Douglas Zabala
Cuando apareció la cadena desde el cuartel de la Montaña para responderle al nuevo Presidente de la Asamblea Nacional, el atrevimiento que tuvo de sacar del Palacio Legislativo la Galería de Gigantografias de Chávez y una foto del Bolívar enmellisado con el Comandante eterno, me corrió el mismo frio por el espinazo de cuando apareció Carmona autoproclamándose Presidente de la República. Ver a al hijo putativo con cara de Burro amarrao y al Ministro de la Defensa con más ganas que José Tadeo Monagas, de envestirle al parlamento, les confieso pensé que desde su santuario sagrado ordenarían fusilar no a los tres de Amazonas sino a cuanto diputado opositor se le atravesara.
Nadie le puede quitar lo bailao a quien no termina de descansar en paz bajo tierra, pero armar una alharaca por cambiarle el domicilio a sus recuerdos y pretender emparentarlo e igualarlo a las proezas realizadas por nuestro principal héroe a caballo, esa vaina sí que no la podemos aceptar, ni al mejor padrino defensor que le pudiera salir, a quien en gran parte tiene cuentas por saldar con la tragedia que hoy vivimos los venezolanos y con la misma historia de esta maltrecha Venezuela. Chávez no es Bolívar y mal pudiera este jefe militar esconder su militancia con el manío cuento de que la “afrenta” provocada fue al padre de la patria y no al padre de la criatura que hoy nos desgobierna.
Cuando apareció la cadena desde el cuartel de la Montaña para responderle al nuevo Presidente de la Asamblea Nacional, el atrevimiento que tuvo de sacar del Palacio Legislativo la Galería de Gigantografias de Chávez y una foto del Bolívar enmellisado con el Comandante eterno, me corrió el mismo frio por el espinazo de cuando apareció Carmona autoproclamándose Presidente de la República. Ver a al hijo putativo con cara de Burro amarrao y al Ministro de la Defensa con más ganas que José Tadeo Monagas, de envestirle al parlamento, les confieso pensé que desde su santuario sagrado ordenarían fusilar no a los tres de Amazonas sino a cuanto diputado opositor se le atravesara.
Nadie le puede quitar lo bailao a quien no termina de descansar en paz bajo tierra, pero armar una alharaca por cambiarle el domicilio a sus recuerdos y pretender emparentarlo e igualarlo a las proezas realizadas por nuestro principal héroe a caballo, esa vaina sí que no la podemos aceptar, ni al mejor padrino defensor que le pudiera salir, a quien en gran parte tiene cuentas por saldar con la tragedia que hoy vivimos los venezolanos y con la misma historia de esta maltrecha Venezuela. Chávez no es Bolívar y mal pudiera este jefe militar esconder su militancia con el manío cuento de que la “afrenta” provocada fue al padre de la patria y no al padre de la criatura que hoy nos desgobierna.










