José Luis Gutiérrez
Veinte años después de la
aparición del fenómeno que llamamos «memoria histórica» seguimos con un
desconocimiento casi absoluto
del proceso revolucionario que se
abrió el 19 de julio de 1936 tras el fracaso en gran parte del país del golpe
de Estado. Cuando sin él no se puede entender ni lo
ocurrido en la zona gubernamental ni la represión
golpista. Se reproduce lo ocurrido, en el actual régimen, en la década de los setenta. Desde los propios momentos de los hechos y después, se intentó no ya reducir su impacto sino también negar hasta su propia
existencia. Pero también es verdad que en
los propios círculos libertarios tampoco se
le prestó demasiada atención. Se insistía en
el 19 de julio, en la Revolución pero no pasaba
de una reflexión histórica sin mayor aplicación y para adentro. Existían otros problemas que se consideraban más acuciantes:
las propias diferencias internas sobre la interpretación del pasado de las organizaciones
y la brecha generacional. Incluso la
idea de que era posible, a corto plazo, repetir la jugada de 1936.






