Ángel J. Cappelletti (1927-1995)
La inauguración de la Escuela Moderna, el 8 de Septiembre de 1901, en Barcelona, señala el comienzo de la etapa más brillante de la educación libertaria en España. Desde aquel mismo momento comenzó a expandirse la Escuela. Creció el número de sus alumnos: en 1902 eran ya 70; en 1905 pasaban de 120. Más importante que esto todavía es el hecho de que inmediatamente comiencen a surgir en Cataluña y en toda la Península filiales que reproducen sus métodos y principios. En aquel mismo año de 1905 hay ya en la provincia de Barcelona 147 sucursales de la Escuela Moderna, y en la misma ciudad condal no bajan de una decena y albergan a un millar de alumnos. Pronto se fundan, sobre el mismo modelo, centros de enseñanza elemental en Madrid, Córdoba, Málaga, Sevilla, Cádiz, Granada, Palma de Mallorca y otras muchas ciudades y villas españolas. "Si Cataluña, si Barcelona muy especialmente, están en la vanguardia del movimiento emancipador de la Península, hay que decirlo: la Escuela Moderna con toda su red de instituciones, y principalmente Ferrer, tiene gran parte en ello", observa Dommanget (1). Pero la expansión de la Escuela Moderna y de la pedagogía de Ferrer no se limita a España. Pronto aparecen establecimientos directamente inspirados en aquella escuela en Portugal, en Holanda (Ámsterdam), en Suiza (Lausanne), en Italia, etc. En este último país, por ejemplo, Luigi Molinari, director de la Universitá Popolare, "valiente sostenedor de una escuela no gubernativa ni confesional, laica, única hasta todo el curso medio inferior, basada en la cultura positivista", intenta en 1913 la fundación de una Escuela Moderna en Milán con ayuda de masones, socialistas, anarquistas y librepensadores. Un proyecto análogo fracasa en Bologna. Pero lo que no se logra en esas dos ciudades, "se realiza en Clivio, pueblecito de la provincia de Varese, donde funciona durante varios años, querida y mantenida por pobres trabajadores locales, una Escuela Moderna: modestísima en sí, constituye un elemento importante para la historia todavía por escribir de la autoeducación popular italiana" (2). Varios intentos similares hubo también en América del Norte. Pero nosotros nos limitaremos a señalar aquí algunas de las repercusiones de la Escuela Moderna y de la pedagogía libertaria de Ferrer en América Latina.
La inauguración de la Escuela Moderna, el 8 de Septiembre de 1901, en Barcelona, señala el comienzo de la etapa más brillante de la educación libertaria en España. Desde aquel mismo momento comenzó a expandirse la Escuela. Creció el número de sus alumnos: en 1902 eran ya 70; en 1905 pasaban de 120. Más importante que esto todavía es el hecho de que inmediatamente comiencen a surgir en Cataluña y en toda la Península filiales que reproducen sus métodos y principios. En aquel mismo año de 1905 hay ya en la provincia de Barcelona 147 sucursales de la Escuela Moderna, y en la misma ciudad condal no bajan de una decena y albergan a un millar de alumnos. Pronto se fundan, sobre el mismo modelo, centros de enseñanza elemental en Madrid, Córdoba, Málaga, Sevilla, Cádiz, Granada, Palma de Mallorca y otras muchas ciudades y villas españolas. "Si Cataluña, si Barcelona muy especialmente, están en la vanguardia del movimiento emancipador de la Península, hay que decirlo: la Escuela Moderna con toda su red de instituciones, y principalmente Ferrer, tiene gran parte en ello", observa Dommanget (1). Pero la expansión de la Escuela Moderna y de la pedagogía de Ferrer no se limita a España. Pronto aparecen establecimientos directamente inspirados en aquella escuela en Portugal, en Holanda (Ámsterdam), en Suiza (Lausanne), en Italia, etc. En este último país, por ejemplo, Luigi Molinari, director de la Universitá Popolare, "valiente sostenedor de una escuela no gubernativa ni confesional, laica, única hasta todo el curso medio inferior, basada en la cultura positivista", intenta en 1913 la fundación de una Escuela Moderna en Milán con ayuda de masones, socialistas, anarquistas y librepensadores. Un proyecto análogo fracasa en Bologna. Pero lo que no se logra en esas dos ciudades, "se realiza en Clivio, pueblecito de la provincia de Varese, donde funciona durante varios años, querida y mantenida por pobres trabajadores locales, una Escuela Moderna: modestísima en sí, constituye un elemento importante para la historia todavía por escribir de la autoeducación popular italiana" (2). Varios intentos similares hubo también en América del Norte. Pero nosotros nos limitaremos a señalar aquí algunas de las repercusiones de la Escuela Moderna y de la pedagogía libertaria de Ferrer en América Latina.




