la sociedad misma en sus estructuras se vería modificada, cuando el camino es ne- cesariamente inverso: pretender que las mujeres (en especial las obreras) vayan con sus hijos a cuestas por la vida sin tener siquiera la protección mínima de la ley burguesa es, en el mejor de los casos, ingenuidad, por no decir algo peor. Considerar que los compañeros anarquistas, como deben ser antes que cualquier otra cosa, fieles al ideal, habrán renunciado concientemente a llevar a cabo ningún acto que responda al patriarcado es, otra vez, o ingenuidad o algo peor.
Las denuncias de donjuanismo disfrazado de amor libre y de padres que, anarquistas y todo, abandonaban a su compañera y a sus hijos, recorre toda la prensa feminista anarquista: de La Voz de la Mujer a Nuestra Tribuna, el periódico dirigido por Juana Rouco Buela, leemos esas acusaciones en medio de los pedidos a los compañeros de que sean consecuentes con el programa del anarquismo. Esta confianza en la “bondad” del varón anarquista está ausente en algunas feministas anarquistas presentes en la misma compilación. La brasileña María Lacerda de Moura acusa a muchos compañeros de falsos anarquistas pues luchan en contra de la religión, el Estado y la propiedad privada, pero no consideran que la mujer sea soberana de su propio cuerpo. Dice que sostienen una doble moral, una para varones y otra para las mujeres. Esos falsos anarquistas son en verdad, enemigos de la emancipación humana. La liberación de la mujer es de orden sexual, solo después, la mujer se incorporará a las luchas masculinas. Pepita Guerra describe en a sus compañeros en La Voz de la Mujer en términos muy parecidos. Siendo más realistas, por esta vía las anarquistas feministas prefiguran los disparates de los años ’60 que desembocaron en la idea de que el “enemigo principal” de toda mujer no era el capitalismo o el patriarcado sino, simplemente, el varón… Una consecuencia lógica de una matriz de pensamiento que ignora el análisis de clase y se mueve en torno a las antinomias burguesas.
Amor y socialismo
El amor es una necesidad humana. Una necesidad social, material. La reproducción (no nos referimos estrictamente a la biológica, sino a la social) de la vida humana habría sido virtualmente imposible de no mediar este sentimiento de colaboración. Como señala correctamente Sor Juana en la Carta Atenagórica, el amor es carencia, por lo tanto necesidad y consecuentemente, búsqueda de lo necesario. Ahora bien, dado que la libertad es la conciencia de la necesidad, esa búsqueda y ese encuentro amoroso no son necesariamente coercitivos, autoritarios, sino que, por el contrario, son la base de la libertad. La cooperación (y el amor no es más que una de las for- mas “sentimentales” de la cooperación) nos hace libres. Toda la discusión sobre el amor se limita a la naturaleza de esa cooperación. En una sociedad de clases, no puede ser sino una cooperación antagónica. La única forma de eliminar el antagonismo latente en toda relación amorosa en la sociedad capitalista, es eliminando el capitalismo. El problema no es, entonces, entre amor y libertad, sino entre amor y capitalismo, portando el primero las potencialidades (la cooperación) que hacen posible la superación de la sociedad de clases. Podemos mejorar las condiciones de la existencia humana en la sociedad capitalista, no podremos nunca eliminar el antagonismo que la constituye en este marco social. Si queremos amar, de verdad, es mejor ir pensando en otra sociedad.
Preocupados por el problema, los anarquistas, en vez de enfrentar el problema de fondo, el de la lucha de clases con un ángulo feminista, que implicaría la lucha por la revolución social y simultáneamente, la lucha por reformas parciales en cuestiones de familia y de género que preparen la organización colectiva de la reproducción de la vida, se deshacen en reflexiones abstractas sobre problemas en buena parte ya superados por el propio capitalismo. De allí que, la única utilidad de una compilación como esta consiste en permitirnos reflexionar, una vez más, sobre los límites insalvables de una experiencia política ya superada por el tiempo.
Notas
(1) El libro también trae testimonios de experiencias sobre el amor libre, en particular, el caso de la colonia Cecilia, en Brasil a fines del siglo XIX, y en los ’60 norteamericanos, de los hippies, y se cierra con un anexo, un “glosario no monogámico básico”, en el cual se definen términos como amor, bigamia, libertad, matrimonio colectivo, orgía, swingers, entre otros. No nos ocuparemos de estas cuestiones.
(2) Periódico publicado entre los años 1895 y 1898 en Buenos Aires. Las cifras entre paréntesis indican el número de página correspondiente del libro reseñado.
(3) Dejemos de lado el hecho que la legalización del divorcio y la emancipación civil de la mujer han realizado el programa anarquista en buena medida, igual que la aceptación moral del intercambio de parejas y otras prácticas sexuales que a los mismos anarquistas los ponía en aprietos, como la homosexualidad.
[Tomado de http://razonyrevolucion.org/amor-sin-barreras-rosana-lopez-rodriguez.]
[Nota previa de El Libertario: La autora es una marxista argentina que, pese a mostrar conocimiento del debate anarquista sobre el amor libre, se niega a entender la concepción anarquista de libertad, a la cual despacha esquematicamente como una concepción equivalente a la visión de la libertad que proclama la burguesía, lo que la lleva a concluir en algunos de los lugares comunes clásicos del marxismo para descalificar al anarquismo. No obstante esa limitación básica, nos ha parecido de interés reproducir el texto.]
Es sabido que el programa anarquista se caracteriza por su contenido antipatriótico, antiestatal, anticlerical y anticapitalista. La destrucción de las instituciones mencionadas y el establecimiento de la Anarquía asegurarían la liberación de los seres humanos y una sociedad deamoreigualdad. Laclase obrera es la clase explotada, pero las obreras son doblemente oprimidas: por un lado, como trabajadoras, y por otro, como mujeres. La propaganda anarquista exhorta, entonces, a las mujeres a luchar por la Revolución Social, pues la lucha de clases es inseparable de la lucha de género. Desde el siglo XIX, los teóricos y agitadores anarquistas elaboraron y promovieron una política de lo privado, de las relaciones entre géneros. Se oponían a la familia patriarcal, a la unión conyugal civil y religiosa, al matrimonio por obligación o conveniencia, a la prostitución, a la castidad y, consecuentemente, a la doble moral sexual. Promovían un nuevo tipo de familia basada en el amor libre. Aho ra bien, salvo un par de características comunes (la unión voluntaria y sobre la base del cariño como garantía de durabilidad), el concepto de amor libre tiene diversas variantes dentro del propio anarquismo. Un libro recientemente editado permite reflotar una vieja discusión.
Una antología para discutir
La colección Utopía Libertaria publicó el año pasado una compilación sobre el tema, realizada por Osvaldo Baigorria, también autor del prólogo.[1] El primer texto es de autor anónimo, publicado en el n° 2 de La Questione Sociale[2]. Presenta en forma más amplia que todos que le siguen, en qué consiste la unión libre. Cuando dos seres se aman, “la sociedad no tiene nada que ver en ello”; “la unión del hombre y de la mujer no es indisoluble”, pues no es una obligación que, porque dos personas “se ilusionaron en un instante de efervescencia, paguen con toda una vida de sufrimientos el error de un momento, que les ha hecho juzgar como una pasión profunda y eterna lo que no era más que el resultado de una sobreexcitación nerviosa.”(15) Las historias de infidelidades y de muchachas seducidas dan cuenta de que “el amor es más poderoso que todas las leyes”. Seguir las costumbres opresoras provoca en los temperamentos débiles, suicidios; pero en la mayoría de las personas, sólo hipocresía. Establece una alianza entre capitalismo y patriarcado y la burguesía, en tanto clase dominante, ha impuesto esas formas y esa moral a los efectos de reproducir sus intereses: “Queriendo el hombre propietario transmitir a sus descendientes el fruto de sus rapiñas y habiendo sido la mujer hasta hoy juzgada como inferior, y más como una propiedad que como un asociado, es evidente que el hombre ha sugestionadoa su familia para asegurar la supremacía sobre la mujer; y para así, ha sido necesario declarar la familia indisoluble.” (16) Los anarquistas quieren que la familia se base en el amor y no en el interés. De allí que considere el matrimonio burgués, el matrimonio por negocios, como una forma de prostitución, la “más vergonzosa”.
El resto de los textos construye un debate cuyo eje conductor es la posibilidad misma del “amor libre” en la sociedad actual o en la futura. Las posiciones se reparten a favor y en contra. En el polo negativo podemos ubicar a Mijail Bakunin y en el positivo a Luigi Fabbri. Bakunin sostiene que el amor sólo puede realizarse si la libertad individual es absoluta: el amor no puede significar ninguna forma de dependencia, de lo contrario, no es amor, sino una forma de esclavitud. Luigi Fabbri, por su parte, propone “la abolición del matrimonio oficial, de las leyes que lo regulan, (…) de la prepotencia del macho sobre la hembra, que es el origen o la consecuencia de ese matrimonio. Cuando ya no existan el salario y la explotación (…) entonces el amor será libre.”(28) Reconoce, sin embargo, que el amor libre presenta una objeción: la libertad absoluta es incompatible con la responsabilidad de la reproducción de la vida, pues las mujeres están expuestas a enfrentar una condición de vida económica y moral más difícil que la de los varones. “En el actual estado de cosas (le ha dicho una contradictora a Fabbri) el matrimonio legal es todavía una garantía para la mujer, que, aun separada del marido, encuentra apoyo en la sociedad, pronta, en cambio, a maltratar a la amante abandonada y hacerle difícil la existencia a ella y a su prole.”(29) Fabbri sostiene que esto es parcialmente cierto, pero llega al punto de reprender a la mujer que elige casarse porque “le falta coraje para afrontar las incertidumbres y las posibles miserias de una unión libre que puede concluir con el abandono y con el hambre para ella y los hijos…”.(30) Sin embargo, luego de exigir el martirio a las mujeres, sostiene que “en la vida real” es muy raro que se presente el caso extremo de tener que elegir entre el sacrificio del ideal o las privaciones para sí y los hijos. Dice que hay muchas opciones acordes con las necesidades de la vida y que no se contradicen con las ideas anarquistas, aunque nunca aclara en qué consisten. También, que no pretende que se aplique rígidamente la teoría en una sociedad que es hostil, de allí que a veces, “las contradicciones a que nos obligan por fuerza las necesidades de la vida” no deben ser desdeñadas, sino que no deben llevarse a cabo actos que respondan sólo como “homenaje a supersticiones muertas hace tiempo.”(31) Bakunin y Fabbri, dos de los máximos teóricos del anarquismo sostienen, entonces, que el amor es imposible (salvo que le creamos a Bakunin que la libertad absoluta es algo real) y que, no sólo es posible, sino que puede ejercerse ahora mismo (si no queremos que Fabbri nos acuse de cobardes). El resto de las posiciones oscila entre uno y otro polo.
