Grupo Gómez Rojas (Santiago de Chile)
* Editorial del # 9 de la revista Erosión, otoño invierno 2018.
Solemos pensar basándonos en formas. Nuestras referencias mentales, de algún modo u otro, se encuentran influenciadas por figuras que hemos absorbido desde el exterior: rectas, cuadrados, círculos, triángulos, cubos, esferas o pirámides, no solo aparecen estampadas con insistencia desde la educación escolar, sino también configuran tanto los espacios habitados como las relaciones sociales.
Sabemos que en el imaginario de la dominación persisten las pirámides como referencia del orden jerárquico. La forma-Estado piramidal, como reflexiona Christian Ferrer en su lectura de René Lourau [1], se erige en tanto imagen sacra a través de sus atributos de unidad, que es su centro como vórtice más alto, y la concentración de energías en su torno como incesante impresión del sello estatal sobre los deseos y las esperanzas de la población, “curvándolas hacia su imagen omnipresente”.