Humberto Decarli
Es escandaloso, por decir lo menos, el estado de transgresión de los derechos humanos a escala mundial. Diversos acontecimientos delatan lo vulnerable en que se han convertido en diversas partes en forma pública y notoria. Es una verdadera regresión capaz de ratificar la idea postmoderna de la crisis del progreso a que nos ha llevado el poder en sus múltiples expresiones. Realmente se puede decir que es enunciativo cada episodio desnudador de esta grave coyuntura porque se está multiplicando por muchos espacios geográficos.
La reelección de Alexander Lukashenko, devenida en una razzia contra la población bielorrusa; el nuevo incendio en Beirut; la tentativa de asesinato del opositor ruso Navalny; la barbarie cometida por el ejército y la policía colombiana; el reiterado abuso policial fundado en el racismo en los Estados Unidos; los feminicidios en México; las débiles penas en Arabia Saudita para los homicidas delperiodista Kashoggi; la ejecución del atleta iraní Navid Afkari por participar en manifestaciones en el año 2018; la tortura como método normal en Venezuela; la violencia inducida por la gendarmería chilena; las manifestaciones en Berlín promovida por la extrema derecha; el surgimiento del movimiento QAnon como estímulo y refuerzo de los grupos neofascistas; y el increíble incendio del campo Moria en la isla griega de Lesbos, son entre otros, sucesos terribles que nos hacen pensar en el pésimo desenvolvimiento del mundo engendrado por las formas de dominación a escala internacional.


