Errico Malatesta se ubica más cerca de Bakunin, incluso con un escepticismo mayor. Sostiene que siempre va a existir el mal de amores, pues si el amor libre depende de la voluntad de dos individuos, puede suceder que ese amor no sea correspondido. De allí que crea que los celos son inseparables del amor, pues “es una pasión que engendra por sí misma tragedias.” La reproducción de la vida debe ser colectiva, pero la forma de la familia que conocemos ha sido “el mayor factor de desarrollo humano.” Con todo, insiste en que el amor no puede ser universal, de lo contrario, sería otra cosa, pues perdería su especificidad: “Mientras los hombres tengan los sentimientos que tienen –y un cambio en el régimen político y económico de la sociedad no nos parece suficiente para modificarlos por entero- el amor producirá al mismo tiempo grandes alegrías y grandes dolores.”(34-35)
Algunas posiciones parecen capaces de tocar tierra, encontrando los límites del amor en la sociedad presente, más que en una oposición abstracta entre este sentimiento y la libertad. Evelio Boal, anarquista catalán, por ejemplo, considera que el amor libre no es posible en tanto la mujer sea dependiente económicamente. La emancipación femenina se logrará sólo cuando se realice la emancipación económica de la mujer. Cuando la mujer disfrute de las mismas condiciones económicas que el hombre, entonces será posible el amor libre.
Paul Robin cuestiona el matrimonio religioso y civil, aunque reconoce que la desprotección legal en que podrían quedar los hijos puede ser un problema. Este problema no se resolvería ni siquiera en una sociedad comunista. Después de un rapto de cordura, sin embargo, el anarquista procede a echarle el fardo a las mujeres: la mujer debe ser madre solamente “cuando lo haya decidido después de madura reflexión”, los hijos que pueda mantener, cuya educación y sustento estén asegurados. También, tiene la confianza suficiente en el hombre, “cuya honradez lo impulsará a contribuir al sostenimiento material” (47) de los hijos que haya tenido, siga en pareja con la madre o no. Más cerca de Fabbri, incluso yendo más allá de su posición, se encuentra Emma Goldman, que afirma que el matrimonio y el amor no tienen nada en común, pues el matrimonio es nada más un acuerdo económico que encadena a la mujer, pues la hace dependiente del marido. En tanto que el amor es, por definición, libre y por eso, no necesita protección alguna, ni siquiera la legal. La cuestión de la propiedad del cuerpo de la mujer también la plantea Roberto de las Carreras: ellas son en el matrimonio, una propiedad del marido. Los celos son una consecuencia de esta propiedad y revelan, consecuentemente, un ser primitivo de la humanidad. De allí que plantee la situación como una oposición entre dos figuras masculinas, la del marido y la del amante. Uno es un atavismo (el matrimonio), el otro es el futuro (la Anarquía). ¿Las condiciones materiales? Bien, gracias.
Mientras la postura de Bakunin da pie a una ambigüedad que no define gran cosa, la de Fabbri emparenta rápidamente con el feminismo burgués. Efectivamente, ¿quién puede realizar ese amor libre sin protección legal alguna? Madonna, por ejemplo. El problema que subyace a toda la discusión es el idealismo bastante ingenuo con el cual el anarquismo ha examinado siempre la vida social.
El mismo idealismo de siempre
El autor del prólogo, Osvaldo Baigorria explica que los textos de la antología presentan diferencias entre sí porque la relación resultante entre los conceptos de amor y de libertad, es compleja y contradictoria. Como las formas conocidas del amor implican siempre alguna forma de dependencia y la “posesión es la antítesis de la libertad”, sólo hay una manera, a juicio de Baigorria, de conciliar ambos términos: “reinventando la palabra amor”. Un problema material se resuelve, a juicio del prologuista, cambiando una definición… Sin embargo, como veremos, el problema de los anarquistas no consiste en malinterpretar “la palabra amor”, sino en desconocer el contenido real de la palabra “libertad”.
El concepto individualista burgués (también anarquista) de libertad negativa, consiste en creer que somos más libres cuanto más solos estamos, pues no sólo no tendremos que rendirle cuentas a nadie, sino que también podremos hacer lo que nos venga en gana. Nada más equivocado: Robinson Crusoe es sólo un personaje literario. El concepto marxista de libertad es positivo: la libertad sólo es posible por la cooperación humana, porque el ser humano es un animal social. Sin la vida social ningún individuo puede sobrevivir. Es más: la libertad resulta de la victoria sobre la necesidad, es decir, sobre las restricciones materiales de la realidad. Es una función de la productividad del trabajo, que sólo se eleva con la complejidad, no con la simplificación, de la cooperación. El amor y la libertad no se oponen, contra lo que pretenden los anarquistas y Baigorria. Confunden la forma en que aparece bajo el capitalismo, con una supuesta polaridad abstraída de las relaciones sociales.
La mentira, en la ideología burguesa del amor, consiste en considerar que es igualador (que supera las diferencias de clase) y que todos los individuos pueden (y deben) vivirlo de la misma manera independientemente de su pertenencia de clase. Esta es la trampa del amor burgués: el matrimonio civil (y religioso), la familia nuclear y patriarcal, urbi et orbi. Los anarquistas no tienen una concepción diferente, simplemente invierten los términos de la prohibición: donde dice “matrimonio legal” dicen “fuera la ley”; donde dice “monogamia”, dicen “libre elección”. Pero el sustrato filosófico es el mismo: la libertad individual está en contradicción con la vida social. El resultado es la polaridad que se observa en la compilación: o el amor libre no existirá nunca o se puede realizar ahora mismo.[3]
Por eso, son capaces de criticar a las mujeres que no se animan a la “unión libre” o, como diríamos ahora, que buscan amparo en la ley burguesa. Y lo que es peor, algunos caen en el idealismo individualista más torpe al considerar que si son modificadas las formas del amor, la sociedad misma en sus estructuras se vería modificada, cuando el camino es ne- cesariamente inverso: pretender que las mujeres (en especial las obreras) vayan con sus hijos a cuestas por la vida sin tener siquiera la protección mínima de la ley burguesa es, en el mejor de los casos, ingenuidad, por no decir algo peor. Considerar que los compañeros anarquistas, como deben ser antes que cualquier otra cosa, fieles al ideal, habrán renunciado concientemente a llevar a cabo ningún acto que responda al patriarcado es, otra vez, o ingenuidad o algo peor.
Las denuncias de donjuanismo disfrazado de amor libre y de padres que, anarquistas y todo, abandonaban a su compañera y a sus hijos, recorre toda la prensa feminista anarquista: de La Voz de la Mujer a Nuestra Tribuna, el periódico dirigido por Juana Rouco Buela, leemos esas acusaciones en medio de los pedidos a los compañeros de que sean consecuentes con el programa del anarquismo. Esta confianza en la “bondad” del varón anarquista está ausente en algunas feministas anarquistas presentes en la misma compilación. La brasileña María Lacerda de Moura acusa a muchos compañeros de falsos anarquistas pues luchan en contra de la religión, el Estado y la propiedad privada, pero no consideran que la mujer sea soberana de su propio cuerpo. Dice que sostienen una doble moral, una para varones y otra para las mujeres. Esos falsos anarquistas son en verdad, enemigos de la emancipación humana. La liberación de la mujer es de orden sexual, solo después, la mujer se incorporará a las luchas masculinas. Pepita Guerra describe en a sus compañeros en La Voz de la Mujer en términos muy parecidos. Siendo más realistas, por esta vía las anarquistas feministas prefiguran los disparates de los años ’60 que desembocaron en la idea de que el “enemigo principal” de toda mujer no era el capitalismo o el patriarcado sino, simplemente, el varón… Una consecuencia lógica de una matriz de pensamiento que ignora el análisis de clase y se mueve en torno a las antinomias burguesas.
Amor y socialismo
El amor es una necesidad humana. Una necesidad social, material. La reproducción (no nos referimos estrictamente a la biológica, sino a la social) de la vida humana habría sido virtualmente imposible de no mediar este sentimiento de colaboración. Como señala correctamente Sor Juana en la Carta Atenagórica, el amor es carencia, por lo tanto necesidad y consecuentemente, búsqueda de lo necesario. Ahora bien, dado que la libertad es la conciencia de la necesidad, esa búsqueda y ese encuentro amoroso no son necesariamente coercitivos, autoritarios, sino que, por el contrario, son la base de la libertad. La cooperación (y el amor no es más que una de las for- mas “sentimentales” de la cooperación) nos hace libres. Toda la discusión sobre el amor se limita a la naturaleza de esa cooperación. En una sociedad de clases, no puede ser sino una cooperación antagónica. La única forma de eliminar el antagonismo latente en toda relación amorosa en la sociedad capitalista, es eliminando el capitalismo. El problema no es, entonces, entre amor y libertad, sino entre amor y capitalismo, portando el primero las potencialidades (la cooperación) que hacen posible la superación de la sociedad de clases. Podemos mejorar las condiciones de la existencia humana en la sociedad capitalista, no podremos nunca eliminar el antagonismo que la constituye en este marco social. Si queremos amar, de verdad, es mejor ir pensando en otra sociedad.
Preocupados por el problema, los anarquistas, en vez de enfrentar el problema de fondo, el de la lucha de clases con un ángulo feminista, que implicaría la lucha por la revolución social y simultáneamente, la lucha por reformas parciales en cuestiones de familia y de género que preparen la organización colectiva de la reproducción de la vida, se deshacen en reflexiones abstractas sobre problemas en buena parte ya superados por el propio capitalismo. De allí que, la única utilidad de una compilación como esta consiste en permitirnos reflexionar, una vez más, sobre los límites insalvables de una experiencia política ya superada por el tiempo.
