El Comité de Víctimas contra la Impunidad del estado Lara (COVICIL) informa sobre los juicios y sentencias condenatorias, en primera instancia, contra funcionarios policiales condenados por delitos cometidos en ejercicio de sus funciones, lo cual constituye, tal como ha sido denunciado, una clara violación a los DDHH de estos humildes ciudadanos cuyos familiares debieron soportar durante años un sinnúmero de atropellos por parte del Circuito Judicial Penal del estado Lara y luchar contra viento y marea para alcanzar dichas sentencias.
El Circuito Judicial Penal del estado Lara es un mamotreto de concreto absolutamente deshumanizado, una verdadera bolsa mercantil donde en vez de justicia se trafica con la libertad del detenido, donde las victimas y quienes acuden a las audiencias orales y públicas deben permanecer durante largas horas de pie a la espera de que se realice una audiencia, que en la mayoría de los casos es diferida en beneficio de los acusados. Cuando éstos son funcionarios policiales se llega al descaro de suspender audiencias y justificar su negativa a comparecer al juicio sin que ningún juez emita un mandato de conducción para obligarles a presentarse ante el tribunal.
Las audiencias se extienden hasta altas horas de la noche mientras victimas y acusados permanecen en el mismo pasillo, muchas veces sin iluminación y sin ningún resguardo que garantice su seguridad. Los baños son un verdadero monumento a la desidia, la mayoría clausurados por falta de agua y los pocos que se pueden utilizar por el olor putrefacto que emana hacia los pasillos adyacentes dan cuenta del estado de higiene, en correspondencia directa con la descomposición del sistema judicial del estado Lara.
Las largas colas en los ascensores- cuando sirven- terminan por hacer desistir a los usuarios para subir a pie los seis, siete u ocho pisos que conducen a las calurosas salas de audiencias, donde hacerse de una silla para presenciar los juicios orales y públicos depende de la suerte y del ánimo de alguaciles que disfrutan oprimiendo y humillando a las víctimas. Es común ver a los jueces despachando como si de una bodega se tratara. En medio de cualquier audiencia se presentan las partes de otra causa y son atendidas de manera apresurada e improvisada, mientras por su parte los fiscales saltan de un piso a otro en vano intento por estar en dos lugares al mismo tiempo.
