Darío Prieto (diario El Mundo, Madrid)
"Ni samples, ni teclados, ni sintetizadores fueron usados para la grabación de este disco". La frase se podía leer en el librero de aquel CD, al lado de dedicatorias a presos del IRA y de letras que hablaban de quemar a los terratenientes y de desobediencia radical. Aquello, mezclado con bien de 'riffs' metaleros y rapeos furiosos, incendió las impresionables cabecitas de millones de jóvenes en todo el mundo, deseosos de encontrar nuevos referentes musicales y morales.
Aquel incendio que supuso Rage Against the Machine queda representado en la portada de su primer disco, la fotografía del monje budista Thích Quảng Đức quemándose a lo bonzo en 1963 en Saigón como protesta a las políticas antibudistas del gobierno títere de EEUU. El mismo disco plagado de mensajes anticapitalistas y anarquistas que, paradójicamente, ahora es reeditado en España en un despliegue de jugoso consumismo en forma de cuatro diferentes ediciones (deluxe, especial, remasterizada y vinilo).
"Ni samples, ni teclados, ni sintetizadores fueron usados para la grabación de este disco". La frase se podía leer en el librero de aquel CD, al lado de dedicatorias a presos del IRA y de letras que hablaban de quemar a los terratenientes y de desobediencia radical. Aquello, mezclado con bien de 'riffs' metaleros y rapeos furiosos, incendió las impresionables cabecitas de millones de jóvenes en todo el mundo, deseosos de encontrar nuevos referentes musicales y morales.
Aquel incendio que supuso Rage Against the Machine queda representado en la portada de su primer disco, la fotografía del monje budista Thích Quảng Đức quemándose a lo bonzo en 1963 en Saigón como protesta a las políticas antibudistas del gobierno títere de EEUU. El mismo disco plagado de mensajes anticapitalistas y anarquistas que, paradójicamente, ahora es reeditado en España en un despliegue de jugoso consumismo en forma de cuatro diferentes ediciones (deluxe, especial, remasterizada y vinilo).