Notas
(1) El libro también trae testimonios de experiencias sobre el amor libre, en particular, el caso de la colonia Cecilia, en Brasil a fines del siglo XIX, y en los ’60 norteamericanos, de los hippies, y se cierra con un anexo, un “glosario no monogámico básico”, en el cual se definen términos como amor, bigamia, libertad, matrimonio colectivo, orgía, swingers, entre otros. No nos ocuparemos de estas cuestiones.
(2) Periódico publicado entre los años 1895 y 1898 en Buenos Aires. Las cifras entre paréntesis indican el número de página correspondiente del libro reseñado.
(3) Dejemos de lado el hecho que la legalización del divorcio y la emancipación civil de la mujer han realizado el programa anarquista en buena medida, igual que la aceptación moral del intercambio de parejas y otras prácticas sexuales que a los mismos anarquistas los ponía en aprietos, como la homosexualidad.
[Tomado de http://razonyrevolucion.org/amor-sin-barreras-rosana-lopez-rodriguez.]
lunes, 1 de febrero de 2016
Manifiesto corto e instructivo para la Anarquía Relacional
Andie Nordgren
El amor es abundante, y cada relación única
La anarquía relacional cuestiona la idea de que el amor sea un recurso limitado que sólo puede ser real si se limita a una pareja. Tienes la capacidad de amar a más de una persona, y una relación y el amor que sientes por esa persona no hace disminuir el amor hacia otrxs. No clasifiques ni compares personas y relaciones, aprecia las individualidades y tu conexión con ellas. Una persona en tu vida no tiene por qué ser nombrada como principal para que la relación sea real. Cada relación es independiente, y es una relación entre individuxs autónomxs.
Amor y respeto en lugar de derecho
La decisión de no basar una relación en una fundación de derechos pasa por el respeto a la independencia de lxs demás y su autodeterminación. Tus sentimientos hacia una persona o vuestra historia juntxs no te da derecho a mandar y controlar a unx compañerx para cumplir con lo que se considera normal en una relación. Explora cómo podéis acoplaros sin pasar por encima de límites y convicciones personales.
En lugar de buscar compromisos en todas las situaciones, permite a tus seres queridos que elijan caminos que mantengan intacta su integridad, sin que esto signifique una crisis en la relación. Mantenerse alejadx de derechos y exigencias es la única manera de estar segurx de que estás en una relación que es realmente mutua. El amor no es más "real" cuando la gente se compromete mutuamente porque es parte de lo que se espera.
Encuentra tu conjunto básico de valores de relación
¿Cómo te gustaría ser tratadx por los demás? ¿Cuáles son tus límites básicos y expectativas en todas las relaciones? ¿con qué tipo de gente te gustaría pasar tu vida, y cómo te gustaría que funcionaran vuestras relaciones? Encuentra tu conjunto básico de valores y úsalo en todas las relaciones. No hagas reglas especiales y excepciones como forma de mostrar a la gente que les amas "de verdad".
El heterosexismo está muy presente ahí fuera, pero no dejes que el miedo te lleve
Recuerda que hay un sistema normativo muy poderoso (en juego) que dicta lo que es el verdadero amor y cómo debe vivir la gente. Muchxs te cuestionarán y cuestionarán la validez de tus relaciones cuando no sigas esas normas. Trabaja con la gente que quieres para encontrar vías de escape y trucos para hacer frente a la peor de las normas problemáticas. Encuentra los contrahechizos positivos y no dejes que el miedo conduzca tus relaciones.
Construye para lo encantador inesperado
Sentirse libre para ser espontánex de expresarse sin temor a castigos o una sensación de agobiantes "deberes"— es lo que da vida a relaciones basadas en la anarquía relacional. Organiza basándote en un deseo de conocerse y explorarse entre sí no en las obligaciones y exigencias, y decepciones cuando no se cumplen.
Finge hasta que lo consigas
A veces puede parecer que unx necesite ser unx superhumanx (total) para manejar toda la ruptura de normas que supone la elección de relaciones que no se ajustan a la norma. Un buen truco es la estrategia "fingir hasta que lo consigas": cuando te sientes fuerte e inspiradx, piensa en cómo te gustaría verte actuar. Transforma eso en algunas pautas simples y agárrate a ellas cuando las cosas se pongan duras. Habla con y busca el apoyo de otrxs que desafían las normas, y nunca te reproches cuando la presión de una norma te lleve a conductas que no deseabas.
Confiar es mejor
La elección de asumir que tu pareja
no quiere hacerte daño te lleva por un camino mucho más positivo que un acercamiento desconfiado donde tienes que estar constantemente validadx por la otra persona para confiar en que está (ahí) contigo en la relación. A veces las personas tienen tantas cosas que pasan en su interior que simplemente no tienen energía para extender la mano y cuidar a lxs demás. Crea el tipo de relación en la que la retirada es a la vez apoyada y rápidamente perdonada, y dale a la gente muchas oportunidades de hablar, explicar, verte y ser responsable en la relación. ¡Pero recuerda tus valores fundamentales y cuidar de ti mismx.
Cambia a través de la comunicación
Para la mayoría de actividades humanas hay algún tipo de norma de cómo se supone que funciona. Si deseas desviarte de este patrón es necesario comunicarlo, de lo contrario las cosas tienden a terminar siguiendo la norma, ya que otros se comportan de acuerdo a ella. La comunicación y las acciones conjuntas para el cambio son la única manera de salirse del patrón. Las relaciones radicales deben tener la conversación y la comunicación desde el corazón, no como un estado de emergencia traído sólo para resolver "problemas". Comunícate en un contexto de confianza. Estamos tan acostumbradxs a que la gente nunca diga lo que realmente piensa y siente que tenemos que leer entre líneas y extrapolar para dar con lo que realmente quieren decir. Pero estas interpretaciones sólo se pueden construir sobre experiencias anteriores, por lo general basadas en las normas de las que tratas de escapar. Pregúntense entre ustedes acerca de las cosas, ¡y sean explícitxs!
Personaliza tus compromisos
La vida no tendría mucha estructura o sentido sin la unión con otras personas para lograr las cosas: la construcción de una vida juntxs, criar a lxs hijxs, tener una casa o crecer juntxs en las buenas y en las malas. Tales esfuerzos por lo general necesitan una gran cantidad de confianza y compromiso entre las personas para funcionar. La anarquía relacional no es nada parecidoa no comprometerse con nada, se trata de diseñar tus propios compromisos con las personas que te rodean, y liberarlos de las normas que dictan que ciertos tipos de compromisos son un requisito para que el amor sea real, o que algunos compromisos, como criar hijxs o vivir juntxs, tienen que ser impulsados por cierto tipo de sentimientos. ¡Empieza de cero y sé explícitx sobre qué tipo de compromisos quieres tener con otras personas.
[Tomado de http://elbosqueenelquevivo.blogspot.com.es/2013/12/manifiesto-corto-e-instructivo-para-la.html.]
El amor es abundante, y cada relación única
La anarquía relacional cuestiona la idea de que el amor sea un recurso limitado que sólo puede ser real si se limita a una pareja. Tienes la capacidad de amar a más de una persona, y una relación y el amor que sientes por esa persona no hace disminuir el amor hacia otrxs. No clasifiques ni compares personas y relaciones, aprecia las individualidades y tu conexión con ellas. Una persona en tu vida no tiene por qué ser nombrada como principal para que la relación sea real. Cada relación es independiente, y es una relación entre individuxs autónomxs.
Amor y respeto en lugar de derecho
La decisión de no basar una relación en una fundación de derechos pasa por el respeto a la independencia de lxs demás y su autodeterminación. Tus sentimientos hacia una persona o vuestra historia juntxs no te da derecho a mandar y controlar a unx compañerx para cumplir con lo que se considera normal en una relación. Explora cómo podéis acoplaros sin pasar por encima de límites y convicciones personales.
En lugar de buscar compromisos en todas las situaciones, permite a tus seres queridos que elijan caminos que mantengan intacta su integridad, sin que esto signifique una crisis en la relación. Mantenerse alejadx de derechos y exigencias es la única manera de estar segurx de que estás en una relación que es realmente mutua. El amor no es más "real" cuando la gente se compromete mutuamente porque es parte de lo que se espera.
Encuentra tu conjunto básico de valores de relación
¿Cómo te gustaría ser tratadx por los demás? ¿Cuáles son tus límites básicos y expectativas en todas las relaciones? ¿con qué tipo de gente te gustaría pasar tu vida, y cómo te gustaría que funcionaran vuestras relaciones? Encuentra tu conjunto básico de valores y úsalo en todas las relaciones. No hagas reglas especiales y excepciones como forma de mostrar a la gente que les amas "de verdad".
El heterosexismo está muy presente ahí fuera, pero no dejes que el miedo te lleve
Recuerda que hay un sistema normativo muy poderoso (en juego) que dicta lo que es el verdadero amor y cómo debe vivir la gente. Muchxs te cuestionarán y cuestionarán la validez de tus relaciones cuando no sigas esas normas. Trabaja con la gente que quieres para encontrar vías de escape y trucos para hacer frente a la peor de las normas problemáticas. Encuentra los contrahechizos positivos y no dejes que el miedo conduzca tus relaciones.
Construye para lo encantador inesperado
Sentirse libre para ser espontánex de expresarse sin temor a castigos o una sensación de agobiantes "deberes"— es lo que da vida a relaciones basadas en la anarquía relacional. Organiza basándote en un deseo de conocerse y explorarse entre sí no en las obligaciones y exigencias, y decepciones cuando no se cumplen.
Finge hasta que lo consigas
A veces puede parecer que unx necesite ser unx superhumanx (total) para manejar toda la ruptura de normas que supone la elección de relaciones que no se ajustan a la norma. Un buen truco es la estrategia "fingir hasta que lo consigas": cuando te sientes fuerte e inspiradx, piensa en cómo te gustaría verte actuar. Transforma eso en algunas pautas simples y agárrate a ellas cuando las cosas se pongan duras. Habla con y busca el apoyo de otrxs que desafían las normas, y nunca te reproches cuando la presión de una norma te lleve a conductas que no deseabas.
