Rubén Hernández
La crisis socioeconómica y de otras índoles en Venezuela empeora cada día (noviembre de 2020), y no obstante la actual pandemia por coronavirus ha enmascarado en buena medida la crisis estructural, producto de factores externos e internos, que ha azotado a millones de ciudadanos en la nación caribeña desde hace algunos años. La ha enmascarado en el sentido no sólo de servir al Gobierno como factor explicativo de la semiparalización económica para nada reciente, sino en cuanto a que ha sido utilizada como justificación parcial de la ejecución de políticas que no han hecho más que dejar en evidencia y acentuar un panorama que es bien oscuro prácticamente desde que Maduro asumió el máximo poder político. Panorama que hoy día se caracteriza, entre otros aspectos, por la alarmante pobreza y miseria, la quiebra de la economía pública-estatal, la poca inversión social, la escasez de gasolina, la grave deficiencia en la prestación de los servicios básicos, el estado de indefensión en que vivimos los venezolanos comunes y la decadencia general.







