Antonio Pérez
* De Destrucción Masiva a Químicas: la volatil línea roja del humanitarismo armado
¿Por qué los EEUU han decidido que Siria debe desaparecer? Por las muchas sinrazones que todos conocemos de sobra. Ahora bien, ¿por qué trazaron la línea roja en el uso de armas químicas y no en cualquier otro pretexto dizque humanitario? No lo sabemos. Por lo tanto, la pregunta no es retórica. No tiene trampa ni cartón. Al formularla, sólo esperamos que se nos ayude a encontrar una respuesta razonada y razonable.
Veramente, nos extraña que las armas químicas (AQ) hayan ascendido al primer puesto en la lista de pretextos para matar industrialmente. Sin embargo, comprendemos que sus antecesoras, las armas de ‘destrucción masiva’ (en inglés, WMD) estén tan desprestigiadas como para relegarlas al basurero de la Historia puesto que, la verdad, no se desempeñaron airosamente como detonante del furor genocida. Pero nos llama la atención que las WMD no incorporaran dentro de sí las AQ cuando eran las candidatas perfectas.
Recordemos: en una de las más recientes invasiones perpetradas por los EEUU, el pretexto fue la posesión de WMD y así lo pregonaron sin tomarse la molestia de especificar qué clase de agente produciría ese mortífero y planetario efecto. Por vena audiovisual nos inocularon dosis masivas del virusterrorina anunciándonos que Saddam Hussein estaba a punto de exterminar a medio mundo pero, ¿con qué tipo de armas?: nunca nos lo dijeron.Es obvio que no hay WMD más efectiva que la bomba nuclear –incluido su hermano bastardo, el uranio empobrecido- pero resulta que el presidente Bush y su Tío Tom de bolsillo, el general Colin Powell, ni siquiera insinuaron que estuviera en poder del musulmán más laico y, por ende, más agarrotado. Ese par de genocidas, tampoco encasquetó a Hussein la posesión –no digamos el uso- de armas químicas, chocante olvido cuando todos sabíamos que el ejército irakí las había utilizado contra Irán y seguía utilizándolas cotidianamente en sus campañas de exterminio contra los kurdos. Desde 1988, rutinaria y continuadamente, Hussein las había empleado contra los iraníes y contra los kurdos pero no lo supimos hasta que el presidente irakí fue subitáneamente abducido por el Ángel del Mal y se volvió malo malísimo y, en consecuencia, los EEUU se vieron obligados a tratarle con la exquisita deferencia que reservan para sus mejores amigos –léase, Marcos, Noriega o Gadaffi-.
¿Por qué los EEUU han decidido que Siria debe desaparecer? Por las muchas sinrazones que todos conocemos de sobra. Ahora bien, ¿por qué trazaron la línea roja en el uso de armas químicas y no en cualquier otro pretexto dizque humanitario? No lo sabemos. Por lo tanto, la pregunta no es retórica. No tiene trampa ni cartón. Al formularla, sólo esperamos que se nos ayude a encontrar una respuesta razonada y razonable.
Veramente, nos extraña que las armas químicas (AQ) hayan ascendido al primer puesto en la lista de pretextos para matar industrialmente. Sin embargo, comprendemos que sus antecesoras, las armas de ‘destrucción masiva’ (en inglés, WMD) estén tan desprestigiadas como para relegarlas al basurero de la Historia puesto que, la verdad, no se desempeñaron airosamente como detonante del furor genocida. Pero nos llama la atención que las WMD no incorporaran dentro de sí las AQ cuando eran las candidatas perfectas.
Recordemos: en una de las más recientes invasiones perpetradas por los EEUU, el pretexto fue la posesión de WMD y así lo pregonaron sin tomarse la molestia de especificar qué clase de agente produciría ese mortífero y planetario efecto. Por vena audiovisual nos inocularon dosis masivas del virusterrorina anunciándonos que Saddam Hussein estaba a punto de exterminar a medio mundo pero, ¿con qué tipo de armas?: nunca nos lo dijeron.Es obvio que no hay WMD más efectiva que la bomba nuclear –incluido su hermano bastardo, el uranio empobrecido- pero resulta que el presidente Bush y su Tío Tom de bolsillo, el general Colin Powell, ni siquiera insinuaron que estuviera en poder del musulmán más laico y, por ende, más agarrotado. Ese par de genocidas, tampoco encasquetó a Hussein la posesión –no digamos el uso- de armas químicas, chocante olvido cuando todos sabíamos que el ejército irakí las había utilizado contra Irán y seguía utilizándolas cotidianamente en sus campañas de exterminio contra los kurdos. Desde 1988, rutinaria y continuadamente, Hussein las había empleado contra los iraníes y contra los kurdos pero no lo supimos hasta que el presidente irakí fue subitáneamente abducido por el Ángel del Mal y se volvió malo malísimo y, en consecuencia, los EEUU se vieron obligados a tratarle con la exquisita deferencia que reservan para sus mejores amigos –léase, Marcos, Noriega o Gadaffi-.