Confiar es mejor
La elección de asumir que tu pareja
no quiere hacerte daño te lleva por un camino mucho más positivo que un acercamiento desconfiado donde tienes que estar constantemente validadx por la otra persona para confiar en que está (ahí) contigo en la relación. A veces las personas tienen tantas cosas que pasan en su interior que simplemente no tienen energía para extender la mano y cuidar a lxs demás. Crea el tipo de relación en la que la retirada es a la vez apoyada y rápidamente perdonada, y dale a la gente muchas oportunidades de hablar, explicar, verte y ser responsable en la relación. ¡Pero recuerda tus valores fundamentales y cuidar de ti mismx.
Cambia a través de la comunicación
Para la mayoría de actividades humanas hay algún tipo de norma de cómo se supone que funciona. Si deseas desviarte de este patrón es necesario comunicarlo, de lo contrario las cosas tienden a terminar siguiendo la norma, ya que otros se comportan de acuerdo a ella. La comunicación y las acciones conjuntas para el cambio son la única manera de salirse del patrón. Las relaciones radicales deben tener la conversación y la comunicación desde el corazón, no como un estado de emergencia traído sólo para resolver "problemas". Comunícate en un contexto de confianza. Estamos tan acostumbradxs a que la gente nunca diga lo que realmente piensa y siente que tenemos que leer entre líneas y extrapolar para dar con lo que realmente quieren decir. Pero estas interpretaciones sólo se pueden construir sobre experiencias anteriores, por lo general basadas en las normas de las que tratas de escapar. Pregúntense entre ustedes acerca de las cosas, ¡y sean explícitxs!
Personaliza tus compromisos
La vida no tendría mucha estructura o sentido sin la unión con otras personas para lograr las cosas: la construcción de una vida juntxs, criar a lxs hijxs, tener una casa o crecer juntxs en las buenas y en las malas. Tales esfuerzos por lo general necesitan una gran cantidad de confianza y compromiso entre las personas para funcionar. La anarquía relacional no es nada parecidoa no comprometerse con nada, se trata de diseñar tus propios compromisos con las personas que te rodean, y liberarlos de las normas que dictan que ciertos tipos de compromisos son un requisito para que el amor sea real, o que algunos compromisos, como criar hijxs o vivir juntxs, tienen que ser impulsados por cierto tipo de sentimientos. ¡Empieza de cero y sé explícitx sobre qué tipo de compromisos quieres tener con otras personas.
[Tomado de http://elbosqueenelquevivo.blogspot.com.es/2013/12/manifiesto-corto-e-instructivo-para-la.html.]
jueves, 20 de agosto de 2015
Argentina: Se estrena documental sobre América Scarfó y Severino Di Giovanni
Diario Página/12 (Buenos Aires)
Hay una historia que se conoce. Es la del italiano Severino di Giovanni, quien emigró a la Argentina en los años '20 para desempeñarse como obrero tipógrafo y fue el anarquista expropiador más buscado en el Río de la Plata durante los comienzos del siglo pasado. Osvaldo Bayer lo estudió con detalle y precisión en el libro Severino di Giovanni, el idealista de la violencia, que es un referente del estudio histórico de este hombre que fue fusilado por la dictadura de José Félix Uriburu, a los 29 años, cuando corría 1931. Pero hay otra historia que no es tan conocida: la historia de amor que entabló este joven de convicciones muy fuertes con una adolescente argentina y también anarquista: América Scarfó. Cuando se conocieron, ella tenía tan solo catorce años y Di Giovanni, veintisiete. No sólo se amaban, sino que se enamoraron de las ideas que cada uno defendía. Y eso consolidó la relación, a pesar de que se trató de un amor clandestino en más de un sentido. Esta es la historia que narra "Los ojos de América", documental realizado por Daiana Rosenfeld y Aníbal Garisto que, tras ganar el Programa de Fomento a la Producción y Teledifusión del Documental Latinoamericano (DocTV), se estrenará el 20/8/2015 en el Espacio Incaa Gaumont [Buenos Aires].
jueves, 28 de mayo de 2015
Roberto de las Carreras: ¿Anarquista, pornoanarquista y/o pornógrafo? - Entrevista a Marcos Wasem
Jorge Costigliolo (Montevideo Portal)
La vida de Roberto de las Carreras ha sido rescatada en los últimos años por la cultura uruguaya, y desde la literatura hasta el Carnaval, la peripecia vital del hijo bastardo, el dandy desaforado, el escritor enloquecido, fue tierra fértil para la investigación y la parodia. No ocurrió lo mismo, en cambio, con su obra.
Pornógrafo, degenerado, anarquista, Roberto de las Carreras se valió de las palabras y de la forma de presentar esas palabras para atentar contra la moral de la "toldería de Montevideo", como calificó a la ciudad en la que había nacido cuando arrancaba el último cuarto del siglo XIX.
Marcos Wasem (docente uruguayo de Literatura, Máster en el Departamento de estudios españoles y latinoamericanos de la Universidad Hebrea de Jerusalén y doctorado en el Programa de lenguas y literaturas hispánicas del Graduate Center, CUNY, Nueva York) se sumergió en los textos de Roberto de las Carreras, e investigó sobre las relaciones del autor con el movimiento ácrata de la época y su incidencia en los debates sobre la sexualidad y los derechos de las mujeres.
La vida de Roberto de las Carreras ha sido rescatada en los últimos años por la cultura uruguaya, y desde la literatura hasta el Carnaval, la peripecia vital del hijo bastardo, el dandy desaforado, el escritor enloquecido, fue tierra fértil para la investigación y la parodia. No ocurrió lo mismo, en cambio, con su obra.
Pornógrafo, degenerado, anarquista, Roberto de las Carreras se valió de las palabras y de la forma de presentar esas palabras para atentar contra la moral de la "toldería de Montevideo", como calificó a la ciudad en la que había nacido cuando arrancaba el último cuarto del siglo XIX.
Marcos Wasem (docente uruguayo de Literatura, Máster en el Departamento de estudios españoles y latinoamericanos de la Universidad Hebrea de Jerusalén y doctorado en el Programa de lenguas y literaturas hispánicas del Graduate Center, CUNY, Nueva York) se sumergió en los textos de Roberto de las Carreras, e investigó sobre las relaciones del autor con el movimiento ácrata de la época y su incidencia en los debates sobre la sexualidad y los derechos de las mujeres.
jueves, 7 de mayo de 2015
¿Qué es el anarquismo relacional?
-L.V.R.-
Según quien lo mire puede ser considerado poliamor o no, pero está claro que tienen mucho en común: respetan la libertad de los individuos dentro de la relación y supone un cambio liberal del estilo de vida. Este, el anarquismo relacional es muy radical, llegando a poner en duda todas las reglas creadas a la hora de crear vínculos de amistad, familiar/afectivos o sexo-afectivos... Es un modelo que pone en duda todas las reglas, que las desecha.
Una persona socialmente habitual diría que es insostenible, que sería un caos. ¿No son los sentimientos ya un caos?, ¿el sistema hegemónico monógamo no oprime nuestros sentimientos y nos hace daño?... Invito al lector a cuestionar, a ser crítico. Esta propuesta tampoco es algo que puedas apoyar de un día para otro, pero como mínimo espero que consigas respetar y ser tolerante con quienes la practican.
El anarquismo relacional no es no tener compromisos, más bien, es crear nuestros propios compromisos, dentro de la libertad de elegirlos según el tipo de sentimiento que experimentemos y tratar a esas personas según nuestro criterio sin vernos influidos por unas reglas impuestas exteriores. Nadie nos pregunta si queremos gestionar nuestras relaciones de esa manera o no.
Según quien lo mire puede ser considerado poliamor o no, pero está claro que tienen mucho en común: respetan la libertad de los individuos dentro de la relación y supone un cambio liberal del estilo de vida. Este, el anarquismo relacional es muy radical, llegando a poner en duda todas las reglas creadas a la hora de crear vínculos de amistad, familiar/afectivos o sexo-afectivos... Es un modelo que pone en duda todas las reglas, que las desecha.
Una persona socialmente habitual diría que es insostenible, que sería un caos. ¿No son los sentimientos ya un caos?, ¿el sistema hegemónico monógamo no oprime nuestros sentimientos y nos hace daño?... Invito al lector a cuestionar, a ser crítico. Esta propuesta tampoco es algo que puedas apoyar de un día para otro, pero como mínimo espero que consigas respetar y ser tolerante con quienes la practican.
El anarquismo relacional no es no tener compromisos, más bien, es crear nuestros propios compromisos, dentro de la libertad de elegirlos según el tipo de sentimiento que experimentemos y tratar a esas personas según nuestro criterio sin vernos influidos por unas reglas impuestas exteriores. Nadie nos pregunta si queremos gestionar nuestras relaciones de esa manera o no.
Como en esta imagen, según yo la interpreto cada color es un sentimiento que coincide en una serie de personas con las que nos relacionamos y muchos de estos tienen que ver con otros colores y se gestionan de formas parecidas pero sin llegar a ser lo mismo, e incluso con cada persona que conocemos podríamos tener un color diferente...
Se diferencia pues del poliamor, en que no hace falta realizar una distinción formal entre las relaciones sexo-afectivas. Se considera que esto no es necesario para poner mantener, disfrutar y expresar el amor en sus relaciones.
Características del anarquismo relacional (que pueden tener mucho en común con otros tipos de amor):
- Afirma que se puede amar a más de una persona o varias, sin que se disminuya lo que se siente por las otras parejas. Ninguna necesita la denominación de "primaria", simplemente son diferentes.
- La relación no es conseguir derechos sobre otra persona, se sigue manteniendo una independencia y autodeterminación. No se considera que tengan que seguirse o sentirse obligades a hacer lo habitual en las relaciones monógamas.
- "¿Cómo deseamos ser tratados por lxs demás? ¿Cuáles son nuestros límites básicos y nuestras expectativas en todas las relaciones? ¿Con qué tipo de personas nos gustaría pasar la vida y cómo nos gustaría que funcionaran nuestras relaciones?" (Fuente: Anarquismo Relacional de Andie Nordgren, publicado en sueco como “Relationsanarki i 8 punkter” por Interacting Arts en 2006.)
- Explorarnos con cada persona, no sentirnos reprimidos o obligados, buscar la manera en la que nos gustaría llevar esa relación.
- Se empieza por imaginar la relación, luego hay que enfrentarse a la sociedad, además de mantener y estar seguros de lo que queremos, ya que no estamos haciendo nada malo.
