María Paula García
A pocos días del comienzo del Mundial de la FIFA 2014 en Brasil, los sectores feministas se sumaron a las masivas protestas contra el megaevento deportivo. A las denuncias por el aumento de la trata y el turismo sexual, se suman los repudios por la mercantilización del cuerpo de las mujeres. La violencia y la explotación detrás de la denominada pasión de multitudes.
En el llamado “Día Internacional de Luchas contra la Copa”, miles de personas volvieron a tomar las calles de Brasil en aquellas ciudades que serán sedes del Mundial de la FIFA 2014. Si bien las protestas masivas contra la realización del evento se vienen llevando a cabo desde hace tiempo, los medios de comunicación resaltaron la fuerza y la combatividad que alcanzaron estas últimas manifestaciones.
En el centro de los reclamos se encuentran los 12.000 millones de dólares que gastará el Estado en la organización mientras que las necesidades básicas de amplios sectores sociales no tienen respuesta. Pero también se rechazan las medidas que el gobierno de Dilma Rousseff viene implementando para garantizar el “desarrollo normal” del campeonato: miles de personas literalmente limpiadas de sus hogares precarios, desalojo de los vendedores ambulantes para asegurar venta exclusiva a los patrocinadores y la exención del pago de impuestos por esos derechos exclusivos de ventas tanto a los patrocinadores como a la FIFA.
A pocos días del comienzo del Mundial de la FIFA 2014 en Brasil, los sectores feministas se sumaron a las masivas protestas contra el megaevento deportivo. A las denuncias por el aumento de la trata y el turismo sexual, se suman los repudios por la mercantilización del cuerpo de las mujeres. La violencia y la explotación detrás de la denominada pasión de multitudes.
En el llamado “Día Internacional de Luchas contra la Copa”, miles de personas volvieron a tomar las calles de Brasil en aquellas ciudades que serán sedes del Mundial de la FIFA 2014. Si bien las protestas masivas contra la realización del evento se vienen llevando a cabo desde hace tiempo, los medios de comunicación resaltaron la fuerza y la combatividad que alcanzaron estas últimas manifestaciones.
En el centro de los reclamos se encuentran los 12.000 millones de dólares que gastará el Estado en la organización mientras que las necesidades básicas de amplios sectores sociales no tienen respuesta. Pero también se rechazan las medidas que el gobierno de Dilma Rousseff viene implementando para garantizar el “desarrollo normal” del campeonato: miles de personas literalmente limpiadas de sus hogares precarios, desalojo de los vendedores ambulantes para asegurar venta exclusiva a los patrocinadores y la exención del pago de impuestos por esos derechos exclusivos de ventas tanto a los patrocinadores como a la FIFA.
