Carlos Saura G.
Allá por los años de 1920 se desarrolló esta iniciativa. Como refiere el mejor cronista de la experiencia, J. R. Schmid, «no es la voluntad del maestro, sino más bien la de los alumnos, la que rige su actividad». Y más adelante: «Ninguna coacción para aprender lo que fuere era ejercida sobre los niños, no exigiéndoles tampoco ningún esfuerzo, espontáneo o voluntario".
Los alumnos aprendían lo que ellos mismos deseaban, dejando incluso a su arbitrio el cómo, el dónde y el cuándo. «Todas las iniciativas surgen de los alumnos. Ellos eran los que deseaban tratar un tema y los que proponían abandonarlo». Desde el primer día se anunciaba a los alumnos que allí estaban suprimidos los castigos, las sanciones, las prohibiciones y los reglamentos que pudieran entorpecer su libertad absoluta.


