- La comunicación es imprescindible: transmitir cómo nos sentimos, qué nos gustaría, si algo nos hace sentir mal...
- Se deben construir los compromisos a nuestra medida.
Este modo de gestionar nuestras relaciones es una manera de encontrar libertad donde sólo hemos encontrado jaulas, algunas mejor decoradas que otras, unas más cómodas, unas más divertidas, unas más alegres o completas... Pero al fin y al cabo: jaulas. ¿Por qué no hacer las cosas a nuestra manera? Con personalidad. Con respeto. Con tolerancia a quienes sí/no lo practican. ¿Por qué no quitarle las telarañas a nuestras alas? Quizás el cielo no está despejado, hoy llueve, pero por mucho que nos pesen las plumas podemos con todo. Que no te digan que es imposible, imposible es no ser revolucionario en algún aspecto de nosotros mismos, no serlo, sería como ser un robot que acepta todos los comandos que recibe. Y no somos robots, somos personas, más que eso, humanos, tenemos sentimientos.
Yo estoy en ello, ¿te unes?
[Tomado de http://amorlibrespain.blogspot.com/2015/04/que-es-el-anarquismo-relacional.html.]
Se diferencia pues del poliamor, en que no hace falta realizar una distinción formal entre las relaciones sexo-afectivas. Se considera que esto no es necesario para poner mantener, disfrutar y expresar el amor en sus relaciones.
Características del anarquismo relacional (que pueden tener mucho en común con otros tipos de amor):
- Afirma que se puede amar a más de una persona o varias, sin que se disminuya lo que se siente por las otras parejas. Ninguna necesita la denominación de "primaria", simplemente son diferentes.
- La relación no es conseguir derechos sobre otra persona, se sigue manteniendo una independencia y autodeterminación. No se considera que tengan que seguirse o sentirse obligades a hacer lo habitual en las relaciones monógamas.
- "¿Cómo deseamos ser tratados por lxs demás? ¿Cuáles son nuestros límites básicos y nuestras expectativas en todas las relaciones? ¿Con qué tipo de personas nos gustaría pasar la vida y cómo nos gustaría que funcionaran nuestras relaciones?" (Fuente: Anarquismo Relacional de Andie Nordgren, publicado en sueco como “Relationsanarki i 8 punkter” por Interacting Arts en 2006.)
- Explorarnos con cada persona, no sentirnos reprimidos o obligados, buscar la manera en la que nos gustaría llevar esa relación.
- Se empieza por imaginar la relación, luego hay que enfrentarse a la sociedad, además de mantener y estar seguros de lo que queremos, ya que no estamos haciendo nada malo.
- La comunicación es imprescindible: transmitir cómo nos sentimos, qué nos gustaría, si algo nos hace sentir mal...
- Se deben construir los compromisos a nuestra medida.
Este modo de gestionar nuestras relaciones es una manera de encontrar libertad donde sólo hemos encontrado jaulas, algunas mejor decoradas que otras, unas más cómodas, unas más divertidas, unas más alegres o completas... Pero al fin y al cabo: jaulas. ¿Por qué no hacer las cosas a nuestra manera? Con personalidad. Con respeto. Con tolerancia a quienes sí/no lo practican. ¿Por qué no quitarle las telarañas a nuestras alas? Quizás el cielo no está despejado, hoy llueve, pero por mucho que nos pesen las plumas podemos con todo. Que no te digan que es imposible, imposible es no ser revolucionario en algún aspecto de nosotros mismos, no serlo, sería como ser un robot que acepta todos los comandos que recibe. Y no somos robots, somos personas, más que eso, humanos, tenemos sentimientos.
Yo estoy en ello, ¿te unes?
[Tomado de http://amorlibrespain.blogspot.com/2015/04/que-es-el-anarquismo-relacional.html.]
lunes, 16 de febrero de 2015
Anarquismo y romanticismo: Emma Goldman y el amor libre
Rodrigo Quesada M.
El amor libre que predica Emma Goldman no es igual al amor promiscuo. Lo más natural que tiene un ser humano es su sexualidad, por eso todo tipo de organización social es anti-natural, porque la naturaleza no conoce de organizaciones para darle paso a los mecanismos auto-reproductivos más fluidos y perfectos que el hombre pueda imaginar. Toda institución diseñada para controlar la espontaneidad de la naturaleza está condenada al fracaso o a la destrucción de la naturaleza misma. Y en esa dirección no hay nada más libre que el amor. La propuesta del amor libre hecha por los anarquistas tiene que ver particularmente con la más sencilla, y al mismo tiempo la más complicada de las escogencias que hace cualquier ser humano en cualquier parte del mundo, en todo momento; nos referimos a la pareja con quien desea unirse, o al amigo o amiga con quien quisiera compartir sus más profundos y acendrados ensueños. Curiosamente, en las relaciones que Emma Goldman tuvo con algunos de sus camaradas de lucha, las peleas y desacuerdos por celos amargaban el posible proyecto de vida que pudiera haber construido con ellos. A Johan Most lo agredió en público con un látigo, en un arrebato de cólera, porque el dirigente alemán se había dedicado desde su revista a difamar a Alexander Berkman, compañero de Emma en prisión, acusado de conspiración para asesinar a un empresario cuyos guardaespaldas habían ultimado a tiros a nueve trabajadores en huelga (1).
Berkman sería condenado a veintidos años de prisión que, con sus veintiún años de edad, iban a representar lo mejor de su vida en el encierro de una asquerosa prisión de Pennsylvania. Sólo cumplió catorce de la condena, pero esta reducción de la pena se le debía en gran parte a la extraordinaria labor que Emma Goldman había hecho en todos los sectores sociales y políticos de los Estados Unidos, para lograr tal propósito. Llegó a impartir a veces hasta 150 conferencias en un año, para recaudar fondos y pagar abogados, sobornos y otras regalías que le permitieran a su compañero salir antes de lo planeado. La pasión con que Emma Goldman conducía sus relaciones personales casi siempre terminaban en fuertes altercados. Most, desde el momento en que ella le indicó claramente que no quería nada con él, reaccionó de una forma en absoluto incoherente con sus creencias anarquistas, supuestamente apoyadas en la tolerancia y jamás en la clásica posesión burguesa que tanto criticaba. Los celos que Most llegó a sentir por Berkman lo llevaron al extremo de acusarlo de incompetente para el terrorismo individual, una acusación que en los medios políticos anarquistas de la época, era en extremo insultante. La amistad, la solidaridad, el compañerismo, la lealtad y una total entrega a la causa de la redención de los seres humanos, de su muchas veces inconsciente opresión constituían algunos de los ingredientes de esa seductora forma de vida que los anarquistas como Emma Goldman llamaban amor libre. En prisión, en la isla de Blackwell's Island, donde estuvo encerrada cerca de un año por incitación a la violencia, Emma logró hacerse de una gran cantidad de amigas y amigos, como el Dr. White, un noble personaje que la introdujo en los asuntos de la enfermería, actividad para la cual Emma dedicaría una parte importante de su vida (2).
Pero fueron las prisioneras, mujeres humilladas y explotadas de una manera atroz por un sistema penitenciario primitivo y devastador, quienes terminarían siendo sus mejores compañeras de encierro. Puesta al frente de los talleres de costura de la prisión y a cargo de la enfermería, la prisionera Emma Goldman tuvo enfrentamientos serios con los administradores de aquella, sobre todo cuando se le exigía la sobreexplotación de sus compañeras. Siempre que se negó terminó en el calabozo, un lugar apestoso e inmundo donde Emma irremisiblemente empeoraría de su reumatismo. Estaba visto que su experiencia en la prisión, le haría valorar con mucha más claridad la enorme importancia de las prisiones para el sistema burgués. El amor libre, el amor que se da sin ataduras, al amigo, al compañero, al amante, sin convencionalismos o limitaciones de ninguna especie, tenía que saltar por encima de cualquier tipo de encierro. Por eso le resultaban detestables las prisiones, como a P. Kropotkin (1842-1921), a quien logró entrevistar en unas dos o tres ocasiones (3), interesada en el balance que pudiera haber hecho el viejo y brillante pensador ruso sobre la revolución bolchevique y el futuro que les esperaba a los anarquistas como él en la Rusia del mañana.
Toda forma de rebeldía había encontrado siempre un destino siniestro: el hospital para enfermos mentales o la prisión, como nos indicaba Foucault (1926-1984) (4). Y tratándose de mujeres el asunto había sido aún más represivo, puesto que la hoguera, el potro o el descuartizamiento público, habían sido los instrumentos con que el poder fálico destruía sus intentos de emancipación (5).
El amor libre, como lo entendían Emma y sus camaradas, tenía que ser una fuerza, un conjunto de acciones mediante las cuales las personas involucradas fueran capaces de liberarse mutuamente, jamás podía ser una actitud contemplativa, solo reflexiva y racionalista. Para que en realidad terminara siendo una fuerza incontrolable, el amor libre debería ser libre amor, es decir un sentimiento, una emoción capaz de remover todos los obstáculos imaginables que se pudieran poner en su camino, como hubiera hecho Emma para apoyar en todo momento, en las buenas y en las malas, a su entrañable compañero Sasha Berkman (6).
Resulta entonces muy difícil entender eso que Emma llamaba amor libre, si nos limitamos a definirlo únicamente a partir de sus aristas sexuales o pasionales. Ella confiesa con mucha insistencia, en su correspondencia, en sus discursos y en algunos de sus ensayos, la urgencia de que el amor libre sea visto de esa manera y no de otra (7). Es decir que, para Emma Goldman el amor libre no se expresa sólo a través de la cantidad de amantes que una persona pueda haber tenido en su vida, sino en virtud de la riqueza emocional, que esa persona en particular, a la que se le han dado todos nuestros sueños y esperanzas, es capaz de producir en el proyecto general de nuestra existencia (8).
Era el amor por Sasha, y su triste condición de presidiario joven, el que hacía que Emma viera a sus compañeras de prisión, como hermanas sufrientes y valiosas en la lucha por la vida. La misma que le hizo aceptar con tolerancia y sentido de la creatividad anarquista, su amistad con el capellán de la cárcel donde estaba. Porque se requería creatividad acercarse a un cura católico con un mayor grado de vulnerabilidad, que a los rabinos con los que tuvo contacto. Esa vulnerabilidad poderosa fue la que hizo que Emma, en muchas ocasiones, no negara explícitamente la existencia del Dios católico, y manifestara sistemáticamente un ateísmo ambiguo, más parecido a un cierto tipo de agnosticismo escolástico que a una incredulidad absoluta. Por eso a veces, uno la ve más cerca de Tolstoi que de Bakunin.
