Francisco Jariego
Lo hemos visto durante la pandemia. Mientras que los Estados occidentales eran incapaces de mover sus enormes maquinarias burocráticas para responder ante los retos que nos ha planteado un problema para el que no estábamos preparados, las personas hemos sabido reaccionar con rapidez y suplir las carencias. Grupos de voluntarios, de makers y empresas se han coordinado sin necesidad de un planificador central para empezar a fabricar mascarillas, respiradores o atender primeras necesidades. Puede ser una anécdota, pero ante una necesidad común, «un colectivo de personas será capaz, por medio del ensayo y error, de la improvisación y la experimentación, de hacer que el orden emerja del caos, de autoorganizarse». [1]
