Boletín La Oveja Negra
Los sectores más reaccionarios de la sociedad están insistentes con lo que han denominado, errónea, despectiva e inquisitorialmente, como “ideología de género”. Con esto, intentan atacar al movimiento de mujeres, las sexualidades que consideran disidentes, la educación sexual en las escuelas (o fuera de ellas) y cualquier expresión que atente contra su terrorismo normalizador, familiero y heterosexista. No entraremos en este artículo en las hipocresías cometidas por aquellos defensores de la familia, la heterosexualidad y la ley; pero sí intentaremos reflexionar sobre la reacción que se viene suscitando entre los sectores más retrógrados de la sociedad y la oposición a estos.
Ni el “matrimonio igualitario”, ni la aprobación del divorcio han sido un freno a la ganancia capitalista. De hecho, se han abierto nuevos mercados y mercantilizado más espacios sociales. El matrimonio homosexual finalmente ha sido autorizado, cuando la sociedad comprendió que la homosexualidad no era ninguna amenaza para el matrimonio, excepto para los valores innecesarios al capitalismo democrático moderno (que no reina en todo el planeta, eso está claro). Evidentemente, sigue siendo muy difícil ser homosexual en una ciudad pequeña o en algunos círculos, sean burgueses o proletarios. Pese a todo, el discurso oficial e incluso el gubernamental, así como la mayor parte de los medios de comunicación, celebran la igualdad, la apertura, las normas y el respeto a las diferencias. Y de pronto, son «los fachos» los que se hacen los inconformistas.[1]
Los sectores más reaccionarios de la sociedad están insistentes con lo que han denominado, errónea, despectiva e inquisitorialmente, como “ideología de género”. Con esto, intentan atacar al movimiento de mujeres, las sexualidades que consideran disidentes, la educación sexual en las escuelas (o fuera de ellas) y cualquier expresión que atente contra su terrorismo normalizador, familiero y heterosexista. No entraremos en este artículo en las hipocresías cometidas por aquellos defensores de la familia, la heterosexualidad y la ley; pero sí intentaremos reflexionar sobre la reacción que se viene suscitando entre los sectores más retrógrados de la sociedad y la oposición a estos.
Ni el “matrimonio igualitario”, ni la aprobación del divorcio han sido un freno a la ganancia capitalista. De hecho, se han abierto nuevos mercados y mercantilizado más espacios sociales. El matrimonio homosexual finalmente ha sido autorizado, cuando la sociedad comprendió que la homosexualidad no era ninguna amenaza para el matrimonio, excepto para los valores innecesarios al capitalismo democrático moderno (que no reina en todo el planeta, eso está claro). Evidentemente, sigue siendo muy difícil ser homosexual en una ciudad pequeña o en algunos círculos, sean burgueses o proletarios. Pese a todo, el discurso oficial e incluso el gubernamental, así como la mayor parte de los medios de comunicación, celebran la igualdad, la apertura, las normas y el respeto a las diferencias. Y de pronto, son «los fachos» los que se hacen los inconformistas.[1]





