La duda sistemática, de fuerte sabor ilustrado, hace que el anarquismo de Emma incruste sus raíces en las ideas de una pensadora como Mary Wollstonecraft (1759-1797), madre de Mary Shelley (1797-1851), creadora del emblemático personaje del monstruo de Frankenstein, y una de las pioneras (la primera Mary no la segunda) en atreverse a hablar del amor libre, de la solidaridad, de la amistad, y del profundo respeto por el ser humano que la Ilustración francesa promovería en su momento (9).
La rebelión que trajo consigo el aflojamiento de las amarras sexuales impuestas sobre las mujeres de la burguesía, no fue el producto de un gesto patibulario incoherente y sin dirección. La rebeldía sexual era un instrumento muy efectivo para que, al recuperar el control de su propio cuerpo, las mujeres le hicieran ver al mundo la posibilidad de acercarse a los otros sin manipulación y mercantilización de las emociones más valiosas de que son portadores los seres humanos. Las distintas dimensiones del amor libre, emergían así entonces, con una claridad positiva, puesto que reducir el amor a la simple humedad de un acto sexual, era quitarle todo su poder expresivo a un poema, una canción o un estrechamiento de manos. No olvidemos que durante la era victoriana, las mujeres tenían todos estos ingredientes debidamente reglamentados, para que la disciplina social, el buen gusto y las buenas maneras no se perdieran. Recordemos que a las mujeres se les decía hasta cómo debían sentarse, qué hablar y cuáles silencios eran oportunos. Entonces, la rebeldía sexual en este caso no fue sólo una recuperación del cuerpo, fue también una conquista del espacio de privacidad, de vida íntima y libertad individual a que todo ser humano tiene derecho. Que las mujeres de la burguesía victoriana hubieran iniciado este proceso, es sólo el resultado de que su condición económica, social, política y cultural lo hacía rápidamente posible, sin que por ello las mujeres de las clases trabajadoras, más conservadoras, religiosas y explotadas, hubieran tenido una participación de menor beligerancia e impacto.
El puritanismo, la moralidad gazmoña, y la estupidez clerical parecían ser las más odiadas amarras que una idealista y una rebelde como Emma quería deshacer, sobre todo cuando eran las mujeres las que más atadas estaban por ellas. Escribió, conferenció activamente, y participó en cuanto mitin le fue posible para combatir un conjunto de valores que sólo beneficiaban a unos pocos, y dejaban a la gran mayoría en el más absoluto desamparo espiritual y material.
La santurronería de la burguesía norteamericana de la época era para Emma Goldman, uno de los dispositivos más esenciales para comprender el falso recato que desplegaban algunas instituciones, como la Iglesia Católica, en lo que concernía a las posibilidades reales de que las mujeres participaran activamente en la vida política de ese país, los Estados Unidos. Emma consideraba que el fetichismo al que eran propensas particularmente las mujeres, las hacía más vulnerables al menú ideológico que se les quería vender, pero entre 1887 y 1936 ella probó que era factible otro tipo de acercamiento a la combatividad que eran capaces de desplegar las mujeres, cuando se trataba de brindar solidaridad y verdadero apoyo a causas que les eran entrañables.
La beligerancia organizativa de los anarquistas en aquella guerra es un capítulo espléndido de la historia del siglo XX, puesto que en ella las mujeres desarrollaron un nivel de compromiso y de entrega realmente excepcional. Resultará a todas luces imposible realizar un balance justo de dicha guerra sin mencionar la contribución hecha por las mujeres en todos los terrenos: como diplomáticas, intelectuales, activistas, en la labor de agitación y en las trincheras propiamente dichas (10).
El amor libre en definitiva probó ser, según nos lo enseñó Emma Goldman, en la práctica y en la teoría, un instrumento eficacísimo para el acercamiento de los hombres y de las mujeres que comparten un mismo ideal: la libertad más absoluta, sin cortapisas de ninguna especie. Junto a ello, Emma probó también que no es posible la solidaridad si ésta no tiene además dimensiones internacionalistas, por eso sus reflexiones y sus acciones contra el imperialismo y el patrioterismo alcanzaron igualmente alturas de gran relevancia práctica para el quehacer de los anarquistas.
Notas:
(1) GOLDMAN, E. Anarchism and other Essays (New York & London, Mother Earth Publishing Association, Second Revised Edition, 1911).
(2) Idem.
(3) KROPOTKIN, P. Las Prisiones. Barcelona, Palma de Mallorca: Pequeña Biblioteca Calamus Scriptorius. 1977. Pp. 49-57.
(4) FOUCAULT, M. Vigilar y Castigar. El Nacimiento de la Prisión. (Madrid: Siglo XXI eds. 1997. 26a. edición.). Pp. 77-108.
(5) KING, M. L. Women of the Renaissance. (The University of Chicago Press, 1991) Introduction.
(6) GOLDMAN, E. 1911. Loc. Cit.
(7) Idem.
(8) Idem.
(9) Véase el capítulo VII del libro de R. Quesada del cual se ha tomado este fragmento.
(10) ARÓSTEGUI, J. "La guerra civil en España". En La Guerra Civil Española ..., Tomo 14 de la serie SIGLO XX. HISTORIA UNIVERSAL. (Madrid: Historia 16. 1998) Pp. 81-108.
[Estos párrafos están incluidos como un apartado del libro titulado El Anarquismo de Emma Goldman y Los Límites de La Utopía, que en versión completa está accesible en http://es.scribd.com/doc/255763136/Quesada-Monge-Rodrigo-El-Anarquismo-de-Emma-Goldman-y-Los-Limites-de-La-Utopia.]
El amor libre que predica Emma Goldman no es igual al amor promiscuo. Lo más natural que tiene un ser humano es su sexualidad, por eso todo tipo de organización social es anti-natural, porque la naturaleza no conoce de organizaciones para darle paso a los mecanismos auto-reproductivos más fluidos y perfectos que el hombre pueda imaginar. Toda institución diseñada para controlar la espontaneidad de la naturaleza está condenada al fracaso o a la destrucción de la naturaleza misma. Y en esa dirección no hay nada más libre que el amor. La propuesta del amor libre hecha por los anarquistas tiene que ver particularmente con la más sencilla, y al mismo tiempo la más complicada de las escogencias que hace cualquier ser humano en cualquier parte del mundo, en todo momento; nos referimos a la pareja con quien desea unirse, o al amigo o amiga con quien quisiera compartir sus más profundos y acendrados ensueños. Curiosamente, en las relaciones que Emma Goldman tuvo con algunos de sus camaradas de lucha, las peleas y desacuerdos por celos amargaban el posible proyecto de vida que pudiera haber construido con ellos. A Johan Most lo agredió en público con un látigo, en un arrebato de cólera, porque el dirigente alemán se había dedicado desde su revista a difamar a Alexander Berkman, compañero de Emma en prisión, acusado de conspiración para asesinar a un empresario cuyos guardaespaldas habían ultimado a tiros a nueve trabajadores en huelga (1).
Berkman sería condenado a veintidos años de prisión que, con sus veintiún años de edad, iban a representar lo mejor de su vida en el encierro de una asquerosa prisión de Pennsylvania. Sólo cumplió catorce de la condena, pero esta reducción de la pena se le debía en gran parte a la extraordinaria labor que Emma Goldman había hecho en todos los sectores sociales y políticos de los Estados Unidos, para lograr tal propósito. Llegó a impartir a veces hasta 150 conferencias en un año, para recaudar fondos y pagar abogados, sobornos y otras regalías que le permitieran a su compañero salir antes de lo planeado. La pasión con que Emma Goldman conducía sus relaciones personales casi siempre terminaban en fuertes altercados. Most, desde el momento en que ella le indicó claramente que no quería nada con él, reaccionó de una forma en absoluto incoherente con sus creencias anarquistas, supuestamente apoyadas en la tolerancia y jamás en la clásica posesión burguesa que tanto criticaba. Los celos que Most llegó a sentir por Berkman lo llevaron al extremo de acusarlo de incompetente para el terrorismo individual, una acusación que en los medios políticos anarquistas de la época, era en extremo insultante. La amistad, la solidaridad, el compañerismo, la lealtad y una total entrega a la causa de la redención de los seres humanos, de su muchas veces inconsciente opresión constituían algunos de los ingredientes de esa seductora forma de vida que los anarquistas como Emma Goldman llamaban amor libre. En prisión, en la isla de Blackwell's Island, donde estuvo encerrada cerca de un año por incitación a la violencia, Emma logró hacerse de una gran cantidad de amigas y amigos, como el Dr. White, un noble personaje que la introdujo en los asuntos de la enfermería, actividad para la cual Emma dedicaría una parte importante de su vida (2).
Pero fueron las prisioneras, mujeres humilladas y explotadas de una manera atroz por un sistema penitenciario primitivo y devastador, quienes terminarían siendo sus mejores compañeras de encierro. Puesta al frente de los talleres de costura de la prisión y a cargo de la enfermería, la prisionera Emma Goldman tuvo enfrentamientos serios con los administradores de aquella, sobre todo cuando se le exigía la sobreexplotación de sus compañeras. Siempre que se negó terminó en el calabozo, un lugar apestoso e inmundo donde Emma irremisiblemente empeoraría de su reumatismo. Estaba visto que su experiencia en la prisión, le haría valorar con mucha más claridad la enorme importancia de las prisiones para el sistema burgués. El amor libre, el amor que se da sin ataduras, al amigo, al compañero, al amante, sin convencionalismos o limitaciones de ninguna especie, tenía que saltar por encima de cualquier tipo de encierro. Por eso le resultaban detestables las prisiones, como a P. Kropotkin (1842-1921), a quien logró entrevistar en unas dos o tres ocasiones (3), interesada en el balance que pudiera haber hecho el viejo y brillante pensador ruso sobre la revolución bolchevique y el futuro que les esperaba a los anarquistas como él en la Rusia del mañana.
