Sigfrido Lanz
En este camino, cuyo desenlace infernal está a la vuelta de la esquina, contribuye sobremanera la minería, la actividad económica más depredadora del entorno natural, junto con la guerra. Ambas actividades son ecocidas de suyo, destruyen todo a su paso. El rastro que dejan atrás las dos es terrorífico. La muerte cabalga a galopes en sus lomos. Todo ser viviente es aniquilado allí donde se posa la minería o se desata la guerra. El ejército de mineros con sus correspondientes maquinarias, y el de los hombres armados, vestidos con uniforme verde olivo, llevan consigo la muerte desde el mismo momento en que se inician las actividades bélicas que ambos concitan. Por tanto, así como no existe guerra humanitaria tampoco es posible una actividad minera amigable con la naturaleza. La minería en todas su formas, aun con las tecnologías más sofisticadas y avanzadas, se realiza siempre a costa de arremeter en contra de los suelos, agua, bosques, biodiversidad, seres humanos.
En este camino, cuyo desenlace infernal está a la vuelta de la esquina, contribuye sobremanera la minería, la actividad económica más depredadora del entorno natural, junto con la guerra. Ambas actividades son ecocidas de suyo, destruyen todo a su paso. El rastro que dejan atrás las dos es terrorífico. La muerte cabalga a galopes en sus lomos. Todo ser viviente es aniquilado allí donde se posa la minería o se desata la guerra. El ejército de mineros con sus correspondientes maquinarias, y el de los hombres armados, vestidos con uniforme verde olivo, llevan consigo la muerte desde el mismo momento en que se inician las actividades bélicas que ambos concitan. Por tanto, así como no existe guerra humanitaria tampoco es posible una actividad minera amigable con la naturaleza. La minería en todas su formas, aun con las tecnologías más sofisticadas y avanzadas, se realiza siempre a costa de arremeter en contra de los suelos, agua, bosques, biodiversidad, seres humanos.
