María Pilar García Guadilla
Despierto de un sueño profundo debido al ruido ensordecedor que hace el chirriar de las tuberías del agua que, cual despertador de antaño, me hacen sentarme de golpe en la cama asustada, pensando que tengo una pesadilla.Aún en estado de vigilia, intento vislumbrar lo que ocurre entre las sombras que todavía arropan mi habitación y me doy cuenta que acaban de “poner el agua” por lo que concluyo que deben ser las 5:25 de la mañana.
En vez de estirarme perezosamente como en otros tiempos, corro a plantarme debajo de la ducha para aprovechar la última gota de tan preciado líquido mientras mi esposo, cuál sonámbulo, monta el cafecito que le retrotraiga al mundo de lo real, al mismo tiempo, que termina de lavar los corotos de la noche anterior; quizás el hecho que aún está dormido le permite hacer dos actividades de forma más o menos eficiente al mismo tiempo.
Despierto de un sueño profundo debido al ruido ensordecedor que hace el chirriar de las tuberías del agua que, cual despertador de antaño, me hacen sentarme de golpe en la cama asustada, pensando que tengo una pesadilla.Aún en estado de vigilia, intento vislumbrar lo que ocurre entre las sombras que todavía arropan mi habitación y me doy cuenta que acaban de “poner el agua” por lo que concluyo que deben ser las 5:25 de la mañana.
En vez de estirarme perezosamente como en otros tiempos, corro a plantarme debajo de la ducha para aprovechar la última gota de tan preciado líquido mientras mi esposo, cuál sonámbulo, monta el cafecito que le retrotraiga al mundo de lo real, al mismo tiempo, que termina de lavar los corotos de la noche anterior; quizás el hecho que aún está dormido le permite hacer dos actividades de forma más o menos eficiente al mismo tiempo.