Toda forma de rebeldía había encontrado siempre un destino siniestro: el hospital para enfermos mentales o la prisión, como nos indicaba Foucault (1926-1984) (4). Y tratándose de mujeres el asunto había sido aún más represivo, puesto que la hoguera, el potro o el descuartizamiento público, habían sido los instrumentos con que el poder fálico destruía sus intentos de emancipación (5).
El amor libre, como lo entendían Emma y sus camaradas, tenía que ser una fuerza, un conjunto de acciones mediante las cuales las personas involucradas fueran capaces de liberarse mutuamente, jamás podía ser una actitud contemplativa, solo reflexiva y racionalista. Para que en realidad terminara siendo una fuerza incontrolable, el amor libre debería ser libre amor, es decir un sentimiento, una emoción capaz de remover todos los obstáculos imaginables que se pudieran poner en su camino, como hubiera hecho Emma para apoyar en todo momento, en las buenas y en las malas, a su entrañable compañero Sasha Berkman (6).
Resulta entonces muy difícil entender eso que Emma llamaba amor libre, si nos limitamos a definirlo únicamente a partir de sus aristas sexuales o pasionales. Ella confiesa con mucha insistencia, en su correspondencia, en sus discursos y en algunos de sus ensayos, la urgencia de que el amor libre sea visto de esa manera y no de otra (7). Es decir que, para Emma Goldman el amor libre no se expresa sólo a través de la cantidad de amantes que una persona pueda haber tenido en su vida, sino en virtud de la riqueza emocional, que esa persona en particular, a la que se le han dado todos nuestros sueños y esperanzas, es capaz de producir en el proyecto general de nuestra existencia (8).
Era el amor por Sasha, y su triste condición de presidiario joven, el que hacía que Emma viera a sus compañeras de prisión, como hermanas sufrientes y valiosas en la lucha por la vida. La misma que le hizo aceptar con tolerancia y sentido de la creatividad anarquista, su amistad con el capellán de la cárcel donde estaba. Porque se requería creatividad acercarse a un cura católico con un mayor grado de vulnerabilidad, que a los rabinos con los que tuvo contacto. Esa vulnerabilidad poderosa fue la que hizo que Emma, en muchas ocasiones, no negara explícitamente la existencia del Dios católico, y manifestara sistemáticamente un ateísmo ambiguo, más parecido a un cierto tipo de agnosticismo escolástico que a una incredulidad absoluta. Por eso a veces, uno la ve más cerca de Tolstoi que de Bakunin.
La duda sistemática, de fuerte sabor ilustrado, hace que el anarquismo de Emma incruste sus raíces en las ideas de una pensadora como Mary Wollstonecraft (1759-1797), madre de Mary Shelley (1797-1851), creadora del emblemático personaje del monstruo de Frankenstein, y una de las pioneras (la primera Mary no la segunda) en atreverse a hablar del amor libre, de la solidaridad, de la amistad, y del profundo respeto por el ser humano que la Ilustración francesa promovería en su momento (9).
La rebelión que trajo consigo el aflojamiento de las amarras sexuales impuestas sobre las mujeres de la burguesía, no fue el producto de un gesto patibulario incoherente y sin dirección. La rebeldía sexual era un instrumento muy efectivo para que, al recuperar el control de su propio cuerpo, las mujeres le hicieran ver al mundo la posibilidad de acercarse a los otros sin manipulación y mercantilización de las emociones más valiosas de que son portadores los seres humanos. Las distintas dimensiones del amor libre, emergían así entonces, con una claridad positiva, puesto que reducir el amor a la simple humedad de un acto sexual, era quitarle todo su poder expresivo a un poema, una canción o un estrechamiento de manos. No olvidemos que durante la era victoriana, las mujeres tenían todos estos ingredientes debidamente reglamentados, para que la disciplina social, el buen gusto y las buenas maneras no se perdieran. Recordemos que a las mujeres se les decía hasta cómo debían sentarse, qué hablar y cuáles silencios eran oportunos. Entonces, la rebeldía sexual en este caso no fue sólo una recuperación del cuerpo, fue también una conquista del espacio de privacidad, de vida íntima y libertad individual a que todo ser humano tiene derecho. Que las mujeres de la burguesía victoriana hubieran iniciado este proceso, es sólo el resultado de que su condición económica, social, política y cultural lo hacía rápidamente posible, sin que por ello las mujeres de las clases trabajadoras, más conservadoras, religiosas y explotadas, hubieran tenido una participación de menor beligerancia e impacto.
El puritanismo, la moralidad gazmoña, y la estupidez clerical parecían ser las más odiadas amarras que una idealista y una rebelde como Emma quería deshacer, sobre todo cuando eran las mujeres las que más atadas estaban por ellas. Escribió, conferenció activamente, y participó en cuanto mitin le fue posible para combatir un conjunto de valores que sólo beneficiaban a unos pocos, y dejaban a la gran mayoría en el más absoluto desamparo espiritual y material.
La santurronería de la burguesía norteamericana de la época era para Emma Goldman, uno de los dispositivos más esenciales para comprender el falso recato que desplegaban algunas instituciones, como la Iglesia Católica, en lo que concernía a las posibilidades reales de que las mujeres participaran activamente en la vida política de ese país, los Estados Unidos. Emma consideraba que el fetichismo al que eran propensas particularmente las mujeres, las hacía más vulnerables al menú ideológico que se les quería vender, pero entre 1887 y 1936 ella probó que era factible otro tipo de acercamiento a la combatividad que eran capaces de desplegar las mujeres, cuando se trataba de brindar solidaridad y verdadero apoyo a causas que les eran entrañables.
La beligerancia organizativa de los anarquistas en aquella guerra es un capítulo espléndido de la historia del siglo XX, puesto que en ella las mujeres desarrollaron un nivel de compromiso y de entrega realmente excepcional. Resultará a todas luces imposible realizar un balance justo de dicha guerra sin mencionar la contribución hecha por las mujeres en todos los terrenos: como diplomáticas, intelectuales, activistas, en la labor de agitación y en las trincheras propiamente dichas (10).
El amor libre en definitiva probó ser, según nos lo enseñó Emma Goldman, en la práctica y en la teoría, un instrumento eficacísimo para el acercamiento de los hombres y de las mujeres que comparten un mismo ideal: la libertad más absoluta, sin cortapisas de ninguna especie. Junto a ello, Emma probó también que no es posible la solidaridad si ésta no tiene además dimensiones internacionalistas, por eso sus reflexiones y sus acciones contra el imperialismo y el patrioterismo alcanzaron igualmente alturas de gran relevancia práctica para el quehacer de los anarquistas.
Notas:
(1) GOLDMAN, E. Anarchism and other Essays (New York & London, Mother Earth Publishing Association, Second Revised Edition, 1911).
(2) Idem.
(3) KROPOTKIN, P. Las Prisiones. Barcelona, Palma de Mallorca: Pequeña Biblioteca Calamus Scriptorius. 1977. Pp. 49-57.
(4) FOUCAULT, M. Vigilar y Castigar. El Nacimiento de la Prisión. (Madrid: Siglo XXI eds. 1997. 26a. edición.). Pp. 77-108.
(5) KING, M. L. Women of the Renaissance. (The University of Chicago Press, 1991) Introduction.
(6) GOLDMAN, E. 1911. Loc. Cit.
(7) Idem.
(8) Idem.
(9) Véase el capítulo VII del libro de R. Quesada del cual se ha tomado este fragmento.
(10) ARÓSTEGUI, J. "La guerra civil en España". En La Guerra Civil Española ..., Tomo 14 de la serie SIGLO XX. HISTORIA UNIVERSAL. (Madrid: Historia 16. 1998) Pp. 81-108.
[Estos párrafos están incluidos como un apartado del libro titulado El Anarquismo de Emma Goldman y Los Límites de La Utopía, que en versión completa está accesible en http://es.scribd.com/doc/255763136/Quesada-Monge-Rodrigo-El-Anarquismo-de-Emma-Goldman-y-Los-Limites-de-La-Utopia.]
jueves, 18 de septiembre de 2014
Construcciones y mitos humanos en torno al amor
Cristian Battaglia
Dicen que el amor es uno de los sentimientos más profundos del ser humano. Nadie puede evadirse de él y en cierta medida todos hemos sentido alguna vez que amamos a algo o alguien. Ya sea un animal, un objeto o un compañero y compañera, todos alguna vez hemos sentido esa necesidad de demostrar nuestro afecto y de declarar nuestro amor hacia lo amado. Así como los humanos sienten amor, los animales también lo expresan; basta ver como se unen dos animales y conviven gran parte de sus vidas, o también el ver como un perro demuestra su afecto hacia un humano. Estas relaciones nacen del instinto y son fundadas por el deseo de entregar y recibir cariño. Sin embargo, dentro de la comunidad nos hemos acostumbrado a separar el amor de nuestro instinto animal, esto debido a una serie de factores que enumeraremos a continuación:
En primer lugar, la comunidad humana ha dejado establecido que el amor va de la mano de la fidelidad, lo que deriva en monogamia y posterior formación de familia. Si bien el ser humano acostumbra a establecerse por extensos periodos de tiempo junto a otra persona, esto no significa que dicha unión signifique un pacto de monogamia, ya que nuestro instinto hace una distinción entre el deseo afectivo y el deseo sexual. Yo puedo estar con la persona amada, lo que no significa que deba tener una vida sexual activa solo con dicha persona, ya que mis deseos sexuales me impulsan a establecer contactos con otras personas a las que no necesariamente amo, ni estaría con ellas toda la vida pero que simplemente satisfacen mis gustos sexuales. Ahora, el llevar adelante una relación sexual monógama o polígama debe ser una decisión de ambas partes, tomada solo por influencia de la relación misma, no así por cuestiones morales o filosóficas externas a la relación.
En segundo lugar, se nos ha hecho creer que el motivo del enamoramiento es exclusivamente para formar familia. Otro hecho falso por donde se le mire. El amor se funda bajo el deseo de obtener y dar afecto, lo que provoca en ambas partes un bienestar pleno, que no se consigue con ningún otro tipo de sentimiento. El que nos enamoremos no significa que deseemos formar familia o dejar descendencia, como se ha dicho inoportunamente en algunos lugares. Esta afirmación viene de parte de moralistas y religiosos, quienes desean darle a todo sentimiento humano una valoración moral que signifique restricciones para el libre desarrollo de este, usando para esto la característica racional que poseemos. Según estos personajes, el ser humano se encuentra en un paso elevado ante los animales, de ahí que todos sus sentimientos provengan de un cerebro racional, por lo que inevitablemente el ser humano se enamoraría para formar familia, pero los moralistas olvidan que el ser humano es un animal al igual que todos, y en este sentido es que busca el amor solo para dar y recibir afecto, de la misma forma que lo hacen el resto de los animales que viven en este planeta.
