Ruymán Rodríguez
El
término «Tercer Mundo» hoy huele muy fuerte a xenofobia, etnocentrismo,
clasismo o como poco a paternalismo. Hasta en los barrios más pobres del
hemisferio norte se habla de «condiciones tercermundistas» cuando el
equipamiento urbano, sanitario, laboral o educativo es deficitario. Vivir o
provenir de un territorio «tercermundista» provoca un estigma social inmediato
desde la perspectiva eurocéntrica. «Tercer Mundo» implica subdesarrollo,
y subdesarrollo, bajo un modelo económico que confunde desarrollo con bienestar,
progreso industrial con progreso cultural, no puede ser más que una
descalificación económica, política y demográfica.
