Dámaso Jiménez
A quién cobrarle la historia de dolor y humillación vividos
por la etnia Wayuu en su obligado desplazamiento del Guasare y la inolvidable
pérdida de los bosques del Socuy y sus reservorios de agua dulce. Ahora menos
que nunca que quebraron las empresas del carbón.
La explotación carbonífera solo favoreció realmente los
bolsillos de los altos funcionarios de los gobiernos de turno que se
aprovecharon de su afán de enriquecimiento instantáneo con las negociaciones
que se realizaron con las transnacionales del imperio.
Son más de 100 años de explotación de un recurso casi
olvidado pero que ha dejado una estela de innumerables daños a la ecología y el
hábitat de esta etnia indígena que nunca ha sido resarcida, salvo por la visita
que cada 12 de octubre llegó a realizar en sus momentos de mayor esplendor el
presidente Hugo Chávez Frías, para transportar tanta rabia e indignación desde
esta era de la ineptitud revolucionaria hacia el pasado más remoto de los 500
años de conquista española.
No hubo resistencia indígena, en 13 años de revolución jamás
se dejó de explotar los yacimientos de esta arrasada zona.
Pero la historia de la estupidez humana tiene sus ironías.
Es justamente en este gobierno cuando las empresas carboníferas del Zulia
quiebran. Las operadoras Carbones del Guasare de capital mixto y Carbones de la Guajira , estatal manejada
por Corpozulia, revelan sus pérdidas y enfrentan la peor crisis gerencial que
haya tenido la explotación de este mineral en la región.