En tercer lugar, el ser humano ha propuesto que la única forma para consolidar el amor es a través del matrimonio (figura de unión inexistente en la naturaleza). Es así como la jerarquía humana, no satisfecha con que dos seres se amen y estén felices, crea una institución de "validación de amor" para que los enamorados puedan sellar su vínculo para siempre. Esto a todas vistas es lo más contra natural que ha creado el ser humano durante su corta existencia. El amor, al igual que todos los sentimientos, se caracteriza por su aparición fugaz, pero también por desaparecer repentinamente, y el dotarlo de características permanentes es caer en un despropósito tal, que muchas veces los enamorados que se casan terminan por dejar de amarse, pasando a estar unidos por el vinculo de validación, más que por el sentimiento del amor. Pero el matrimonio tiene un sentido mucho más profundo que el sellar el amor: más bien el matrimonio busca la consolidación de la familia, base fundamental del sistema capitalista y cuya crítica profundizamos en el párrafo anterior. A todas vistas, el amor es llevado de una manera totalmente ineficaz por las sociedades humanas.
Si bien el amor está bastante contaminado en la actualidad, es necesario el volver a sus raíces. Entender al amor como un sentimiento irracional y nacido de nuestra naturaleza como humanos, es el primer paso para así llevar relaciones amorosas más beneficiosas para nuestras vidas. Separar el amor del deseo sexual es otra valla a saltar para acabar con la moralidad que rodea al amor y que lo limita totalmente. Cada relación debe establecerse como a ella le plazca, sin tener influencias externas ni motivos políticos, económicos o religiosos. El amor en libertad es fundamental para vivirlo en total plenitud.
[Publicado originalmente en El Sol Ácrata # 28, Antofagasta, agosto-septiembre 2014; edición accesible en https://periodicoelsolacrata.files.wordpress.com/2014/09/agosto-1.pdf.]
Dicen que el amor es uno de los sentimientos más profundos del ser humano. Nadie puede evadirse de él y en cierta medida todos hemos sentido alguna vez que amamos a algo o alguien. Ya sea un animal, un objeto o un compañero y compañera, todos alguna vez hemos sentido esa necesidad de demostrar nuestro afecto y de declarar nuestro amor hacia lo amado. Así como los humanos sienten amor, los animales también lo expresan; basta ver como se unen dos animales y conviven gran parte de sus vidas, o también el ver como un perro demuestra su afecto hacia un humano. Estas relaciones nacen del instinto y son fundadas por el deseo de entregar y recibir cariño. Sin embargo, dentro de la comunidad nos hemos acostumbrado a separar el amor de nuestro instinto animal, esto debido a una serie de factores que enumeraremos a continuación:
En primer lugar, la comunidad humana ha dejado establecido que el amor va de la mano de la fidelidad, lo que deriva en monogamia y posterior formación de familia. Si bien el ser humano acostumbra a establecerse por extensos periodos de tiempo junto a otra persona, esto no significa que dicha unión signifique un pacto de monogamia, ya que nuestro instinto hace una distinción entre el deseo afectivo y el deseo sexual. Yo puedo estar con la persona amada, lo que no significa que deba tener una vida sexual activa solo con dicha persona, ya que mis deseos sexuales me impulsan a establecer contactos con otras personas a las que no necesariamente amo, ni estaría con ellas toda la vida pero que simplemente satisfacen mis gustos sexuales. Ahora, el llevar adelante una relación sexual monógama o polígama debe ser una decisión de ambas partes, tomada solo por influencia de la relación misma, no así por cuestiones morales o filosóficas externas a la relación.
En segundo lugar, se nos ha hecho creer que el motivo del enamoramiento es exclusivamente para formar familia. Otro hecho falso por donde se le mire. El amor se funda bajo el deseo de obtener y dar afecto, lo que provoca en ambas partes un bienestar pleno, que no se consigue con ningún otro tipo de sentimiento. El que nos enamoremos no significa que deseemos formar familia o dejar descendencia, como se ha dicho inoportunamente en algunos lugares. Esta afirmación viene de parte de moralistas y religiosos, quienes desean darle a todo sentimiento humano una valoración moral que signifique restricciones para el libre desarrollo de este, usando para esto la característica racional que poseemos. Según estos personajes, el ser humano se encuentra en un paso elevado ante los animales, de ahí que todos sus sentimientos provengan de un cerebro racional, por lo que inevitablemente el ser humano se enamoraría para formar familia, pero los moralistas olvidan que el ser humano es un animal al igual que todos, y en este sentido es que busca el amor solo para dar y recibir afecto, de la misma forma que lo hacen el resto de los animales que viven en este planeta.
En tercer lugar, el ser humano ha propuesto que la única forma para consolidar el amor es a través del matrimonio (figura de unión inexistente en la naturaleza). Es así como la jerarquía humana, no satisfecha con que dos seres se amen y estén felices, crea una institución de "validación de amor" para que los enamorados puedan sellar su vínculo para siempre. Esto a todas vistas es lo más contra natural que ha creado el ser humano durante su corta existencia. El amor, al igual que todos los sentimientos, se caracteriza por su aparición fugaz, pero también por desaparecer repentinamente, y el dotarlo de características permanentes es caer en un despropósito tal, que muchas veces los enamorados que se casan terminan por dejar de amarse, pasando a estar unidos por el vinculo de validación, más que por el sentimiento del amor. Pero el matrimonio tiene un sentido mucho más profundo que el sellar el amor: más bien el matrimonio busca la consolidación de la familia, base fundamental del sistema capitalista y cuya crítica profundizamos en el párrafo anterior. A todas vistas, el amor es llevado de una manera totalmente ineficaz por las sociedades humanas.
Si bien el amor está bastante contaminado en la actualidad, es necesario el volver a sus raíces. Entender al amor como un sentimiento irracional y nacido de nuestra naturaleza como humanos, es el primer paso para así llevar relaciones amorosas más beneficiosas para nuestras vidas. Separar el amor del deseo sexual es otra valla a saltar para acabar con la moralidad que rodea al amor y que lo limita totalmente. Cada relación debe establecerse como a ella le plazca, sin tener influencias externas ni motivos políticos, económicos o religiosos. El amor en libertad es fundamental para vivirlo en total plenitud.
[Publicado originalmente en El Sol Ácrata # 28, Antofagasta, agosto-septiembre 2014; edición accesible en https://periodicoelsolacrata.files.wordpress.com/2014/09/agosto-1.pdf.]
martes, 21 de enero de 2014
El amor libre - Eros y Anarquía
Osvaldo Baigorria
El amor que aquí se llama libre es aquel que cuestiona toda doble moral, hipocresía o cinismo. Como dice René Chaughi en “El matrimonio es inmoral”: si dos personas desean unirse ante un dios, nada hay que criticar. Todo lo contrario: el problema es el carácter hipócrita de quienes aceptan someterse al rito religioso sin haber pisado una iglesia desde la primera comunión. La mentira pertenece, en esta concepción, al campo del enemigo. El militante anarco-erótico sería, ante todo, un moralista.
Durante mucho tiempo, amor libre fue sinónimo de unión libre: una relación no sujeta a leyes civiles ni religiosas. En épocas en las que el matrimonio era indisoluble y el divorcio un horizonte polémico, la libertad de dos personas de unirse con prescindencia de la ley y de separarse “cuando el amor llegue a su fin” era motivo de escándalo pero no contenía necesariamente la posterior idea de liberación sexual. Además, era por lo general una definición de vínculo entre un varón y una mujer, no entre dos o más mujeres ni entre dos o más varones. Esa propuesta hoy puede ser vista como una demanda que cuestionaba al matrimonio jurídico y a la moral del siglo XIX pero que, de algún modo, quedaría obsoleta durante la segunda mitad del XX.
No obstante, el amor plural, la camaradería amorosa o el “maridaje comunal” son relatos y prácticas que los anarquistas que más pensaron sobre el tema ya manejaban hace casi 150 años como formas de relación en las cuales la expresión “amor libre” significa literalmente aquello que hoy sugiere a nuestros oídos. Los militantes que defendieron esos modelos intentaron resolver acaso la cuestión más delicada que puede plantearse entre dos que se aman: qué hacer cuando aparece el deseo por otros u otras.
El amor que aquí se llama libre es aquel que cuestiona toda doble moral, hipocresía o cinismo. Como dice René Chaughi en “El matrimonio es inmoral”: si dos personas desean unirse ante un dios, nada hay que criticar. Todo lo contrario: el problema es el carácter hipócrita de quienes aceptan someterse al rito religioso sin haber pisado una iglesia desde la primera comunión. La mentira pertenece, en esta concepción, al campo del enemigo. El militante anarco-erótico sería, ante todo, un moralista.
Durante mucho tiempo, amor libre fue sinónimo de unión libre: una relación no sujeta a leyes civiles ni religiosas. En épocas en las que el matrimonio era indisoluble y el divorcio un horizonte polémico, la libertad de dos personas de unirse con prescindencia de la ley y de separarse “cuando el amor llegue a su fin” era motivo de escándalo pero no contenía necesariamente la posterior idea de liberación sexual. Además, era por lo general una definición de vínculo entre un varón y una mujer, no entre dos o más mujeres ni entre dos o más varones. Esa propuesta hoy puede ser vista como una demanda que cuestionaba al matrimonio jurídico y a la moral del siglo XIX pero que, de algún modo, quedaría obsoleta durante la segunda mitad del XX.
No obstante, el amor plural, la camaradería amorosa o el “maridaje comunal” son relatos y prácticas que los anarquistas que más pensaron sobre el tema ya manejaban hace casi 150 años como formas de relación en las cuales la expresión “amor libre” significa literalmente aquello que hoy sugiere a nuestros oídos. Los militantes que defendieron esos modelos intentaron resolver acaso la cuestión más delicada que puede plantearse entre dos que se aman: qué hacer cuando aparece el deseo por otros u otras.
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