Víctor Muñoz
En nuestros días, cuando el espíritu competitivo parece inundar todos los espacios, practicar la solidaridadserá siempre una alternativa de cambio y de ruptura, fugaz y pequeña quizás, pero potencialmente generosa en complicidades y respuestas efectivas a los problemas que nos aquejan y a los desafíos que nos planteamos.
Sospechando que otras experiencias presentes y pasadas de apoyo mutuo nos pueden servir para ampliar nuestras propias iniciativas, hoy quisiéramos explorar el “mingaco”, una práctica campesina –también conocida como minga- que si bien es cierto ha mermado muchísimo en comparación a tiempos no muy lejanos, aún se realiza en algunas zonas rurales de la región chilena, resistiendo al hegemónico egoísmo y, por qué no decirlo, a la misma esclavitud asalariada.Estebreve texto introductorio tiene entonces por objeto rescatar una interesante instancia de solidaridad y exponer algunos de sus elementos posiblemente útiles para construir nuevas realidades.
Según se sugiere de los testimonios consultados, el mingaco vendría a ser una instancia de colaboración en donde un anfitrión convoca a familiares y vecinos a realizar un trabajo de gran envergadura, sin salario y solo a cambio de alimentación y la posibilidad de verse retribuido en los mismos términos en otra oportunidad. El llamado puede ser hecho para satisfacer las más diversas necesidades, tanto en beneficio comunitario como particular. Así entonces, un mingaco puede estar orientado a sembrar, cosechar, plantar, podar, excavar pozos, reparar puentes y caminos, construir casas y sedes, etcétera. “No solamente lo hacen las familias que son más afines(señalaban algunos campesinos en La Cruz, zona central), sino cualquier familia, aunque sea una familia que esté enemistada con otra. Si por ejemplo corre el aviso en la Junta de Vecinos, van todos. El mingaco significa que él se compromete en que va a atender a la gente y la gente se compromete a hacerle un trabajo que necesita hacer rápido, como por ejemplo una noria, una corta de trigo (…) si alguien tiene que hacer un trabajo, vamos a ir todos, sin importar si es de uno u otro… lo hacen aunque estén enojados, lo hacen y muchas veces sirve para arreglarse”(1).
En nuestros días, cuando el espíritu competitivo parece inundar todos los espacios, practicar la solidaridadserá siempre una alternativa de cambio y de ruptura, fugaz y pequeña quizás, pero potencialmente generosa en complicidades y respuestas efectivas a los problemas que nos aquejan y a los desafíos que nos planteamos.
Sospechando que otras experiencias presentes y pasadas de apoyo mutuo nos pueden servir para ampliar nuestras propias iniciativas, hoy quisiéramos explorar el “mingaco”, una práctica campesina –también conocida como minga- que si bien es cierto ha mermado muchísimo en comparación a tiempos no muy lejanos, aún se realiza en algunas zonas rurales de la región chilena, resistiendo al hegemónico egoísmo y, por qué no decirlo, a la misma esclavitud asalariada.Estebreve texto introductorio tiene entonces por objeto rescatar una interesante instancia de solidaridad y exponer algunos de sus elementos posiblemente útiles para construir nuevas realidades.
Según se sugiere de los testimonios consultados, el mingaco vendría a ser una instancia de colaboración en donde un anfitrión convoca a familiares y vecinos a realizar un trabajo de gran envergadura, sin salario y solo a cambio de alimentación y la posibilidad de verse retribuido en los mismos términos en otra oportunidad. El llamado puede ser hecho para satisfacer las más diversas necesidades, tanto en beneficio comunitario como particular. Así entonces, un mingaco puede estar orientado a sembrar, cosechar, plantar, podar, excavar pozos, reparar puentes y caminos, construir casas y sedes, etcétera. “No solamente lo hacen las familias que son más afines(señalaban algunos campesinos en La Cruz, zona central), sino cualquier familia, aunque sea una familia que esté enemistada con otra. Si por ejemplo corre el aviso en la Junta de Vecinos, van todos. El mingaco significa que él se compromete en que va a atender a la gente y la gente se compromete a hacerle un trabajo que necesita hacer rápido, como por ejemplo una noria, una corta de trigo (…) si alguien tiene que hacer un trabajo, vamos a ir todos, sin importar si es de uno u otro… lo hacen aunque estén enojados, lo hacen y muchas veces sirve para arreglarse”(1).




